El Dasylirion es probablemente la planta de porte escultórico que menos problemas da en un jardín seco español. Forma una esfera perfecta de hojas larguísimas y estrechas que se mueven con el viento, aguanta el sol más duro de julio, vive en suelo calizo, tolera el aire marino y, a diferencia del agave, no muere después de florecer.
A cambio pide dos cosas innegociables: sol pleno y un suelo que drene de forma casi extrema. Lo que mata a un dasylirion en España no es el frío, es el agua parada en invierno. Y hay un tercer detalle que conviene tener claro antes de plantarlo junto a un paso: los márgenes de las hojas de casi todas las especies llevan dientes curvados que cortan.
El Dasylirion longissimum forma rosetas de gran diametro sobre un tronco que se alarga con los anos. Foto: Mick Morrison
Qué es un dasylirion y en qué se diferencia de agaves y yucas
El género Dasylirion agrupa una veintena de especies de las zonas áridas y semiáridas del suroeste de Estados Unidos y el norte y centro de México. Pertenece a las asparagáceas, la misma familia amplia en la que hoy se sitúan también agaves, yucas y nolinas, con las que comparte aspecto y hábitat sin ser lo mismo.
Las diferencias prácticas importan a la hora de elegir:
- Frente al agave: el agave es monocárpico, florece una vez y muere, dejando hijuelos. El dasylirion no. Florece repetidamente a lo largo de su vida y la roseta sigue viva después.
- Frente a la yuca: las hojas de la yuca son rígidas, anchas y a menudo terminadas en una punta dura y punzante. Las del dasylirion son largas, flexibles y muy estrechas, con aspecto de gramínea, y se mueven con el viento. El peligro no está en la punta sino en el borde.
- Frente a la nolina: la nolina engrosa la base formando un pie hinchado muy característico. El dasylirion desarrolla con los años un tronco leñoso y rugoso, más cilíndrico, que a veces se recuesta.
Los dasylirios son dioicos: hay pies masculinos y pies femeninos. La inflorescencia es una vara alta y densa, con miles de florecillas pequeñas y nectaríferas agrupadas en una espiga alargada que en las especies grandes puede alcanzar varios metros. Los pies femeninos producen después cápsulas con semilla. En jardín es un espectáculo de una o dos semanas que además atrae mucha abeja.
Un apunte cultural: en México, y en particular en Chihuahua, el corazón de varias especies de Dasylirion se asa y se fermenta para destilar el sotol, del que la planta toma su nombre común. Es un dato de contexto, no una sugerencia doméstica: el proceso es industrial y las hojas crudas no son un producto de consumo.
Cultivo: lo que decide que viva o se pudra
Exposición. Pleno sol, siempre. A media sombra la roseta pierde densidad, las hojas se alargan y la planta deja de tener esa geometría que es todo su atractivo. Tolera sin inmutarse la insolación de un verano de Murcia o de Sevilla.
Suelo. Pobre, pedregoso y con drenaje rápido. Tolera bien la caliza, lo que lo hace muy útil en gran parte del este y el sur peninsular. En suelo arcilloso hay que plantarlo elevado, sobre un montículo o caballón de treinta o cuarenta centímetros, y mezclar grava gruesa en la zona de plantación. No basta con una capa de drenaje en el fondo del hoyo: en terreno pesado eso se convierte en una bañera.
Agua. Una vez asentado, ninguna en invierno y muy poca en verano. Los ejemplares jóvenes agradecen algún riego estival durante los dos o tres primeros años para acelerar un crecimiento que de por sí es lento. Con riego moderado y algo de compost crecen bastante más deprisa y ganan porte, pero el equilibrio es delicado: si se riega en invierno o el suelo retiene humedad con las lluvias de otoño, el cuello se pudre y la planta se pierde de golpe, sin aviso previo.
Frío. Aguantan heladas notables siempre que el frío sea seco. Las especies más rústicas, con Dasylirion wheeleri a la cabeza, se comportan bien en el interior peninsular. Las de hoja más fina y las de mayor porte son algo más delicadas. La combinación problemática vuelve a ser la misma: helada sobre suelo empapado. En zonas de invierno lluvioso viene bien plantarlos al pie de un muro orientado al sur, donde el suelo se seca antes, o cubrir el suelo con grava para evitar salpicaduras y encharcamiento.
Viento y sal. Toleran el viento fuerte y la brisa marina, lo que los hace interesantes en jardines de costa donde se descartan tantas otras plantas escultóricas.
Plagas. Prácticamente ninguna. Es de las plantas de jardín seco con menos problemas fitosanitarios. Los daños que se ven en las hojas suelen ser mecánicos, por roce o por el peso de la nieve.
Las especies que más se ven
| Especie | Porte | Rasgo distintivo |
|---|---|---|
| Dasylirion wheeleri | 1,5 a 2 m | El sotol azul. Hojas glaucas casi plateadas, finamente dentadas, sobre tronco grueso. De los más rústicos al frío. |
| Dasylirion longissimum | 3 a 5 m con los años | El más arquitectónico. Hojas larguísimas, finas y de margen liso, sin dientes. Tronco alto y limpio. |
| Dasylirion acrotrichum | en torno a 2 m | Pequeño penacho de pelos claros en el ápice de cada hoja. Tiende a ramificar y a recostarse. |
| Dasylirion glaucophyllum | hasta unos 2 m | Roseta casi esférica, hojas glaucas de margen aserrado. |
| Dasylirion quadrangulatum | 3 a 5 m | Muy próximo a D. longissimum, también de hoja lisa. Silueta de fuente perfecta. |
| Dasylirion leiophyllum | 2 a 3 m | Verde intenso, dientes marcados dirigidos hacia la base. |
| Dasylirion miquihuanense | 2 a 4 m | Tronco grueso y muy decorativo con la edad. |
Si tienes niños o el jardín tiene pasos estrechos, fíjate en la columna de la derecha: D. longissimum y D. quadrangulatum son los de hoja de margen liso y por tanto los seguros. En el resto, los dientes marginales están curvados hacia atrás y enganchan la piel y la ropa al retirar el brazo. No son venenosos ni urticantes, simplemente cortan. Guantes de cuero y manga larga para cualquier trabajo cerca de ellos, y una distancia mínima de un metro respecto a cualquier sendero.
En maceta y en composición
Toleran bien la maceta y ahí resuelven el problema del invierno húmedo: se pueden proteger o resguardar bajo un alero durante las lluvias. Elige un recipiente pesado, porque el conjunto es voluminoso y hace de vela con el viento, y un sustrato mineral, del tipo que se prepara para cactus, con al menos la mitad de árido: grava fina, pumita o arena gruesa lavada. Riego de verano espaciado, comprobando siempre que el sustrato está seco en profundidad, y prácticamente nada de octubre a marzo.
En el jardín funcionan mejor en grupo que como ejemplar aislado. Tres o cinco unidades de la misma especie a distancias irregulares generan un ritmo que un solo ejemplar suelto no consigue, y el efecto de las hojas moviéndose todas a la vez con el viento es la mitad de la gracia de la planta. Combinan bien con gramíneas de secano, con romeros y santolinas rastreros a sus pies, con Agave de porte compacto para contrastar lo rígido con lo flexible, y con un acolchado de grava clara que además protege el cuello.
Mantenimiento: casi nulo. Las hojas viejas se secan y quedan colgando alrededor del tronco formando una falda. Se pueden dejar, que es como crecen en la naturaleza y protegen el tronco, o retirar para dejar el tronco a la vista. Si decides limpiarlas, hazlo con tijera de podar y guantes, y no cortes al ras: deja un centímetro de base, que con el tiempo forma el aspecto rugoso característico del tronco.
Multiplicación
Por semilla, que germina con facilidad si es fresca, en primavera y con calor. La pega es la paciencia: los primeros años el crecimiento es muy lento y hacen falta bastantes temporadas para tener algo con presencia. Al ser dioicos, para obtener semilla propia hacen falta un pie masculino y uno femenino floreciendo a la vez, algo poco frecuente en un jardín particular.
Algunas especies emiten hijuelos en la base que pueden separarse, pero no es lo habitual y no es una vía fiable. Lo normal es comprar el ejemplar hecho, asumiendo que el precio refleja los años de vivero que lleva detrás.
En resumen
El dasylirion es una de las mejores inversiones para un jardín mediterráneo de bajo riego: aguanta sol, calor, sequía, suelo calizo y aire marino, no tiene plagas y, a diferencia del agave, sobrevive a su propia floración. Su crecimiento es lento, así que se compra hecho o se planta con la idea de disfrutarlo dentro de unos años.
Lo que hay que hacer bien es el suelo. Drenaje rápido, plantación elevada si el terreno es pesado, acolchado de grava y ni una gota de riego en invierno; el frío no lo mata, el agua parada sí. Y elige la especie pensando en dónde va: D. longissimum y D. quadrangulatum tienen la hoja de borde liso, mientras que D. wheeleri y los demás llevan dientes curvados que cortan y piden distancia respecto a los pasos y guantes de cuero para cualquier manipulación.