La gaura es una de esas vivaces que se compran por lo que se ve en la foto, una nube de flores como mariposas moviéndose con el viento, y que a los dos años decepciona porque está tumbada, calva por dentro y con más tallos secos que flores. No es que sea difícil. Es que depende por completo de la poda, y esa es la parte que casi nunca se explica al venderla.
Aquí van las dos cosas que hay que saber antes de plantarla: necesita sol pleno y un suelo que drene de verdad, y hay que cortarla dos veces al año, una a mitad de temporada y otra al final. Con eso florece de mayo a octubre. Sin eso, dura dos temporadas y se abandona.
Las flores blancas de las gauras iluminan las plantaciones creadas por Rocio Sainz de Rozas en el acceso al club de golf La Reserva, en Sotogrande. Foto: RSR Paisajismo
Qué planta es y por qué cambió de nombre
La gaura de jardín es hoy Oenothera lindheimeri, aunque durante décadas se llamó Gaura lindheimeri y así aparece todavía en la mayoría de las etiquetas de vivero. El cambio se debe a los estudios moleculares de la familia de las onagráceas, que situaron el género Gaura dentro de Oenothera, el de las onagras. Si buscas información y encuentras los dos nombres, hablan de la misma planta.
Es originaria del sur de Estados Unidos, básicamente Texas y Luisiana, donde crece en praderas y terrenos abiertos. Eso explica su comportamiento: raíz pivotante profunda, tallos largos y poco ramificados, hojas pequeñas y estrechas, y una tolerancia notable al calor y a la sequía una vez asentada. Las flores tienen cuatro pétalos desiguales en forma de cuchara y un penacho de estambres largos que sobresale hacia delante, y se abren unas pocas cada vez a lo largo de panículas laterales. De ahí el efecto de mariposas posadas y el movimiento constante con la brisa.
Es una vivaz de vida relativamente corta. En condiciones ideales aguanta bastantes años, pero en suelos pesados o con riego generoso es frecuente que se agote en tres o cuatro temporadas. Conviene saberlo para no interpretarlo como un fracaso de cultivo, y para tener previsto reponer o dividir.
Dónde plantarla en España
Sol directo, cuanto más mejor. A media sombra crece igual pero se estira, florece menos y se tumba antes. Es de las pocas vivaces de floración larga que aguantan sin queja un verano manchego o andaluz.
El suelo importa más que el clima. Tolera terrenos pobres y tolera bien los suelos calizos del este y el sur peninsular, que descartan a tantas otras plantas. Lo que no perdona es el encharcamiento invernal: con la raíz pivotante en un suelo arcilloso que se satura con las lluvias de otoño, se pudre. En terreno pesado hay dos soluciones y merece la pena aplicarlas antes de plantar, no después: levantar el macizo con un caballón de unos veinte centímetros, y mezclar grava o arena gruesa en la zona de plantación.
En cuanto al frío, resiste sin problema las heladas del interior peninsular. Las referencias de jardinería la sitúan cómodamente en las zonas frías de la Península, con un límite habitualmente citado en torno a los quince grados bajo cero, siempre que el suelo esté seco en invierno. La combinación que la mata no es el frío sino frío más humedad.
El momento de plantar en la mayor parte de España es el otoño. Le da todo el invierno y la primavera para instalar la raíz antes del primer verano, que es la prueba de fuego. En zonas de invierno muy duro, primavera. La densidad habitual en macizo es de cuatro o cinco plantas por metro cuadrado con las variedades altas, algo más con las compactas.
La poda, que es de lo que depende todo
Los tallos de la gaura son largos, finos y con poca ramificación. Cuando la planta lleva semanas floreciendo, ese armazón acaba cediendo por su propio peso o con el primer viento fuerte, y el macizo pasa de ligero a desmadejado en cuestión de días. La solución no es tutorarla, que le quita toda la gracia, sino cortarla a tiempo.
Un calendario que funciona en clima mediterráneo:
- Final del invierno. Corte bajo, dejando las matas a diez o quince centímetros. Se hace sobre la planta ya seca o casi, antes de que arranque el rebrote. En zonas suaves esto es febrero; en el interior, marzo.
- Finales de mayo o junio, cuando la primera floración empieza a descolgarse. Corte a media altura, aproximadamente a la mitad de los tallos. Parece drástico y siempre da un poco de apuro, pero la planta rebrota y vuelve a florecer en unas tres semanas, esta vez con tallos más cortos y firmes que aguantan julio, agosto y septiembre en pie.
- Septiembre u octubre, al terminar la floración. Corte bajo otra vez, dejando la mata compacta para el invierno.
Si solo vas a hacer una poda al año, que sea la de junio: es la que decide el aspecto del macizo en pleno verano. La de invierno es de limpieza y se puede retrasar sin gran daño.
Ese corte de mitad de temporada tiene además un efecto secundario útil: reduce la resiembra. Muchas variedades de gaura producen semilla viable y siembran solas por los alrededores. En un macizo monoespecífico eso no molesta, incluso ayuda a rellenar. Mezclada con otras vivaces, en cambio, acaba apareciendo donde no toca. Si lo que quieres es multiplicarla de forma controlada, mejor por división de mata en primavera o por esqueje de tallo tierno a comienzos del verano.
Riego y abonado
El primer año necesita riego regular para instalar la raíz. A partir del segundo, muy poco: es una planta de las que se colocan en la zona de bajo riego del jardín, junto a gramíneas ornamentales, salvias, lavandas, Perovskia o Achillea, con las que además combina bien porque comparten exigencias y estética.
El riego que mejor le va es el subterráneo o por goteo en la base. El riego por aspersión moja el follaje y las flores, favorece los hongos y estropea la floración, además de desperdiciar agua por evaporación en verano. Si el macizo está integrado en una zona de césped regada por difusores, la gaura acabará sufriendo.
De abono, casi nada. En la plantación viene bien un aporte con fósforo para el enraizamiento, y a comienzos de primavera un abono de liberación lenta a dosis baja si el suelo es muy pobre. Abonarla con nitrógeno en exceso es contraproducente: produce tallos largos y blandos, precisamente el defecto que se intenta evitar.
Plagas y enfermedades, pocas. El problema real es siempre el mismo, la pudrición de raíz y cuello por exceso de agua o mal drenaje. En primaveras muy húmedas puede aparecer oídio en el follaje bajo, que se controla aclarando y ventilando la mata.
Variedades y para qué sirve cada una
Las alturas dependen mucho del suelo y del riego, así que tómalas como orientación.
| Variedad | Porte aproximado | Rasgo |
|---|---|---|
| 'Siskiyou Pink' | 1 a 1,5 m | Flor rosa intensa sobre estambres claros. De las más resistentes a la sequía. |
| 'Whirling Butterflies' | 0,8 a 1 m | La blanca clásica, con botón rosado. Prácticamente no resiembra. |
| 'Freefolk Rosy' | en torno a 70 cm | Follaje variegado en verde, crema y púrpura. Buena en maceta. |
| 'Rosyjane' | 50 a 75 cm | Flor blanca con borde rosa cereza. Botones oscuros. |
| 'Sparkle White' | 45 a 50 cm | Mata compacta y redondeada, flor blanca. Apta para tiesto. |
| Serie 'Graceful' y similares | 25 a 40 cm | Enanas, follaje oscuro. Pensadas para jardinera y primer plano. |
Las altas son para macizo y para mezclar con gramíneas, donde su verticalidad ligera hace de contrapunto. Las compactas se comportan mejor en maceta y jardinera de terraza, pero ahí la gaura pierde parte de su ventaja: en tiesto la raíz pivotante va estrecha, hay que regar mucho más y la planta suele durar menos. Si la cultivas en maceta, elige un recipiente hondo antes que ancho y un sustrato muy drenante con arena o grava.
Una precisión sobre las variegadas: necesitan luz abundante para mantener el jaspeado, pero el sol más fuerte de julio y agosto en el sur les quema los bordes. En zonas cálidas van mejor con algo de sombra en las horas centrales.
En resumen
La gaura, hoy Oenothera lindheimeri, es una vivaz de pradera texana que encaja muy bien en el jardín español seco: sol pleno, poco riego a partir del segundo año, tolerancia a suelos pobres y calizos y floración de mayo a octubre. Su único enemigo serio es el agua estancada en invierno sobre un suelo pesado, algo que se resuelve plantando en caballón y mejorando el drenaje antes de plantar, no después.
Todo lo demás se juega en las tijeras. Un corte a media altura a finales de mayo o junio y otro bajo al acabar la floración en otoño mantienen la mata firme y florida toda la temporada, mientras que dejarla a su aire produce ese aspecto tumbado y agotado que le ha dado fama de planta caprichosa. Cuenta además con que es una vivaz de vida corta y con que muchas variedades se resiembran solas: reponer o dividir cada pocos años forma parte del mantenimiento normal, no es un problema.