El anturio es una de las pocas plantas de interior que puede estar en flor casi todo el año dentro de una casa española, y también una de las que más gente da por perdida cuando deja de sacar espatas. Casi siempre el motivo es el mismo y no tiene que ver con el abono: falta de luz. Una planta colocada a tres metros de la ventana sobrevive, saca hojas y no vuelve a florecer.
Lo que sigue son los cuidados que de verdad cambian el resultado, en el orden en que importan: luz, agua, humedad del aire y sustrato. Y una advertencia que casi nunca aparece en las etiquetas: es una planta tóxica por ingestión, algo a tener en cuenta si hay niños pequeños o animales en casa.
Anthurium andreanum en algunas de sus multiples versiones.
La flor no es la parte roja
Lo que llamamos flor del anturio es en realidad una espata, una bráctea modificada de textura acharolada que hace de bandera para atraer polinizadores. Las flores verdaderas son diminutas y se apiñan en el espádice, ese apéndice cilíndrico que sobresale del centro. Es la misma estructura de todas las aráceas: la de la cala, la del espatifilo, la del potos cuando por casualidad florece.
Los anturios de maceta que se venden en España proceden en su mayoría de dos especies americanas. Anthurium andreanum, de espata amplia y espádice recto, es el origen de casi toda la gama comercial: rojo, coral, rosa, blanco, verde, crema, bicolores y punteados. Anthurium scherzerianum tiene la espata más pequeña y el espádice curvado en espiral, y es menos frecuente. Aparte están los anturios de follaje, cultivados por la hoja y no por la flor, como Anthurium clarinervium, de lámina aterciopelada y nervios blancos muy marcados.
Que la parte vistosa sea una bráctea explica su duración. Una espata puede mantenerse en buen estado varias semanas, mucho más que un pétalo, y por eso la planta parece estar siempre en flor aunque cada espata se sustituya por otra nueva.
Luz: lo que decide si vuelve a florecer
En la axila de cada hoja hay una yema que puede convertirse en hoja o en inflorescencia. Con luz suficiente sale espata; con luz escasa sale hoja. Por eso una planta en penumbra sigue creciendo, incluso con aspecto sano, y no vuelve a dar color.
El sitio correcto es muy luminoso pero sin sol directo: junto a una ventana orientada al norte, o a un par de metros de una ventana al sur o al oeste, o tras un visillo. El sol directo del mediodía en verano quema las hojas y decolora las espatas, sobre todo detrás de un cristal, que concentra el calor. En invierno, con el sol bajo y débil, una hora de sol de primera hora de la mañana no supone problema.
Si la planta lleva meses sin florecer, antes de cambiar nada más muévela a un sitio más claro y espera. La respuesta no es inmediata: se ve en las yemas que se formen a partir de entonces, no en las hojas ya hechas.
Riego: menos de lo que parece
El exceso de agua en el sustrato mata más anturios que cualquier otra causa. Las raíces son gruesas, semicarnosas y en origen crecen agarradas a la corteza de un árbol o entre hojarasca, con aire alrededor. Encharcadas se pudren en pocos días.
La regla práctica: riega cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos al tacto. Con calefacción encendida eso puede ser cada cinco o siete días; en pleno agosto, con la maceta pequeña, cada dos o tres. No hay una frecuencia fija que sirva todo el año, y las cifras que se dan en las etiquetas fallan en cuanto cambia la estación.
El riego por inmersión funciona bien con esta planta: se mete la maceta en un recipiente con unos dedos de agua, se deja diez o quince minutos hasta que el sustrato se humedece de forma homogénea y después se saca y se deja escurrir del todo. Lo que nunca debe quedar es agua en el plato ni en el cubremacetas.
En buena parte del este y el sur peninsular el agua del grifo es dura. La cal se acumula en el sustrato y se manifiesta como bordes de hoja secos y marrones y como una costra blanquecina en la superficie. Si es tu caso, alterna con agua de lluvia o descalcificada, y lava el sustrato de vez en cuando con un riego abundante que escurra libremente.
Humedad del aire, el punto débil del invierno
Es una planta de bosque húmedo tropical y agradece una humedad relativa alta. El problema en España no es el verano sino el invierno con calefacción, que puede dejar el aire de un salón por debajo del 30 %. Con ese aire las puntas de las hojas se secan y las espatas duran menos.
Lo que ayuda de verdad, por orden de eficacia: alejar la planta de radiadores y de la salida del aire acondicionado, agruparla con otras plantas, y colocar la maceta sobre un plato ancho con grava y agua, cuidando de que la base de la maceta quede por encima del nivel del agua. La pulverización sobre las hojas tiene un efecto que dura minutos, así que sirve de poco por sí sola; si la haces, usa agua sin cal, porque de lo contrario deja manchas blancas sobre la hoja brillante.
Temperatura
Se encuentra cómodo en el rango normal de una vivienda, en torno a los 18 a 25 ºC. Por debajo de unos 15 ºC se para y las hojas empiezan a amarillear; las corrientes frías de una ventana abierta en enero le hacen más daño que el frío estable. Tampoco le conviene el golpe de calor seco junto a un radiador. En la práctica, si tú estás a gusto en la habitación, la planta también.
Sustrato y trasplante
El sustrato universal solo, compactado y guardando agua, es una mala base para un anturio. Necesita aireación. Una mezcla que funciona es sustrato para plantas de interior aligerado con corteza de pino de calibre medio y perlita, más o menos a partes iguales entre lo fino y lo grueso. Sirve también un sustrato para orquídeas mezclado con algo de fibra de coco.
El trasplante toca cada dos o tres años, o antes si las raíces asoman en masa por el drenaje. La primavera es el momento. Sube solo un par de centímetros de diámetro de maceta: un tiesto demasiado grande retiene agua en zonas donde no hay raíces y es una vía directa a la pudrición. Es normal que la planta emita raíces aéreas por encima del sustrato; no hay que cortarlas, se pueden cubrir con un poco de musgo o sustrato al trasplantar.
Abonado
Poco y en temporada. Un fertilizante líquido para plantas de flor, a la mitad de la dosis que indique el envase, cada dos o tres semanas de primavera a comienzos de otoño, y nada en invierno. El exceso de abono se ve en bordes de hoja quemados y en un crecimiento blando y vulnerable a la cochinilla.
Es una planta tóxica
Como el resto de las aráceas, el anturio contiene rafidios de oxalato cálcico en todos sus tejidos. Al morder cualquier parte de la planta, hoja, espata o tallo, esos cristales producen dolor, ardor e inflamación inmediatos en boca y garganta, y con ello babeo y dificultad para tragar. La savia también irrita la piel y, sobre todo, los ojos.
Consecuencias prácticas: colócala fuera del alcance de niños pequeños, gatos y perros, y ponte guantes si vas a podar o dividir un ejemplar grande. Si alguien la muerde o le entra savia en un ojo, hay que acudir al médico o al veterinario, que son quienes deben decidir qué hacer.
Una cosa más, sobre un tópico repetido: las plantas de interior no purifican el aire de una habitación en ningún grado apreciable. Los ensayos que dieron pie a esa idea se hicieron en cámaras selladas de laboratorio, y trasladados a un salón real harían falta cientos de macetas para igualar lo que hace abrir la ventana diez minutos. Ten anturios porque son bonitos y duraderos, que ya es motivo suficiente.
Qué significa cada síntoma
| Lo que ves | Causa más probable |
|---|---|
| Solo hojas, ninguna espata nueva | Luz insuficiente |
| Hojas amarillas empezando por las bajas, tallo blando | Exceso de riego, raíces pudriéndose |
| Puntas y bordes secos y marrones | Aire seco o acumulación de cal y sales |
| Manchas pálidas o quemadas en el haz | Sol directo a través del cristal |
| Hojas mustias con sustrato seco y ligero | Falta de riego prolongada |
| Algodoncillos blancos en axilas y envés | Cochinilla algodonosa |
| Espatas nuevas más pequeñas y pálidas | Planta agotada, toca trasplante y abonado |
Para la cochinilla, en un ejemplar de casa suele bastar con retirarla a mano con un bastoncillo y limpiar las hojas con un paño humedecido. Los productos abrillantadores de hojas, en cambio, no aportan nada y obturan los estomas: un paño con agua deja la hoja igual de brillante sin ese inconveniente.
En resumen
El anturio es una planta agradecida siempre que se acierte en dos cosas. La primera es la luz: mucha claridad y nada de sol directo, porque de ahí depende que las yemas de las axilas se conviertan en espatas y no en hojas. La segunda es el agua: sustrato aireado con corteza y perlita, riego solo cuando los primeros centímetros están secos, nunca agua estancada en el plato y, si vives en zona de agua dura, algún riego con agua de lluvia para arrastrar la cal.
Lo demás es acompañamiento: temperatura de casa sin corrientes frías, algo de humedad extra en invierno alejándola del radiador, abono a media dosis solo en la temporada de crecimiento y trasplante cada dos o tres años en primavera sin pasarse con el tamaño de la maceta. Y no olvides que es una planta tóxica por ingestión y que su savia irrita: un sitio alto y fuera del alcance de niños y mascotas es parte de sus cuidados.