Los cornejos de vara de colores son una de las pocas plantas que se cultivan por lo que se ve cuando no tienen nada encima. Al caer la hoja en otoño quedan las varas desnudas, en escarlata, naranja, coral, púrpura o amarillo limón según el cultivar, y ese es su momento: de noviembre a marzo, con la luz baja del invierno atravesándolas, un grupo de cornejos parece un manojo de rayas de color en un jardín por lo demás apagado.
Son arbustos fáciles, rústicos hasta lo increíble y de crecimiento rápido, pero tienen una condición que decide el resultado: el color intenso solo lo dan los tallos jóvenes, los del último año. Un cornejo que no se poda va perdiendo brillo, las varas viejas se vuelven pardas y grisáceas y en tres o cuatro años el efecto desaparece. Toda la técnica de cultivo de estas plantas se reduce, en realidad, a saber podar.
Cornus sanguinea Midwinter Fire, con las varas encendidas en pleno invierno. Estos arbustos se cultivan con éxito en gran parte de la Península.
Qué cornejos son estos
El género Cornus es amplio y no todos sirven para esto. Los que se cultivan por el color del tallo son tres especies arbustivas.
Cornejo rojo o sanguino (Cornus sanguinea). Es autóctono: crece de forma espontánea en setos, bosques de ribera y orlas forestales del norte y el centro peninsular, lo que lo convierte en la opción más sensata para un jardín español. Alcanza de 1 a 4 metros según el cultivar. Sus formas seleccionadas son las de gama cálida, con varas que van del amarillo en la base al naranja y al rojo en la punta, un degradado que en grupo da el efecto de fuego que le ha dado nombre a cultivares como ‘Midwinter Fire’, ‘Winter Beauty’ y ‘Winter Flame’. Prefiere suelo bien drenado y tolera bien la caliza.
Cornejo blanco (Cornus alba). Originario de Siberia y del noreste de Asia, es el más resistente al frío de los tres y el de rojo más puro y saturado. El cultivar ‘Sibirica’, también conocido como ‘Westonbirt’, de varas carmesí brillante, es el más plantado. Suele quedarse entre 1,5 y 2,5 metros. Da bayas blancas en otoño. Hay cultivares de hoja variegada, como ‘Elegantissima’, con el borde blanco, o ‘Aurea’, de hoja amarillo limón, que aportan luz en verano además de color en invierno.
Cornejo de tallo rojo americano (Cornus sericea, antes Cornus stolonifera). Norteamericano y también muy rústico. Es el más bajo y el más extendido lateralmente, porque se propaga por estolones subterráneos y tiende a formar masas. ‘Flaviramea’ tiene las varas de un amarillo verdoso muy vivo, y ‘Kelseyi’ es una forma compacta. Ese carácter estolonífero conviene tenerlo en cuenta: es una ventaja para fijar un talud y un inconveniente en un arriate pequeño, donde acaba invadiendo a los vecinos.
Dónde funcionan en España
Los cornejos son plantas de suelo fresco. En la mitad norte peninsular, en la cornisa cantábrica, en zonas de montaña y en cualquier jardín con humedad edáfica van solos. En el interior seco y en el sur necesitan riego de verdad en verano y un emplazamiento que no reciba el sol más duro de la tarde, o pasan el estío con la hoja quemada por los bordes.
Dentro del grupo hay diferencias que ayudan a acertar. Cornus alba y Cornus sericea aguantan suelos encharcados y son de las pocas plantas leñosas ornamentales que viven bien al borde de un estanque o en una zona que se inunda en invierno. Cornus sanguinea, en cambio, quiere drenaje y aguanta mejor la sequedad y la caliza, así que es la elección para un suelo normal de secano.
La exposición influye directamente en el color. A pleno sol las varas toman el tono más intenso; en sombra el color queda apagado y la mata se estira. Si hay que elegir el sitio pensando en el invierno, lo ideal es un lugar donde la luz baja de la tarde llegue por detrás de las varas, porque a contraluz el efecto se multiplica.
Cómo se podan: la clave de todo
La poda de renovación, o recepe, consiste en cortar los tallos casi a ras de suelo para forzar a la planta a emitir varas nuevas, que son las que tendrán el color vivo el invierno siguiente.
La época correcta es el final del invierno, entre febrero y marzo, justo antes de que la planta brote. Cortar antes es un desperdicio, porque se está tirando precisamente el espectáculo de invierno; cortar más tarde, con la planta ya en movimiento, la debilita.
Cómo se hace, en la práctica:
- No se poda una planta recién plantada. Se espera dos o tres años, hasta que muestre un crecimiento vigoroso y tenga un sistema radicular potente.
- Los tallos se cortan dejando tocones de 5 a 7 centímetros sobre la base, siempre por encima de un par de yemas.
- El recepe total, cortándolo todo cada año, da las varas más largas y de color más intenso, pero deja el arbusto reducido a un muñón durante la primavera y elimina la floración, porque florece sobre madera del año anterior.
- La alternativa habitual es la poda por tercios: cada año se cortan a ras los tallos más viejos, un tercio del total, y se dejan los demás. La planta conserva volumen todo el año, mantiene algo de flor y fruto, y siempre hay varas jóvenes de color.
- En suelos pobres o en sombra, con crecimiento lento, es mejor podar solo cada dos o tres años. Un recepe anual sobre una planta que no tiene fuerza para rebrotar la agota.
- Tras el corte conviene un aporte de compost alrededor de la mata y riego, porque se le está pidiendo un rebrote fuerte.
El resto del año
Fuera del invierno, los cornejos no son plantas espectaculares, pero tampoco quedan mal. La hoja es oval y acuminada, verde en las formas típicas y variegada en blanco o amarillo en varios cultivares, con una otoñada de tonos cobrizos, rojizos y púrpuras antes de caer.
En primavera dan corimbos de flores blancas pequeñas, nectaríferas, muy visitadas por abejas y otros insectos. A esa floración le siguen frutos: blancos o azulados en Cornus alba y Cornus sericea, negro azulados en Cornus sanguinea. Son alimento para pájaros y resultan decorativos, pero no son comestibles para las personas y no deben recolectarse. No hay que confundirlos con el cornejo macho (Cornus mas), una especie distinta, arbórea, cuyo fruto rojo sí se aprovecha tradicionalmente y que no se cultiva por el color del tallo.
Usos en el jardín
El cornejo de vara de color pierde casi todo su efecto plantado de uno en uno. Funciona en masa, porque lo que se ve a distancia es la trama de decenas de varas juntas. Tres o cinco ejemplares del mismo cultivar dan más que cinco cultivares distintos repartidos.
- Seto libre o pantalla. Sin recortar, con poda de renovación por tercios, forma una masa de 2 metros que en verano tapa y en invierno se enciende.
- Borde de agua. Cornus alba y Cornus sericea junto a un estanque o una zona húmeda, donde el reflejo duplica el efecto.
- Taludes. Su sistema radicular extendido, y en el caso de Cornus sericea los estolones, sujetan bien la tierra y controlan la erosión.
- Macetón. Aguantan el cultivo en contenedor grande si no les falta agua, aunque en maceta pequeña sufren en verano.
- Como fondo. Contra un seto perenne oscuro o un muro claro las varas destacan mucho más que contra el cielo.
Combinan bien con gramíneas que se dejan en pie durante el invierno, con bulbos tempranos plantados a sus pies (que florecen antes de que el cornejo saque hoja) y con otras plantas de interés invernal como las cortezas exfoliantes de los abedules o los tallos anaranjados de algunos sauces.
Multiplicación
Es de lo más agradecido que hay. Los restos del recepe de febrero sirven directamente como estaquillas de madera dura: se cortan trozos de 20 a 25 centímetros de vara del último año, con varias yemas, se entierran dos tercios de su longitud en un rincón de tierra suelta y sombreada del jardín, y se dejan ahí un año entero, manteniendo la humedad. El porcentaje de enraizamiento es alto sin necesidad de hormonas ni de invernadero. Cornus sericea se puede multiplicar todavía más fácilmente separando los estolones enraizados.
En resumen
Los cornejos arbustivos dan al jardín de invierno un color que casi ninguna otra planta aporta, y lo hacen con muy poco mantenimiento. Para un suelo normal y clima mediterráneo, Cornus sanguinea es la mejor elección por ser autóctono y tolerar la caliza; Cornus alba da el rojo más intenso y aguanta el frío extremo; Cornus sericea resuelve suelos húmedos y taludes, con la advertencia de que se extiende por estolones.
Todo depende de la poda: el color vivo está en la madera del año, así que hay que recepar entre febrero y marzo, dejando tocones de 5 a 7 centímetros, esperando a que la planta tenga dos o tres años y prefiriendo la poda por tercios si se quiere conservar volumen y floración. Conviene plantarlos en grupo y a pleno sol, con el sol bajo de la tarde por detrás, y recordar que sus frutos, aunque decorativos y útiles para los pájaros, no son comestibles.