Una conífera enana en maceta resuelve el problema que tiene toda terraza: qué poner que esté presentable los doce meses del año, sin flor que quitar ni hoja que barrer. Crecen unos pocos centímetros al año, mantienen la forma sin poda, no pierden el follaje y aportan verde, azulado, dorado o glauco justo cuando el resto de las plantas está de retirada.
El malentendido habitual es pensar que por ser resistentes no necesitan nada. Sí necesitan una cosa, y es la que las mata: el agua en su justa medida. Una conífera no se marchita cuando pasa sed, como haría una planta de hoja blanda. Aguanta con buen aspecto y de pronto pardea, y cuando eso ocurre no hay vuelta atrás porque la mayoría no rebrota de la madera vieja. El exceso de riego, por su parte, asfixia un sistema radicular pequeño y abre la puerta a los hongos de suelo. Ese equilibrio es todo el secreto del cultivo en maceta.
Un macetón donde conviven coníferas enanas de distintas especies y formas con plantas de flor. Crecen lentamente y exigen poca agua y poco mantenimiento.
Qué significa "enana" en una conífera
No es un tamaño fijo sino una velocidad. En horticultura se clasifican por el crecimiento anual, y los términos que se usan en los viveros vienen de ahí: las miniatura crecen menos de dos o tres centímetros al año, las enanas entre tres y ocho, y las llamadas pequeñas o intermedias entre ocho y quince. Una conífera enana no se queda del tamaño en que se compra: se queda pequeña durante mucho tiempo, que en jardinería es lo que importa.
La diferencia entre géneros es grande. Los pinos y las piceas enanas suelen crecer entre dos y seis centímetros al año, de modo que un ejemplar tarda un par de décadas en alcanzar el metro escaso. Las tuyas van bastante más deprisa, entre cinco y diez centímetros anuales, y hay que contar con recortarlas o cambiarlas de sitio antes.
Formas y elección
Al elegir importa tanto la forma como el color, porque en una composición de coníferas lo que se ve es la silueta.
- Cónicas o piramidales. Dan verticalidad. Picea glauca ‘Conica’ es la más conocida, un cono perfecto de crecimiento lentísimo. Los tejos de porte fastigiado (Taxus baccata ‘Fastigiata’ y sus formas doradas) hacen columnas estrechas.
- Globosas. Bolas compactas que anclan una composición. Thuja occidentalis ‘Danica’, ‘Golden Globe’ y ‘Tiny Tim’; Picea abies ‘Little Gem’; Picea pungens ‘Globosa’, de un azul intenso; Pinus mugo ‘Mops’ y ‘Gnom’.
- En cojín o nido. Anchas y bajas, con el centro deprimido. Picea abies ‘Nidiformis’ es el ejemplo clásico.
- Rastreras. Para caer sobre el borde del tiesto. Los juníperos mandan aquí: Juniperus horizontalis ‘Blue Chip’ y ‘Wiltonii’, Juniperus squamata ‘Blue Carpet’, Juniperus procumbens ‘Nana’. Taxus baccata ‘Repandens’ hace lo mismo en sombra.
- De textura particular. Chamaecyparis obtusa ‘Nana Gracilis’, con el follaje en conchas superpuestas, y Cryptomeria japonica ‘Globosa Nana’, de aspecto plumoso, son de las más decorativas de cerca.
Para el color, el azul lo dan Picea pungens y varios juníperos, el dorado los cultivares aureos de tuya, ciprés de Lawson y tejo, y el verde oscuro los tejos y las criptomerias. Combinar más de tres colores en un mismo macetón suele salir mal: queda abigarrado.
Cuáles aguantan mejor el clima español
Este es el punto que más se omite en las listas de coníferas enanas, casi todas escritas para climas del norte de Europa. En el interior seco y en el sur, con veranos largos, aire seco y sol duro, no todas se comportan igual.
Toleran bien el calor y la sequía los pinos enanos (Pinus mugo y sus cultivares, Pinus nigra ‘Nana’), los juníperos en general y, con riego moderado, los tejos si tienen algo de sombra en las horas centrales. Sufren los Chamaecyparis, que quieren ambiente fresco y algo húmedo, y las piceas, especialmente Picea glauca ‘Conica’, que en verano seco es atacada sistemáticamente por la araña roja y se llena de zonas pardas desde el interior hacia fuera. Si se planta una picea en zona cálida, hay que revisarle el follaje interno cada pocas semanas en verano y mojarlo con agua a presión, porque el ambiente seco es lo que favorece al ácaro.
Otra sensibilidad a tener en cuenta: los Chamaecyparis lawsoniana son propensos a las podredumbres radiculares causadas por hongos de suelo, y en maceta con riego generoso y drenaje mediocre mueren con facilidad.
Maceta, sustrato y trasplante
El tiesto debe ser proporcionado pero no enorme: un volumen de sustrato muy superior al del cepellón se mantiene húmedo demasiado tiempo alrededor de unas raíces pequeñas. Es preferible ir subiendo de tamaño poco a poco. Y debe tener agujeros generosos y estar levantado del suelo sobre tacos o pies, para que drene de verdad.
El sustrato tiene que ser aireado. Un universal de calidad mezclado con un 30 por ciento de perlita, arena gruesa o grava fina va bien para casi todas. Las especies acidófilas (chamecíparis, criptomerias, piceas) agradecen un sustrato ligeramente ácido; los juníperos y los pinos enanos son indiferentes y aguantan sin problema el agua dura.
El trasplante se hace cada tres o cuatro años, en otoño o a finales de invierno, subiendo un tamaño de maceta y renovando el sustrato. En los años intermedios basta con retirar los tres o cuatro centímetros superiores de sustrato y reponerlo con material nuevo. Una capa de grava o corteza sobre la superficie reduce la evaporación y evita que el sustrato se compacte con el riego.
Riego, abonado y poda
Riego escaso no significa ninguno, y en maceta ese matiz es la diferencia entre una planta viva y una parda. La pauta es comprobar el sustrato a un par de centímetros de profundidad y regar cuando esté seco, mojando bien todo el cepellón hasta que salga agua por abajo, y luego dejar que se seque otra vez. En verano, en una terraza soleada, eso puede ser cada dos o tres días; en invierno, cada dos o tres semanas o menos. No se deja agua en el plato.
El abonado es mínimo. Un abono de liberación lenta para coníferas o para plantas verdes, aplicado una vez al comenzar la primavera, cubre el año. Abonar mucho una conífera enana solo consigue romper el porte compacto que la hace atractiva.
La poda, en la mayoría, no existe. Se retiran las ramillas secas y poco más. Y hay una regla que no admite excepción salvo en los tejos: los pinos, las piceas, los cipreses, las tuyas y los juníperos no rebrotan de la madera vieja, la que ya no tiene follaje verde. Si se recorta más allá de la zona verde queda un hueco marrón permanente. En pinos enanos, si se quiere frenar el crecimiento, lo que se hace es pinzar las velas, los brotes nuevos alargados de primavera, partiéndolos por la mitad con los dedos antes de que abran las acículas. El tejo es la excepción: rebrota incluso del tronco viejo y admite recortes severos.
El invierno en la maceta
Las coníferas enanas son mucho más rústicas que el sitio donde viven. Plantadas en el suelo aguantan fríos extremos, pero en un tiesto la tierra se congela por los lados y no solo por arriba, y las raíces sufren daños que la planta manifiesta en primavera con follaje pardo.
En zonas de heladas fuertes conviene arrimar las macetas a la pared de la casa, agruparlas para que se protejan entre sí y, en casos duros, envolver el tiesto (no la planta) con un material aislante. Igual de importante es la desecación invernal: con viento frío y suelo helado, la conífera sigue perdiendo agua por el follaje y no puede reponerla, lo que produce el pardeamiento típico de la cara expuesta al viento. Un riego en un día templado de invierno, cuando el sustrato no está helado, previene ese daño.
Cuidado con el tejo
El tejo (Taxus baccata) es una conífera excelente para maceta: aguanta la sombra, tolera la poda, vive muchísimo y tiene un verde oscuro difícil de igualar. Pero es una planta muy tóxica. Casi toda ella, incluidas las hojas, la corteza y la semilla, contiene alcaloides del grupo de las taxinas, que son cardiotóxicos, y lo es tanto en fresco como en seco, de modo que los restos de poda no dejan de serlo. La única parte no tóxica es el arilo rojo y carnoso que envuelve la semilla, pero la semilla que hay dentro sí lo es, así que en la práctica el fruto se trata como peligroso.
Esto no significa que no se pueda tener, sino que hay que saberlo: fuera del alcance de niños pequeños y de animales, con los restos de poda retirados y no accesibles al ganado ni a caballos, que son especialmente sensibles. Ante cualquier ingestión hay que acudir al médico o al veterinario. Conviene saber también que las tuyas (Thuja) contienen tuyona y tampoco deben ingerirse.
En resumen
Las coníferas enanas son la solución más duradera para una terraza que tiene que estar bien todo el año: crecen unos pocos centímetros anuales, no necesitan poda, no pierden hoja y aportan formas y colores estables. Para elegir bien conviene mirar la forma (cónica, globosa, en cojín, rastrera) antes que la especie, y no mezclar más de tres colores en la misma composición.
En clima español, las apuestas seguras son los pinos enanos y los juníperos; las piceas y los chamecíparis piden ambiente más fresco y dan problemas de araña roja y de podredumbre radicular en verano seco. El cultivo se reduce a un sustrato muy drenante, riegos completos y espaciados comprobando la humedad antes, un abonado ligero en primavera y protección de la maceta en invierno. Y hay que tener presente que el tejo, con todo lo bueno que tiene, es una planta muy tóxica por ingestión.