La col ornamental es de las pocas plantas que mejoran cuando llega el frío. Sus rosetas de hojas magenta, púrpura, rosa o blanco crema sobre un borde verde o gris azulado se intensifican justo cuando el resto del jardín se apaga, y aguantan heladas y nieve sin inmutarse. Por eso ocupan en otoño el sitio que en verano tenían las plantas de temporada: parterres, jardineras de balcón, tiestos de entrada.
No son plantas de flor, aunque lo parezcan. Lo que se ve es una roseta de hojas de Brassica oleracea, la misma especie que el repollo, la berza, el brócoli y la coliflor, seleccionada para que la parte central pierda la clorofila y saque a la vista los pigmentos rojos y las hojas blancas. La consecuencia práctica es que se cultivan como cualquier col: sol, tierra fértil y drenaje, poco más.
La exposición a pleno sol y el frío se encargan de que el desarrollo de la col ornamental sea proporcionado y sus colores más intensos.
Qué es exactamente una col ornamental
Bajo ese nombre se agrupan cultivares de Brassica oleracea del grupo acephala, es decir, coles que no forman cogollo cerrado. Comercialmente se distinguen dos tipos según la hoja.
- Tipo col o repollo ornamental: hoja ancha, lisa o con el borde ligeramente ondulado, roseta compacta y muy plana, con el centro coloreado en un disco bien definido. Es la que más recuerda a una flor enorme.
- Tipo kale ornamental: hoja profundamente rizada, flecos finos, aspecto más plumoso y menos geométrico. Encaja mejor en composiciones sueltas y en jardineras mezcladas.
Dentro de cada tipo hay series con centro blanco, rosa o magenta intenso, y también cultivares de porte alto con tallo largo que se usan cortados en arreglos florales. El tamaño final va, según cultivar, de unos 20 a 40 centímetros de diámetro.
Por qué el color depende del frío
Este es el dato que decide dónde se pone la planta. La coloración del centro no se debe a la edad ni al abonado, sino a las bajas temperaturas: hasta que no llegan varias noches frescas, la roseta se mantiene verde o apenas teñida. Con el descenso térmico del otoño avanzado, el color aparece y se intensifica.
De ahí se derivan dos consecuencias. La primera, que en las zonas de invierno suave del litoral mediterráneo y del sur el color tarda más en salir y suele quedar menos vivo que en el interior peninsular. La segunda, que colocarlas en un sitio resguardado y cálido, como un patio interior cerrado, es contraproducente: pierden justamente el estímulo que las hace atractivas.
El sol directo cumple el mismo papel. A la sombra, la planta se estira, los peciolos se alargan y la roseta pierde la forma compacta que la hace decorativa. Pleno sol de invierno, sin excepciones.
Cuándo plantarlas
Lo habitual es comprarlas ya formadas, en maceta, entre octubre y diciembre, y trasplantarlas directamente a su sitio definitivo. La planta prácticamente no crece durante el invierno, así que el tamaño que tenga al plantarla es el que va a tener toda la temporada. No conviene comprar plantas pequeñas esperando que engorden.
Quien las quiera cultivar desde semilla debe sembrar en verano, en julio o principios de agosto, en semillero protegido del sol más duro, y trasplantar a maceta individual a las tres o cuatro semanas. Es un cultivo largo y en pleno calor, con la presión de plagas de la col en su peor momento, y por eso la mayoría de la gente prefiere comprar planta hecha.
En parterre, una densidad de seis a diez plantas por metro cuadrado da una masa cerrada de color. Muy separadas se ve la tierra entre ellas y el efecto se pierde; muy juntas se estorban y se estiran.
Suelo, riego y abonado
Aprecian suelos fértiles, con materia orgánica y buen drenaje, y son muy tolerantes con el pH: van bien en suelos ácidos, neutros y en los calizos del este y el sur peninsular, algo poco frecuente entre las plantas de temporada. Lo que no toleran es el encharcamiento.
El riego debe ser moderado, dejando que la superficie del sustrato se seque entre uno y otro. Es un error frecuente regarlas con la misma pauta que llevaban las plantas de verano a las que sustituyen. En invierno, con lluvias y evaporación baja, muchas jardineras no necesitan riego durante semanas. El exceso de humedad es lo que abre la puerta a la botritis y al mildiu.
No tienen exigencias nutricionales altas para el uso que se les da. Con un sustrato de calidad o un suelo enmendado con compost cubren la temporada. Un abonado nitrogenado fuerte solo consigue hojas grandes, blandas, más verdes y más apetecibles para el pulgón.
Plagas y problemas
Comparten enemigos con las coles de huerta, aunque el frío juega a favor del jardinero.
- Pulgón: el más habitual, sobre todo en otoño templado. Se instala en el envés y en el corazón de la roseta, donde es difícil de alcanzar. Conviene revisar el centro de la planta al comprarla.
- Orugas: las larvas de las mariposas de la col agujerean las hojas y estropean la roseta en pocos días. El daño es sobre todo estético, pero irreversible en la hoja afectada.
- Caracoles y babosas: con lluvias de otoño hacen mordeduras en el borde de las hojas exteriores.
- Botritis y mildiu: aparecen con exceso de agua en el sustrato o con follaje mojado de forma persistente en sitios sin ventilación.
Con la entrada del frío, la presión de pulgón y orugas cae en picado y el resto del invierno suele transcurrir sin incidencias.
El final: el espigado de primavera
La col ornamental se usa como planta de temporada porque su ciclo termina en primavera. Al subir la temperatura y alargarse el día, el tallo central se alarga, la roseta se abre y la planta emite una espiga de flores amarillas. En ese momento pierde por completo la forma y el color que la hacían interesante.
No hay poda ni cuidado que lo evite: es el ciclo normal de una brasicácea bienal. Lo que se hace es arrancarla en marzo o abril y sustituirla por la plantación de primavera. Dejar que florezca solo tiene sentido si se quiere alimento para abejas, porque la flor de col es muy visitada.
Con qué combinarla
Su tolerancia al pH y su porte bajo y redondeado la hacen fácil de mezclar. En jardineras funciona bien con pensamientos y violas, ciclámenes, prímulas, brezos de invierno y hiedra variegada, que aporta la caída sobre el borde del tiesto. En parterre da buen resultado plantada en masa de un solo color, en bloques, más que salpicada entre otras cosas.
El uso ornamental de las hortalizas tiene un precedente conocido en el huerto decorativo del castillo de Villandry, en el valle del Loira, donde el color del otoño y el invierno lo ponen precisamente las coles ordenadas en cuadros geométricos. La idea es trasladable a una escala mucho menor: un bancal del huerto plantado con orden, o tres tiestos iguales alineados, consigue el mismo efecto.
¿Se pueden comer?
Son de la misma especie que la berza y no contienen nada tóxico, pero se han seleccionado por el aspecto y no por el sabor: la hoja es dura y amarga. El problema real es otro: la planta ornamental se produce y se vende como planta de adorno, y puede haber recibido tratamientos fitosanitarios que no están autorizados en cultivos alimentarios. Por eso no debe llevarse a la cocina una col comprada en la sección de temporada. Si se quieren coles decorativas para comer, se siembran desde semilla como cultivo de huerta.
Otras hortalizas de hoja decorativa
La col no es la única verdura que gana un sitio en el jardín por su aspecto.
- Acelga de penca de colores (Beta vulgaris var. cicla): los cultivares de penca amarilla, naranja, rosa y roja son de las plantas más vistosas del huerto de invierno, y además se comen. Aguantan bien el frío peninsular y rebrotan tras cada corte de hojas exteriores.
- Mostaza de hoja roja (Brassica juncea): hojas grandes de tonos púrpura y verde bronce, resistentes al frío. Las hojas jóvenes son picantes en ensalada; las adultas se cocinan.
- Lechugas de hoja roja y rizada: los tipos de hoja suelta, sin cogollo, dan textura y color a bajo nivel y se recolectan hoja a hoja durante meses.
- Kale de hoja azulada: el llamado kale negro o de Toscana, de hoja larga, estrecha y muy abullonada, es a la vez comestible y decorativo, y resiste bien las heladas.
El ruibarbo, que a veces se menciona en estas listas por sus peciolos rojos, merece una advertencia: solo se consume el peciolo. Las hojas contienen ácido oxálico en cantidad y no deben comerse. Además necesita inviernos fríos y veranos frescos, así que en el clima mediterráneo da resultados pobres.
En resumen
La col ornamental es una planta de temporada de otoño e invierno que necesita pleno sol, suelo drenado y frío para colorear. Se compra ya formada entre octubre y diciembre, se planta directamente en su sitio, se riega poco y se abona menos. En parterre, entre seis y diez plantas por metro cuadrado dan una masa de color continua.
Su ciclo termina cuando sube la temperatura en primavera y la planta espiga: entonces se arranca y se sustituye. Comparte plagas con las coles de huerta, aunque el frío las reduce mucho, y su principal riesgo de cultivo es el exceso de agua. Junto a acelgas de penca coloreada, mostazas rojas y lechugas de hoja suelta, forma el repertorio de hortalizas que sostienen el color del jardín en los meses en que casi nada florece.