El cóleo se cultiva por la hoja, no por la flor, y esa es la clave de todo lo que hay que hacer con él. Sus hojas combinan púrpuras, granates, rosas, verdes ácidos y amarillos en dibujos que cambian de un cultivar a otro, y esa coloración depende directamente de la luz que reciba la planta. Con luz escasa las hojas se vuelven verdosas, los tallos se estiran y la mata pierde la forma compacta. Con mucha luz, incluso con algo de sol suave de primera hora, el contraste de colores se mantiene toda la temporada.

Es una planta fácil, de crecimiento rápido y muy agradecida al esquejado, pero tiene dos limitaciones que conviene tener claras desde el principio: no soporta las heladas y no soporta el encharcamiento. En casi toda la Península se comporta como anual de exterior o como planta de interior permanente, y solo en el litoral más suave (costa de Málaga y Granada, Canarias) aguanta el invierno fuera sin protección.

Los híbridos de hoja variegada son los cóleos más habituales en jardinería, con combinaciones de púrpura, granate, rosa y amarillo que cambian según el cultivar.

Qué planta es y cómo se llama

El nombre científico de los cóleos ha dado bastantes vueltas. Durante mucho tiempo se incluyeron en el género Coleus, después pasaron a Solenostemon, y las revisiones taxonómicas más recientes han devuelto la especie de jardinería al género original, como Coleus scutellarioides. En viveros y etiquetas se encuentran los tres nombres, y también Plectranthus scutellarioides, así que no conviene descartar una planta porque la etiqueta use una denominación antigua: se trata de la misma cosa.

Pertenece a la familia de las labiadas (Lamiaceae), la misma que la menta, la salvia o el romero, y eso se nota en el tallo de sección cuadrada y en las espigas de flores pequeñas y bilabiadas. Es originaria de zonas tropicales del sudeste asiático y de Oceanía. De ahí vienen sus exigencias: calor, humedad ambiental y nada de frío.

Luz: de ella depende el color

Un cóleo con poca luz sigue vivo, pero deja de ser interesante. Los pigmentos rojos y púrpuras se atenúan, el verde gana terreno y los entrenudos se alargan buscando la ventana. La corrección es simple y rápida: acercarlo al cristal.

Dicho eso, tampoco tolera el sol directo del mediodía en verano peninsular. Las hojas son finas y se queman con facilidad, sobre todo si la planta viene de un interior y se saca de golpe. El punto correcto es luz abundante todo el día con sol directo solo en las horas de la mañana o del atardecer. En una terraza orientada al este funciona muy bien; en una orientada al sur, con malla de sombreo o a la sombra de algo más alto.

Los cultivares de hoja más oscura suelen aguantar mejor el sol que los de hoja clara o casi blanca, que se marcan enseguida. Si se cambia de sitio una planta, conviene hacerlo de forma progresiva, aumentando la exposición a lo largo de una o dos semanas.

Dentro de casa

Como planta de interior el sitio ideal es junto a una ventana, en una habitación que no esté sobrecalentada. El principal enemigo del cóleo en invierno no es el frío de la calle sino el aire seco de la calefacción, que le hace caer las hojas de la parte baja y favorece a la araña roja.

Dos medidas ayudan bastante. La primera es alejarlo de radiadores y de la salida de aire del aire acondicionado. La segunda es subir la humedad alrededor de la planta poniendo la maceta sobre un plato con guijarros y un dedo de agua, cuidando de que la base del tiesto no toque el agua. Agrupar varias plantas juntas también crea un microclima algo más húmedo.

Riego y sustrato

El cóleo tiene hoja grande y tallo carnoso, así que pierde agua deprisa y se marchita de forma llamativa en cuanto se seca el sustrato. La marchitez suele ser reversible si se riega a tiempo, pero cada episodio le cuesta hojas.

La pauta razonable es regar cuando los primeros centímetros del sustrato estén secos al tacto, sin esperar a que se seque el cepellón entero. En verano, con calor y crecimiento activo, eso puede significar cada dos o tres días en maceta; en otoño se espacia, y en invierno basta con mantener el sustrato apenas húmedo. Nunca se deja agua en el plato.

El sustrato debe drenar bien. Un sustrato universal de calidad aligerado con un 20 o 30 por ciento de perlita funciona sin problemas. El exceso de agua retenida es la causa más frecuente de pérdida de hojas y de pudriciones en la base del tallo. Conviene mojar la tierra y no el follaje: las hojas mojadas de forma persistente se manchan.

Abonado

Al crecer rápido y estar en un volumen de tierra limitado, agota el sustrato en pocas semanas. Durante la primavera y el verano se abona con un fertilizante líquido para plantas verdes, diluido en el agua de riego, cada dos semanas aproximadamente. En otoño e invierno se suspende.

Un exceso de nitrógeno produce hojas grandes pero de color más apagado, así que no compensa pasarse con la dosis. Es mejor quedarse algo por debajo de lo que indique el envase que doblarla.

Pinzado, poda y flores

El pinzado es lo que separa un cóleo bonito de un cóleo desgarbado. Cortando la punta de los brotes cada pocas semanas se fuerza la ramificación lateral y la planta se mantiene densa y redondeada en lugar de estirarse en tallos largos con hojas solo en el extremo. Se empieza cuando la planta tiene tres o cuatro pares de hojas y se repite durante toda la temporada de crecimiento.

Las espigas florales, azuladas o lilas y de poco interés ornamental, se eliminan en cuanto aparecen. No es solo cuestión estética: cuando la planta entra en floración y semilla, deja de emitir hojas nuevas con la misma energía y tiende a envejecer. Quitando las flores se alarga bastante la vida útil de la mata.

A finales de otoño, cuando la planta se ha ido quedando fea, admite una poda fuerte dejando los tallos principales con algunos brotes. Rebrota en primavera con vigor. Muchos aficionados prefieren, en lugar de conservar la planta vieja, sacar esquejes en otoño y empezar la temporada siguiente con material joven, que da mejor resultado.

Esquejes, el modo de multiplicarlo

El cóleo enraíza con una facilidad casi ridícula, y es además el único método que garantiza mantener el color exacto del cultivar. La semilla de un híbrido da plantas variadas, muchas de ellas menos vistosas que la madre.

Se cortan tallos sanos de unos 8 a 15 centímetros, se quitan las hojas de la mitad inferior y se dejan solo dos o tres en el extremo. A partir de ahí hay dos caminos. En un vaso con agua, en un sitio con luz pero sin sol directo, emiten raíces en una o dos semanas y se ven crecer; una vez tengan raíces de dos o tres centímetros se pasan a maceta, cuanto antes mejor, porque las raíces formadas en agua sufren en el trasplante. En maceta directa, con sustrato ligero y humedad constante, el enraizamiento es algo más lento pero la planta arranca mejor.

La mejor época es primavera y verano, con calor, aunque en interior se puede hacer casi todo el año. Los restos de la poda otoñal sirven perfectamente para tener plantas listas en primavera.

Plagas y problemas

En condiciones correctas es una planta sana. Los problemas que aparecen suelen ser consecuencia del ambiente, no de la planta.

  • Araña roja: el problema típico del interior con calefacción. Se detecta por el punteado decolorado en el haz y las telillas finas en el envés. Subir la humedad ambiental es tan importante como el tratamiento.
  • Mosca blanca: frecuente en invernadero y en interiores cálidos. Al mover la planta levanta una nube de adultos blancos.
  • Pulgón: ataca los brotes tiernos, sobre todo en primavera y en plantas muy abonadas.
  • Caída de hojas bajas: casi siempre falta de luz, aire seco o riego irregular, no una plaga.
  • Base del tallo blanda y oscura: exceso de agua. No tiene arreglo en la planta afectada; la salida es sacar esquejes de la parte sana.

Cuidado si hay animales en casa

El cóleo se considera tóxico por ingestión para perros y gatos. Contiene aceites esenciales con diterpenos que pueden provocar irritación digestiva y, por contacto con la savia, irritación de la piel en personas sensibles, sobre todo al podar o esquejar en cantidad. Conviene colocarlo fuera del alcance de los animales y lavarse las manos después de manipularlo. Si un animal ingiere parte de la planta, el asunto es del veterinario.

En resumen

El cóleo es una planta de hoja que se cultiva por su colorido y que depende de la luz para mantenerlo. Mucha claridad con algo de sol suave, sustrato que drene, riegos regulares sin encharcar, abonado quincenal en la temporada de crecimiento y pinzados frecuentes para que no se estire. Las espigas de flor se quitan en cuanto salen.

Fuera de las zonas más cálidas del país no pasa el invierno a la intemperie, así que en la mayor parte de España funciona como planta de temporada en terraza o como planta de interior junto a una ventana, alejada de la calefacción. Como enraíza con enorme facilidad, la forma más práctica de conservarlo año tras año no es cuidar la mata vieja sino sacar esquejes en otoño y empezar en primavera con plantas jóvenes. Es tóxico por ingestión para perros y gatos, algo a tener presente al elegirle sitio.


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