El clavel es de las pocas plantas de flor que agradece exactamente lo que la mayoría de los jardines españoles tiene: suelo calizo, sol de sobra y poca agua. Donde una camelia o una hortensia se rinden, un clavel prospera. Y sin embargo se pierde con frecuencia, casi siempre por lo mismo: se planta en suelo que se encharca en invierno y se pudre por el cuello.
Lo segundo que conviene saber es que un clavel no es una planta para siempre. Es una vivaz de vida corta que a los dos o tres años se ahíla, se queda con la base leñosa y pelada y da menos flor. La solución no es cuidarlo más, es renovarlo por esqueje, que además es fácil y da plantas idénticas a la madre.
El clavel se multiplica en formas, tonos y tamaños en numerosos híbridos, sin perder su característico perfume.
Qué es el clavel
Dianthus caryophyllus es una herbácea de la familia de las cariofiláceas, de hoja estrecha, lineal y de un característico verde glauco, casi azulado, con los tallos hinchados en los nudos. Es propia de la cuenca mediterránea, y ese origen explica bien su comportamiento: sol, calor seco, suelos pobres, pedregosos y con caliza, y muy poca tolerancia al agua estancada.
Los dos nombres dicen cosas. Dianthus viene del griego y significa algo así como flor de los dioses. Y clavel deriva de clavo, por el parecido de su aroma con el de la especia, un perfume dulce y algo picante que muchos híbridos modernos de flor cortada han perdido por el camino, sacrificado a la duración y al tamaño de la flor.
Los dos grandes grupos
Por un lado están los claveles de jardín o de arriate, matas de entre treinta y setenta y cinco centímetros, con flores por lo general de menos de cinco centímetros, muy perfumadas, que florecen sobre todo de primavera a principios de verano y a menudo repiten en otoño. Son los que interesan para el jardín, la jardinera y el balcón.
Por otro, los claveles de floración permanente, desarrollados para flor cortada y cultivo en invernadero, con tallos que pueden llegar al metro, mucho más gruesos y rígidos, y flores grandes. Dentro de este grupo están también los tipos spray, con varias flores más pequeñas por tallo, y los miniatura. Estos claveles están seleccionados para condiciones de invernadero, con temperatura, luz y riego controlados, y en un jardín normal se comportan bastante peor que los de arriate.
Merece la pena decirlo al comprar: si el objetivo es un balcón o un parterre, hay que buscar claveles de jardín, no plantas de flor cortada. Un clavel de invernadero plantado en una jardinera se ahíla, se tumba y decepciona.
El suelo: uno de los pocos que agradece la caliza
El clavel prefiere un pH neutro o ligeramente alcalino, aproximadamente entre 6,5 y 7,5. Eso lo convierte en una de las plantas de flor mejor adaptadas a los suelos calizos del este, el centro y el sur peninsular, donde tantas otras dan problemas de clorosis. No hay que acidificar nada ni corregir nada.
Lo que sí es innegociable es el drenaje. El clavel no soporta el suelo pesado y encharcado, y menos en invierno. En terreno arcilloso hay que plantar en alto, en caballón o en un arriate elevado, y mezclar arena gruesa y grava con la tierra. En maceta, sustrato universal aligerado con un tercio de arena o de perlita, y nada de plato con agua.
Una advertencia sobre el abono orgánico: el clavel es de suelos pobres y un exceso de materia orgánica fresca alrededor del cuello favorece las podredumbres. Compost bien maduro y en poca cantidad.
Sol, temperatura y riego
Pleno sol, con un mínimo de seis horas diarias. En sombra no florece y se ahíla. En las zonas más calurosas del sur, en pleno agosto, agradece que el sol de la tarde esté algo filtrado, pero no es una planta de sombra en ningún caso.
Su rango cómodo está en temperaturas templadas, en torno a 20 a 25 grados de día y noches más frescas. Con calor extremo y sostenido interrumpe la floración y la reanuda cuando afloja, lo que explica el parón de julio y agosto y la segunda floración de septiembre en buena parte de España. Los claveles de jardín resisten bien el frío invernal y en la mayor parte del país pasan el invierno fuera sin protección.
El riego debe ser regular pero moderado, dejando secar la superficie entre riegos. Es una planta que aguanta mejor la sequía que el exceso. Y hay una regla que evita la mayoría de los problemas: regar siempre al pie, nunca por encima. Mojar el follaje y la base de los tallos es la vía directa a las podredumbres y a los hongos foliares.
Pinzado, despunte y limpieza
El pinzado es lo que convierte un clavel escuálido de un solo tallo en una mata cubierta de flores. Consiste en cortar la punta del tallo principal para forzar a la planta a ramificar por las yemas laterales.
Se hace en dos tiempos. El primer pinzado, sobre el cuarto, quinto o sexto nudo, cuando la planta está establecida y en crecimiento. El segundo, un mes o mes y medio después, sobre el tercer nudo de cada una de las ramificaciones que salieron del primero. El resultado es una mata con muchos más tallos florales, aunque cada flor sea algo menor.
Durante la floración, retirar las flores marchitas cortando el tallo hasta un nudo con hojas prolonga notablemente la temporada, porque la planta no dedica recursos a formar semilla. Y al final del invierno conviene un repaso, quitando tallos secos y recortando ligeramente la mata para compactarla.
Abonado
Un abono líquido para plantas de flor, con más potasio que nitrógeno, cada una o dos semanas durante la primavera y el verano, y espaciado o suspendido el resto del año. El exceso de nitrógeno da matas grandes, blandas y de tallo débil, con poca flor y mucha sensibilidad a los hongos. En el suelo del jardín, con un abono de liberación lenta al comienzo de la primavera suele bastar.
Multiplicación por esqueje
Es la forma sensata de conservar una variedad que gusta, porque la semilla de un híbrido no la repite. Y no es complicado, aunque exige cierta constancia.
El mejor momento es el final del verano o el comienzo de la primavera. Se eligen brotes laterales no florecidos, vigorosos y de unos ocho a diez centímetros, y se arrancan de un tirón hacia abajo, de modo que se lleven un pequeño talón de la rama madre, o se cortan justo por debajo de un nudo. Se quitan las hojas de la mitad inferior, se clavan en una mezcla muy ligera de arena y turba, o de perlita y fibra de coco, y se mantienen en un sitio luminoso sin sol directo, con el sustrato apenas húmedo y con humedad ambiental alta, cubriendo la bandeja con una bolsa o un plástico que no toque las hojas.
Enraízan en tres o cuatro semanas. Lo que más los echa a perder es el exceso de agua, así que conviene ventilar a diario para evitar la condensación y la podredumbre.
La siembra de semilla es igualmente viable para las variedades no híbridas y para las mezclas de jardín. Se siembra de final de invierno a comienzos de verano, germina en una a tres semanas a unos 15 grados con sustrato húmedo, y las plántulas se repican a alveolos y se aclimatan al exterior una o dos semanas antes de plantarlas definitivamente.
Plagas y enfermedades
Entre las plagas, la araña roja es la más frecuente en verano seco y caluroso, con su punteado decolorado y su telilla en el envés; el pulgón ataca los brotes tiernos y los botones; los trips deforman las flores y las manchan con rayas plateadas; y los minadores dibujan galerías en las hojas.
Las enfermedades son más serias que las plagas en el clavel. Las podredumbres del cuello y las traqueomicosis, hongos de suelo que colonizan los vasos y provocan que la planta se marchite de golpe con la tierra húmeda, son la causa más frecuente de muerte, y no tienen tratamiento una vez instaladas: se previenen con drenaje, riego al pie y no repitiendo claveles en el mismo sitio año tras año. La roya del clavel aparece como pústulas pardas pulverulentas en el envés en ambientes húmedos, y la Botrytis pudre las flores en primaveras lluviosas.
El clavel de jarrón
Como flor cortada dura mucho, entre una y dos semanas, si se hacen tres cosas. Cortar el tallo en diagonal justo por encima de un nudo, porque el nudo es duro y absorbe mal. Retirar todas las hojas que vayan a quedar bajo el agua. Y cambiar el agua cada dos o tres días recortando un centímetro del tallo.
Un detalle que casi nadie tiene en cuenta: el clavel es especialmente sensible al etileno, el gas que desprende la fruta madura. Un jarrón de claveles junto a un frutero se marchita en la mitad de tiempo, con los pétalos cerrándose hacia dentro sin llegar a abrirse.
En resumen
El clavel quiere sol pleno, suelo suelto con muy buen drenaje y pH neutro o ligeramente alcalino, lo que lo hace ideal para los suelos calizos españoles. Riego moderado y siempre al pie, nunca sobre el follaje, y poca materia orgánica alrededor del cuello. La causa habitual de muerte no es la sequía, es la podredumbre por encharcamiento.
Para conseguir matas floridas hay que pinzar dos veces, primero sobre el cuarto o sexto nudo y luego sobre el tercero de las ramificaciones, y retirar las flores marchitas durante toda la temporada. Como es una vivaz de vida corta, conviene sacar esquejes cada dos o tres años a final de verano para tener plantas de relevo, porque de semilla los híbridos no salen iguales.