Colgar plantas es la forma más eficaz de meter volumen vegetal en una casa sin ocupar suelo ni superficies. Una cortina de tallos desde un dintel, una cesta sobre una estantería alta o un rhipsalis derramándose desde un mueble ocupan un espacio que no sirve para nada más. El problema es que la altura tiene dos inconvenientes serios que casi nadie calcula antes de colgar nada: arriba hay menos luz de la que parece, y el aire es más caliente y más seco.
De esos dos factores sale todo lo demás. La elección de la especie depende de la luz real que llega a la altura donde va a estar la maceta, no de la que hay en la ventana, y el mantenimiento depende de haber pensado antes cómo se va a regar algo que está a dos metros del suelo. Resueltas esas dos cosas, una composición colgante es de lo más agradecido que hay en interior.
Un rhipsalis derramando su cabellera de tallos finos desde lo alto, a la izquierda. Potos colgando desde un dintel a modo de cortina vegetal, a la derecha.
La luz en altura es menos de la que crees
La luz de una habitación entra por la ventana y decae muy rápido con la distancia. Un punto a dos metros de altura y a tres metros de la ventana recibe una fracción pequeña de lo que recibe el alféizar, y además recibe luz que llega desde abajo y de lado, no desde arriba, que es como la reciben las plantas en la naturaleza. Por eso tantas cestas colgantes acaban con tallos larguísimos, entrenudos separados y hojas pequeñas: la planta no se está luciendo, se está estirando en busca de luz.
Una comprobación sencilla y bastante fiable: ponte donde va a ir la planta, a esa altura y en un día normal sin encender la luz, y mira si podrías leer un libro cómodamente. Si no, ahí solo van a vivir bien un poto, una hiedra o un ciso, y aun esos crecerán despacio y perderán variegación.
Peso, anclaje y cosas que se caen
Una cesta de veinticinco centímetros con el sustrato recién regado pesa fácilmente entre cinco y ocho kilos, y en movimiento pesa más. Ese peso no lo aguanta un taco de plástico en un falso techo de pladur, ni una alcayata clavada a ojo. El anclaje tiene que ir a estructura firme, con el taco adecuado al material, y en falso techo hay que localizar el perfil o pasar a la losa.
Cómo se riega algo que está colgado
Es el punto que decide si la composición sobrevive al primer mes. Regar en alto con una regadera es incómodo, se calcula mal y el sobrante gotea. Hay tres soluciones prácticas.
La primera y mejor es descolgar y sumergir. Se baja la maceta, se mete en un barreño o en el fregadero con unos dedos de agua durante diez o quince minutos, se deja escurrir bien y se vuelve a colgar. Es el método que mejor humedece el cepellón de forma uniforme y el único que funciona con un sustrato que se ha secado del todo. Exige que el sistema de colgado sea fácil de soltar, cosa que hay que pensar antes de instalarlo.
La segunda son los tiestos con depósito, que llevan un reservorio en la base y un indicador de nivel. Reducen mucho la frecuencia y evitan goteos, y son especialmente útiles para plantas que quieren humedad constante. Hay que vigilar que el depósito no se quede permanentemente lleno con plantas que no lo toleran.
En cualquiera de los casos, ten presente que en altura hace más calor y el aire es más seco. El aire caliente sube, y cerca del techo de un salón con calefacción puede haber tres o cuatro grados más que a la altura de la mesa, con la humedad relativa correspondientemente más baja. Una planta colgada se seca antes que la misma planta en el suelo.
Para sitios muy luminosos
Con luz clara e indirecta abundante, junto a una ventana, se abre el catálogo interesante.
Los Rhipsalis son cactus epífitos de las selvas tropicales americanas, sin espinas, que forman auténticas cabelleras de tallos finos y colgantes. Quieren luz clara pero no sol directo, sustrato muy drenante y bastante más agua que un cactus de desierto, aunque dejando secar entre riegos. Son de las plantas colgantes más resistentes al abandono, y una de las de mejor efecto.
El collar de cuentas (Senecio rowleyanus) y el collar de plátanos (Senecio radicans) hacen hilos de hojas esféricas o fusiformes. Necesitan mucha luz, sustrato de suculentas y riego escaso, y son de las que peor perdonan el exceso de agua. En una esquina oscura no duran.
El collar de corazones (Ceropegia woodii) cuelga hilos finos con hojas acorazonadas de dibujo plateado. Es una suculenta, con las mismas reglas: mucha luz, poco riego, sustrato drenante. Forma tubérculos en los nudos con los que se multiplica sola.
Para luz media o escasa
Es la situación real de la mayoría de las casas, y aquí manda el poto (Epipremnum aureum). Aguanta condiciones que no aguanta casi nada, crece deprisa, se multiplica con un trozo de tallo en un vaso de agua y hace la cortina vegetal más rápida y barata que existe. Con poca luz pierde el jaspeado amarillo y se vuelve verde, cosa que no le hace daño. El Scindapsus pictus, el poto plateado, es su equivalente con manchas plateadas y hoja aterciopelada, algo más lento y algo más exigente.
La hiedra común (Hedera helix) funciona bien en interiores frescos y luminosos, y mal en salones caldeados y secos, donde la araña roja acaba con ella. Es mejor planta de escalera, recibidor o habitación fría que de salón con calefacción.
La cinta (Chlorophytum comosum) es la más doméstica de todas y tiene la gracia de emitir estolones con plantas hijas colgando, que enraízan solas. Tolera bastante desatención y agradece luz clara sin sol directo.
El ciso (Cissus rhombifolia) es robusto, de hoja brillante y crecimiento rápido. La Monstera adansonii, la de hojas perforadas pequeñas, cuelga o trepa según le pongas soporte y quiere luz clara indirecta. El Ficus pumila forma un tapiz de hojitas menudas y se agarra a las superficies verticales, pero no perdona secarse del todo ni una vez.
Las que exigen humedad alta
Hay un grupo que no funciona en un salón seco por muy bien que se ilumine. El musgo español (Tillandsia usneoides) no es un musgo sino una bromelia epífita sin raíces funcionales, que absorbe agua por las escamas de sus tallos y necesita pulverización frecuente y aire húmedo y en movimiento. El pintalabios (Aeschynanthus) da flores tubulares rojas espectaculares, pero pide humedad ambiental alta y una temperatura estable. Ambas son candidatas para un baño luminoso, no para un mueble alto junto al radiador.
Cómo se monta la cascada
Tres consejos que cambian el resultado. El primero: agrupar. Tres o cinco macetas colgadas a alturas distintas y con longitudes de tallo diferentes componen mucho mejor que una sola, y además crean entre ellas un microclima algo más húmedo. El segundo: mezclar texturas antes que colores, un tallo fino y colgante junto a una hoja ancha y una masa menuda. El tercero: plantar varios esquejes en la misma maceta desde el principio, cinco o seis en un tiesto de veinte centímetros, para que la mata salga densa; una sola planta en el centro tarda un año en llenar y mientras tanto parece pobre.
Poda, o el problema de la mata pelada por arriba
Todas las plantas colgantes tienden al mismo defecto con el tiempo: los tallos se alargan, pierden las hojas de la parte alta y la masa verde queda solo en las puntas, con una corona de tallos desnudos asomando del tiesto. Se corrige podando de forma escalonada, cortando un tercio de los tallos por su base o por encima de un nudo cada primavera, y pinzando las puntas de vez en cuando durante la temporada de crecimiento.
Los trozos cortados no se tiran: potos, hiedras, cintas, tradescantias y cisos enraízan en agua o directamente en sustrato, y son el material para rellenar la propia maceta y hacerla más densa.
Toxicidad: mira lo que cuelga sobre el sofá
Una planta colgada está al alcance de los gatos, que trepan y muerden precisamente los tallos que se mueven. Conviene saber qué se cuelga.
El poto, el Scindapsus y las Monstera son aráceas y contienen cristales de oxalato cálcico: la savia irrita la piel y las mucosas y la ingestión provoca dolor e inflamación en boca y garganta. La hiedra tiene hojas y frutos tóxicos por ingestión y su savia causa dermatitis de contacto en personas sensibles. Los Senecio, incluidos el collar de cuentas y el collar de plátanos, se consideran tóxicos por ingestión. El Ficus pumila exuda un látex irritante al cortarlo.
La cinta y el collar de corazones están entre las opciones habitualmente consideradas seguras. En cualquier caso, ante la ingestión de una planta por un niño o una mascota, la consulta es al médico o al veterinario.
Sobre las plantas que "purifican el aire"
Conviene decirlo porque acompaña a estas listas desde hace décadas. Los ensayos que dieron origen a esa idea se hicieron en cámaras selladas de pequeño volumen, y al trasladar los resultados a una habitación real con ventilación normal, el efecto de unas cuantas macetas sobre la calidad del aire es despreciable frente al de abrir una ventana. Las plantas de interior aportan muchas cosas, pero elegirlas por su supuesta capacidad depuradora no tiene mucho sentido.
En resumen
Antes de colgar nada, mide dos cosas: la luz que llega de verdad a la altura elegida, que siempre es menos de la que parece, y el peso que va a soportar el anclaje, que siempre es más. Con luz abundante entran rhipsalis, collares de cuentas y de corazones y otras suculentas colgantes; con luz media, potos, cintas, cisos, hiedras y Scindapsus; y con humedad alta, tillandsias y pintalabios, que en un salón seco no duran.
El mantenimiento se resuelve descolgando y sumergiendo la maceta cada vez que toque riego, así que conviene un sistema fácil de soltar. Y para que la cascada siga siendo una cascada y no un manojo de cuerdas peladas, hay que podar un tercio de los tallos cada primavera y aprovechar los esquejes para densificar la propia maceta. Recuerda que aráceas, hiedras y senecios son tóxicos por ingestión y quedan al alcance de los gatos precisamente cuando cuelgan.