Las tradescantias, el amor de hombre de toda la vida, son plantas de hoja que se cultivan por el follaje y no por la flor. Vienen de América, del sur de Estados Unidos a Argentina, y todas comparten dos rasgos que las hacen agradecidas: enraízan solas en cualquier nudo del tallo y crecen deprisa. Eso las convierte en la mejor planta colgante para empezar, y también en la que más fácilmente se descontrola si se planta en el jardín sin pensarlo.

La familia es amplia y los cuidados varían menos de lo que sugieren sus aspectos. Todas quieren mucha luz sin sol directo abrasador, sustrato que drene, riego regular en verano y escaso en invierno, y una poda periódica para que no se queden con los tallos pelados por la base. La diferencia real está en cuánto frío toleran y en si la variedad concreta puede escaparse al medio natural, que en España es un asunto legal y no solo estético.

Tradescantias 'Blushing Bride' y 'Nanouk', arriba, y la popular T. zebrina y la afelpada T. sillamontana, abajo.

Las que se encuentran y en qué se diferencian

Tradescantia zebrina es la más vista: hoja con dos bandas plateadas sobre verde oliva y envés púrpura intenso. Mexicana, de crecimiento rápido y porte francamente colgante. Es la que más se estropea con poca luz, porque las bandas plateadas se apagan y la hoja se vuelve verde.

Tradescantia pallida, antes Setcreasea purpurea, es la del follaje burdeos uniforme con flores rosas pequeñas. También mexicana. Al sol directo el color se intensifica y en sombra tira a verdoso; es la única del grupo que agradece sol pleno, con riego suficiente. Forma masas de veinte a cuarenta centímetros y en la costa mediterránea se usa como tapizante.

Tradescantia sillamontana es distinta a todas: hoja verde grisácea cubierta de una densa pelusa blanca, tallos erectos y hábito mucho más xerófito. Es la que menos agua pide y la que mejor tolera un jardín de bajo riego, siempre a pleno sol para que no se ahíle. Con frío pierde la parte aérea y rebrota desde la base.

Tradescantia spathacea, el maguey morado, no cuelga: hace rosetas apretadas de hojas lanceoladas, verdes por el haz y púrpura por el envés. Es la más rígida y estructural del género, muy usada en jardinería subtropical. Ojo, porque en zonas de clima cálido y sin heladas se naturaliza con facilidad y se comporta como colonizadora.

Después están los cultivares de hoja variegada, con manchas rosas, blancas y crema. Muchos de ellos, incluidos varios de los más vendidos en los últimos años, proceden del grupo de Tradescantia fluminensis y Tradescantia albiflora, y eso importa por lo que se explica más abajo.

Luz: es lo que decide el color

Dentro de casa, sitio muy luminoso pero sin sol directo del mediodía. Junto a una ventana al este, o a un metro de una ventana al sur filtrada por un visillo. Con luz insuficiente pasan tres cosas seguidas: los entrenudos se alargan, las hojas se separan y la variegación desaparece. Una zebrina en el fondo de un salón acaba siendo una planta verde con tallos de cuerda.

El color no se recupera en las hojas ya formadas. Se corrige la ubicación, se podan los tallos ahilados y el brote nuevo sale con el dibujo correcto. En las variedades con mucho blanco o rosa hay un matiz: la parte sin clorofila no fotosintetiza, así que necesitan aún más luz que las verdes para mantener el vigor, y son las primeras que revierten a verde si no la tienen.

Riego y sustrato

En primavera y verano, riego regular manteniendo el sustrato ligeramente húmedo, dejando secar el primer par de centímetros entre riegos. En invierno, con la planta parada, se espacia bastante: el encharcamiento en frío pudre los tallos por la base y es la causa habitual de que una tradescantia aparentemente indestructible se venga abajo en enero.

Cualquier sustrato universal de calidad vale, mezclado con perlita o arena gruesa para asegurar el drenaje. La sillamontana agradece una mezcla más mineral, del tipo de las que se usan para crasas. Ninguna es exigente con el pH ni sufre especialmente con agua calcárea, cosa que se agradece en el este y el sur peninsular.

Frío: hasta dónde aguantan fuera

Son plantas de clima cálido. Por debajo de unos 10 grados dejan de crecer, y una helada acaba con la parte aérea. En la costa mediterránea, el sur peninsular y las Canarias viven todo el año en el exterior, en patios y macetas colgantes. En el interior de la Península y en el norte se sacan a la terraza de mayo a octubre y se entran antes del primer frío, o se cultivan directamente como planta de interior.

Una estrategia que funciona bien: aunque la planta se quede fuera y se hiele, un puñado de esquejes enraizados en un vaso de agua dentro de casa asegura el relevo en primavera sin coste ninguno.

Poda y esquejes

La tradescantia envejece mal si no se poda. Con el tiempo los tallos pierden las hojas de abajo y toda la masa foliar se concentra en las puntas colgantes. La solución es cortar sistemáticamente, por encima de un nudo, un tercio de los tallos cada primavera, o simplemente pinzar las puntas cada pocas semanas durante la temporada de crecimiento para forzar la ramificación.

Los trozos cortados son el material de multiplicación. Cada esqueje de dos o tres nudos enraíza en agua en una semana o dos, o directamente clavado en sustrato húmedo. La forma de conseguir una maceta densa desde el principio es plantar cinco o seis esquejes juntos en el mismo tiesto, no uno solo. Las especies de roseta, como la spathacea, se multiplican separando los hijuelos de la base.

Cuidado con Tradescantia fluminensis

Tradescantia fluminensis, la de hoja lisa verde oscura y flores blancas, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013. La inclusión no es una etiqueta informativa: implica la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio, y por supuesto de su introducción en el medio natural.

El motivo es su comportamiento en la cornisa cantábrica, Galicia y otras zonas húmedas, donde forma alfombras continuas de veinte o treinta centímetros en el sotobosque de riberas y bosques de ribera, impide la germinación de las especies autóctonas y se regenera desde el menor fragmento de tallo que quede en el suelo. Un solo nudo basta para reconstruir la mata, lo que hace que arrancarla a mano funcione mal y que los restos de poda tirados en un talud sean un foco de expansión.

La consecuencia práctica para quien cultiva tradescantias es sencilla: los restos de poda y las plantas que sobren no se tiran nunca a un descampado, a un talud ni al monte. Van a la basura orgánica cerrados en bolsa, o se secan al sol antes de desecharlos. Y en el jardín, mejor tenerlas contenidas en maceta que plantadas en el suelo, sobre todo en zonas de clima húmedo. Hay más detalle sobre esta especie en la ficha de Tradescantia fluminensis.

La savia irrita

El jugo de los tallos de Tradescantia puede provocar irritación y dermatitis de contacto en personas sensibles, sobre todo si se manipulan muchas plantas seguidas o se poda sin guantes. No es una planta agresiva en ese sentido, pero conviene usar guantes al podar cantidades y lavarse después. También se le atribuye capacidad irritante para las mascotas que la mordisquean; ante cualquier problema, la consulta es al veterinario.

Como cubresuelos y en composiciones

En clima sin heladas, Tradescantia pallida es un tapizante de primer orden por el contraste que da su burdeos frente a los verdes y grises del jardín mediterráneo. Combina especialmente bien con gramíneas ornamentales y con plantas de hoja gris. Necesita riego moderado en verano y se rejuvenece cortándola a ras al final del invierno.

La Tradescantia sillamontana encaja en jardines de bajo consumo de agua junto a crasas y aromáticas, siempre a pleno sol. En maceta colgante, la zebrina y los cultivares variegados dan resultado inmediato, y una jardinera con dos o tres variedades de hoja distinta compone bien sin necesitar ninguna flor.

En resumen

Las tradescantias piden luz abundante sin sol directo del mediodía, sustrato drenante, riego regular en verano y muy escaso en invierno, y una poda periódica que evite los tallos pelados. Cuanto más variegada es la variedad, más luz necesita para conservar el dibujo. Se multiplican con solo cortar un trozo de tallo y meterlo en agua, y esa es la mejor forma de tener macetas densas y de no perderlas nunca.

El punto que no conviene pasar por alto es Tradescantia fluminensis, incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del RD 630/2013, con las prohibiciones que eso conlleva. Su facilidad para rebrotar de cualquier fragmento hace que los restos de poda de cualquier tradescantia deban ir a la basura y nunca al medio natural.


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