Las calas (Zantedeschia spp.) se pueden tener dentro de casa, pero conviene saber qué se compra. Las de espata blanca son Zantedeschia aethiopica, una planta de rizoma grueso que en clima suave vive todo el año en el jardín y que dentro de casa aguanta mal el ambiente seco de la calefacción. Las de espata amarilla, rosa, naranja o casi negra son híbridos de otras especies (Zantedeschia elliottiana, Zantedeschia rehmannii y parientes), de tubérculo, porte más bajo y hoja muchas veces moteada de blanco. Estas últimas son las que se venden en maceta como planta de flor de interior, y las que mejor se comportan sobre una mesa.
La diferencia importa porque el manejo es distinto. La cala blanca quiere tierra siempre húmeda y no tiene un reposo tan marcado. Las de color, en cambio, son plantas de ciclo: brotan, florecen entre seis y diez semanas, la hoja amarillea y el tubérculo pide un invierno seco. Regar una cala de color en enero como si estuviera en flor es la forma más rápida de pudrir el tubérculo y quedarse sin planta al año siguiente.
Espatas rosadas, amarillas, púrpuras o anaranjadas sobre hojas lisas o moteadas de blanco. Los cultivares compactos de Zantedeschia son los que mejor funcionan en maceta dentro de casa.
Qué planta es realmente una cala
Lo que llamamos flor no lo es. La espata es una bráctea, una hoja modificada que envuelve el espádice, ese apéndice cilíndrico del centro donde están las flores verdaderas, diminutas y sin pétalos. Es la misma estructura del anturio, la espatifilo o el aro, porque todas pertenecen a las aráceas. Por eso una cala dura tanto en jarrón y en maceta: la espata es tejido foliar, no una corola frágil.
El género es originario del sur y el este de África. Zantedeschia aethiopica vive en zonas encharcadas de la región del Cabo, y de ahí viene su tolerancia al agua estancada, rara en una planta de maceta. Las de color proceden de hábitats más estacionales, con una estación seca clara, y esa es la razón de su reposo invernal obligado.
Luz: mucha claridad, poco sol directo
Dentro de casa, una cala pide el sitio más luminoso que tengas sin sol directo del mediodía. Una ventana orientada al este funciona muy bien: recibe sol de la mañana, que no quema, y luz difusa el resto del día. Al oeste hay que separarla un metro del cristal o filtrar con un visillo, porque en verano el sol de la tarde en la Península llega a poner una hoja de cala como si la hubieran planchado.
Con poca luz la planta no muere, pero pasan dos cosas: los pecíolos se alargan buscando la ventana y la mata se abre por el centro, y la floración siguiente se reduce o no llega. Si la cala se ha desmadejado, no hay forma de recuperar el porte compacto en esa temporada; se corrige el sitio y se espera al brote nuevo.
Riego y sustrato
En plena vegetación, con hoja y flor, el sustrato se mantiene húmedo de forma constante. No empapado ni con la maceta metida en un plato lleno de agua durante días, salvo en la cala blanca, que sí lo tolera. Para las de color, la regla práctica es regar cuando el primer centímetro de sustrato deja de estar fresco al tacto, y vaciar el platillo al cuarto de hora.
El sustrato debe retener humedad sin compactarse. Un sustrato universal de calidad con un puñado de perlita o de fibra de coco va bien. Lo que no funciona es la tierra de jardín sola en maceta: se apelmaza, el agua deja de penetrar y el rizoma acaba en anaerobiosis. En buena parte del este y el sur peninsular el agua del grifo es muy calcárea; la cala no es tan sensible como una camelia, pero si el agua deja costra blanca en la superficie del sustrato, conviene alternar con agua de lluvia o dejar reposar el agua un día.
Temperatura y ambiente
La cala prefiere fresco. Entre 15 y 20 grados la floración se alarga notablemente; por encima de 25 se acorta. Ese dato explica por qué una cala comprada en flor en marzo dura semanas y otra comprada en junio se apaga en pocos días. El peor sitio de la casa para ella es encima o cerca de un radiador, y el segundo peor es la corriente directa del aire acondicionado.
Tampoco le sienta bien el aire seco. No hace falta pulverizar la hoja, que además favorece hongos en la espata, pero sí alejarla de fuentes de calor y, si el ambiente es muy seco, poner la maceta sobre un lecho de arcilla expandida húmeda sin que la base toque el agua.
Abonado
Solo mientras hay hoja verde y flor. Un abono líquido para plantas de flor, con más potasio que nitrógeno, cada dos semanas y a la dosis que indique el envase, es suficiente. Un exceso de nitrógeno da hojas grandes y pocas espatas. En cuanto la hoja empieza a amarillear al final del ciclo se suspende el abonado por completo: la planta ya no lo va a usar y las sales se acumulan en el sustrato.
El reposo invernal, que es donde se pierden
Este es el punto que hace que la mayoría de las calas de color acaben en la basura después de una sola floración. Cuando termina la floración y las hojas amarillean, no se está muriendo la planta: está entrando en reposo. El proceso correcto es reducir el riego poco a poco hasta suspenderlo, dejar que la parte aérea se seque del todo y cortarla a ras.
A partir de ahí hay dos opciones. La primera es dejar el tubérculo en su maceta, en seco, en un sitio fresco, oscuro y sin heladas, y no regar nada en absoluto durante el invierno. La segunda es desenterrarlo, limpiarlo de tierra, revisar que esté firme y sin zonas blandas, y guardarlo en una caja con turba seca o serrín. En cualquiera de las dos, al final del invierno se replanta en sustrato nuevo, se coloca en sitio luminoso y se empieza a regar poco. Cuando asoma el primer brote se pasa al riego normal.
Con la cala blanca el manejo es otro. En la mitad norte peninsular y en la costa mediterránea vive en el jardín todo el año, y su parón es más bien estival, en respuesta a la sequía y al calor: la hoja se seca en agosto y rebrota con las lluvias de otoño. En maceta se le puede mantener el riego durante todo el invierno.
Plagas y problemas frecuentes
El problema número uno es la podredumbre del rizoma por exceso de agua en reposo o por sustrato compactado. Se nota porque la base de los pecíolos se ablanda y huele mal. No tiene solución en la planta madura; si el rizoma conserva una parte firme, se puede cortar en limpio, dejar secar el corte varios días y replantar.
La Botrytis cinerea, o podredumbre gris, aparece como manchas pardas con un fieltro grisáceo sobre la espata en ambientes cargados y sin ventilación. Se corrige quitando la parte afectada y moviendo la planta a un sitio con aire. En ambientes muy secos y calientes puede salir araña roja, que se detecta por el punteado fino y decolorado del envés y por una telilla en las axilas de las hojas. En el jardín, los caracoles y las babosas dejan las hojas hechas encaje en primavera.
Toxicidad: úsense guantes
Toda la planta contiene cristales de oxalato cálcico, como el resto de las aráceas. La savia es irritante para la piel y las mucosas, y la ingestión de cualquier parte, hojas, espata o rizoma, provoca irritación y dolor en boca y garganta. Conviene manipularla con guantes al dividir el rizoma o al cortar tallos, lavarse después y mantenerla fuera del alcance de niños pequeños y de mascotas que muerdan plantas. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario, no a una guía de jardinería.
Calendario aproximado en España
| Época | Calas de color en maceta |
|---|---|
| Final de invierno | Plantar el tubérculo, sustrato nuevo, riego escaso, sitio luminoso y fresco |
| Primavera | Brotación y floración. Riego regular y abono cada quince días |
| Verano | Floración corta si hace calor. Proteger del sol directo y del aire seco |
| Otoño | Amarilleo de la hoja. Retirada progresiva del riego y fin del abonado |
| Invierno | Reposo en seco, fresco y sin heladas. Nada de riego |
En resumen
Una cala de color dentro de casa quiere luz abundante sin sol directo del mediodía, temperatura fresca, sustrato húmedo pero drenado mientras tiene hoja y flor, y abono quincenal solo durante ese periodo. La floración dura más cuanto más fresca esté la habitación, y se acorta drásticamente por encima de los 25 grados.
Lo que separa una cala que dura años de una que dura un mes es el invierno. En cuanto la hoja amarillee, hay que dejar de regar y dar al tubérculo un reposo seco, fresco y sin heladas hasta el final del invierno. La cala blanca de jardín funciona al revés y admite humedad constante. Y en todos los casos, guantes al manipularla: la savia irrita y toda la planta es tóxica por ingestión.