El caladio es una de las plantas de follaje más espectaculares que se pueden tener, y también una de las que más gente da por muertas sin motivo. La razón es que no es una planta perenne de hoja permanente: es un tubérculo con reposo estacional. Cada otoño pierde todas las hojas, la maceta se queda vacía y parece que se ha acabado. No se ha acabado: el tubérculo está descansando y volverá a brotar en primavera si se le trata como corresponde.
Entender ese ciclo es la mitad del cultivo. La otra mitad es aceptar que se trata de una planta de selva húmeda americana, acostumbrada a calor constante, sombra filtrada y humedad ambiental alta, condiciones que en una casa española hay que buscar con cierta intención.
En las grandes hojas de los caladios, los colores se combinan en patrones muy atractivos. Hoy existen unas mil variedades de estas plantas de origen tropical.
Qué es un caladio
Los caladios de jardinería derivan de Caladium bicolor y de sus híbridos, y proceden de las riberas y claros de bosque de la Amazonia y de América Central y del Sur. Pertenecen a las aráceas, la misma familia que los filodendros, las alocasias, los espatifilos y el potos, y como todas ellas su flor es una espata poco vistosa que se pierde entre el follaje. Conviene cortarla cuando aparece: no aporta nada y consume energía que iría a las hojas.
Lo que se cultiva es la hoja, grande, fina, de textura casi de papel, sostenida sobre un peciolo largo que sale directamente del tubérculo. Los colores y dibujos son enormemente variados, con nervadura marcada, salpicaduras, márgenes contrastados y fondos que van del blanco puro al rojo y al rosa.
A efectos prácticos hay dos grandes tipos de cultivar:
- De hoja ancha, acorazonada o en forma de oreja, que son los clásicos y los más espectaculares. Piden sombra o luz muy filtrada.
- De hoja estrecha o lanceolada, con peciolos más cortos y matas más densas y bajas. Toleran bastante más sol y son la opción sensata para un patio luminoso.
El ciclo anual, que es lo que hay que respetar
De febrero a abril: plantación. El tubérculo se planta cuando el sustrato puede mantenerse caliente, en torno a los 21 grados o más. Este punto es crítico: un tubérculo plantado en un sustrato frío no brota, se queda parado y acaba pudriéndose. Si la casa está fresca, mejor esperar a marzo o abril que adelantarse a febrero.
Se coloca en un tiesto con sustrato ligero, fértil y ligeramente ácido, cubierto por unos tres o cuatro centímetros. Aquí hay un error frecuente: la orientación. El tubérculo del caladio tiene una cara rugosa y llena de protuberancias, donde están las yemas, y otra más lisa y redondeada. La cara con protuberancias va hacia arriba. Plantado al revés brota igualmente, pero tarda semanas más y sale más débil.
El riego, al principio, muy moderado. Solo cuando aparecen las primeras hojas se pasa al riego regular.
De mayo a septiembre: crecimiento. Es la temporada de lucimiento. Riego frecuente manteniendo el sustrato húmedo pero nunca encharcado, humedad ambiental alta y abono líquido equilibrado cada quince días, a media dosis.
De octubre a diciembre: entrada en reposo. Las hojas empiezan a amarillear y a decaer una tras otra. No es una enfermedad. Lo que hay que hacer es reducir progresivamente el riego hasta suspenderlo del todo, y dejar que las hojas se sequen solas antes de cortarlas al ras.
De diciembre a febrero: reposo. El tubérculo se guarda seco. Se puede dejar en su propia maceta, sin regar nada, en un sitio oscuro y templado, o extraerlo, limpiarlo de tierra, dejarlo orear unos días y guardarlo en una caja con turba seca, vermiculita o serrín. Lo importante es que no baje de unos 15 grados: por debajo de eso el tubérculo se daña, y bajo cero se pierde sin remedio. Un trastero interior o un armario de la casa cumplen; un garaje sin calefacción en Castilla, no.
Luz, temperatura y humedad
Luz. Abundante pero filtrada. El sol directo del mediodía quema la hoja, que es finísima, dejando manchas secas irreversibles. Pero en penumbra los colores se apagan, los peciolos se estiran y la mata pierde la gracia. El sitio correcto es junto a una ventana al este, o a poca distancia de una ventana al sur o al oeste con visillo.
Temperatura. Cuanto más constante, mejor. En torno a los 21 o 24 grados durante el crecimiento, sin oscilaciones bruscas entre el día y la noche. Por debajo de 15 grados deja de crecer y empieza a decaer. No tolera las corrientes de aire ni el chorro del aire acondicionado.
Humedad. Es su punto más exigente y la razón de que muchos caladios se estropeen en pisos españoles. Necesita humedad relativa alta y responde al aire seco con los bordes de las hojas marrones y quebradizos. Funcionan las bandejas con arcilla expandida y agua bajo la maceta, agrupar plantas y, en casos serios, un humidificador. Lo que no conviene es pulverizar la hoja: el efecto dura minutos y deja la lámina mojada, que en una hoja tan fina invita a manchas foliares. Tampoco se deben usar abrillantadores.
Agua. Sensible a la cal, como buena parte de las aráceas. En zonas de agua dura, que es casi todo el este y el sur peninsular, el agua de lluvia recogida o de baja mineralización mejora mucho el aspecto de las hojas y evita los cercos y las puntas quemadas.
El caladio como planta de verano al aire libre
Este uso está infrautilizado en España y es probablemente el que da mejores resultados. En lugar de tratarlo como planta de interior permanente, se maneja como un tubérculo de verano, igual que una begonia tuberosa: se planta en primavera, se saca al exterior cuando las noches ya son cálidas, pasa el verano en un patio o terraza a la sombra, y en otoño se recoge el tubérculo.
Los sitios ideales son los patios interiores, los porches orientados al norte y las zonas bajo la sombra de un árbol, donde además la humedad es mayor que dentro de casa. En Canarias, en el litoral andaluz y en la costa mediterránea funciona especialmente bien porque la humedad ambiental del verano les conviene. En el interior peninsular, con veranos muy secos, hay que agrupar las macetas y regar a diario.
El límite es la temperatura: se sacan cuando las noches se mantienen por encima de los 15 grados y se recogen antes de que bajen de ahí en otoño.
Multiplicación y problemas
La multiplicación es sencilla y se hace en el momento de la plantación, a finales de invierno. Los tubérculos maduros producen tubérculos hijos alrededor, que se separan con un corte limpio asegurándose de que cada fragmento lleve al menos una yema visible. Se dejan secar las heridas un par de días antes de plantar, y se colocan dos o tres por maceta a unos 20 o 24 grados para que arranquen.
Hay una técnica que emplean los cultivadores profesionales y que merece la pena conocer: retirar la yema central dominante del tubérculo antes de plantar. Al eliminarla, brotan muchas yemas laterales en su lugar y se obtiene una mata más densa y ramificada, con más hojas aunque algo menores. Sin ese gesto la planta tiende a dar pocas hojas grandes.
En cuanto a plagas, la principal es la araña roja, favorecida por el aire seco y caliente, que deja el haz punteado y con aspecto apagado y telarañas muy finas en el envés. Elevar la humedad ambiental es a la vez prevención y parte del remedio. También pueden aparecer trips y pulgones en los brotes tiernos.
Si las hojas se secan fuera de la época de reposo, casi siempre es por aire demasiado seco, corriente de aire frío o sustrato que se ha secado por completo. En cualquiera de esos casos la solución es cortar las hojas estropeadas, reducir el riego y esperar: el tubérculo suele rebrotar.
Una advertencia importante
Los caladios son tóxicos por ingestión, como el resto de las aráceas. Toda la planta, incluidos el tubérculo, las hojas y los peciolos, contiene cristales de oxalato cálcico en forma de agujas microscópicas. Al masticarla producen dolor, ardor e inflamación intensos en los labios, la boca y la garganta, y la savia irrita la piel y especialmente los ojos.
Conviene manipular los tubérculos con guantes, lavarse las manos después y no tocarse la cara, y mantener las plantas fuera del alcance de niños pequeños y de animales que mordisqueen. Ante cualquier ingestión o contacto ocular hay que acudir al médico o al veterinario, sin intentar remedios caseros.
En resumen
El caladio no es una planta que se compra y se mantiene igual todo el año: es un tubérculo con un ciclo de unos siete meses de vegetación y cinco de reposo seco. Perder las hojas en otoño es normal, y lo que hay que hacer entonces es cortar el riego y guardar el tubérculo seco y templado hasta finales de invierno.
Durante el crecimiento pide luz filtrada sin sol directo, calor estable por encima de los 20 grados, humedad ambiental alta y riego regular con agua poco calcárea. Y merece la pena probarlo como tubérculo de verano en un patio o terraza a la sombra, que es donde mejor se comporta en España. Eso sí, es tóxico por ingestión y su savia irrita, así que hay que manejarlo con guantes y colocarlo fuera del alcance de niños y animales.