Además de las campsis, que son las bignonias resistentes al frío y las que se pueden plantar en casi toda España, la familia Bignoniaceae aporta un grupo de trepadoras y arbustos de hoja perenne, flor en trompeta y comportamiento muy distinto. Casi todos vienen de Sudáfrica, Sudamérica o Australia, casi todos son sensibles a la helada, y todos son plantas para el litoral mediterráneo, el sur peninsular, Baleares y Canarias.
La consecuencia práctica es que la primera pregunta no es cuál es más bonita, sino cuánto frío hace en enero en el lugar donde se va a plantar. Con heladas habituales de varios grados bajo cero, todas las que siguen se pierden o quedan en un rebrote anual desde la base. En un patio resguardado de Valencia, Alicante, Málaga o Las Palmas, en cambio, cubren un muro entero y florecen medio año.
La variedad Rosea Superba de la Pandorea jasminoides da abundantes flores rosadas y es ideal para contenedor. Abajo, las trompetas rosadas de la Bignonia lindleyana.
Cómo se agarran, que decide el soporte
Antes de repasar especies conviene entender un detalle que casi ninguna etiqueta explica y que determina qué estructura hay que montar. Estas plantas trepan de tres maneras distintas:
- Con zarcillos. Pyrostegia venusta, Bignonia capreolata y Bignonia callistegioides emiten zarcillos que se enroscan a cualquier elemento fino. Necesitan alambre, malla o enrejado, no una pared lisa.
- Con raicillas o discos adhesivos. Es el caso de las campsis y, parcialmente, de Bignonia capreolata, cuyos zarcillos acaban en pequeños discos pegajosos. Suben solas por superficie rugosa.
- Apoyándose, sin órgano de sujeción. Podranea ricasoliana y Tecoma capensis no tienen ni zarcillos ni raicillas. No trepan por sí solas: hay que atarlas al soporte, o dejarlas crecer como arbusto o como tapizante de talud, que es a menudo su mejor uso.
El error más común con la podranea y la tecomaria es comprarlas como trepadoras y plantarlas al pie de un muro liso esperando que suban. No lo harán.
Podranea ricasoliana, la rosada del sur
Originaria de Sudáfrica, y una de las plantas más presentes en jardines y medianeras del litoral mediterráneo español. Da panículas de flores acampanadas de un rosa suave, con la garganta más pálida y nervaduras rojizas bien marcadas, desde finales de primavera hasta el otoño, y en zonas cálidas casi todo el año.
El follaje es perenne, compuesto y muy denso, con ramas largas y colgantes, lo que la convierte en una excelente pantalla para ocultar vistas y en una tapizante potente para taludes. Aguanta suelos pobres, calizos y la sequía estival una vez establecida, pero no soporta más que heladas muy ligeras: por debajo de unos pocos grados bajo cero se le quema la parte aérea, aunque en zonas de helada esporádica rebrota desde la base.
Se poda a finales de invierno, cortando fuerte, porque tiende a desnudarse por abajo y a acumular masa en las puntas. Y conviene saber que también emite rebrotes de raíz, aunque con mucha menos agresividad que una campsis.
Bignonia callistegioides, la trompeta malva
Se la encuentra etiquetada como Clytostoma callistegioides o Bignonia lindleyana. Viene del sur de Brasil, Paraguay y el norte de Argentina. Sus flores son mayores que las de la podranea, en rosa malva pálido con la garganta rayada de líneas más oscuras, y salen de dos en dos, desde la primavera hasta el verano.
Trepa con zarcillos, así que sube por una malla o un alambre sin ayuda. El follaje es perenne, brillante y menos denso que el de la podranea, lo que da un aspecto más ligero, adecuado para una celosía o una barandilla donde no se busque tapar del todo. Tolera algo más de frío que la podranea y también algo más de sombra, aunque florece mejor a pleno sol. Es de las menos expansivas del grupo.
Pandorea jasminoides, la bignonia blanca
Australiana, de hoja perenne brillante y aspecto más fino y menos leñoso que las anteriores. Las flores son embudos de unos cinco o seis centímetros, blancas o rosa pálido, con una mancha púrpura intensa en la garganta que es su rasgo distintivo. Florece de primavera a otoño.
Es la más apropiada del grupo para maceta grande y terraza, porque tiene un porte contenido y responde bien a la poda de formación. Trepa enroscando los tallos, así que le basta una guía fina. Necesita sol para florecer, riego regular en verano (tolera menos la sequía que la podranea o la tecomaria) y suelo que drene bien. Es sensible al frío y no admite heladas más que muy ligeras.
Entre los cultivares, 'Rosea Superba' es rosa y muy florífero, 'Alba' y 'Lady Di' son blancos con garganta clara, y 'Variegata' tiene el follaje jaspeado de crema, algo menos vigoroso.
Bignonia capreolata, la más resistente al frío
Es la excepción de este grupo. Procede del sureste de Estados Unidos, de bosques y riberas húmedas, y aguanta heladas fuertes, lo que la hace viable en zonas donde el resto no lo es. El follaje es perenne o semiperenne según el clima, y a menudo toma tonos rojizos o bronce con el frío, lo que da interés invernal.
Florece en primavera con trompetas de exterior rojo anaranjado e interior amarillo, en abundancia. Algunas formas desprenden un aroma que recuerda al café o al chocolate. 'Tangerine Beauty' es el cultivar más difundido, de color naranja albaricoque uniforme.
Trepa con zarcillos rematados en discos adhesivos, de modo que sube por superficies rugosas y por enrejado indistintamente. Puede alcanzar diez o doce metros. A diferencia de las campsis, su sistema de raíces es mucho menos invasivo, aunque emite algún rebrote. Agradece suelo con materia orgánica, acolchado y riegos profundos en los golpes de calor, y le basta una poda ligera de aclareo después de la floración.
Tecoma capensis, la bignonia del Cabo
Conocida también como Tecomaria capensis, es sudafricana y probablemente la más cultivada en el sur y el este de España, aunque poca gente la identifique como bignonia. No es una trepadora sino un arbusto sarmentoso: si se la deja, forma una mata densa de dos a tres metros; si se la ata a un soporte, cubre un muro.
Las flores son tubos estrechos, curvados y de un naranja rojizo encendido, agrupados en racimos terminales, con los estambres asomando. Florece de finales de verano hasta bien entrado el invierno en clima suave, justo cuando el jardín mediterráneo tiene menos color, que es su mejor argumento. Hay cultivares amarillos ('Aurea', 'Lutea'), asalmonados y blancos.
Es de las más resistentes a la sequía, el calor, los suelos pobres y calizos y la brisa marina, por lo que se emplea mucho en jardinería de bajo consumo de agua en el litoral. Se poda a finales de invierno para mantenerla compacta y renovar madera. Su punto débil es la helada, que le quema el follaje, y su tendencia a rebrotar de raíz y colonizar el entorno si no se controla, sobre todo en clima cálido.
Pyrostegia venusta, la lluvia de fuego de invierno
Brasileña, de crecimiento muy rápido y con la floración más espectacular de toda la familia: masas compactas de tubos naranjas de siete u ocho centímetros que cubren la planta entera en pleno invierno, entre diciembre y marzo. En un clima sin heladas es imbatible, porque florece cuando no hay nada más.
Trepa con zarcillos trífidos y necesita malla o alambre. Alcanza sin dificultad ocho o diez metros y acumula bastante peso, así que la estructura tiene que ser sólida, y conviene aligerarla con una poda después de la floración, en primavera. Pide sol pleno, suelo profundo y poco riego una vez establecida. Es estrictamente para zonas sin heladas: el litoral cálido andaluz y murciano, el sur de Alicante y Canarias.
Otras dos que conviene conocer
Tecoma stans. Arbusto o arbolillo de flores amarillas en campana, de origen americano, muy usado en jardinería de clima cálido y frecuente en Canarias. Florece durante buena parte del año en ausencia de frío. Produce vainas largas con abundante semilla alada y se resiembra con facilidad, comportamiento por el que se considera problemática en varias regiones cálidas del mundo. En clima con heladas no prospera.
Dolichandra unguis-cati, la uña de gato, antes Macfadyena unguis-cati. Trepadora de flores amarillas grandes y llamativas, que se agarra con zarcillos terminados en tres ganchos afilados, de ahí el nombre. Es de las plantas de jardín con peor comportamiento fuera de él: trepa hasta las copas de los árboles, los ahoga, forma tubérculos subterráneos que rebrotan tras cualquier corte y resulta muy difícil de eliminar una vez instalada. Está considerada invasora en numerosas regiones de clima cálido. Si el jardín linda con terreno natural o con un cauce, no es una planta que merezca el riesgo.
Cómo elegir según dónde se vive
Resumido en términos prácticos para España:
- Interior peninsular con heladas: Bignonia capreolata es la única de este grupo que aguanta, y por lo demás hay que ir a las campsis.
- Litoral mediterráneo con heladas ocasionales suaves: podranea, Bignonia callistegioides y tecomaria, contando con que un invierno duro puede quemarlas y que rebrotarán.
- Litoral cálido, sur y Canarias, sin heladas: todo el catálogo, con Pyrostegia venusta como apuesta de invierno y la tecomaria para el otoño.
- Terraza y maceta grande: Pandorea jasminoides por porte, y la tecomaria si se busca resistencia y poco riego.
En todos los casos el suelo importa menos que la exposición: son plantas de sol, tolerantes con terrenos pobres y calizos, y lo único que no perdonan es el encharcamiento y la sombra.
En resumen
Las bignonias de hoja perenne son plantas de clima suave. Elegir bien pasa por dos datos: la helada mínima del sitio y la forma en que trepa cada una, porque podranea y tecomaria hay que atarlas y las de zarcillo necesitan malla. Con eso resuelto, cubren muros y pérgolas rápido, aguantan sequía y suelos calizos, y reparten la floración entre el verano, el otoño y el invierno según la especie.
De la lista conviene descartar la uña de gato (Dolichandra unguis-cati), por su comportamiento agresivo fuera del jardín, y vigilar la resiembra de Tecoma stans en clima cálido. Para las bignonias de zonas frías y para todo lo relativo a las campsis, su vigor y su poda, está la primera parte de este artículo.