Un bananero dentro de casa funciona bien si se cumple una condición que casi nadie menciona en la tienda: necesita muchísima luz. Más que un ficus, más que una monstera, más que casi cualquier planta de interior habitual. En un rincón alejado de la ventana no se muere de golpe, se va apagando: saca hojas cada vez más pequeñas, con el peciolo estirado buscando claridad, y en un año tiene la mitad de porte que cuando llegó.

La segunda condición es el espacio. Las hojas de una Musa son grandes, tiernas y se rasgan al menor roce. Si la planta está en una zona de paso, el limbo acaba deshilachado en tiras. Ese desgarro, dicho sea de paso, no es una enfermedad: en su hábitat las hojas se rompen por el viento de forma natural, y así reducen la superficie que ofrece resistencia. Estéticamente en un salón queda peor, y por eso conviene colocarla donde nadie la roce.

Los bananeros imprimen un aire tropical a este moderno salón. Necesitan espacio y mucha luz.

Qué planta es en realidad

El bananero no es un árbol ni tiene tronco. Lo que parece un tallo es un pseudotallo, un cilindro formado por las vainas de las hojas enrolladas unas sobre otras. La planta verdadera es un rizoma subterráneo, y de él salen tanto ese pseudotallo como los hijuelos laterales que la reemplazan. Entender esto explica dos cosas prácticas: que se multiplique separando hijuelos y no por esquejes, y que el rizoma pueda sobrevivir a un frío que arrasa toda la parte aérea.

El género es Musa, de la familia de las musáceas. Las variedades enanas que se venden como planta de interior derivan casi siempre de Musa acuminata, y la más extendida es 'Dwarf Cavendish', que es también la base del cultivo comercial canario. Otras que aparecen con frecuencia:

  • Musa velutina, de porte contenido y frutos rosados muy vistosos, aunque llenos de semillas duras y sin interés gastronómico.
  • Musa basjoo, la más rústica del grupo, la que se usa en jardines de clima frío porque su rizoma resiste el invierno bajo un buen acolchado.
  • Ensete ventricosum, que no es una Musa aunque se le parezca mucho. Se distingue por el pseudotallo más ensanchado en la base y el nervio central de la hoja teñido de rojo en las formas ornamentales. No emite hijuelos, así que muere después de florecer y no se renueva sola.

Luz, temperatura y humedad

El sitio correcto en una casa española es delante de una ventana orientada al sur o al oeste, o muy cerca de ella. En invierno el sol directo a través del cristal no le hace daño; en pleno verano, con la ventana al sur y el mediodía castigando, una cortina fina evita las quemaduras. Si la casa tiene galería acristalada, ese suele ser el mejor lugar del que se dispone.

En temperatura, la planta crece a gusto por encima de los 20 grados y va frenando conforme baja el termómetro. Cerca de los 12 o 13 grados el crecimiento se detiene, y por debajo aparecen daños por frío: manchas oscuras acuosas en la hoja, que después se secan. Un salón normal con calefacción cumple de sobra en invierno.

El problema del invierno no es el frío sino la sequedad. La calefacción baja mucho la humedad relativa, y una hoja tan fina y tan grande lo acusa antes que ninguna otra: los bordes se vuelven marrones y quebradizos. Ayuda alejarla del radiador, agrupar plantas para que compartan la humedad que transpiran, y colocar la maceta sobre un plato con arcilla expandida y agua, cuidando de que la base del tiesto no toque el agua. Pulverizar tiene un efecto real pero breve.

Riego, sustrato y trasplante

Una planta con esa superficie foliar transpira mucho y bebe en consecuencia. En pleno crecimiento, de abril a septiembre, puede pedir agua dos veces por semana en un piso caluroso. El criterio sigue siendo el de siempre: se comprueba el sustrato con el dedo y se riega cuando los primeros centímetros están secos, empapando hasta que salga agua por el drenaje y vaciando el plato después. Lo que mata a un bananero de interior no es la sed puntual, es el plato lleno de agua durante días, que pudre el rizoma sin aviso previo.

En invierno el consumo cae bastante y hay que espaciar los riegos, porque una planta que casi no crece y sigue recibiendo el mismo agua se asfixia.

El sustrato debe ser rico y a la vez suelto. Sirve un sustrato universal de calidad mezclado con una cuarta parte de perlita o arlita fina para asegurar el aire en la raíz. Y la maceta ha de tener agujeros de drenaje generosos.

El bananero crece rápido, más que la mayoría de plantas de interior, así que agota el sustrato y llena la maceta en una temporada. Conviene trasplantar cada primavera a un tiesto un par de tallas mayor mientras la planta sea joven. Cuando ya está en el contenedor definitivo, se sustituyen los primeros centímetros de sustrato cada año en lugar de cambiar de maceta.

Durante el crecimiento agradece abono. Un fertilizante equilibrado para plantas verdes, aplicado cada dos o tres semanas de abril a septiembre siguiendo la dosis del envase, es suficiente. De noviembre a febrero se suspende.

Sacarlo al exterior

En la costa mediterránea, el sur peninsular y Canarias los bananeros viven al aire libre sin problema durante todo el año, y en Canarias forman parte del paisaje agrícola. En el resto de España la fórmula que funciona es tenerlo en maceta y sacarlo fuera de mediados de abril a mediados de octubre, aproximadamente.

La salida al exterior hay que hacerla por etapas. Una planta acostumbrada a la luz filtrada de un salón, puesta de golpe al sol de mayo, se quema en un día: aparecen manchas blanquecinas o marrones secas en las zonas más expuestas y ya no se recuperan. Se empieza en sombra luminosa y se va acercando al sol a lo largo de dos o tres semanas. También conviene un sitio resguardado del viento, por lo dicho sobre la fragilidad de las hojas.

En zonas con heladas suaves y para quien quiera intentarlo en el jardín, Musa basjoo es la opción sensata: la parte aérea se pierde con la primera helada fuerte, pero el rizoma, cubierto en otoño con una capa gruesa de hojarasca o paja seca, rebrota en primavera.

Plagas y problemas habituales

Las tres plagas de interior clásicas aparecen aquí también, y casi siempre asociadas al aire seco y caliente:

  • Araña roja: punteado fino y amarillento en el haz, aspecto plateado y telarañas muy tenues en el envés. Es la más frecuente en invierno con calefacción.
  • Cochinilla algodonosa: masas blancas algodonosas en las axilas de las hojas y en la base del pseudotallo.
  • Trips: hojas con aspecto plateado y puntitos negros de excrementos.

Revisar el envés de las hojas una vez al mes detecta cualquiera de las tres cuando todavía se resuelven limpiando y aumentando la humedad ambiental.

En cuanto a las hojas amarillas de la base, no siempre son un problema. La planta va retirando las hojas más viejas conforme saca nuevas por el centro; si el amarilleo es de una hoja baja cada cierto tiempo, es normal y basta con cortarla al ras. Si son varias a la vez y el sustrato está encharcado, ahí sí hay que preocuparse por la raíz.

Sobre las flores, los frutos y el aire de la casa

Un bananero de interior rara vez florece. Necesita años de crecimiento continuado, mucha luz y calor sostenido, condiciones de invernadero más que de salón. Y aunque llegara a hacerlo, las variedades ornamentales enanas no dan un fruto comparable al del plátano de mercado. Es una planta que se cultiva por el follaje, y así conviene plantearla.

Sobre la idea de que estas plantas purifican el aire de la casa, conviene ser honesto: los ensayos que dieron origen a esa afirmación se hicieron en cámaras selladas de laboratorio, y las estimaciones posteriores aplicadas a una habitación real indican que harían falta cantidades enormes de plantas para igualar el efecto de abrir la ventana un rato. Un bananero mejora el salón por muchas razones, pero no conviene comprarlo esperando que limpie el aire.

En resumen

El bananero de interior es una planta agradecida siempre que se acierte con la luz. Delante de una ventana clara, en un sustrato suelto, con riegos abundantes en verano y espaciados en invierno, y con un trasplante anual mientras crece, da un follaje espectacular en poco tiempo. Lejos de la ventana no hay riego ni abono que lo compense.

Los dos fallos que acaban con más ejemplares son el agua estancada en el plato, que pudre el rizoma, y el aire seco de la calefacción, que estropea las hojas y abre la puerta a la araña roja. Si además se saca al exterior en primavera aclimatándolo poco a poco, la planta pasa el verano creciendo a otro ritmo y vuelve a casa en octubre con el doble de porte.


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