El romero es probablemente la planta más útil que puede tener un jardín mediterráneo, y casi siempre se le da un papel demasiado pequeño: una mata suelta junto a la puerta de la cocina. Su gama de portes va desde arbustos erguidos de metro y medio hasta tapizantes de treinta centímetros que se extienden un par de metros, y esa variedad de formas, unida a que responde bien a la poda, lo convierte en material de estructura y no solo en aromática.
Aguanta el sol, el calor, la sequía, la caliza y el suelo pobre, y florece en pleno invierno, cuando en el jardín no hay casi nada abierto. Su único punto débil es el agua: el romero se pierde por exceso de riego y por suelo pesado mucho más a menudo que por cualquier otra causa.
Un seto de romero 'Prostratus' florecido en abril enmarca un estanque en el recinto arqueológico de Villa Adriana, a las afueras de Tívoli. Esta planta aromática era habitual en los jardines romanos. Foto: Locus Amoenus y Alwyn Ladell
Ya no se llama Rosmarinus
Conviene saberlo porque aparece en etiquetas y catálogos de las dos maneras. El romero que Linneo describió como Rosmarinus officinalis se llama hoy Salvia rosmarinus: los estudios de filogenia molecular demostraron que el pequeño género Rosmarinus quedaba dentro del gran género Salvia, y la clasificación se corrigió en consecuencia. Es la misma planta, y ambos nombres se refieren a lo mismo.
Pertenece a las labiadas, la familia de las salvias, el tomillo, la lavanda y la mejorana, y es nativo de toda la cuenca mediterránea, España incluida, donde forma parte del matorral de casi cualquier ladera soleada.
De seto alto a tapiz: los portes
Los romeros de jardín se agrupan de forma práctica en tres tipos, y elegir el adecuado ahorra la mitad del trabajo posterior.
- Erguidos. Matas verticales de uno a dos metros, con ramas que suben rectas. Sirven para setos, pantallas bajas y fondo de arriate. 'Miss Jessopp's Upright' es el más conocido de este grupo, y 'Tuscan Blue' aporta el mismo porte con una flor de azul más intenso.
- Compactos y redondeados. Matas densas de sesenta centímetros a un metro, que mantienen forma de bola casi sin intervención. Son los que mejor funcionan como volumen repetido en jardines de bajo riego y en macetas grandes.
- Rastreros y colgantes. Del grupo Prostratus, con ramas que se extienden en horizontal o caen. Alcanzan treinta o cuarenta centímetros de alto y se extienden uno o dos metros. Son la mejor herramienta que existe para cubrir un talud seco, coronar un muro de contención o desbordar por el borde de una jardinera alta. A cambio son algo menos resistentes al frío que los erguidos.
La flora ibérica guarda además parientes de interés jardinero que apenas se usan. De Almería y del norte de África procede la Salvia jordanii, antes Rosmarinus eriocalyx, que forma matas irregulares y bajas de cuarenta a sesenta centímetros. Y en Baleares existen poblaciones silvestres de porte rastrero que están en el origen de varias selecciones colgantes.
Para qué sirve en el jardín
El romero admite papeles muy distintos según el porte que se elija, y ahí está su valor.
Como seto, formal o informal, con variedades erguidas plantadas cada cuarenta o cincuenta centímetros. Es un seto perenne, aromático, que florece y que no pide riego, tres cosas que casi ningún seto convencional reúne. Como masa estructural, repitiendo matas compactas a lo largo de un arriate para dar continuidad entre floraciones. Como cubresuelos en taludes y zonas de difícil acceso, donde las formas rastreras cierran el terreno e impiden que salgan hierbas. Y en maceta, con la condición de que el contenedor drene bien y de que se pode.
Combina de forma natural con toda la paleta mediterránea de bajo riego: jaras, lavandas, santolinas, Teucrium, Phlomis y gramíneas de secano.
Suelo, sol y agua
Pleno sol. En semisombra el romero se ahíla, se abre por el centro y florece mucho menos. Acepta cualquier tipo de suelo con una condición, que drene bien, y prefiere claramente los pobres, arenosos o pedregosos. La caliza no es un problema en absoluto, al contrario que en el caso del cantueso, y eso lo convierte en la aromática de referencia para el este y el sur peninsular.
Frío, aguanta bien, del orden de diez a quince grados bajo cero en las variedades erguidas, lo que cubre casi toda España. En el interior más frío conviene resguardarlo del viento del norte y evitar los cultivares rastreros.
El riego se limita al año de implantación, espaciado y abundante. A partir del segundo verano no necesita nada en clima mediterráneo. En maceta sí hay que regar, pero dejando secar bien el sustrato entre riegos. El exceso de agua, sobre todo combinado con suelo pesado, provoca podredumbres de raíz que matan la mata de golpe, a menudo en pleno verano y sin síntomas previos.
Abonado, ninguno en suelo. El romero responde a la fertilidad con un crecimiento excesivo y blando, una silueta desordenada y una vida más corta. En maceta, un aporte muy ligero a la salida del invierno es suficiente.
La poda es lo que decide todo
Aquí está la clave del cultivo, y es la misma que en la lavanda: el romero rebrota mal o no rebrota de la madera vieja. Una rama leñosa y desnuda, sin hojas, cortada por debajo de la zona verde, no vuelve a emitir. Por eso la poda de rejuvenecimiento de una mata abandonada no funciona: se corta y queda un esqueleto.
La forma correcta es podar ligero y todos los años, desde que la planta es joven, recortando siempre dentro de la parte con hoja y sin bajar nunca a la madera pelada. Un tercio del crecimiento del año como máximo. En un jardín español, el calendario razonable es este:
- Después de la floración, entre abril y mayo, es la poda principal, la que da forma tras la brotación de primavera.
- En septiembre, un repaso ligero para limpiar ramillas secas y despejar el interior de la mata antes de la floración de otoño e invierno.
- A finales de otoño, en los setos formales, un recorte de perfilado.
Lo que hay que evitar es podar en pleno verano, con la planta en estrés hídrico, y podar durante las heladas.
Plagas y problemas
El problema sanitario más visible en España es el crisomélido del romero (Chrysolina americana), un escarabajo pequeño y muy llamativo, con franjas metálicas verdes y rojizas, que devora hojas y brotes tiernos de romero y lavanda. Aparece sobre todo en otoño y primavera. En una mata de jardín se controla a mano, sacudiendo la planta sobre un cartón por la mañana temprano, cuando los adultos están aletargados, y retirando también las larvas grisáceas del envés.
Lo demás suele ser cochinilla algodonosa en plantas debilitadas o en maceta, y las ya mencionadas podredumbres de raíz por exceso de agua, que no tienen tratamiento y sí prevención: drenaje y riego escaso.
Multiplicación
Es de las plantas más fáciles de reproducir. Se toman esquejes semileñosos de diez o doce centímetros, brotes del año ya algo endurecidos, a finales de verano o a comienzos del otoño. Se deshojan por la mitad inferior, se clavan en un sustrato muy drenante, arena gruesa con turba o perlita, y se mantienen a la sombra y con humedad. Enraízan en pocas semanas y en la primavera siguiente ya están para plantar. Es la manera lógica de conseguir las decenas de plantas que hace falta para un seto o un talud.
Flor de invierno, y lo que eso significa
En buena parte de España el romero florece de octubre a abril, con el máximo en pleno invierno. Eso lo convierte en uno de los pocos recursos de néctar disponibles en los meses fríos, y en un jardín de secano es la planta que mantiene actividad de abejas cuando no hay nada más abierto. Es un motivo de peso para no recortarlo justo antes de esa floración.
En la cocina sí; el aceite esencial es otra cosa
El romero es una hierba de cocina de uso corriente y bien establecido, y tener una mata cerca de la puerta tiene ese sentido práctico evidente. Conviene tomar los brotes tiernos y no cortar siempre del mismo sitio, para no dejar la mata desequilibrada.
Cosa distinta es el aceite esencial de romero, un producto muy concentrado que no debe ingerirse y que puede provocar reacciones en la piel sin diluir. Circulan atribuidos al romero numerosos usos terapéuticos; aquí no se recogen porque no corresponde. Para cualquier cuestión de salud, el sitio al que preguntar es la consulta del médico.
En resumen
El romero, hoy Salvia rosmarinus, es la planta estructural del jardín mediterráneo de bajo riego: pleno sol, suelo pobre y drenado, tolerancia total a la caliza, riego solo el primer año y ningún abono. Elegir el porte adecuado, erguido para seto, compacto para masa o rastrero para taludes y muros, resuelve de partida la mitad del diseño.
La regla que no se puede saltar es la de la poda: recorte ligero todos los años dentro de la parte verde, principalmente después de la floración de primavera, y jamás un corte sobre madera vieja, de la que no rebrota. Y como florece en invierno, conviene no recortarlo en otoño y dejarle esa floración, que en un jardín de secano es el único néctar disponible durante meses.