Elegir jara es sobre todo elegir suelo. Dentro del género Cistus hay especies que solo viven en terreno silíceo y ácido y otras que se dan perfectamente sobre caliza, y plantar una del primer grupo en un suelo alcalino termina siempre igual: hojas amarillentas por clorosis, brotes cada vez más cortos y una mata que se apaga en dos o tres años sin que se sepa por qué.
El resto de criterios (color de la flor, tamaño de la mata, época de floración) vienen después y son más fáciles de manejar. Lo que sigue es un repaso de las especies e híbridos que se encuentran habitualmente, ordenados justamente por el terreno que aceptan.
La jara Cistus x revolii Merrist Wood Cream es un híbrido que luce preciosas flores de color crema de dos centímetros de diámetro con una mancha de color burdeos y amarillo en torno a los estambres.
Las de suelo ácido
Cistus ladanifer, la jara pringosa. La reina del monte del oeste y el suroeste peninsular, y la más olorosa de todas. Forma matas de hasta dos metros y medio, con hojas largas, oscuras y completamente pegajosas de resina, y flores blancas grandes, de ocho a diez centímetros, casi siempre con una mancha granate en la base de cada pétalo. Florece de abril a mayo y aguanta la sequía como pocas plantas. Solo en suelos silíceos, graníticos o pizarrosos. La resina que exuda, el ládano, se recolecta y se emplea en perfumería; es un uso industrial, y conviene no confundirlo con las supuestas propiedades curativas que circulan atribuidas a las infusiones de jara, que no tienen respaldo.
Cistus laurifolius, la estepa. Hojas coriáceas y brillantes que recuerdan a las del laurel, brotes y botones de un rojizo vivo y flores blancas de unos seis centímetros. Matas de hasta dos metros. Es la más resistente al frío de todo el género, hasta el punto de formar manchas silvestres en sierras del Sistema Central y del Ibérico. Si el jardín está en el interior alto y con inviernos duros, esta es la jara a elegir.
Cistus salviifolius, la jara negra o jaguarzo morisco. Mata baja y extendida, de treinta a ochenta centímetros, con hojas rugosas parecidas a las de la salvia y flores blancas pequeñas, de tres a cinco centímetros, muy abundantes de marzo a mayo. Es la mejor del género como cubresuelos, y prefiere terrenos neutros o ácidos.
Cistus populifolius. Menos conocida y muy interesante, con hojas anchas acorazonadas que recuerdan a las del chopo y flores blancas. A diferencia de sus parientes, tolera y agradece emplazamientos algo más frescos y con sombra ligera, lo que la hace útil en las zonas de jardín donde las demás jaras no encajan. Suelo ácido.
Las que toleran la caliza
Cistus albidus, la jara blanca. Es la jara de los suelos calizos del este y el sur, y la que ve todo el mundo en las laderas del levante. El nombre viene de la pelusa blanquecina que cubre las hojas y les da un tono gris azulado muy decorativo todo el año. Las flores son de un rosa fuerte algo arrugado, de cinco a diez centímetros, y es de las primeras en florecer, ya en marzo en el sur. No es aromática, a diferencia de casi todas las demás. Matas de sesenta centímetros a un metro y medio.
Cistus clusii, el romerillo o quiebraollas. Estrictamente calcícola, con hojas estrechas y revueltas que le dan aspecto de romero y ramilletes de florecillas blancas pequeñas. Es una de las más resistentes a la sequía extrema y de las más adecuadas para un jardín de secano en el sureste peninsular, donde casi nada aguanta. Porte medio, en torno al metro.
Cistus monspeliensis, el jaguarzo negro. Follaje oscuro, estrecho, viscoso y muy aromático, y una floración blanca de flores diminutas pero tan copiosa que cubre la mata. Se adapta tanto a suelos ácidos como a los que tienen algo de cal, tolera muy bien el aire marino y las heladas moderadas. Es de las más inflamables del género, algo a considerar cerca de una vivienda.
Los híbridos de jardín
Buena parte de lo que se vende en vivero son híbridos, muchos de ellos surgidos de forma espontánea en el monte y luego seleccionados. Suelen ser más compactos y de floración más regular que las especies puras.
Cistus x purpureus. El híbrido más célebre y probablemente el de mayor efecto: flores de rosa fuerte de unos ocho centímetros con una gota burdeos en la base de cada pétalo, sobre matas de hasta metro y medio. Muy resistente a la sequía.
Cistus x pulverulentus 'Sunset'. Magenta intenso, con follaje afelpado de un verde grisáceo. Las matas se quedan entre cuarenta y sesenta centímetros y se extienden, de modo que funciona como cubresuelos de floración potente. Florece en mayo y junio.
Cistus x skanbergii. Flores muy pequeñas, de dos centímetros y medio, de un rosa pálido delicadísimo, sobre hojas verde grisáceas. Su valor está en la cantidad: la floración es tan densa que tapa la mata entera, que además tiene forma de bola muy regular.
Cistus x aguilarii 'Maculatus'. Cruce con la jara pringosa, del que hereda las flores blancas enormes, de hasta diez centímetros, con mácula púrpura oscura, y las hojas largas y pegajosas. Llega a los dos metros. Solo para suelo ácido.
Cistus x florentinus. Híbrido natural entre monspeliensis y salviifolius que aparece solo donde conviven las dos. Mata redondeada y densa de treinta centímetros a un metro, con flores blancas pequeñas y muy numerosas de marzo a mayo. Excelente cubresuelos.
Cistus x revolii 'Merrist Wood Cream'. Uno de los pocos con flores de color crema, pequeñas, con una mancha burdeos y amarilla en torno a los estambres. Hojas menudas y aterciopeladas, mata baja y extendida, en torno a los cuarenta centímetros de alto por sesenta de ancho. Para suelos ácidos o neutros.
Comparativa rápida
| Especie o híbrido | Flor | Altura | Suelo |
|---|---|---|---|
| C. ladanifer | Blanca grande con mácula | 1,5-2,5 m | Ácido |
| C. laurifolius | Blanca mediana | 1,5-2 m | Ácido, el más resistente al frío |
| C. salviifolius | Blanca pequeña | 0,3-0,8 m | Ácido o neutro |
| C. populifolius | Blanca | 1-2 m | Ácido, admite sombra ligera |
| C. albidus | Rosa fuerte | 0,6-1,5 m | Calizo |
| C. clusii | Blanca en ramillete | 0,5-1 m | Calizo, secano extremo |
| C. monspeliensis | Blanca muy pequeña | 1-1,5 m | Indiferente, buena en costa |
| C. x purpureus | Rosa fuerte con gota | 1-1,5 m | Indiferente |
| C. x pulverulentus 'Sunset' | Magenta | 0,4-0,6 m | Indiferente |
| C. x skanbergii | Rosa pálido pequeña | 0,6-1 m | Indiferente |
| C. x florentinus | Blanca pequeña | 0,3-1 m | Indiferente |
Cómo combinarlas
Las jaras se llevan bien entre sí y con el resto de la paleta mediterránea de bajo riego, que comparte sus exigencias: lavandas, romeros, Teucrium, santolinas, Phlomis, Convolvulus cneorum, Erigeron karvinskianus y gramíneas de secano como Stipa tenacissima o Lygeum. La combinación funciona porque todas quieren lo mismo: sol, drenaje, suelo pobre y nada de riego en verano.
En cuanto a la composición, conviene apoyarse en dos ideas. La primera, jugar con la floración escalonada, porque no todas abren a la vez: la albidus arranca en marzo, la mayoría está en su punto en abril y mayo, y algunas alargan hasta junio. La segunda, aprovechar el follaje, que en las jaras es tan interesante como la flor y dura los doce meses: el gris azulado de la albidus, el verde oscuro barnizado de la monspeliensis y el ladanifer, el verde grisáceo mate de los híbridos rosados.
Merece la pena mencionar también al género vecino Halimium, las jarillas de flor amarilla, ibéricas y con exactamente las mismas necesidades. Añaden a la escena un color que no existe entre los Cistus y apenas se usan en jardinería.
En resumen
La primera decisión al elegir jara es la del suelo. En terreno silíceo y ácido, del oeste y el noroeste peninsular o de las sierras del centro, el abanico se abre a la jara pringosa (Cistus ladanifer), a la estepa (Cistus laurifolius), que además es la más resistente al frío, y a la jara negra (Cistus salviifolius) como cubresuelos. En terreno calizo del este y el sur, la respuesta es Cistus albidus y Cistus clusii, y para casos extremos de sequía esta última.
Los híbridos de jardín, empezando por el Cistus x purpureus y el Cistus x pulverulentus 'Sunset', son menos exigentes con el pH y más compactos, y resuelven los jardines donde no se conoce bien el terreno. En todos los casos el conjunto se completa con la paleta mediterránea habitual, lavandas, romeros y santolinas, que comparten con las jaras el pleno sol, el drenaje y la ausencia de riego estival.