Aroma y flores de jaras en el jardín (1ª parte)

Los jarales olorosos a resina al calor de la primavera tardía llenan de flores las garrigas y montes mediterráneos. Flores efímeras, semejantes a una rosa simple de cinco pétalos que se dirían de un fino papel y mueren al cabo del día. Pero los hinchados botones siguen abriéndose de sol a sol en una incesante floración. ¡Cuánta más belleza pueden ofrecer las jaras en un jardín! Será por eso que a sus numerosas especies se suman hoy decenas de cultivares.

La gota de color burdeos junto al centro de estambres amarillos distingue a esta bella jara: Cistus x purpureus, de flores de color rosa fuerte.

Los jarales crecen en las laderas pedregosas y secas de los montes mediterráneos, los terrenos degradados por el fuego, las orillas de las carreteras de las sierras… Cuando llega abril, el calor desprende esencias volátiles de la resina que impregna el follaje y el monte huele maravillosamente a jara.

“Flor de la jara, que hoy floreces / blanca, estrellada de carmín, / a la mañana, ¡cuántas veces / te he recordado en mi jardín!” Juan Ramón Jiménez
La primavera tardía coincide también con la época en que estos humildes y esforzados arbustos emiten sus flores de un día. Cinco pétalos como de fino papel de seda levemente arrugado. Blancas, crema, suavemente rosadas, magentas… con un pompón central de estambres amarillos en torno al pistilo, que atrae poderosamente a las abejas y mariposas. Pueden tener entre 2,5 y diez centímetros de diámetro. La floración es incesante y se prolonga hasta el verano.

Densos matorrales olorosos

En estado salvaje, los jarales forman densos matorrales de uno a dos metros de altura. Precisamente la palabra castellana proviene del árabe sa’ra, que significa tierra llena de vegetación. El follaje es perenne, formado por hojas de un color verde agrisado, muchas veces pegajosas. Las jaras son hijas del clima mediterráneo, desde Marruecos y todo el norte de África y Oriente Medio a Grecia y sus islas y el sur de Europa, incluido Portugal y las Canarias.

Su género botánico es Cistus, que abarca más de 20 especies y decenas de híbridos y variedades que se han producido espontáneamente en la Naturaleza o mediante la intervención humana. En la información en inglés aparecen como rockrose por su predilección por los suelos pedregosos y la forma de la flor. Pero, además, las jaras tienen otra singularidad: son pirófitas, es decir, se valen del fuego para reproducirse; el calor rompe la dura cutícula de las semillas favoreciendo la germinación.

Jaras en el jardín

La jardinería, en especial la de bajo riego, no podía ignorar estas plantas que aportan a los jardines sus ecos de garriga y monte silvestre. Las jaras se prestan a múltiples usos: se pueden utilizar en solitario, en rocallas o en borduras mixtas junto con otras plantas mediterráneas con exigencias de cultivo similares, como las lavandas, romeros, margarita cimarrona (Erigeron karvinskianus), Convolvulus cneorum, entre tantas otras, o combinadas entre sí buscando el juego de colores de sus flores. Pero también pueden servir de cubresuelos, especialmente las especies de baja altura, como los Cistus salvifolius y Cistus florentinus. Las más pequeñas van perfectas en tiestos, y las que desarrollan altura (dos metros) se pueden utilizar incluso como setos libres. La mayoría soportan el ambiente marino.

Dónde y cómo cultivarlas

a pleno sol o en semisombra.

• Viven bien

no toleran los trasplantes.

• Debes acertar con el lugar a la primera porque

no soportan las temperaturas muy bajas.

• Son plantas de clima mediterráneo y por lo tanto Si la zona es fría, asegúrate de que cuentan con la protección de un muro soleado. Por lo general resisten hasta -12º (zonas 8-9), con alguna excepción, como el Cistus laurifolius, que tolera hasta -20º.

Protégelas del viento fuerte.

El suelo debe drenar perfectamente.

• Viven bien en suelos secos, pedregosos o arenosos. Según la especie pueden ser neutros, ácidos o alcalinos. Los sustratos húmedos les resultan muy perniciosos y las vuelven más vulnerables a los efectos del frío.

El riego ha de ser escaso.

• Las jaras soportan bien la sequía una vez establecidas. El viverista Olivier Filippi, especializado en plantas de bajo riego, otorga a muchos Cistus los códigos de sequía 4 a 5 (de una escala 1-6), lo que significa que pueden vivir sin riego, eso sí, en áreas de clima mediterráneo suave. En caso de sequía prolongada pueden perder las hojas.

No necesitan abono.

• Recuerda que prefieren los suelos pobres.

resultan inmunes a las plagas y enfermedades.

• Si gozan de las condiciones de cultivo adecuadas

pinzan ligeramente las ramas después de la floración

• Si se las plantas mantendrán una forma compacta. Nunca deben podarse drásticamente: intervenir en los tallos más viejos y leñosos puede resultarles letal.

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