Un árbol de flor resistente a la sequía no es un árbol que se plante y se olvide desde el primer día. Todos, sin excepción, necesitan agua durante los dos o tres primeros veranos, mientras la raíz baja a buscar la humedad profunda. Lo que distingue a los de esta lista es que, pasado ese periodo de implantación, sacan adelante un verano peninsular con lluvia cero y sin riego, y encima florecen.

Conviene también separar dos cosas que suelen confundirse: sobrevivir a la sequía y estar presentable durante la sequía. Hay árboles que aguantan defoliándose en agosto, lo que técnicamente es resistencia pero no es lo que quiere nadie en un jardín. Los que se comentan aquí mantienen el follaje o lo pierden solo en sequías extremas, y varios de ellos llevan décadas en calles y plazas españolas, que es la prueba más dura que existe.

Una Jacaranda mimosifolia en el jardín Azaren, en Marruecos, diseñado por Ossart & Mauriéres, y las flores de una Bauhinia variegata. Fotos: Hasna M. y Hanako

Los que florecen en primavera

Almendro (Prunus dulcis). Es el primero de todos y el que menos se plantea la gente para un jardín ornamental, aunque no haya nada comparable a un almendro en flor a finales de enero o en febrero. Soporta la sequía y el suelo calizo y pedregoso mejor que cualquier otro árbol de flor, y en secano da sombra ligera y una silueta bonita el resto del año. Ronda los cinco o seis metros. Su único riesgo es que la floración tan temprana la puede arruinar una helada tardía.

Árbol del amor (Cercis siliquastrum). Probablemente la mejor elección para un jardín español de tamaño medio. Florece en marzo o abril, con las flores magenta brotando directamente del tronco y de las ramas desnudas, antes que la hoja. Nativo del Mediterráneo oriental, prefiere los suelos calizos, aguanta la sequía una vez establecido y se queda entre seis y diez metros, una escala manejable. Su follaje redondeado amarillea bien en otoño.

Taray o taraje (Tamarix spp.). Antes de que broten las hojas, la copa péndula se cubre de plumas rosadas. Es un arbolito de cuatro o cinco metros, de raíz profunda, que tolera la sequía, los suelos salinos y el viento marino como pocos. En España hay especies autóctonas, Tamarix gallica, Tamarix africana y Tamarix canariensis, que son la opción sensata frente a las de importación, porque hacen exactamente el mismo papel.

Árbol de las orquídeas o pata de vaca (Bauhinia variegata). Flores grandes y sofisticadas, entre rosa y malva, y unas hojas hendidas en dos lóbulos que le dan el otro nombre. Crece deprisa hasta seis o diez metros. Solo funciona en zonas de invierno suave, litoral mediterráneo, Andalucía occidental y Canarias, y puede perder la hoja tanto por frío como por sequedad.

Jacarandá (Jacaranda mimosifolia). El azul lavanda de su floración de primavera no lo da ninguna otra especie. Aguanta calor y sequía, aunque en secano se queda pequeño, y necesita un jardín amplio porque la copa se extiende. La limitación es el frío: solo prospera en la franja costera del sur y del levante, en Canarias y en enclaves resguardados. En Madrid o en el valle del Duero no es una opción.

Cinamomo (Melia azedarach). Panículas laxas de estrellas lilas en abril y mayo, y después unas drupas doradas que se quedan colgadas todo el invierno. Es tolerante al calor, a la sequía y a la contaminación, de ahí que se haya plantado tanto en calles. Ojo con dos cosas: sus frutos son tóxicos por ingestión, con lo que hablaremos más adelante, y en algunas zonas se resiembra con facilidad.

Los que florecen en verano

Árbol de la seda (Albizia julibrissin). Sus flores son pompones de hilos rosados sedosos que aparecen de junio a agosto, cuando el jardín está en su peor momento. Copa aparasolada muy horizontal, entre seis y doce metros, hoja finamente dividida que se cierra por la noche. Resiste bien la sequía y el frío moderado. Se resiembra alrededor, así que conviene retirar las plántulas.

Árbol de Júpiter (Lagerstroemia indica). El más agradecido de la lista para un jardín pequeño, y el que resuelve el hueco de julio a septiembre. Panículas de flores encrespadas en blanco, rosa, fucsia o rojo, corteza que se descama dejando un tronco liso y jaspeado, y color de otoño. Se queda entre tres y siete metros, aguanta el frío del interior peninsular y, una vez establecido, la sequía. Su punto débil es el oídio en sitios húmedos y con poca ventilación.

Jabonero de la China (Koelreuteria paniculata). Grandes panículas amarillas en junio y julio, seguidas de unos frutos en forma de farolillo de papel que son casi tan decorativos como la flor. Tolera la sequía, la cal y la contaminación, y su porte medio, de ocho a diez metros, va bien en calles y jardines urbanos.

Comparativa rápida

EspecieFloraciónAlturaDónde funciona
Prunus dulcisEnero-marzo4-7 mToda España, secano y suelo calizo
Cercis siliquastrumMarzo-abril6-10 mToda España salvo montaña fría
Tamarix spp.Marzo-mayo4-5 mLitoral, suelos salinos, secanos
Bauhinia variegataMarzo-abril6-10 mSolo invierno suave
Jacaranda mimosifoliaAbril-mayo8-15 mSolo zonas libres de heladas
Melia azedarachAbril-mayo6-15 mToda España, muy rústico
Albizia julibrissinJunio-agosto6-12 mCasi toda España
Lagerstroemia indicaJulio-septiembre3-7 mToda España, también jardín pequeño
Koelreuteria paniculataJunio-julio8-10 mToda España, buen árbol urbano

Dos que conviene descartar

La falsa acacia (Robinia pseudoacacia) aparece en muchas listas de árboles de flor resistentes, y lo es: crece deprisa, aguanta la sequía y los racimos blancos o rosados huelen bien. El problema es lo que hace después. Rebrota de raíz a metros de distancia del tronco, coloniza riberas y terrenos removidos desplazando a la vegetación autóctona, y una vez instalada es muy difícil de eliminar, porque cada corte estimula nuevos rebrotes. En un jardín pequeño acaba invadiendo el césped y el del vecino. Hay alternativas con la misma flor colgante y sin ese comportamiento, empezando por el propio Cercis o por el Styphnolobium japonicum.

El ailanto (Ailanthus altissima) ni siquiera es discutible: está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), lo que prohíbe su comercio, su posesión y su introducción en el medio natural. Es uno de los invasores más agresivos que hay en España y su erradicación cuesta años.

Sobre las paulonias (Paulownia tomentosa y Paulownia fortunei) conviene al menos advertir. Dan una floración espectacular en trompetas malvas antes de la hoja y crecen a una velocidad asombrosa, pero producen cantidades enormes de semilla alada que germina en cualquier grieta, la madera es blanda y quebradiza, y las hojas gigantes se convierten en un problema de hojarasca. Para un jardín pequeño hay opciones mejores.

Cómo se planta para que después no necesite riego

La resistencia a la sequía se construye en los tres primeros años y se decide sobre todo en el momento de plantar. Cuatro cosas importan de verdad.

  • Época. De noviembre a febrero, con el árbol en reposo, para que enraíce durante el invierno y llegue al primer verano ya asentado. Plantar en primavera avanzada obliga a regar mucho más.
  • El hoyo. Amplio, al menos el doble del cepellón, con las paredes descompactadas para que la raíz pueda salir. No hace falta enriquecer el hoyo con estiércol ni con sustrato: si se hace un nido de tierra rica, la raíz se queda dentro y nunca se va a buscar el agua profunda, que es justo lo contrario de lo que se pretende.
  • Riego de implantación. Abundante y espaciado, mejor cien litros cada quince días que diez litros a diario. El riego frecuente y superficial fabrica raíces someras y árboles dependientes. A partir del tercer verano se puede ir retirando.
  • Acolchado. Una capa de diez centímetros de corteza, restos de poda triturados o grava sobre el alcorque, sin tocar el tronco. Reduce muchísimo la evaporación y mantiene el suelo más fresco en agosto.

Y una última: nada de abonos nitrogenados en árboles de secano. Provocan crecimiento blando, mucha hoja y una planta más sedienta y más frágil ante el viento.

Cuidado con los frutos del cinamomo

El Melia azedarach es un buen árbol urbano, pero sus frutos son tóxicos por ingestión, tanto para personas como para animales domésticos. Son unas drupas amarillentas del tamaño de un garbanzo grande que permanecen en la copa durante el invierno y acaban cayendo al suelo, donde quedan al alcance de niños pequeños y de perros. No es motivo para no plantarlo, pero sí para no ponerlo junto a una zona de juegos ni en un patio donde suelte fruto sobre el pavimento. Ante cualquier ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.

En resumen

Para un jardín español que no se quiere regar en verano, las apuestas más seguras entre los árboles de flor son el árbol del amor (Cercis siliquastrum) y el almendro en primavera, y el árbol de Júpiter (Lagerstroemia indica) y el árbol de la seda (Albizia julibrissin) en verano, todos ellos tolerantes de la cal, del calor y de los suelos pobres. En el litoral cálido se abre la puerta al jacarandá y a la Bauhinia, que en el interior no prosperan.

La resistencia se gana en los tres primeros años: plantar en invierno, hoyo ancho sin enriquecer, riegos abundantes y espaciados para que la raíz profundice, y acolchado sobre el alcorque. Y conviene evitar la falsa acacia por su capacidad de rebrote y de colonización, además del ailanto, que está catalogado como especie exótica invasora en España y no puede plantarse.


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