Los anturios mini son híbridos seleccionados por su porte compacto: la misma planta, con hojas más pequeñas, peciolos cortos y una proporción de flores por mata mucho más alta que la de un anturio de tamaño normal. Vienen en tiestos de nueve o doce centímetros y esa maceta diminuta es, a la vez, lo que los hace tan manejables y la causa de casi todos sus disgustos.
Un anturio grande en una maceta de veinte centímetros perdona una semana de olvido. Uno mini en un tiesto de nueve, colocado sobre un mueble junto a la calefacción, se seca por completo en dos o tres días de invierno. Todo lo que sigue gira en torno a esa diferencia de escala. Si buscas la parte más general del cultivo del género, la anatomía de la flor y las especies, está en Anthurium: qué es y cómo cuidarlo.
Frondosos y llenos de flores, los Anthurium resultan decorativos en grupos, en dúos o en solitario. Los Anthurium scherzerianum se caracterizan por sus espádices retorcidos.
De dónde salen los anturios mini
Proceden sobre todo de cruces entre Anthurium andreanum, de espata acorazonada y espádice recto, y Anthurium scherzerianum, más pequeño de por sí y con el espádice retorcido en espiral. La gama de color va del verde limón al rojo oscuro pasando por naranjas, salmones y rosas, y el espádice puede ser morado, anaranjado o bicolor.
Una particularidad que se aprecia mejor en estas plantas que en las grandes, porque llevan muchas espatas abiertas a la vez: las flores viejas no son del mismo color que las nuevas. Cada espata va virando con las semanas hacia tonos más apagados o verdosos, de manera que la planta muestra a la vez dos o tres registros del mismo color. No es un síntoma de nada, es el ciclo normal.
Dónde colocarlo
Mucha luz indirecta y nada de sol directo. Con poca luz el anturio sigue vivo pero deja de florecer, saca hojas cada vez más grandes y espaciadas y pierde la compacidad que es precisamente lo que se le pide a un mini. Una ventana al norte o al este va bien todo el año; en una al sur o al oeste hace falta una cortina fina entre mayo y septiembre.
El Anthurium scherzerianum y sus híbridos aguantan algo menos de luz que los derivados del andreanum, aunque ninguno de los dos prospera en un rincón oscuro. Temperatura, entre 18 y 25 grados, sin bajar de 15. Lejos de radiadores y de puertas que dan a la calle: una corriente de aire frío en enero le tira las flores en pocos días.
Riego en un tiesto pequeño
Aquí no vale la pauta de calendario. En un tiesto de nueve centímetros con sustrato aireado, en verano puede tocar regar cada dos o tres días y en invierno cada ocho o diez. La única forma fiable de decidirlo es meter el dedo: si los dos primeros centímetros están secos, se riega; si están húmedos, se espera.
Se riega por arriba, empapando hasta que salga agua por los agujeros, y se deja escurrir del todo antes de devolverlo al cubremacetas. Nunca debe quedar agua acumulada abajo. El exceso de humedad permanente en la base es lo que provoca las pudriciones que se llevan la planta en pocas semanas, y en un tiesto pequeño ocurre más rápido porque el volumen de sustrato es mínimo.
El agua conviene que sea de lluvia o descalcificada. En el este y el sur peninsular, con aguas muy duras, las sales de la cal se concentran deprisa en tan poco sustrato y se manifiestan en las puntas de las hojas quemadas. Un riego abundante que atraviese y arrastre, mejor que muchos riegos cortos, ayuda a lavar esas sales.
Sustrato y cambio de maceta
Los anturios son plantas semiepífitas, es decir, en su ambiente natural crecen agarradas a troncos con las raíces entre musgo y hojarasca. Quieren un sustrato grueso y con aire, no una turba fina compactada: corteza de pino de calibre pequeño, fibra de coco, perlita o pómez y algo de materia orgánica.
Recién comprado no conviene trasplantarlo. Se le dan unas semanas para que se aclimate a la luz y a la humedad de la casa, que ya es un cambio suficiente, y se cambia después. A partir de ahí, cada dos o tres años, o antes si las raíces salen por los agujeros y la planta se seca a diario. El salto de tamaño de maceta debe ser corto, dos o tres centímetros de diámetro, porque en un tiesto muy grande el sustrato se queda húmedo demasiado tiempo.
Al plantar, el cuello queda a ras: enterrado de más se pudre el punto de crecimiento, y demasiado alto la mata no se sostiene. No hay que apretar el sustrato contra el centro de la planta. Las raíces aéreas que asoman por arriba no se cortan; se cubren con un poco de musgo o de sustrato suelto.
Qué te está diciendo la planta
| Lo que ves | Causa más probable |
|---|---|
| Hojas amarillas empezando por las de abajo | Exceso de riego, sustrato encharcado o compactado |
| Puntas y bordes marrones y secos | Agua dura, aire demasiado seco o acumulación de sales |
| Manchas marrones grandes en pleno centro de la hoja | Quemadura de sol directo |
| Hojas nuevas pequeñas, peciolos largos, planta que se abre | Falta de luz |
| Deja de sacar espatas | Luz insuficiente, y a veces exceso de abono nitrogenado |
| Pierde flores de golpe y las hojas caen blandas | Corriente de aire frío o golpe de temperatura |
| Se seca cada dos días por más que riegues | Cepellón lleno de raíces, toca trasplante |
Plagas frecuentes
Las dos habituales en interior son la cochinilla, que aparece como bultitos algodonosos o escudos pardos en el envés de las hojas y en las axilas de los peciolos, y la araña roja, favorecida por el ambiente seco y caliente de una casa con calefacción, que deja un punteado amarillento fino en el haz y telarañas muy tenues.
En una planta pequeña ambas se controlan casi siempre a mano, revisando el envés cada dos semanas y limpiando con un paño húmedo o con un algodón mojado. Subir la humedad ambiental hace mucho contra la araña roja. Solo si la infestación se escapa merece la pena recurrir a un producto autorizado para plantas de interior, siguiendo la etiqueta y sacando la planta al exterior para tratarla.
Cómo conseguir que vuelva a florecer
En nueve de cada diez casos, un anturio que ha dejado de dar flores necesita más luz, y ninguna otra cosa. Antes de probar cualquier truco conviene moverlo a un sitio más luminoso y esperar un par de meses.
Ayuda también retirar las espatas viejas cortándolas por la base del peciolo, mantener un abono líquido para plantas de flor a media dosis cada dos o tres semanas entre primavera y comienzos de otoño, y no pasarse con el nitrógeno, que produce hoja a costa de flor. Algunos cultivadores dan a la planta unas semanas más frescas, en torno a 16 grados, para estimular la brotación floral. Lo que no debe hacerse nunca es dejar de regarla durante ese periodo: el anturio no tiene reposo seco y un cepellón deshidratado no se recupera bien.
Ojo con la savia y con las hojas
El anturio es una arácea y, como todas ellas, contiene cristales de oxalato cálcico en hojas, tallos y espatas. Al masticar cualquier parte producen dolor e inflamación inmediata en boca y garganta, y afectan igual a personas y a animales domésticos. La savia irrita la piel al cortar hojas o dividir la mata, de manera que conviene lavarse las manos después.
Que sean plantas pequeñas y muy decorativas hace que acaben en mesas bajas y estanterías al alcance de cualquiera, así que merece la pena pensarlo si hay niños o gatos en casa. Ante una ingestión o una reacción en la piel, la consulta es al médico o al veterinario.
En resumen
Los anturios mini son la misma planta que los grandes en un tiesto minúsculo, y esa es toda la diferencia práctica: se secan mucho antes, acumulan sales de la cal mucho antes y se quedan sin espacio radicular mucho antes. Comprobar la humedad del sustrato con el dedo en lugar de regar por calendario, usar agua poco calcárea y cambiar la maceta cada dos o tres años a un tamaño solo ligeramente mayor resuelve la mayor parte de los problemas.
Cuando la planta deja de florecer, la causa casi siempre es la luz, y la solución es moverla a un sitio más claro, siempre sin sol directo. Y conviene recordar que toda la planta contiene oxalato cálcico, tóxico por ingestión e irritante al contacto, algo relevante en unas macetas que por su tamaño suelen acabar al alcance de la mano.