El anturio es una de las pocas plantas de interior que puede tener flor abierta los doce meses del año, y esa es la razón por la que se compra. Pero también es una de las que más rápido se estropea en una casa española media, porque necesita justo lo contrario de lo que ofrece un salón en invierno: aire húmedo, temperatura estable y luz abundante sin sol directo.

Casi todo lo que sale mal con un anturio se explica por dos cosas: la maceta con la que viene de vivero, rellena de una turba compacta que no es lo que la planta pide, y el sitio donde se coloca en casa, casi siempre demasiado oscuro o demasiado cerca de un radiador. Corregidas esas dos, es una planta longeva y poco problemática.

El Anthurium andreanum es una de las plantas de interior más elegantes por su follaje y por unas flores que duran mucho tiempo.

Lo que llamamos flor no es la flor

Merece la pena entenderlo porque cambia la manera de cuidarla. Esa lámina roja, rosa o blanca, carnosa y con aspecto de barnizada, es una espata: una hoja modificada, una bráctea. La flor de verdad es el espádice, el apéndice cilíndrico que sale del centro y que en realidad está formado por centenares de florecillas diminutas apretadas en espiral.

Esa estructura de espata y espádice es la firma de las aráceas, la familia a la que pertenecen también las calas, los espatifilos, los filodendros y el potos. Y explica la longevidad: una espata no es un pétalo delicado sino tejido foliar, y por eso aguanta semanas, a veces más de dos meses, sin marchitarse. También explica que vaya cambiando de tono con el tiempo, del rojo intenso a un verdoso apagado, sin que eso signifique que la planta esté enferma.

Las especies que se cultivan

El género Anthurium es el más numeroso de las aráceas, con cerca de mil especies descritas, todas americanas y repartidas desde México hasta el norte de Argentina. En una casa se ven básicamente tres grupos.

  • Anthurium andreanum. Espata grande y acorazonada, muy brillante, con el espádice recto. Es el que se cultiva como planta de interior y como flor cortada, y del que salen la mayoría de los híbridos comerciales, rojos, rosados, blancos, verdosos, asalmonados o bicolores. Es originario de Colombia y Ecuador.
  • Anthurium scherzerianum. Más pequeño y compacto, con la espata algo más estrecha y, sobre todo, con el espádice retorcido en espiral, que es lo que permite distinguirlo de un vistazo. Es costarricense y aguanta algo menos de luz que el anterior.
  • Los anturios de hoja. Especies como Anthurium crystallinum o Anthurium clarinervium, que se cultivan no por la flor, insignificante, sino por unas hojas grandes, aterciopeladas y de nervadura blanca muy marcada. Son más exigentes en humedad ambiental que los de flor.

Al anturio se le han atribuido tradicionalmente poderes afrodisíacos y se regalaba como símbolo de fertilidad, por la lectura evidente que tiene la forma de la planta. Es folclore, sin más, y no hay ningún uso medicinal ni comestible que respalde nada de eso.

Luz: lo que decide si hay flores o no

Un anturio que no florece casi siempre está falto de luz. En la axila de cada hoja hay una yema que puede convertirse en flor, pero solo lo hace si la planta recibe suficiente luminosidad. Con poca luz sigue sacando hojas, cada vez más grandes y de peciolos largos, y ninguna espata.

El sitio ideal es cerca de una ventana bien iluminada pero fuera del rayo de sol directo, que le quema la lámina en cuestión de horas. En España, una ventana orientada al norte o al este suele funcionar bien todo el año. En una al sur o al oeste hace falta una cortina fina de por medio, sobre todo entre mayo y septiembre. En invierno, cuando los días son cortos, se puede acercar más al cristal.

El sustrato es media planta

Los anturios son en su mayoría epífitos o semiepífitos: en la selva crecen agarrados a troncos y horquillas, con las raíces al aire entre musgo y hojarasca, no enterradas en tierra. De ahí que una maceta con sustrato fino y apelmazado los asfixie lentamente.

Lo que quieren es un medio grueso y aireado: corteza de pino de calibre pequeño, fibra de coco en trozos, perlita o pómez y algo de materia orgánica, en una mezcla que deje pasar el agua de inmediato y guarde aire entre las partículas. Si la planta viene de tienda en turba compacta, cambiarla a este tipo de sustrato es la intervención que más se nota.

El trasplante toca cada dos o tres años, y lo importante es la altura a la que queda el cuello. Si se entierra de más, el punto de crecimiento queda expuesto a pudrirse; si queda demasiado alto, la planta se tumba. Las raíces aéreas que asoman por encima no se cortan: se pueden cubrir con un poco de musgo o de sustrato suelto.

Riego y calidad del agua

Se riega cuando la capa superior del sustrato ha perdido humedad, empapando bien y dejando escurrir del todo. El anturio tolera mucho mejor una sequía corta que el encharcamiento: en sustrato permanentemente mojado las raíces se pudren y las hojas amarillean desde la base. Nunca debe quedar agua en el plato ni en el cubremacetas.

El agua importa. En buena parte de España, sobre todo en el este y el sur, el agua de grifo es dura y va dejando cal en el sustrato, algo que el anturio acusa con las puntas de las hojas marrones y quemadas. Agua de lluvia, agua descalcificada o, si no hay otra, agua del grifo reposada, aunque reposar no quita la cal, solo el cloro. Cambiar la capa superior del sustrato una vez al año ayuda a arrastrar sales acumuladas.

Temperatura y humedad ambiental

El rango cómodo está entre los 18 y los 25 grados, sin bajar de 15 y sin cambios bruscos. Lo que peor lleva son las corrientes de aire frío, típicas de un recibidor con puerta a la calle, y la proximidad de un radiador, que le seca el aire alrededor.

La humedad ambiental es su punto débil en clima peninsular. Una casa con calefacción en enero puede bajar del 30 por ciento de humedad relativa, y el anturio pide bastante más. Las soluciones que funcionan son agrupar plantas, colocar el tiesto sobre una bandeja con grava y agua de manera que la maceta no toque el agua, o un humidificador si hay varias plantas tropicales. Pulverizar da un alivio momentáneo, y conviene no mojar las espatas abiertas, que se manchan.

Abonado, limpieza y poda

Un abono líquido para plantas de flor, a la mitad de la dosis que indique el envase, cada dos o tres semanas de primavera a comienzos del otoño. En invierno se espacia mucho o se suspende. El exceso de abono no da más flores: acumula sales en el sustrato y vuelve a la planta más vulnerable a las cochinillas.

Poda no necesita. Se retiran las hojas y las espatas viejas cortándolas por la base del peciolo. Y conviene quitar el polvo de las hojas con un paño húmedo de vez en cuando, porque una capa de polvo reduce la luz que recibe. Los abrillantadores de floristería tapan los estomas y es mejor no usarlos.

Cuidado: es tóxico por ingestión

Como todas las aráceas, el anturio contiene cristales de oxalato cálcico en toda la planta, hojas, tallos y espatas incluidas. Al masticar cualquier parte, esos cristales producen dolor e inflamación inmediata en boca y garganta, y el problema afecta igual a personas y a animales domésticos. La savia, además, puede irritar la piel al podar o dividir la planta, así que conviene lavarse las manos después de manipularla.

En una casa con niños pequeños o con un gato aficionado a mordisquear hojas, el sitio de esta planta debe elegirse con eso en mente. Si hay ingestión o contacto con síntomas, la consulta corresponde al médico o al veterinario, no a un remedio casero.

Sobre la fama de planta purificadora

El anturio aparece siempre en las listas de plantas que limpian el aire de casa. Esa idea viene de experimentos hechos en cámaras selladas de pocos litros, donde las plantas efectivamente retiran compuestos volátiles. Llevado a una habitación real, con su ventilación y su volumen de aire, el efecto es tan pequeño que no compensa: ventilar cinco minutos hace muchísimo más. Es una buena planta por su follaje y por sus flores, y ese es motivo suficiente para tenerla.

En resumen

El anturio da flor casi todo el año si recibe mucha luz indirecta, y deja de darla en cuanto se coloca en un rincón oscuro. Sus dos exigencias reales son un sustrato grueso y aireado, de corteza y fibra en lugar de turba compacta, porque es una planta epífita, y un ambiente sin corrientes ni aire reseco por la calefacción, con riegos moderados y agua lo menos calcárea posible.

Lo que se ve como flor es en realidad una hoja modificada, la espata, y por eso dura semanas y va cambiando de color sin que haya nada que corregir. Conviene recordar también que toda la planta contiene oxalato cálcico y es tóxica por ingestión, además de irritante al contacto con la savia, algo a tener presente al elegir dónde se coloca.


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