El aeonio es la suculenta que mejor encaja en un jardín mediterráneo, y no por casualidad: el género Aeonium tiene su centro de diversidad en las islas Canarias, con un clima de inviernos suaves y húmedos y veranos secos muy parecido al del litoral peninsular. De ahí viene su rareza más útil y la que más confusión genera: crece en invierno y descansa en verano, justo al revés que la mayoría de las plantas de jardín.

Quien no lo sabe se asusta en julio, cuando el Aeonium arboreum deja caer las hojas de abajo, cierra la roseta hasta reducirla a un puño apretado y parece que se muere. No se muere: está pasando el verano. En octubre, con la primera humedad, vuelve a abrirse y a crecer.

Entre las suculentas y plantas mediterráneas de este jardín de Masedo en Ibiza se abren paso las rosetas verdes del Aeonium arboreum.

Un género canario

Los aeonios son crasuláceas perennifolias cuyas hojas carnosas, en forma de cuchara o de espátula, se disponen en rosetas de entre diez y veinte centímetros de diámetro. La mayoría de las especies son endémicas de Canarias, y unas pocas viven en Madeira, Cabo Verde, el norte de África y el este del continente africano.

El Aeonium arboreum y sus híbridos son los de uso jardinero más extendido. Sus tallos grises, de aspecto leñoso, se ramifican y levantan entre sesenta centímetros y metro y medio, con las rosetas en el extremo, de modo que la planta acaba pareciendo un arbolito. Esa silueta es lo que la hace tan útil: da altura y estructura en un parterre de suculentas, donde casi todo lo demás es rastrero.

Conviene recordar que muchas especies canarias están protegidas en su medio natural. Los ejemplares se compran en vivero; ni se recolectan ni se arrancan esquejes en el campo.

El color, y de qué depende

La variedad más conocida es Aeonium arboreum 'Zwartkop' (también etiquetada como 'Schwarzkopf'), de un púrpura tan oscuro que a plena luz parece negro. 'Atropurpureum' y 'Voodoo' mezclan verde y púrpura; 'Sunburst' presenta variegaciones crema sobre verde con márgenes rosados; 'Kiwi', también vendido como 'Dream Color', combina amarillo limón, verde y rosa.

El color depende directamente de la luz. Cuanto más sol reciben, más intenso y oscuro es el pigmento; en sombra, las variedades púrpuras se vuelven verdosas y las variegadas pierden contraste. En primavera, los ejemplares maduros emiten grandes panículas piramidales de cientos de flores pequeñas de un amarillo brillante que contrasta con el follaje oscuro.

La roseta que florece, muere

Este es el dato que casi nunca aparece en la etiqueta y que explica un buen número de sustos. Las rosetas de aeonio son monocárpicas: la que florece muere después de hacerlo. En el Aeonium arboreum, que se ramifica, esto no es grave, porque solo se pierde el tallo que ha florecido y el resto de la mata continúa; basta cortarlo por la base cuando se seca.

El problema aparece en las especies que no ramifican, como el Aeonium tabuliforme, de roseta única y plana: cuando florece, se pierde la planta entera. Con esas conviene recoger semilla o tener otro ejemplar.

Riego y sustrato

El punto débil del aeonio no es la sequía, es el exceso de agua. Casi no tiene plagas ni enfermedades; lo que lo mata es la humedad retenida en el sustrato, que pudre el cuello y las raíces.

  • Sustrato muy poroso. Mezcla para cactus y suculentas, o sustrato universal aligerado a partes iguales con arena gruesa, picón o arlita. Nada de tierras pesadas que se compacten.
  • Riego profundo y espaciado. Se moja bien todo el cepellón y se deja secar por completo antes de volver a regar. Mejor pocas veces y a fondo que un poco cada dos días.
  • En verano, casi nada. Durante el reposo estival, el riego se reduce al mínimo. Regar mucho a una planta que está parada por el calor es la forma más rápida de perderla.
  • En invierno, es cuando más agua pide, siempre dentro de lo moderado y con temperaturas suaves. Es su temporada de crecimiento.
  • Maceta con drenaje libre y sin plato con agua estancada. En cultivo en tiesto, un abono para cactus y suculentas en otoño y primavera es suficiente.

Sol, sombra y frío

Viven a pleno sol y en semisombra. En el interior peninsular y en el sur, donde el sol de julio y agosto es muy intenso, la semisombra de las horas centrales es la mejor situación: conservan mejor el color y no se queman las hojas. En el litoral, con la brisa marina, aguantan el sol directo sin problema, y de hecho toleran bien el aire salino.

De frío soportan poco. Como referencia, aguantan mínimas próximas a los -3 o -4 grados de forma breve, y siempre que el sustrato esté seco; con humedad, las heladas los pudren. En zonas de heladas frecuentes hay que cultivarlos en maceta y llevarlos a un porche o a un invernadero frío durante el invierno, con muy poco riego.

Multiplicación: la parte fácil

Los aeonios se multiplican por esqueje de tallo con una facilidad que sorprende. Se corta una roseta con unos centímetros de tallo, se deja secar la herida a la sombra durante tres o cuatro días hasta que cicatriza, y se planta en sustrato arenoso apenas humedecido. Enraíza en unas semanas. El mejor momento es el otoño o el comienzo de la primavera, nunca en pleno verano.

Es también la manera de rejuvenecer una mata que se ha quedado desgarbada, con tallos largos y desnudos: se cortan las rosetas, se enraízan y se replantan varias juntas en el mismo tiesto para recuperar volumen.

Los problemas habituales

Además de la podredumbre por exceso de agua, conviene vigilar tres cosas. El pulgón se instala en las varas florales en primavera y se retira con un chorro de agua o con jabón potásico. La cochinilla algodonosa se esconde entre las hojas de la roseta y en las axilas, y se elimina a mano con un bastoncillo. Los caracoles y las babosas roen las hojas carnosas en las noches húmedas de otoño y dejan mordeduras muy visibles.

El otro trastorno frecuente es el ahilado: rosetas separadas, tallos largos y débiles y hojas pálidas por falta de luz. No tiene tratamiento más que mover la planta a un sitio más luminoso y, si ya está muy desgarbada, rehacerla por esquejes.

No todos son arbustivos

El género tiene mucha más variedad de porte de lo que sugiere el Aeonium arboreum. El Aeonium glandulosum forma rosetas prácticamente a ras de suelo, y el Aeonium tabuliforme apenas levanta unos centímetros, con la roseta completamente plana y las hojas superpuestas como un plato de un verde azulado claro. Estas especies de porte bajo van bien en macetas anchas y poco profundas, y en jardineras de rocalla.

Para combinarlos

En un jardín seco funcionan al lado de plantas de exigencias idénticas: agaves y áloes, crásulas y sedums, lentisco, jaras, romero rastrero, Limoniastrum, lavandas y gramíneas de porte fino. La combinación con hoja fina y gris es la que mejor destaca su forma escultórica, sobre todo en las variedades oscuras.

En resumen

El aeonio crece en otoño e invierno y descansa en verano, cerrando la roseta y soltando hojas. Esa inversión del ciclo condiciona todo el cultivo: riego moderado en la estación fría, casi nulo en pleno calor, sustrato muy poroso y drenaje impecable, porque lo que lo mata es el agua retenida, no la sequía.

Sol o semisombra según la dureza del verano, protección frente a heladas por debajo de unos tres o cuatro grados bajo cero, y esquejes de tallo cuando la mata se desgarbe. Y un detalle que conviene conocer de antemano: la roseta que florece muere, algo intrascendente en el ramificado Aeonium arboreum y definitivo en las especies de roseta única.


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