Temperatura media
Pleno sol
Suelo fértil, fresco, bien drenado
Riego medio o escaso
Hoja caduca
Flor: junio-septiembre

Salvia farinacea es una salvia ornamental de la familia Lamiaceae originaria del sur de Estados Unidos, en Texas y Nuevo México, y del norte de México, donde vive en praderas y claros pedregosos con veranos largos y calurosos. En su tierra es una vivaz de vida corta; en España se comporta como vivaz en la costa mediterránea y en el sur, y como planta de temporada en el interior y en cuanto los inviernos se hacen fríos, porque la helada le hace desaparecer la parte aérea.

Lo que la distingue de las demás salvias azules de jardín está en el nombre: farinacea alude a la capa harinosa y blanquecina que cubre los cálices y los tallos florales, y que hace que la espiga parezca espolvoreada de polvo blanco incluso antes de abrirse la flor. Ese contraste entre el cáliz claro y la corola azul violeta es su rasgo más reconocible y el que hace que la mata siga teniendo interés cuando la flor ya ha caído. La segunda característica que la hace útil es la duración: florece sin parar desde principios de verano hasta que el frío la para, y lo hace con un porte compacto y erguido que no necesita tutor.

Cómo reconocerla

Forma una mata densa y erguida, de porte medio, que en cultivo suele quedarse en torno al medio metro de altura, algo más en suelos ricos y con riego. Los tallos son cuadrados, como en toda la familia, y bastante rígidos. Las hojas se disponen opuestas, son lanceoladas u ovado lanceoladas, de margen entero o levemente dentado, de verde algo grisáceo y con el envés más claro por la pilosidad. Al frotarlas desprenden un aroma tenue, mucho menos marcado que el de la salvia común de cocina.

La inflorescencia es una espiga estrecha y larga que se levanta bien por encima del follaje, con las flores dispuestas en verticilos separados. Cada flor es pequeña, bilabiada, de un azul violáceo intenso en las variedades más difundidas, y sale de un cáliz tubular cubierto de esa pubescencia blanca característica. Existen selecciones en las que el cáliz es blanco y la corola azul, con lo que el contraste se dispara, y otras enteramente blancas.

Las flores producen néctar accesible y son un imán para abejas y abejorros, y en menor medida para mariposas. Es una de las plantas de temporada que más aporta a la fauna de un jardín, cosa que no puede decirse de la mayoría de la flor de verano de vivero.

Dónde y cómo plantarla

Quiere pleno sol. Es innegociable: en sombra se ahíla, los tallos se tumban y la floración se queda a la mitad. Esto la hace ideal para las orientaciones sur y oeste que castigan a otras plantas de flor, y para los arriates que reciben el reflejo de un muro o de un pavimento claro. El calor del verano español no le preocupa, siempre que tenga sol y raíz asentada.

La plantación se hace en primavera, cuando ha pasado el riesgo de heladas tardías, que es lo que de verdad marca la fecha. En la costa mediterránea puede plantarse ya en marzo; en el interior con inviernos duros conviene esperar a abril o mayo. Se planta a un marco de unos treinta o cuarenta centímetros entre plantas, que es lo que ocupa una mata adulta, y en grupos de varios ejemplares, porque su efecto de espigas verticales sólo funciona en masa.

Agradece un sitio con algo de circulación de aire. En rincones cerrados y muy húmedos el follaje se mancha con más facilidad. Como buena parte de su gracia está en la verticalidad, luce mucho delante de arbustos de follaje oscuro o de un seto, que hacen de fondo y destacan el azul.

Riego y sustrato

Prefiere un suelo fértil, fresco y sobre todo bien drenado. No es exigente con el pH y tolera bien los suelos calizos habituales en buena parte de España, pero no perdona el terreno pesado y encharcadizo, que le pudre la raíz en invierno y es la causa más común de que no rebrote al año siguiente donde debería hacerlo. En arcilla compacta conviene plantarla en caballón, en un arriate elevado, o enmendar con arena gruesa y compost.

El riego es medio o escaso una vez arraigada. Los primeros meses tras la plantación necesita agua regular para formar raíz; después resiste bien la sequía moderada y se comporta como planta de bajo consumo. En verano, un riego profundo por semana en suelo y cada dos o tres días en maceta suele bastar. Es preferible regar poco y a fondo que a diario y en superficie, porque así la raíz baja y la planta se independiza del riego. El exceso de agua da mucha hoja, tallos blandos y poca espiga.

Con el abonado hay que ser prudente por el mismo motivo. Un aporte de compost al plantar y algún abono de floración rico en potasio a mitad de verano es suficiente. Cargarla de nitrógeno produce matas grandes, tumbadas y con poca flor.

Poda y mantenimiento de la floración

Cortar las espigas agotadas es lo que mantiene la planta en flor hasta el otoño. Cuando la mayoría de las flores de una espiga han caído, se corta el tallo por encima del primer par de hojas sanas y de esa axila salen brotes nuevos que vuelven a florecer en dos o tres semanas. Si la mata entera empieza a verse desordenada a mediados de verano, un recorte general de un tercio la rejuvenece y provoca una segunda oleada más compacta.

En las zonas donde se conserva de un año para otro, al final del invierno se recorta a pocos centímetros del suelo todo lo seco, antes de que empiece el rebrote de primavera. Es una planta que envejece pronto y se ahueca por el centro: cada dos o tres años conviene renovarla dividiéndola o sustituyéndola por planta nueva.

Multiplicación

Se multiplica bien por semilla, que es como se produce comercialmente. Se siembra a finales de invierno en semillero protegido, con calor suave, y se trasplanta cuando las plántulas tienen varios pares de hojas. También se puede sembrar directamente en su sitio ya en primavera, aunque la floración se retrasa. Las variedades de serie salen bastante uniformes de semilla, cosa poco frecuente entre las plantas de flor de temporada.

Por esqueje es igual de fácil y conserva exactamente la variedad. Se toman esquejes de tallo no florido de unos diez centímetros a finales de primavera o en verano, se les quitan las hojas inferiores y se plantan en una mezcla ligera de turba y perlita, en sombra y con ambiente húmedo. Enraízan en pocas semanas. Es la forma habitual de guardar una planta de la que se quiere mantener el color exacto cuando no se está seguro de que pase el invierno fuera.

La división de mata funciona en las plantas que se han comportado como vivaces, y se hace en primavera al empezar el rebrote.

Plagas y problemas frecuentes

  • Oídio. Es su problema más habitual en final de verano, con polvo blanco en el haz de las hojas. Aparece con noches frescas, días calurosos y mata muy densa. Se previene aclarando y dando espacio entre plantas.
  • Pulgón. En los brotes tiernos y en las espigas jóvenes, sobre todo en primavera y tras un abonado nitrogenado fuerte.
  • Mosca blanca. En cultivo protegido y en balcones cerrados. Se ve al mover la planta, cuando levanta una nube blanca.
  • Babosas y caracoles. Solo en primavera, sobre los brotes que salen del suelo.
  • Podredumbre de raíz. Casi siempre por drenaje malo o por riego de invierno. Es la causa principal de las pérdidas.
  • Tallos tumbados. No es una plaga, sino falta de sol o exceso de abono y agua. Se corrige con la ubicación, no con tutores.

Variedades y usos en el jardín

Las selecciones más extendidas son las de azul intenso y porte compacto, pensadas para arriate y jardinera, y las bicolores en las que el cáliz blanco harinoso contrasta con la corola azul. También existen formas de flor blanca. Al comprar conviene fijarse en la altura anunciada, porque las hay enanas de unos treinta centímetros para maceta y otras que pasan del medio metro y funcionan mejor en la parte media de un arriate.

Su mejor uso es en masa, formando manchas de espigas verticales que rompen la horizontalidad de las plantas de flor bajas. Combina bien con gramíneas ornamentales, con salvias arbustivas de floración larga y con plantas de flor amarilla o naranja, que hacen contraste complementario con el azul. En un jardín de bajo consumo de agua encaja sin desentonar, y en jardinera aguanta el verano en un balcón soleado mejor que casi cualquier otra planta de flor de temporada. Las espigas se sostienen bien cortadas en jarrón y conservan el color al secarse.

En resumen

Salvia farinacea es una planta de sol, suelo drenado y riego contenido que devuelve tres meses largos de espigas azules con muy poco trabajo. Su rasgo propio es la pruina blanca de los cálices, que le da un contraste que se mantiene incluso cuando la corola ha caído. En clima suave dura varios años; donde hiela con fuerza se planta cada primavera.

Los dos errores que la estropean son la sombra y el exceso de agua: la primera la ahíla y la tumba, el segundo le pudre la raíz. Con pleno sol, un suelo que no retenga agua y el corte periódico de las espigas gastadas, florece de junio hasta que llega el frío y de paso mantiene el jardín lleno de abejas.


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