La gaura es una vivaz de tallos finísimos y largos que sostienen, en el extremo, flores de cuatro pétalos desiguales y estambres muy salientes, blancas o rosadas, que oscilan con la más mínima brisa. De lejos parecen mariposas posadas sobre el follaje, y ese efecto de movimiento es lo que la hace distinta de casi cualquier otra planta de arriate. Se llamó durante mucho tiempo Gaura lindheimeri, nombre con el que sigue vendiéndose, y hoy la clasificación correcta es Oenothera lindheimeri, dentro de la familia de las onagráceas.
Su segunda gran virtud es la duración de la floración. En clima español florece de mayo a octubre sin apenas interrupción, y en el litoral suave puede estirarse aún más. A eso se suma que es originaria de zonas cálidas del sur de Estados Unidos, con lo que aguanta el verano mediterráneo mucho mejor que la mayoría de las vivaces de arriate clásico, y que desarrolla una raíz profunda que la hace bastante resistente a la sequía.
Cómo reconocerla
Forma una mata basal de hojas estrechas, lanceoladas, a veces con manchas o tonos rojizos, de la que salen numerosos tallos delgados, ramificados y flexibles. La altura depende mucho de la variedad: la forma original sobrepasa el metro en buenas condiciones, mientras que las selecciones compactas del mercado se quedan entre cuarenta y sesenta centímetros.
Las flores se abren de forma escalonada a lo largo de espigas laxas, de abajo arriba, unas pocas cada día, lo que explica que la planta esté siempre en flor sin llegar nunca a un pico espectacular. Cada flor dura poco, pero son tantas y tan seguidas que la impresión es de floración continua. El color va del blanco puro al rosa intenso, con muchas variedades que abren blancas y van tomando color rosado al envejecer.
Bajo tierra desarrolla una raíz pivotante profunda, un detalle que condiciona todo el manejo: le da resistencia a la sequía, pero hace que los ejemplares establecidos no se trasplanten bien y que la división de mata sea complicada.
Dónde y cómo plantarla
Pleno sol o semisombra. Con sol pleno da más flor y mata más firme; en semisombra se estira y tiende a tumbarse, aunque en el sur peninsular una sombra ligera en las horas centrales del verano no le viene mal.
El sustrato ha de ser normal y bien drenado. No necesita riqueza: en suelo fértil y muy regado crece desmesuradamente, produce tallos largos y blandos y acaba caída. Lo que de verdad la mata no es el frío ni el calor, sino el suelo húmedo y pesado en invierno. Con la planta en reposo y la raíz encharcada, se pudre y no rebrota. En terrenos arcillosos hay que plantarla en alto, sobre un caballón o en una zona elevada del arriate, y mezclar arena gruesa y grava en el hoyo.
Es rústica al frío, y la ficha la sitúa como apta para temperaturas bajas, medias y altas, lo que la hace utilizable en casi toda España. En zonas frías pierde toda la parte aérea en invierno y rebrota en primavera; en el litoral mediterráneo se comporta como semiperenne y conserva parte del follaje.
La plantación se hace en primavera, o en otoño en climas suaves, con las plantas a unos cuarenta o cincuenta centímetros. Conviene plantarla joven, en contenedor pequeño, porque arraiga mucho mejor que un ejemplar grande con la raíz ya formada.
Riego y sustrato
El riego es moderado y se concentra en el primer año, mientras la raíz profundiza. A partir de la segunda temporada es una planta de riego escaso: en clima mediterráneo aguanta con riegos ocasionales de verano, y regarla en exceso solo consigue que crezca más de la cuenta y florezca peor.
No conviene abonar mucho. Un aporte ligero de compost a finales del invierno es suficiente para todo el año. Los abonos ricos en nitrógeno producen follaje abundante, tallos débiles y una mata que se desmorona con la primera tormenta de verano.
Poda
Tiene dos intervenciones al año y ambas son sencillas. La primera es un recorte a mitad de temporada: cuando la mata se ve desmadejada, con muchos tallos agotados y las espigas mustias, se corta a la mitad, se riega y se abona ligeramente. Rebrota en pocas semanas y vuelve a florecer con más orden hasta el otoño. Ese corte también rebaja la altura y evita que se tumbe.
La segunda es el corte a ras a finales del invierno, antes de que asome el brote nuevo, para eliminar todos los tallos secos del año anterior. En zonas de invierno frío conviene no adelantarlo demasiado, porque el follaje viejo protege la cepa.
Fuera de esto no requiere retirar flores marchitas una a una: caen solas y la planta sigue produciendo.
Multiplicación
La vía más práctica para el aficionado es el esqueje de brote basal, tomado en primavera cuando los brotes nuevos miden diez o quince centímetros. Enraízan bien en sustrato ligero, en sombra y con humedad constante, y es la única manera de reproducir fielmente los cultivares de color y porte seleccionados.
La semilla funciona en la especie tipo, que además se resiembra por su cuenta en jardines de clima suave, dando plántulas espontáneas alrededor de la mata. Los cultivares comerciales no reproducen sus características por semilla, así que sembrar tiene poco sentido si se busca un color concreto.
La división es posible pero poco fiable, precisamente por esa raíz pivotante que no se deja partir sin daño. Si se intenta, se hace en primavera y con matas jóvenes.
Duración y renovación
Conviene saber que no es una vivaz longeva. Lo habitual es que dé lo mejor de sí durante tres o cuatro años y luego empiece a decaer, con menos tallos y menos flor, hasta perderse. No es un fallo de cultivo, es su naturaleza.
La forma de tenerla siempre en el jardín es renovar la plantación de forma escalonada: cada dos años, hacer unos cuantos esquejes basales o dejar prosperar algunas plántulas espontáneas, de manera que haya siempre ejemplares jóvenes entrando en producción cuando los viejos se retiran.
Plagas y problemas frecuentes
Tiene pocos enemigos. En primavera pueden aparecer pulgón en los brotes tiernos y babosas en el rebrote. En veranos húmedos o en plantaciones apretadas y poco ventiladas se ve oídio, y ocasionalmente roya sobre las hojas bajas.
Los problemas más frecuentes, sin embargo, son de manejo: una mata caída y abierta por exceso de riego, de abono o de sombra, y ejemplares que no rebrotan en primavera por haber pasado el invierno con la raíz en suelo encharcado. Corregir el drenaje y reducir riego y abono resuelve casi todo.
Usos en el jardín
Es una planta de arriate naturalista. Su textura ligera y aérea la hace ideal para mezclar con gramíneas ornamentales, salvias, perovskias, nepetas, achileas y equináceas, en composiciones de aire de pradera que se mueven con el viento. Colocada delante de plantas de follaje denso, la gaura aporta un velo de flores que suaviza el conjunto.
Funciona muy bien en jardín seco y en zonas de bajo riego, donde su resistencia a la sequía y su larguísima floración compensan de sobra su vida corta. Las variedades compactas son excelentes en maceta y jardinera grande, siempre con sustrato drenante, y las de porte alto se usan al fondo del arriate o repartidas en grupo para dar movimiento.
Es también buena planta para polinizadores, con visita constante de abejas durante toda la temporada de floración.
Variedades
El mercado ofrece formas de flor blanca, de flor rosada en distintas intensidades y bicolores, además de selecciones con el follaje teñido de rojo o con márgenes claros. La distinción práctica al comprar es el porte: las variedades compactas son más fáciles de manejar, no se tumban y encajan en jardines pequeños y en maceta, mientras que las de porte alto tienen mucha más presencia y ese aire ingrávido característico de la especie, pero necesitan espacio y sol pleno para no venirse abajo.
En resumen
La Oenothera lindheimeri, la gaura de toda la vida, es una vivaz de sol que florece de mayo a octubre con flores blancas o rosadas sostenidas por tallos finos y flexibles, en un efecto de mariposas en movimiento que pocas plantas consiguen. Resiste bien el verano mediterráneo, tolera la sequía una vez asentada y no exige suelos ricos.
Su punto crítico es el drenaje invernal, porque lo que la mata es el agua estancada con la planta en reposo. Con un recorte a la mitad cuando decae en verano, un corte a ras a finales del invierno y una renovación por esqueje cada pocos años, se mantiene en el jardín indefinidamente.