La Lunaria annua se cultiva por dos motivos distintos y separados en el tiempo. En primavera da racimos de flores de cuatro pétalos, en morado violáceo o en blanco, ligeramente perfumadas, que iluminan las zonas de media sombra del jardín. Y a partir del verano deja lo que de verdad la ha hecho famosa: unos frutos planos y redondos que, al secarse, pierden las dos caras exteriores y dejan una lámina plateada, translúcida, del tamaño de una moneda grande, que se sostiene en la planta durante meses.
De ahí vienen casi todos sus nombres populares en España y fuera de ella: monedas del Papa, monedas de Judas, hierba de la plata, planta del dinero. Pertenece a la familia de las crucíferas, la misma de las coles y del aliso marítimo, y es originaria del sureste de Europa, aunque lleva tanto tiempo cultivada en el continente que se ha naturalizado en muchas zonas frescas y umbrías.
Una bienal, pese al nombre
El epíteto annua despista, porque la planta no es anual sino bienal, y entender su ciclo es la clave de todo lo demás. El primer año, a partir de la semilla, forma una roseta de hojas grandes y acorazonadas a ras de suelo, y no florece. Pasa el invierno así. El segundo año levanta el tallo floral, florece en primavera, madura los frutos en verano y muere.
Eso significa que quien la planta esperando flor inmediata se lleva un chasco el primer año, y que quien quiera tenerla en flor todos los años debe sembrar dos temporadas seguidas para solapar generaciones. En la práctica, una vez instalada resuelve ese problema por su cuenta: siembra tanta semilla que siempre hay rosetas jóvenes por debajo de las plantas en flor y el ciclo se mantiene solo.
Cómo reconocerla
En su segundo año forma un tallo erguido y ramificado que alcanza sin dificultad entre sesenta y noventa centímetros de altura. Las hojas son grandes, con forma de corazón, de borde marcadamente dentado y superficie áspera al tacto, de un verde medio. Las inferiores tienen peciolo largo y las superiores se sientan casi directamente sobre el tallo.
Las flores nacen en racimos terminales, tienen cuatro pétalos en cruz y miden alrededor de dos centímetros. El color habitual es un morado con matices violeta o magenta; la variedad de flor blanca es igual de común en jardinería, y existe una forma con las hojas variegadas de blanco en los márgenes, que resulta llamativa incluso sin flor.
El fruto es una silícula: una cápsula aplanada, de contorno casi circular, que empieza verde y va secándose hasta quedar de color paja. Al frotarla con los dedos se desprenden las dos valvas exteriores y las semillas, y queda el tabique interior, un disco fino, nacarado y translúcido que refleja la luz. Ese es el motivo por el que la planta se cultiva para ramos secos.
Dónde y cómo plantarla
Admite sol o semisombra, pero en España la posición que mejor le va, sobre todo del centro hacia el sur, es la media sombra fresca: bajo la copa de árboles caducos, junto a un seto, en el lado este de un muro. Ahí recibe sol en la primera parte del día y se libra del calor extremo, que es lo que peor lleva. En el norte y en zonas de montaña tolera bien exposiciones más abiertas.
Prefiere un suelo fresco, con materia orgánica y bien drenado. Los suelos secos y muy pobres le acortan el ciclo y producen plantas raquíticas con pocos frutos. Tolera la cal sin problema.
Se planta o se siembra en grupo, mezclada con otras plantas, porque una mata suelta no luce y además, al morir después de fructificar, deja un hueco. Su sitio natural es el jardín de aire silvestre o el borde de una zona arbolada, no un macizo formal.
Riego y sustrato
El riego es moderado. Necesita humedad regular desde el rebrote de primavera hasta la floración, y en esa fase la sequía adelanta el fin del ciclo y reduce mucho la cantidad y el tamaño de las monedas. Una vez formados los frutos, deja de necesitar agua y, de hecho, conviene que el ambiente sea seco para que las silículas maduren bien.
El acolchado con materia orgánica es especialmente útil con esta planta, porque mantiene la frescura del suelo y favorece la germinación de la semilla que cae al pie. No requiere abonado si el suelo tiene un mínimo de fertilidad.
Recolección de las monedas
El momento de cortar los tallos para secarlos es cuando las silículas han pasado del verde al color paja pero todavía no se han abierto. Si se espera demasiado, el viento y la lluvia las desprenden y se pierden. Se cortan los tallos enteros, se atan en manojos y se cuelgan boca abajo en un lugar seco, ventilado y a la sombra.
Cuando están completamente secos se frotan las cápsulas suavemente entre los dedos: se caen las dos capas exteriores con las semillas y queda el disco plateado. Conviene guardar esas semillas, porque son la siembra del año siguiente. Los tallos así preparados duran años en un jarrón sin agua.
Multiplicación
Solo por semilla, y es de las más fáciles de manejar: es grande, plana y se siembra sin dificultad a mano. La época adecuada es desde finales de primavera hasta el verano, para que la planta forme la roseta durante el otoño, pase el invierno y florezca en la primavera siguiente.
Se puede sembrar directamente en su sitio definitivo, apenas cubierta, o en semillero y trasplantar las plántulas jóvenes con cuidado, porque desarrolla una raíz principal larga que no tolera bien el trasplante tardío. Cuanto más pequeña se trasplante, mejor.
Una advertencia sobre el color: la Lunaria annua se cruza con facilidad, así que las semillas recogidas de una planta blanca pueden dar descendientes morados y al revés. Para mantener un color puro hay que separar las plantas o comprar semilla seleccionada.
Plagas y problemas frecuentes
Como buena crucífera, comparte plagas con las coles. La pulguilla perfora las hojas de las plantas jóvenes en primavera, y las orugas de las mariposas blancas pueden defoliarlas. Las babosas y caracoles se ceban con las rosetas del primer año, sobre todo en otoño e invierno húmedos, y son el motivo más habitual de que una siembra no llegue a la floración.
En cuanto a enfermedades, aparecen oídio y manchas foliares en ambientes húmedos y con poca ventilación, especialmente al final del ciclo, cuando la planta ya se está retirando. Como en ese momento el interés está en los frutos y no en la hoja, rara vez merece la pena intervenir.
Usos en el jardín
Encaja en el jardín naturalista, en la orla de una zona arbolada y en los macizos de aire informal, donde la floración de primavera llega antes que la de las vivaces de verano. Combina bien con bulbos de primavera, aguileñas, dedaleras, helechos y hostas, plantas que comparten su preferencia por la sombra fresca y que además cubren el hueco cuando la lunaria se retira.
Su otro uso es como planta para flor seca. Pocas plantas de jardín dan un material tan duradero y tan reconocible, y basta un rincón discreto para tener cada año manojos suficientes.
Es también buena planta para polinizadores en primavera temprana, cuando la oferta de néctar todavía es escasa, y sirve de planta nutricia para las orugas de algunas mariposas blancas, que en un jardín naturalista es un argumento a favor y no en contra.
Variedades
Además de la forma típica de flor morada, se cultivan una variedad de flor blanca y otra que suma a esa flor blanca un follaje con variegaciones claras en los bordes de las hojas, muy vistoso durante todo el ciclo. Existe también una especie próxima, la Lunaria rediviva, que es vivaz en lugar de bienal y que produce frutos alargados y puntiagudos en vez de redondos.
En resumen
La Lunaria annua es una bienal de media sombra que florece en primavera, con racimos morados o blancos, y que después deja los discos plateados y translúcidos por los que se la conoce como monedas del Papa. Quiere suelo fresco y drenado, riego moderado durante el crecimiento y protección del calor fuerte del verano.
Su ciclo de dos años obliga a pensar con antelación: se siembra en verano, forma roseta el primer año y florece el segundo. Una vez instalada se resiembra sola y se mantiene en el jardín sin intervención, con la única cautela de que los colores se cruzan libremente y la descendencia no reproduce siempre el color de la planta madre.