El aliso marítimo, Lobularia maritima, que durante mucho tiempo se llamó Alyssum maritimum y que aún se vende con ese nombre, es una planta baja y tapizante de la familia de las crucíferas que se cubre de racimos densos de florecillas de cuatro pétalos, casi siempre blancas, con un perfume claro a miel. Es planta autóctona: crece de forma espontánea en las costas mediterráneas, también en las españolas, en arenales, roquedos litorales y bordes de camino.
Ese origen explica lo que la hace útil en el jardín. Aguanta suelos pobres, arenosos y calizos, tolera la salinidad de la brisa marina, resiste la sequía razonablemente bien y florece durante meses sin apenas cuidados. Además es una de las plantas que más insectos beneficiosos atrae, empezando por las abejas y siguiendo por los sírfidos, cuyas larvas se comen los pulgones, motivo por el cual se planta con frecuencia en los bordes del huerto.
Cómo reconocerla
Forma matas bajas y extendidas, de diez a veinte centímetros de altura y algo más de anchura, con tallos finos muy ramificados que se apoyan en el suelo y se levantan en las puntas. Las hojas son pequeñas, estrechas, lanceoladas, de un verde grisáceo, cubiertas de una pelusilla fina que le da un aspecto algo mate.
Las flores son minúsculas, con los cuatro pétalos en cruz típicos de las crucíferas, y se agrupan en racimos compactos y redondeados en el extremo de cada tallo. Cuando la planta está en pleno, esos racimos se solapan y forman una superficie continua, como una nevada, que es lo que le ha dado en inglés el nombre de alfombra de nieve. La forma silvestre y la mayoría de los cultivares son blancos, pero hay variedades en lila, malva, rosa y púrpura.
El olor a miel es una de las señas más fiables para identificarla: se percibe a varios metros cuando hay una mata grande al sol y no lo tiene ninguna otra tapizante de flor blanca parecida.
Anual o perenne
Se vende como planta de temporada, pero su comportamiento real depende de la zona. En el litoral mediterráneo y en Canarias vive varios años, se comporta como una vivaz de vida corta y florece prácticamente todo el año, con un parón en lo más duro del verano y otro en las semanas más frías. Ahí encaja el icono de hoja perenne de la ficha.
En el interior peninsular, con heladas fuertes, la planta se pierde en invierno, pero deja tal cantidad de semilla que en primavera brota sola alrededor del sitio donde estaba. En la práctica es una planta que se instala en el jardín y se queda, aunque no sean los mismos individuos.
Dónde y cómo plantarla
Quiere pleno sol. En sombra se estira, florece flojo y se estropea con la humedad. Le vale cualquier suelo mientras drene: arenoso, pedregoso, pobre, calizo. En suelos ricos y muy regados crece más y florece menos, así que no conviene mimarla en exceso.
La plantación se hace en primavera, o en otoño en las zonas de invierno suave, que es lo más acertado en la costa mediterránea, porque así se aprovechan las lluvias y la planta llega con volumen a la floración de primavera. Se colocan las plantas a unos veinte o veinticinco centímetros, contando con que cada mata cierre ese hueco.
Va muy bien en los sitios de suelo escaso: juntas de un pavimento, huecos de un muro de piedra seca, rocalla, borde de un camino de grava, arriates estrechos junto a la fachada. Y funciona en maceta y jardinera, donde suele acompañar a plantas más altas cubriendo el borde y colgando ligeramente.
Riego y sustrato
Riego moderado, sin excesos. Es una planta adaptada al clima mediterráneo que soporta rachas secas, aunque en periodos de sequía prolongada deja de florecer y se marchita parcialmente. El punto correcto es regar cuando la capa superior del suelo se ha secado, de forma espaciada pero suficiente, y aumentar la frecuencia solo en maceta y en pleno verano.
El encharcamiento le sienta francamente mal y produce podredumbre de cuello, sobre todo en invierno y en suelos pesados. En terreno arcilloso conviene plantarla algo elevada o mezclar arena y grava.
No necesita abonado en suelo de jardín. En maceta, un aporte ligero de abono de flor una vez al mes mantiene la planta activa sin volverla exuberante.
Poda
Tiene una operación de mantenimiento que cambia por completo el resultado: el recorte tras la primera floración. Cuando la mata empieza a verse marrón por las flores pasadas y a formar semilla, se recorta un tercio o la mitad con tijera de setos, se riega y se abona ligeramente. En dos o tres semanas rebrota limpia y vuelve a florecer, y ese ciclo se puede repetir varias veces a lo largo de la temporada.
Sin ese recorte, la planta gasta su energía en madurar semillas, se afea, se abre por el centro y deja de florecer. En clima suave, un recorte a finales de verano prepara una buena floración de otoño e invierno.
Multiplicación
Por semilla es tan sencillo que en la práctica casi no hay que hacer nada. La siembra directa a voleo sobre el terreno preparado, en primavera o a comienzos de otoño, apenas cubierta con una capa fina de tierra o arena, da germinación en una o dos semanas con temperatura suave. Desde la siembra a la flor pasan alrededor de seis a ocho semanas, un plazo muy corto que permite escalonar siembras.
La planta se resiembra sola con generosidad. En un jardín mediterráneo aparecen plántulas espontáneas en las grietas del pavimento, en la grava y en los bordes de arriate, y basta con arrancar las que estorben y dejar las que caigan bien. Si se quiere evitar esa siembra, hay que recortar antes de que las silículas maduren.
Los cultivares híbridos de floración muy larga que se venden en vivero suelen ser estériles o poco fértiles, y se multiplican por esqueje en lugar de por semilla.
Plagas y problemas frecuentes
Al ser una crucífera comparte enemigos con las coles. La pulguilla, un pequeño escarabajo saltador, agujerea las hojas en primavera y verano, sobre todo en plantas jóvenes y con sequía. Las orugas de mariposas de la familia pueden comerse el follaje, y el pulgón aparece en los brotes tiernos, aunque en esta planta se controla casi solo por la fauna auxiliar que ella misma atrae.
En condiciones de humedad y poca ventilación aparecen oídio y mildiu, y en suelo encharcado, podredumbres de raíz. Casi todos los problemas se corrigen dando más sol, más aire y menos agua.
Usos en el jardín
Es una planta de borde y de relleno. Sirve para rematar el frente de un arriate, para cubrir el suelo entre plantas de más porte, para tapizar una rocalla o un talud seco y para colonizar las juntas de un pavimento de piedra. En jardines de costa aguanta la brisa salina donde otras plantas de temporada no aguantan.
En maceta y jardinera hace de acompañante clásico de plantas de flor más altas, cubriendo el sustrato y colgando por el borde. Y en el huerto se planta al final de las líneas o en los bordes de los bancales como planta de servicio, para atraer sírfidos, abejas y otros insectos útiles.
Variedades
Hay cultivares seleccionados por su porte muy compacto, que forman cojines apretados de pocos centímetros, y otros más extendidos pensados para cubrir superficie. La gama de color incluye, además del blanco clásico, tonos lila, malva, rosa y púrpura, así como mezclas. Las series modernas de floración prolongada se han seleccionado sobre todo por aguantar mejor el calor del verano y por no detener la floración al formar semilla, que es la limitación de las variedades tradicionales.
En resumen
El aliso marítimo es una planta autóctona del litoral mediterráneo, tapizante, de flor menuda y muy perfumada, que crece en cualquier suelo drenado a pleno sol y tolera la cal, la sequía moderada y la salinidad. Florece durante meses y en la costa puede hacerlo casi todo el año.
Su mantenimiento se reduce a regar sin excesos y recortarla cuando decae la floración, lo que la rejuvenece y le da una segunda oleada. Se siembra sola con facilidad, así que una vez introducida en un jardín mediterráneo tiende a quedarse, y de paso mantiene ocupados a los polinizadores y a los insectos que controlan el pulgón.