Temperatura media y alta
Sombra ligera o sol
Suelo fértil, fresco, bien drenado
Riego abundante
Hoja caduca
Flor: abril-octubre
Semillas

La Lobelia erinus es una planta de temporada originaria del sur de África, de la familia de las campanuláceas, que se cultiva por un azul que casi ninguna otra flor de jardinera consigue: un azul cobalto o ultramar, intenso y frío, a veces con el centro blanco o amarillento. Las flores son diminutas, de apenas un centímetro, con dos labios muy desiguales, pero salen en tal cantidad que la mata desaparece bajo ellas.

Su otra virtud es el porte. Según el cultivar, forma cojines compactos de quince o veinte centímetros, perfectos para borde de macizo, o bien tallos finos y colgantes que caen medio metro por el borde de una cesta. Es una de las plantas de acompañamiento más recurridas en composiciones de temporada, precisamente porque llena huecos, aporta un color que escasea y no compite en altura con nada.

Cómo reconocerla

Es una mata baja y muy ramificada, de tallos finísimos y algo frágiles, con hojas pequeñas, alternas, de borde dentado, verde claro o con reflejos bronceados en algunos cultivares. Nunca llega a ser una planta voluminosa: su presencia depende de la floración, no del follaje.

La flor es la seña de identidad. Tiene dos labios claramente distintos, uno superior partido en dos lóbulos estrechos y otro inferior más ancho, dividido en tres, que actúa como plataforma de aterrizaje para los insectos. Aunque el azul es el color por el que se conoce la especie, existen cultivares blancos, rosados, malvas, violetas y de un azul casi eléctrico. Al terminar la floración quedan pequeñas cápsulas con semillas muy finas, casi de polvo.

En España se comporta como planta anual de temporada. En origen es una vivaz de vida corta, pero aquí el ciclo se cierra con el verano en el interior y con las heladas en el resto, así que se compra en primavera y se retira en otoño.

Dónde y cómo plantarla

La ficha señala sombra ligera o sol, y esa doble opción se resuelve según la zona. En el norte, en el clima atlántico y en general donde el verano es fresco, la lobelia aguanta el sol de todo el día y florece más. En el interior peninsular, en el Levante y en el sur, el sol de las horas centrales de julio y agosto la frena en seco: deja de florecer, amarillea y se seca por dentro. En esas zonas hay que plantarla con sol de mañana y sombra desde el mediodía, o directamente en sombra luminosa.

El calor extremo es su límite real, más que el frío. Es habitual que una jardinera espléndida en mayo y junio se venga abajo en la ola de calor de julio, y que en septiembre, con las noches frescas, rebrote y vuelva a florecer hasta octubre. Contar con ese bache y no dar la planta por perdida es parte del cultivo.

Se planta después de las últimas heladas, en grupos apretados. Al ser una mata pequeña, un ejemplar suelto pasa desapercibido; el efecto se consigue con varias plantas juntas, a unos veinte centímetros, que cierren en una alfombra. En jardinera y cesta se colocan hacia el borde, con plantas de más porte en el centro.

Riego y sustrato

El sustrato debe ser fértil, fresco y bien drenado. En maceta funciona una mezcla estándar de plantas de flor con algo de compost, y conviene evitar los recipientes muy pequeños, donde el sustrato se seca en cuestión de horas.

El riego abundante que indica la ficha es literal y es el punto crítico del cultivo. La lobelia no perdona la sequía: no se marchita y se recupera como hacen otras plantas, sino que se seca de forma irreversible en las partes afectadas. En verano, en balcón soleado, hay que regar a diario, y en cesta colgante expuesta al viento, a veces dos veces al día. Lo que se busca es un sustrato siempre ligeramente húmedo, nunca encharcado y nunca seco del todo.

Con floración continua durante meses, agota rápido el sustrato. Un abono líquido para plantas de flor cada diez o quince días mantiene el ritmo. Si se abusa del nitrógeno, la planta hace tallo y hoja y florece menos.

Poda

El recorte de mitad de temporada es lo que separa una lobelia lucida de una lobelia agotada. Cuando la primera oleada de flor decae y la mata empieza a verse deshilachada, con los tallos largos y pelados por la base, se recorta a la mitad, se abona y se riega bien. En dos o tres semanas rebrota y produce una segunda floración que puede llegar hasta octubre. En zonas de verano duro, ese corte se hace justo antes o durante el calor fuerte, aprovechando que la planta ya está parada.

No hace falta retirar flores marchitas una a una: son demasiado pequeñas y caen solas. Basta con el recorte general.

Multiplicación

Se multiplica por semilla, y conviene saber que es una semilla muy fina, casi polvo. Se siembra a finales de invierno en bandeja, bajo cubierto y con calor, sobre un sustrato ligero previamente humedecido, sin cubrirla con tierra, porque necesita luz para germinar. Se mantiene la humedad con pulverizador o regando por abajo, ya que un riego directo desde arriba arrastra las semillas.

Las plántulas son diminutas y crecen despacio al principio, así que en lugar de repicarlas una a una se suelen trasplantar en pequeños grupos de cuatro o cinco, que después se plantan juntos y forman una mata más densa. Desde la siembra hasta la planta lista para el exterior pasan unos tres meses, de modo que sembrando en febrero se tienen plantas para mayo.

Los cultivares colgantes de las series comerciales también se multiplican por esqueje de tallo en primavera o verano, que enraíza sin dificultad en sustrato ligero y sombra, y es la única forma de mantener fielmente una variedad concreta.

Plagas y problemas frecuentes

El pulgón se instala en los brotes tiernos, sobre todo en primavera. La araña roja aparece con calor seco y falta de humedad ambiental, que es exactamente la situación de un balcón sur en agosto, y deja el follaje mate y punteado. Las babosas y caracoles pueden acabar con las plantas jóvenes recién puestas en el macizo.

Entre las enfermedades, el oídio aparece como polvillo blanco en plantas apretadas y mal ventiladas, y la botritis pudre el interior de la mata cuando se riega por encima en tiempo húmedo. La mayoría de los fracasos, sin embargo, no son sanitarios: son un sustrato que se secó una tarde, un recipiente demasiado pequeño o una exposición al sol de mediodía que la planta no puede sostener.

Usos en el jardín

Su lugar natural son las cestas colgantes y jardineras, donde los cultivares de porte caído forman cortinas de flor azul o blanca. Combina especialmente bien con plantas de temporada de color cálido, porque el azul realza los amarillos y naranjas, y con blancos y plateados si se busca un efecto más fresco.

En suelo se usa como borde de macizo y como relleno bajo rosales o arbustos de poco follaje, siempre que el riego llegue con regularidad. También funciona en maceta a la entrada de una casa o en un patio, sola o en composición.

Los cultivares blancos y los de azul pálido resultan útiles en zonas de media sombra, donde iluminan más que los azules oscuros, que en sombra profunda se apagan y pierden efecto.

Precaución

El género Lobelia contiene alcaloides y varias de sus especies figuran como tóxicas por ingestión. No es una planta para consumir de ninguna forma, y conviene tenerlo en cuenta si hay niños pequeños o animales que muerdan las plantas de las jardineras.

En resumen

La Lobelia erinus aporta al jardín de temporada un azul intenso difícil de conseguir con otras plantas y una floración que puede ir de abril a octubre. Es pequeña, compacta o colgante según el cultivar, y su papel es acompañar y rellenar en jardineras, cestas y bordes de macizo.

Todo su cultivo se resume en tres cosas: sustrato fértil y fresco, riego abundante sin fallar un solo día en verano y sombra en las horas centrales allí donde el verano aprieta. Un recorte a la mitad cuando decae la primera floración, acompañado de abonado y riego, le devuelve el impulso y estira el color hasta el otoño.


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