La cola de león, Leonotis leonurus, es un subarbusto sudafricano de la familia de las labiadas que florece en naranja encendido desde el verano hasta bien entrado el otoño. Sus flores tubulares, cubiertas de un vello corto que las hace parecer de terciopelo, no se agrupan en una espiga continua sino en anillos densos repartidos a lo largo del tallo, con tramos desnudos entre uno y otro. Ese perfil de pisos superpuestos, coronado por un ramillete final, es lo que la vuelve inconfundible a distancia.
En un jardín mediterráneo aporta algo escaso: color potente en la segunda mitad del verano, cuando la mayor parte de las plantas de flor ya han pasado su momento, y sin exigir riegos frecuentes. Es planta de pleno sol, de crecimiento rápido, que en pocos meses levanta una mata alta y abierta. Su otro atractivo son los pájaros e insectos que atrae: en su Sudáfrica natal la polinizan aves nectarívoras, y aquí es una de las plantas que más abejas y mariposas concentra en agosto.
Cómo reconocerla
El porte es el de un arbusto de base leñosa y ramas herbáceas, erguido y algo desgarbado, que en buenas condiciones supera holgadamente el metro y medio y puede acercarse a los dos metros de altura en la temporada de crecimiento. Los tallos son cuadrangulares, como en todas las labiadas, y bastante rígidos.
Las hojas son opuestas, lanceoladas, estrechas, con el borde aserrado y textura algo áspera. Frotadas entre los dedos desprenden un aroma resinoso y algo amargo, propio de la familia. El color es verde medio, sin brillo, un fondo discreto que hace destacar todavía más el naranja de la flor.
La flor mide unos cinco centímetros, es tubular y curvada, con dos labios y una densa pelusa anaranjada. Los verticilos, que es como se llaman esos anillos de flores, van abriéndose de abajo arriba a lo largo de semanas, de manera que la mata mantiene color durante mucho tiempo. Al terminar la floración quedan los cálices secos y espinosos con las semillas dentro, unos granos pequeños y oscuros.
Dónde y cómo plantarla
Quiere pleno sol, sin discusión. En semisombra crece, pero se estira, se descuelga y florece a medias. Cuanto más sol y más calor de verano, mejor responde, y por eso se comporta especialmente bien en el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Canarias y en las zonas cálidas del Levante y el sur.
El frío es el factor que decide dónde puede quedarse plantada de forma permanente. La ficha la sitúa en zonas 8 a 11 con tolerancia hasta unos diez grados bajo cero, pero conviene matizar cómo se comporta ese aguante: lo que resiste el frío intenso es la cepa, no la parte aérea. Con heladas fuertes la planta pierde toda la vegetación y rebrota desde la base en primavera, que es justamente el motivo de que la ficha describa el follaje como caduco o semicaduco. En clima suave de costa apenas se defolia y mantiene estructura todo el año.
Necesita sitio. Es una planta que ocupa, con ramas largas que se abren hacia fuera, así que conviene darle un espacio de al menos un metro en todas direcciones y no encajarla entre plantas bajas que vaya a tapar. Tampoco es buena candidata para un lugar muy expuesto al viento, porque las varas florales, largas y con peso en la punta, se doblan.
Riego y sustrato
Cualquier sustrato le vale mientras drene. Tolera suelos pobres, arenosos y pedregosos, y también los calizos, algo que en buena parte de España es determinante. Lo que no soporta es el suelo pesado que se encharca en invierno: la combinación de frío y raíces mojadas es la causa más frecuente de que un ejemplar no rebrote en primavera. Si el terreno es arcilloso, lo razonable es plantar en un caballón elevado o mezclar arena gruesa y grava en el hoyo.
El riego debe ser regular pero moderado. Durante el primer año, mientras arraiga, conviene regar con cierta constancia para que desarrolle un sistema radicular profundo. A partir de ahí es una planta bastante resistente a la sequía, que en jardín mediterráneo se conforma con riegos espaciados en verano, uno por semana o menos según el suelo. El exceso de agua produce mucha hoja, tallos blandos y poca flor.
No es exigente en abonado. Un aporte de compost al final del invierno, cuando se poda, basta para toda la temporada. Los abonos ricos en nitrógeno la hacen crecer desmesuradamente y retrasan la floración.
Poda
La poda es el punto donde se juega el aspecto de la planta. Al ser un subarbusto que florece sobre el crecimiento del año, la operación principal es un recorte severo a finales de invierno, antes de que arranque el brote nuevo. Se cortan todos los tallos dejando la mata a un palmo o dos del suelo, o hasta donde se vea madera viva si hubo heladas. Suena drástico y no lo es: en primavera rebrota con fuerza y da tallos nuevos, rectos y bien florecidos.
Sin esa poda, la planta se convierte en poco tiempo en una maraña de ramas viejas, desnudas por abajo, con flor solo en las puntas más altas. Un despunte adicional a comienzos del verano, cuando los brotes llevan unos treinta centímetros, ayuda a que ramifique y a contener la altura, aunque retrasa un poco la floración.
Los tallos florales secos se pueden dejar en otoño e invierno, porque tienen cierto valor decorativo y protegen algo la base del frío, o cortarlos si se quiere evitar que siembre por su cuenta.
Multiplicación
Los esquejes son el método más cómodo. Se toman en primavera o verano, de tallos tiernos o semileñosos, en trozos de unos diez o quince centímetros, y enraízan sin dificultad en un sustrato ligero y húmedo, en sombra y con el ambiente algo cerrado. También se puede recurrir a la división de la mata en primavera, aprovechando el rebrote de la base.
Por semilla también funciona. Las plantas maduras producen semilla viable y en clima cálido germinan solas alrededor de la mata, con lo que aparecen plántulas espontáneas que se pueden trasplantar en primavera. Sembrada en semillero, germina con calor, entre finales de invierno bajo cubierto y comienzos de primavera al exterior.
Plagas y problemas frecuentes
Es una planta sana y con pocos enemigos. Los problemas habituales son la mosca blanca y el pulgón en los brotes tiernos de primavera, sobre todo en plantas muy abonadas y con poco aire, y algún ataque de araña roja en veranos secos con la planta a resguardo del viento.
Los fallos de cultivo son más frecuentes que las plagas: falta de flor por sombra excesiva o exceso de nitrógeno, mata desmadejada por no podar en invierno, y pudrición de raíz por suelo encharcado. Si un ejemplar no rebrota en primavera tras un invierno frío, casi siempre la causa es agua estancada en la base y no la temperatura en sí.
Usos en el jardín
Es una planta de fondo de arriate, de esas que se ponen detrás para dar altura y color en el momento en que el jardín flojea. Funciona muy bien acompañada de otras plantas de sol y poca agua que florezcan a la vez, como salvias arbustivas, perovskia, gauras, verbenas altas y gramíneas ornamentales, cuyo movimiento contrasta con la rigidez de sus varas. El naranja intenso pide compañía en tonos que lo aguanten, como azules y morados, o bien mucho verde y plateado alrededor.
También se cultiva en maceta grande, lo que en zonas de invierno frío permite resguardarla bajo techo. En ese caso hay que contar con riegos más frecuentes y con una poda anual firme, porque en contenedor tiende a estirarse todavía más.
Se emplea igualmente como planta melífera y de atracción de fauna en jardines pensados para polinizadores, donde su floración tardía cubre un hueco importante del calendario.
Variedades
La especie tipo, de flor naranja, es con diferencia la más cultivada. Existen cultivares de flor blanca, comercializados con nombres como Alba, y selecciones de porte más contenido pensadas para maceta y jardín pequeño, que en general resultan algo más sensibles al frío que la forma naranja clásica. En vivero se encuentran también otras especies del género, de aspecto parecido pero con verticilos más globosos y espinosos.
Precaución
En Sudáfrica esta planta recibe el nombre de wild dagga y tiene un largo historial de usos tradicionales que incluyen fumar sus hojas y flores. Aquí se cita solo como dato cultural. No es una planta para consumir, ni en infusión ni de ninguna otra forma, y esta ficha no recoge ningún uso medicinal ni comestible.
En resumen
La Leonotis leonurus es un subarbusto de pleno sol, rápido y agradecido, que resuelve el color del jardín entre junio y octubre con sus anillos de flores naranjas dispuestos en pisos a lo largo del tallo. Quiere suelo drenado, tolera la cal y la sequía una vez arraigada, y agradece riegos moderados y espaciados en lugar de un riego frecuente.
El mantenimiento se reduce a una poda fuerte a finales de invierno, sin la cual la mata se desmadeja y pierde flor, y a vigilar el drenaje, porque el agua estancada en invierno le hace más daño que el frío. Se multiplica con facilidad por esqueje y llega a sembrarse sola en clima cálido, así que conservar y ampliar la plantación no cuesta nada.