Hypericum patulum es un arbusto de origen asiático, de porte medio y ramas arqueadas, que en verano se cubre de flores amarillo dorado de cinco pétalos con un penacho de estambres largos en el centro. Es una de esas plantas que aguantan casi cualquier suelo, no piden agua y florecen sin que nadie se ocupe de ellas, lo que explica su presencia constante en jardines públicos y en setos informales.
Su cultivo tiene un solo punto que hay que conocer, y de él depende que la planta luzca o no: florece en la madera del año, es decir, sobre los brotes que emite en la primavera actual. Eso significa que se poda a fondo al final del invierno, sin miedo, y que dejarla crecer sin poda es la receta para una mata desgarbada con la flor en las puntas altas y el interior lleno de rama vieja.
Cómo reconocerlo
Forma una mata de tallos que salen desde la base y se arquean hacia fuera, con la corteza de los tallos jóvenes de tono rojizo. Las hojas son ovaladas o lanceoladas, opuestas, de un verde algo azulado por el envés, y según el rigor del invierno se caen del todo o se mantienen en parte; de ahí que la ficha lo dé como caduco o semicaduco.
La flor, de varios centímetros de diámetro, tiene cinco pétalos de un amarillo dorado intenso, algo cóncavos, y un ramillete central de estambres finos que le dan un aspecto esponjoso. Aparecen de forma escalonada durante buena parte del verano, primero en la punta de los tallos y luego en las ramificaciones laterales.
Después de la flor se forman cápsulas que al madurar se secan y se abren para soltar la semilla, a menudo tomando tonos rojizos o pardos antes de secarse por completo.
Hay que aclarar una confusión frecuente. El hipérico ornamental no es la hierba de San Juan, Hypericum perforatum, que es una planta herbácea de flor mucho más pequeña y usos completamente distintos. Los hipéricos de jardín no son plantas comestibles ni de uso doméstico: son ornamentales.
Dónde plantarlo
Pleno sol o semisombra. A pleno sol florece con más densidad; en semisombra florece algo menos pero las flores duran más y el follaje se conserva mejor en veranos duros. Esa tolerancia a la media sombra le da mucho juego en el jardín, porque permite usarlo bajo árboles de copa ligera y en orientaciones que no reciben sol todo el día.
El suelo no le preocupa. Prospera en tierras pobres y sueltas, y tolera bien la caliza, que es lo habitual en gran parte de España. Lo que necesita es que drene: en terreno compacto y encharcadizo se pudre por la base. En suelo excesivamente rico produce mucha rama y menos flor.
Aguanta bien el frío moderado del invierno peninsular y también el calor, aunque en veranos muy secos y de sol directo prolongado el follaje se agosta y la floración se acorta. En esas zonas, un riego de apoyo en julio y agosto marca la diferencia.
Riego y sustrato
Riego medio o escaso, y espaciado. Una vez arraigado, que suele ser en la segunda temporada, se defiende solo en la mayor parte de España con lo que llueve más algún riego puntual en el verano. Es una de sus mejores cualidades y la razón por la que se planta tanto en zonas ajardinadas de mantenimiento bajo.
Regarlo demasiado tiene el efecto contrario al buscado: crecimiento blando, ramas largas y flojas y más sensibilidad a las enfermedades foliares. Lo mismo pasa con el abono, que apenas necesita. Un aporte de compost al pie cada primavera es más que suficiente en un suelo pobre.
Un acolchado de corteza o de grava en el pie ayuda a conservar la humedad y a mantener a raya las hierbas competidoras durante los primeros años.
Poda
Esta es la operación que define el resultado. Al final del invierno, antes de que arranque el brote nuevo, se rebajan los tallos con decisión, dejando una estructura baja de la que saldrán los brotes que van a florecer ese mismo verano. El arbusto responde bien a la poda fuerte y rebrota con vigor desde la base.
Cuánto rebajar depende del tamaño que se quiera: una poda severa da matas compactas con flores grandes, y una poda más suave, matas mayores con más flores pero algo más pequeñas. Lo que no funciona es no podar, porque el arbusto acumula madera vieja, se abre por el centro y desplaza la floración a la parte alta.
Cada año conviene además retirar por completo dos o tres de las ramas más viejas, cortándolas a ras de suelo, para forzar la emisión de tallos nuevos desde la base y renovar la mata de forma continua.
Multiplicación
Por esqueje semileñoso a finales de verano es el método más habitual y más fiable: brotes del año ya algo endurecidos, sin la punta tierna, plantados en sustrato arenoso y mantenidos frescos y sombreados. Enraízan sin dificultad.
También funciona el esqueje de madera dura en invierno, con tallos ya lignificados clavados directamente en un rincón resguardado del jardín, y la división de mata en las especies que emiten brotes desde la base o mediante estolones.
La siembra es posible con la especie tipo, sembrando en primavera en semillero de superficie, aunque es lenta y no tiene mucho sentido cuando el esqueje resulta tan sencillo. En los cultivares y los híbridos hay que multiplicar por esqueje si se quiere conservar sus características.
Plagas y problemas frecuentes
La roya del hipérico es su enfermedad característica y el problema más serio del género en jardinería. Se manifiesta como pústulas de color anaranjado o pardo en el envés de las hojas, con manchas amarillentas en el haz, y provoca defoliación prematura. Se ve más en plantaciones densas y en veranos húmedos. La respuesta razonable es aclarar la mata para que ventile, retirar y eliminar las hojas afectadas sin compostarlas, y evitar el riego por aspersión sobre el follaje.
El oídio aparece también en condiciones de humedad y aire quieto, como polvo blanco sobre las hojas. Del resto, poco: algún pulgón sobre los brotes tiernos en primavera y la pudrición de la base en suelos que se encharcan en invierno, que es la causa más común de pérdida de un ejemplar.
Usos en el jardín
Funciona muy bien en seto informal y en masas de arbustos de mantenimiento bajo, donde la floración amarilla del verano cubre un momento en que muchos arbustos ya han terminado. También en taludes y bordes de camino, donde su sistema radicular ayuda a sujetar el terreno.
En macizo mixto combina con lavandas, salvias, perovskias y gramíneas ornamentales, y su amarillo intenso contrasta bien con los azules y morados de esas plantas. Aguanta el ambiente urbano y la contaminación, lo que explica su uso frecuente en medianas y rotondas. En maceta grande se puede tener en terraza, aunque pierde parte de su gracia sin espacio para arquear las ramas.
Variedades y especies próximas
El cultivar más difundido en los viveros es 'Hidcote', de flores grandes y porte compacto, que se vende habitualmente asociado a Hypericum patulum aunque su identidad botánica se considera dudosa y probablemente sea un híbrido. Se cultiva exactamente igual.
Hypericum calycinum es una especie distinta y muy usada en España: rastrera, estolonífera, empleada como tapizante en taludes y bajo arbolado, donde cubre grandes superficies con muy poco cuidado; conviene saber que se extiende con fuerza y puede resultar difícil de contener una vez instalada. Los híbridos del grupo Hypericum x inodorum se cultivan sobre todo por sus frutos de colores rojizos, muy apreciados en floristería para arreglos de otoño.
En resumen
Hypericum patulum es un arbusto de floración amarilla estival, de hoja caduca o semicaduca, que se conforma con suelo pobre y suelto, tolera la caliza, acepta sol o semisombra y necesita poca agua una vez arraigado. Es una de las plantas más resistentes y menos exigentes que se pueden poner en un jardín español de mantenimiento bajo.
Su cuidado se resume en una poda decidida al final del invierno, porque florece sobre los brotes del año, y en la renovación anual de un par de ramas viejas desde la base. Conviene vigilar la roya, que es su enfermedad característica, aclarando la mata y retirando las hojas afectadas, y evitar los suelos encharcadizos, que le pudren el pie.