Temperatura baja, media y alta
Semisombra
Suelo humífero, ligero y bien drenado
Riego regular
Hoja perenne o semiperenne
Flor: verano
Pequeñas cápsulas

Heuchera micrantha es una vivaz de la familia de las saxifragáceas originaria del sotobosque del oeste norteamericano, desde la Columbia Británica hasta California. Forma rosetas densas de hojas lobuladas y redondeadas, sostenidas por peciolos largos, y en verano emite tallos finos y altos rematados por panículas de flores diminutas. Ese detalle está en el propio nombre: micrantha significa flor pequeña.

Y sin embargo casi nadie la planta por la flor. La heuchera se cultiva por el follaje, que en los cultivares seleccionados va del púrpura oscuro casi negro al bronce, al ámbar, al caramelo, al verde lima y al plateado con nervios marcados. Es una de las pocas plantas que aportan color intenso y permanente a la sombra sin depender de que algo esté floreciendo.

Cómo reconocerla

La mata es baja y redondeada, sin tallo aéreo: las hojas nacen todas de una corona compacta a ras de suelo. La lámina es acorazonada o redondeada, con lóbulos poco profundos y el borde ondulado o crespo, y en muchos cultivares tiene una textura algo metálica o aterciopelada, con el envés a menudo de un tono contrastado, purpúreo o rojizo.

Los tallos florales se elevan bastante por encima del follaje y llevan panículas laxas de florecillas acampanadas, blancas, cremosas o rosadas, que en conjunto producen un efecto de nube ligera. Duran semanas y luego dejan pequeñas cápsulas con semilla muy fina.

Aunque las flores sean discretas, resultan muy visitadas por abejas y mariposas, lo que suma en un jardín pensado para polinizadores. Hay quien corta los tallos florales para que la planta concentre su energía en el follaje; es una decisión estética, no una necesidad de cultivo.

Dónde plantarla

Semisombra, y en España conviene entenderlo en sentido estricto. Su origen es el sotobosque, y el sol directo de las horas centrales del verano peninsular le quema las hojas, especialmente en los cultivares de tonos claros, ámbar y lima, que son los más sensibles. Los cultivares de follaje oscuro y purpúreo toleran algo más de luz y de hecho necesitan cierta claridad para desarrollar bien el color, pero tampoco aguantan una solana.

El comportamiento cambia mucho según la zona. En el norte peninsular, en Galicia, en la cornisa cantábrica y en zonas de montaña se cultiva sin dificultad en el jardín. En el interior seco y en el sur, el verano es el cuello de botella: sombra generosa, suelo con acolchado y riego constante, o directamente cultivo en maceta que se pueda cambiar de sitio según la estación.

El frío no le preocupa, aguanta bien el invierno y conserva parte del follaje. Lo que la castiga es la combinación de calor, sol y aire seco.

Riego y sustrato

Suelo humífero, ligero y bien drenado. Es una planta de raíz superficial que agradece un sustrato aireado con abundante materia orgánica y que sufre en tierras compactas y pesadas. Se adapta a distintos tipos de suelo mientras el drenaje sea correcto.

El riego debe ser regular, sin que llegue a secarse el cepellón, y también sin encharcar. La corona de la planta, pegada al suelo y con el follaje sobre ella, es el punto que se pudre cuando hay exceso de humedad; un acolchado de grava o de corteza gruesa, dejando el cuello despejado, previene ese problema.

El abonado ha de ser ligero. Una aportación de compost en primavera basta; con exceso de nitrógeno las hojas crecen grandes y blandas y pierden intensidad de color.

El problema de la corona levantada

Este es el punto que casi nadie explica y que decide la vida útil de una heuchera. Con los años la planta va acumulando un tallo corto y leñoso bajo la roseta, de modo que la corona se levanta poco a poco del suelo y las raíces quedan expuestas. La mata empieza a verse desgarbada, con las hojas solo en el borde exterior, y en invierno el frío daña esa base descubierta.

La solución es sencilla y hay que aplicarla cada tres o cuatro años: levantar la planta en primavera o en otoño, cortar la parte más vieja del tallo si está deteriorada, y replantar más hondo, enterrando la base leñosa hasta que la roseta quede otra vez a nivel del suelo. Es también el momento perfecto para dividir la mata y multiplicarla.

Multiplicación

La división es el método estándar y el único que conserva el color exacto de un cultivar. En primavera o a comienzos de otoño se levanta el cepellón y se separan las coronas con raíces, replantándolas de inmediato en suelo mullido y manteniéndolas frescas hasta que arraiguen.

También se pueden hacer esquejes de roseta: se corta una roseta lateral con un trozo del tallo leñoso, se limpian las hojas inferiores y se planta en sustrato ligero y húmedo, a la sombra.

La siembra funciona con las especies, no con los cultivares. La semilla es finísima y se siembra en superficie sin cubrir, en primavera; la descendencia de un cultivar de follaje coloreado sale variada y casi siempre menos vistosa que la planta madre.

Plagas y problemas frecuentes

El gorgojo negro de la vid es su plaga característica y la más dañina. El adulto hace muescas semicirculares muy reconocibles en el borde de las hojas, pero el daño grave lo causan las larvas, blancas y curvadas, que devoran las raíces bajo tierra. El síntoma es una planta que se marchita sin motivo aparente y que se levanta del suelo sin apenas resistencia porque ya no tiene raíz. Revisar el cepellón al trasplantar y actuar pronto es lo único eficaz a escala doméstica.

El oídio aparece como polvo blanco sobre las hojas en condiciones de humedad y poca ventilación. Los caracoles y las babosas atacan el follaje tierno en primavera, sobre todo en jardines húmedos. Y la pudrición de la corona, ya mencionada, es consecuencia del exceso de agua o de plantar demasiado profundo en suelo pesado.

Usos en el jardín

Es una planta de primera línea de macizo en sombra, y en esa función tiene pocos rivales. Combina especialmente bien con hostas, helechos, eléboros, pulmonarias y farfugium, porque su hoja redondeada y coloreada contrasta con el follaje dividido de unos y con el verde liso de otros.

Se emplea mucho en maceta y en jardinera, sola o mezclada, y es una de las bases habituales de las composiciones de otoño e invierno para terraza, porque mantiene el color cuando ya no hay flores. También funciona como borde de camino en zonas sombreadas y para vestir el pie de arbustos de porte alto.

Variedades

El cultivar histórico de esta especie es 'Palace Purple', de hojas grandes de un bronce purpúreo intenso, que abrió el camino a toda la selección posterior. Hoy el mercado está dominado por híbridos entre varias especies del género, agrupados con frecuencia como Heuchera x hybrida, con una gama de color enorme: púrpuras casi negros, rojos vino, naranjas, ámbares, caramelos, verdes lima y plateados con nervadura oscura. Todos comparten las mismas necesidades de cultivo; los tonos claros exigen algo más de sombra y los oscuros algo más de luz para expresar bien el color.

En resumen

Heuchera micrantha y sus cultivares son vivaces de follaje perenne o semiperenne que se plantan por el color de la hoja más que por la flor. Piden semisombra real, suelo humífero, ligero y bien drenado, y riego regular sin encharcar. En el norte de España se cultivan sin problema; en el interior seco y en el sur necesitan sombra amplia, acolchado y riego constante, o bien maceta.

El cuidado que marca la diferencia es replantar la mata más hondo cada tres o cuatro años, cuando la corona se levanta del suelo y las raíces quedan al aire, aprovechando para dividirla. Y conviene vigilar el gorgojo negro de la vid, cuya larva come las raíces y es la causa más común de que una heuchera aparentemente sana se venga abajo de un día para otro.


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