Temperatura media
Pleno sol
Sustrato rico, bien drenado
Riego regular
Flor: verano

El girasol, Helianthus annuus, es una planta anual de la familia de las compuestas originaria de Norteamérica, donde se cultivaba mucho antes de que llegara a Europa. Lo que se ve como una flor gigantesca es en realidad un capítulo: un disco formado por cientos de flores diminutas y fértiles rodeado por una corona de lígulas amarillas que hacen de reclamo. Cada flor del disco, si es polinizada, da una pipa.

En el jardín es una de las plantas más agradecidas que existen, porque crece de semilla a floración en pocos meses y no exige nada raro: sol, suelo suelto y agua regular. Su fama de seguir al sol tiene matices que conviene aclarar, y su cultivo tiene dos o tres puntos técnicos, el marco de siembra, el tutorado y los pájaros, que separan una plantación lucida de una decepción.

Cómo reconocerlo

El tallo es grueso, erguido, áspero al tacto y cubierto de pelo rígido, y en las variedades altas puede alcanzar varios metros. Las hojas son grandes, acorazonadas, con el borde dentado y la misma aspereza pilosa que el tallo, dispuestas de forma alterna a lo largo del tallo.

El capítulo puede ser único y terminal, como en las variedades clásicas de campo, o múltiple en las variedades ramificadas seleccionadas para flor cortada. Las lígulas exteriores van del amarillo limón al dorado intenso, y en cultivares ornamentales al bronce, al rojo cobrizo y al crema. El disco central madura de fuera hacia dentro, y ahí se ve bien la geometría de espirales entrelazadas que es marca de la casa.

Sobre el heliotropismo: solo las plantas jóvenes siguen al sol. Mientras el capítulo está en formación gira de este a oeste a lo largo del día y vuelve a orientarse de noche. Cuando la flor se abre del todo y empieza a madurar, el tallo se lignifica y la cabeza se queda fija, mirando casi siempre al este. Un campo de girasoles maduros orientados todos en la misma dirección no está siguiendo al sol, está quieto.

Siembra

La siembra directa en el sitio definitivo es lo que mejor funciona, porque el girasol tiene raíz pivotante y el trasplante lo penaliza. Se siembra en primavera, cuando el suelo se ha templado, enterrando la semilla dos o tres centímetros. En el sur peninsular el momento llega antes; en la meseta y en el norte conviene esperar a que pase el riesgo de heladas tardías.

El marco de plantación depende del porte. Las variedades gigantes necesitan bastante espacio entre plantas, mientras que las enanas y las ramificadas para cortar admiten un marco mucho más estrecho. Sembrar apretado es el error más común en el jardín doméstico: las plantas se estiran buscando luz, adelgazan el tallo y acaban tumbadas con el primer viento.

Los pájaros son un problema desde el primer día. Se comen la semilla recién sembrada y luego, al final del ciclo, las pipas del capítulo maduro. Una malla ligera sobre la línea de siembra durante las primeras semanas resuelve la primera mitad del problema; para la segunda, se cubre el capítulo con una bolsa de malla cuando empieza a granar, si se quiere recoger la semilla.

Escalonar las siembras cada dos o tres semanas alarga mucho la temporada de flor, porque cada planta produce durante un tiempo limitado y después se agota.

Riego y sustrato

Sustrato rico y bien drenado, y riego regular. El girasol es una planta grande que construye mucha biomasa en poco tiempo, así que agradece un suelo con materia orgánica y no responde bien a la sequía prolongada, por muy profunda que sea su raíz.

Hay dos momentos críticos en los que no debe faltarle agua: la formación del botón floral y el llenado del grano. Un estrés hídrico en esas fases da capítulos pequeños y pipas vacías. El resto del ciclo tolera mejor los altibajos, y regar en exceso al principio produce plantas altas y blandas.

Un abonado de fondo con compost al preparar el terreno suele bastar. El exceso de nitrógeno alarga el tallo y lo debilita, justo lo contrario de lo que interesa en una planta que tiene que sostener un capítulo pesado.

Tutorado

Las variedades altas, y sobre todo las gigantes, casi siempre necesitan tutor. El capítulo pesa mucho cuando grana y una tormenta de verano con viento puede partir el tallo o volcar la planta entera. Lo práctico es clavar la caña cuando la planta tiene medio metro, no cuando ya está en flor, para no dañar la raíz, y atarla con material blando en dos o tres puntos conforme crece.

Aporcar la base con tierra también ayuda a estabilizarla, ya que el girasol emite raíces adventicias en la parte baja del tallo.

Plagas y problemas frecuentes

El pulgón coloniza los brotes tiernos y el envés de las hojas en primavera, y aunque suele controlarse solo, en plantas jóvenes puede frenar el crecimiento. También sufre ataques de orugas defoliadoras.

Entre las enfermedades, el mildiu afecta a las plantas jóvenes en primaveras húmedas, y la podredumbre blanca causada por Sclerotinia puede pudrir el cuello o el capítulo en condiciones de humedad persistente; la rotación y no repetir girasol en el mismo sitio año tras año es la mejor prevención doméstica. La Botrytis ataca el capítulo maduro en otoños lluviosos.

En España tiene un enemigo muy particular: el jopo, Orobanche cumana, una planta parásita sin clorofila que se engancha a la raíz del girasol y le roba los nutrientes. Es un problema serio en las zonas de cultivo extensivo del sur peninsular, y en el huerto aparece como brotes amarillentos o pardos que emergen del suelo junto al pie de la planta. La única respuesta razonable a escala doméstica es arrancar y destruir esos brotes antes de que semillen, y no volver a sembrar girasol en ese punto.

Recolección de las pipas

Las pipas de girasol son comestibles y recogerlas es parte de la gracia de cultivarlo. El capítulo está listo cuando el reverso ha pasado del verde al amarillo pardo, las brácteas están secas y las semillas se sueltan con facilidad al frotar. Se corta el capítulo con un palmo de tallo y se cuelga boca abajo en un sitio seco y ventilado hasta que las pipas se desprendan solas.

Guardar parte de la semilla para volver a sembrar funciona con las variedades tradicionales, pero no con los híbridos comerciales, cuya descendencia sale desigual y con frecuencia decepcionante. Dejar en pie algún capítulo sin recoger es, por otra parte, una de las mejores aportaciones que se pueden hacer a los pájaros del jardín en otoño.

Usos en el jardín

Como planta de fondo de macizo, pantalla estival o telón para una valla poco agraciada, el girasol resuelve en una sola temporada. Las variedades ramificadas y sin polen son las que se cultivan para flor cortada, porque duran bien en jarrón y no manchan los manteles.

Las enanas y las de flor doble funcionan en maceta grande y en primera línea, y todas ellas son un imán para abejas y otros polinizadores durante semanas. Conviene tener presente que el girasol libera al suelo compuestos que pueden frenar el desarrollo de plantas vecinas, así que no es el mejor compañero inmediato en un bancal apretado de hortalizas.

En resumen

El girasol es una anual de siembra directa que pide pleno sol, suelo rico y bien drenado y riego regular, con especial atención al agua durante la formación del botón y el llenado del grano. Se siembra en primavera, con el suelo ya templado, respetando el marco que pide cada variedad, y las formas altas necesitan tutor desde que levantan medio metro.

Sus problemas habituales son los pájaros al principio y al final del ciclo, el pulgón, las podredumbres en ambientes húmedos y, en el sur de España, el jopo parásito. Escalonar las siembras cada dos o tres semanas mantiene la floración durante todo el verano, y dejar granar algún capítulo alimenta a los pájaros en otoño y proporciona pipas para volver a sembrar si la variedad no es híbrida.


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