Farfugium japonicum es una vivaz de la familia de las compuestas originaria de Japón, Corea y Taiwán que se cultiva sobre todo por sus hojas: grandes, redondeadas y de borde ondulado, gruesas, coriáceas y con un brillo casi encerado que refleja la poca luz que llega a los rincones sombríos donde se planta. Aparece todavía en algunos catálogos con su nombre antiguo, Ligularia tussilaginea.
Es una de las mejores soluciones para dar volumen y textura a la sombra húmeda, un lugar donde el catálogo de plantas se estrecha bastante. Y tiene un extra que la distingue de otras plantas de follaje: en otoño, cuando el jardín se apaga, emite tallos altos rematados por margaritas amarillas que duran semanas, entre septiembre y noviembre.
Cómo reconocerla
Forma una mata basal, sin tallo aparente, con las hojas naciendo directamente desde un rizoma corto sobre peciolos largos y carnosos. La lámina es reniforme o casi circular, de un tamaño considerable, con el borde entero, ondulado o dentado según la variedad, y una superficie lustrosa muy característica. El envés suele ser más pálido y algo peludo en las hojas jóvenes.
Las flores son cabezuelas amarillas de tipo margarita, agrupadas en un ramillete sobre tallos que se elevan bastante por encima del follaje. Después vienen los frutos con vilano, que forman esos pompones plumosos que aguantan un tiempo en pie y que muchos jardineros dejan por su gracia.
La confusión más frecuente es con las ligularias propiamente dichas, que tienen hojas también grandes pero más mates, con las inflorescencias en espiga o en racimo alargado y una floración de verano, no de otoño.
Dónde plantarla
Sombra o sombra parcial, y ese requisito no admite mucha negociación. El sol directo, sobre todo el de mediodía en verano, quema las hojas y deja manchas pardas irreversibles en el tejido. La luz filtrada bajo árboles de copa ligera, el lado norte de un muro o el fondo de un patio son sus sitios naturales.
En España se cultiva con comodidad en la cornisa cantábrica, en Galicia y en zonas litorales de clima suave y aire húmedo, que es donde mejor se ve. En el interior y en el sur necesita un microclima creado a propósito: sombra plena, suelo con acolchado generoso y riego constante, porque el aire seco del verano continental le sienta mal aunque tenga agua en la raíz.
El frío intenso tampoco es lo suyo. Aguanta heladas ligeras, pero en zonas de invierno duro el follaje se deteriora y conviene cultivarla en maceta para poder resguardarla, o plantarla en un rincón protegido con buen acolchado sobre la corona.
Riego y sustrato
Riego regular y sostenido. Es una planta de suelo fresco que no debe llegar a secarse: cuando le falta agua, las hojas se desploman de golpe y, aunque se recupera con un riego, cada episodio deja marcas en el follaje que ya no se van. Al ser hoja perenne, esas marcas se quedan a la vista durante meses.
El sustrato debe ser rico en materia orgánica, fresco y a la vez bien drenado. Esa combinación es la que la hace prosperar: humedad constante sin agua estancada. Un acolchado de compost, hojarasca o corteza mantiene la humedad y alimenta poco a poco.
Agradece la humedad ambiental. En terraza o en interior luminoso sin sol directo, agrupar las macetas y colocarlas sobre una bandeja con grava húmeda mejora mucho su aspecto. El abonado puede ser ligero, con un fertilizante equilibrado en primavera, o simplemente confiar en el aporte de compost.
Plagas y problemas frecuentes
Los caracoles y las babosas son, con diferencia, su mayor problema. Las hojas nuevas, tiernas y en un ambiente húmedo y sombrío, son exactamente lo que buscan, y pueden dejar una planta acribillada en pocas noches. La vigilancia en primavera y tras cada lluvia es la parte más constante del cultivo, y las barreras físicas alrededor de la mata dan buen resultado.
Las quemaduras por sol directo son el segundo problema, y no tienen tratamiento más allá de retirar las hojas dañadas y mover la planta. El tercero es el aire seco, que produce bordes secos y pardos en las hojas.
La pudrición de la corona aparece en suelos que se encharcan en invierno. Con el follaje perenne y la mata pegada al suelo, conviene que el agua no se acumule sobre el centro de la planta. Puede haber también algún ataque de pulgón sobre los tallos florales en otoño, de escasa importancia.
Cultivo en maceta
La maceta es la mejor forma de tenerla en las zonas de España donde el clima no acompaña, porque permite moverla y controlar el sustrato. Conviene un recipiente ancho más que profundo, ya que el rizoma se extiende en horizontal, con buenos agujeros de drenaje y un sustrato de calidad al que se añade compost o mantillo y algo de perlita.
El riego en maceta es más exigente que en suelo: el cepellón se seca antes y la planta lo acusa enseguida. En verano puede necesitar agua a diario en terraza cubierta, y siempre sin sol directo. En invierno se reduce el riego pero no se suspende, porque la hoja perenne sigue transpirando. Un trasplante cada dos o tres años, en primavera, renueva el sustrato y da sitio al rizoma; es el momento natural para dividir la mata.
Multiplicación
La división de mata en primavera es el método habitual y el que conserva los cultivares variegados. Se levanta el cepellón, se separan las porciones de rizoma con sus hojas y sus raíces, y se replantan de inmediato en suelo enriquecido, manteniéndolas a la sombra y bien regadas hasta que arraiguen.
Por semilla también se puede, sembrando en primavera en sustrato fresco, aunque las plantas obtenidas de cultivares variegados no reproducen el moteado ni el jaspeado de la planta madre. Para conservar un 'Aureomaculatum' o un 'Argenteum' hay que dividir.
Usos en el jardín
Su lugar es el jardín de sombra, mezclada con hostas, helechos, heucheras, acantos y aspidistras, donde la textura brillante y la forma redondeada de sus hojas contrastan con el follaje dividido de los helechos y las hojas nervadas de las hostas.
Rinde muy bien en las orillas de estanques y arroyos, en la zona húmeda pero no inundada, y en patios sombríos donde otras plantas se estiran buscando la luz. En maceta grande es una planta de terraza excelente para un rincón sin sol, y su floración otoñal amarilla aporta color en un momento del año en que la sombra queda especialmente apagada.
Variedades
Los cultivares seleccionados son buena parte del interés de esta especie. 'Aureomaculatum' es el más conocido, con las hojas salpicadas de manchas amarillas irregulares que le han valido el apodo de planta leopardo. 'Argenteum' presenta un variegado en crema y blanco por los bordes, muy luminoso en la penumbra. 'Crispatum' tiene los bordes fuertemente rizados y ondulados, con un aspecto casi escultórico, y 'Giganteum' destaca por el tamaño de la lámina. Todos se cultivan igual, aunque los variegados suelen ser algo más delicados y aún menos tolerantes al sol directo que la especie tipo.
En resumen
Farfugium japonicum es una vivaz de hoja perenne, grande y brillante, para sombra o sombra parcial, con floración de margaritas amarillas entre septiembre y noviembre. Necesita suelo rico, fresco y bien drenado, riego regular sin dejar que se seque, y humedad ambiental; el sol directo le quema las hojas y el aire seco le pardea los bordes.
Su enemigo declarado son los caracoles y las babosas, que hay que vigilar desde la primavera. Se multiplica por división de mata en primavera, único método que conserva el moteado de los cultivares variegados. En Galicia, en la cornisa cantábrica y en litorales de clima suave se cultiva sin dificultad; en el interior seco necesita un rincón preparado, o maceta y ubicación resguardada.