Zonas 5-9: soportan hasta -29º
Pleno sol o semisombra
Calizo, bien drenado, de riqueza media
Riego medio o escaso
Follaje caduco
Flor: julio-octubre
Aquenios

Las escabiosas son plantas del género Scabiosa y de un par de géneros muy próximos, Knautia y Lomelosia, que comparten una flor inconfundible: una cabezuela plana o semiesférica en la que los estambres sobresalen como alfileres clavados en un acerico. De ahí su nombre inglés, pincushion flower, y de ahí también la razón por la que gustan tanto a las abejas y a las mariposas, que encuentran en ellas una plataforma cómoda de aterrizaje.

Para el jardín español tienen una ventaja que no es menor: prefieren los suelos calizos, esos que dan problemas a tantas otras vivaces de macizo. Florecen desde el verano hasta bien entrado el otoño, sobre tallos largos y finos que se mueven con el aire, y se conforman con riego moderado. Su punto débil no es el frío, que toleran de sobra, sino el suelo pesado y húmedo en invierno.

Cómo reconocerlas

La cabezuela agrupa muchas flores pequeñas; las del borde son bastante más grandes que las del centro, lo que crea el efecto de una flor única con corona externa. En el disco central, los estambres asoman en un puntillado que da a la flor su textura característica. El color va del lavanda y el azul pálido al rosa, el blanco y el granate casi negro, según la especie y el cultivar.

Los tallos son largos, finos y con pocas hojas, y elevan las flores muy por encima de una roseta basal de hojas más anchas o divididas en lóbulos estrechos, según la especie. Ese contraste entre la mata baja y el vuelo de las flores es lo que hace que las escabiosas den ligereza a un macizo denso.

Distinguir Scabiosa, Knautia y Lomelosia a simple vista no es sencillo, y en jardinería se usan casi indistintamente. Las especies mediterráneas de Lomelosia, como Lomelosia cretica, forman matas más leñosas y en cojín y conservan el follaje; Knautia macedonica, de los Balcanes, da flores de un granate brillante sobre tallos altos y desgarbados, y su follaje es más basto y menos plumoso. Tras la floración quedan aquenios secos que muchos jardineros dejan en pie porque las cabezas maduras siguen siendo decorativas y las comen los pájaros.

Dónde plantarlas

Pleno sol es lo ideal, sobre todo en el norte peninsular y en climas de verano suave. En el interior y en el sur, donde el sol de julio castiga, agradecen una sombra ligera en las horas centrales, que alarga la duración de cada flor sin reducir apreciablemente la cantidad.

El suelo debe ser suelto, con drenaje franco y de riqueza media. La cal no solo la toleran, la prefieren: un terreno alcalino les va mejor que uno ácido, lo que convierte a las escabiosas en una de las pocas vivaces de floración larga que se pueden plantar sin reparos en los suelos calizos que dominan buena parte de España. En tierras muy ácidas conviene enmendar con una aportación de caliza molida.

Aguantan un frío considerable y se comportan como vivaces de invierno pleno en zonas de montaña y de meseta. Lo que las mata en esas zonas no suele ser la helada, sino la combinación de frío y suelo empapado, que pudre la corona. Plantar en un montículo o en un talud resuelve el problema donde el terreno es arcilloso.

Riego y sustrato

Riego medio o escaso, y espaciado. Una vez arraigadas soportan bien la sequía estival, aunque la floración se resiente si la sequía es total y prolongada. En verano mediterráneo, un riego profundo cada semana o cada diez días mantiene la producción de flores hasta octubre.

Lo importante es que el agua no se quede. La corona de la planta, ese punto donde nacen los tallos, es lo primero que se pudre en suelo húmedo. Un acolchado de grava o de arena gruesa alrededor del cuello, en lugar de acolchado orgánico, ayuda mucho en jardines de suelo pesado.

El abonado ha de ser discreto. Con demasiado nitrógeno las escabiosas producen follaje blando y tallos que se doblan bajo el peso de las flores. Una aportación ligera de compost bien hecho en primavera es todo lo que necesitan en un suelo de riqueza media.

Poda y mantenimiento

Retirar las flores marchitas es el gesto que más rinde. Cortando el tallo entero por debajo, la planta responde emitiendo tallos nuevos y la floración se alarga semanas. Si se dejan todas las cabezas granando, la mata deja de producir y se echa a descansar antes de tiempo.

En invierno, con el follaje caduco ya seco, se limpia la mata a ras de suelo. Muchos jardineros retrasan esa limpieza hasta el final del invierno para dejar la estructura seca en pie durante la estación fría, tanto por el aspecto como porque proporciona semilla y refugio a la fauna.

Las escabiosas se agotan con los años y tienden a abrirse por el centro. Dividir la mata cada tres años en primavera, descartando la parte vieja del centro y replantando los trozos jóvenes de la periferia, mantiene la plantación en forma y multiplica los ejemplares al mismo tiempo.

Multiplicación

La división de mata en primavera es el método más fiable para conservar un cultivar concreto. Se levanta el cepellón, se separa a mano o con una pala y se replanta enseguida, sin dejar que las raíces se sequen.

La siembra funciona bien en las especies, no en los cultivares seleccionados, cuya descendencia sale variada. Se siembra en primavera en semillero o directamente al sitio; Scabiosa atropurpurea, de flores granate oscuro y muy usada como flor cortada, se cultiva casi siempre desde semilla como anual o bienal y a menudo se resiembra sola en el jardín.

Plagas y problemas frecuentes

El problema número uno es la pudrición de la corona por exceso de humedad, especialmente en invierno. No se corrige una vez avanzada, así que la prevención pasa por el drenaje y por no acolchar con material orgánico junto al cuello.

El oídio aparece en veranos húmedos o en plantas apretadas y sin ventilación, como polvo blanco sobre las hojas. Aclarar la plantación y evitar el riego por aspersión sobre el follaje suele bastar. En primavera puede haber pulgón en los tallos florales tiernos y, en jardines de suelo húmedo, ataques de caracoles y babosas sobre los brotes nuevos.

Usos en el jardín

Su sitio natural es el macizo de vivaces al estilo de pradera, mezcladas con gramíneas ornamentales, salvias, equináceas, aquileas y nepetas. Los tallos largos y las cabezuelas ligeras rompen la masa compacta de las plantas de porte más denso y dan movimiento al conjunto.

Son también una flor cortada de primer orden, con buena duración en jarrón, sobre todo Scabiosa caucasica y Scabiosa atropurpurea. Y son plantas de referencia en jardines pensados para polinizadores: la floración larga, de julio a octubre, cubre justo el tramo del año en el que muchas otras plantas ya han terminado y las abejas siguen necesitando alimento.

Variedades

De Scabiosa columbaria proceden los cultivares compactos de floración muy prolongada que dominan los viveros, con flores en tonos lavanda y rosa sobre matas bajas, perfectos para primera línea de macizo y para maceta. Scabiosa caucasica aporta las flores más grandes, de un azul lavanda pálido o blancas, sobre tallos altos, y es la preferida para cortar. Scabiosa atropurpurea, mediterránea, da el granate casi negro. Entre los géneros vecinos, Knautia macedonica aporta el rojo vinoso y una silueta más suelta y silvestre, y Lomelosia cretica, matas perennes en cojín con flores lavanda desde la primavera.

En resumen

Las escabiosas son vivaces de floración larga, de julio a octubre, muy resistentes al frío, que piden sol, drenaje y suelo de riqueza media, y que a diferencia de otras muchas plantas de macizo agradecen la caliza. Con riego moderado y retirada frecuente de las flores pasadas producen sin interrupción durante meses.

El error que hay que evitar es el suelo encharcado en invierno, que pudre la corona, y el exceso de abono, que da tallos blandos y tumbados. Una división cada tres años mantiene la mata joven, y la mezcla de Scabiosa, Knautia y Lomelosia permite tener flor de tonos que van del azul lavanda al granate oscuro sobre la misma estructura ligera de tallos altos.


Contenidos relacionados