Zonas 9-11: soportan hasta -7º
Sombra parcial, sol
Bien drenado, de riqueza media o pobre
Riego escaso o medio
Follaje perenne
Floración: primavera y verano
Bayas azules

Las dianelas son matas de hojas acintadas y perennes, con aspecto de gramínea grande, que en primavera y verano levantan por encima del follaje unas panículas muy aireadas de flores pequeñas y estrelladas, azules o violetas, con los estambres amarillos muy visibles en el centro. Después llega lo que de verdad las distingue: bayas de un azul intenso, casi metálico, que permanecen semanas en la planta.

El género Dianella agrupa vivaces rizomatosas originarias de Australia, Tasmania, Nueva Zelanda y varias islas del Pacífico y del sureste asiático, y su nombre es un diminutivo de Diana, la diosa romana de la caza. En jardinería se venden como lirio de lino o lino australiano, y su papel es claro: cubrir superficies con una planta estructural, de hoja todo el año, que apenas pide riego una vez asentada.

Cómo se reconocen

Forman matas densas de hojas largas, planas y acintadas, que salen de la base plegadas en dos y ligeramente arqueadas hacia fuera, dando a la planta una silueta de abanico o de fuente. Según la especie y el cultivar, la mata queda entre los cuarenta centímetros y el metro de altura, con una anchura parecida. El color de la hoja va del verde vivo al verde azulado o glauco, y hay cultivares variegados con franjas crema o amarillas.

Se extienden lentamente por rizoma, ensanchando la mata sin llegar a ser invasoras, que es exactamente lo que se busca en una plantación masiva.

La flor es pequeña, de seis piezas estrelladas, azul o violeta pálido, colgante, dispuesta en ramilletes ligeros muy por encima del follaje. Dura poco individualmente, pero la floración se prolonga por sucesión durante primavera y verano. Las bayas que la siguen son el verdadero espectáculo, con ese azul cobalto poco frecuente en el reino vegetal.

Las especies que se cultivan

La Dianella tasmanica, nativa de Tasmania, es una de las más resistentes al frío y de las más usadas en jardinería, con hojas acintadas de bastante longitud y cultivares seleccionados por su tamaño y su variegado.

La Dianella caerulea forma matas azuladas que pueden alcanzar cerca del metro de altura y de diámetro, y es la más extendida en jardinería pública por su regularidad.

La Dianella revoluta comparte ese tono azulado y se distingue por las anteras oscuras de sus flores; tiene varios cultivares de hoja más ancha que la especie tipo. Es de las más resistentes a la sequía y, a la vez, se adapta a suelos húmedos.

La Dianella brevicaulis es más pequeña, de matas verdes y aspecto suave, y procede de zonas costeras y arenosas del sur de Australia, lo que la hace interesante para jardines de litoral.

Dónde plantarlas

Admiten sombra parcial y sol, y esa flexibilidad es una de sus mejores bazas: la misma planta sirve para un macizo soleado y para el pie de un grupo de árboles. A pleno sol del interior seco, sin embargo, el follaje puede deslucirse en agosto, así que en esas zonas conviene la sombra ligera de la tarde. Los cultivares variegados suelen preferir algo de sombra, porque las partes claras de la hoja se queman antes.

La ficha las sitúa en zonas 9 a 11, con tolerancia a heladas ligeras del orden de siete grados bajo cero. Es decir, son plantas para el litoral mediterráneo, el sur peninsular, Baleares y Canarias, y para el interior de inviernos suaves. En zonas de heladas fuertes o prolongadas se pierden, o hay que cultivarlas en maceta y guardarlas.

Aguantan bien el ambiente marino, el viento y el suelo calizo, y toleran la contaminación urbana, razón por la que aparecen tanto en medianas, glorietas y jardines de comunidad.

Suelo y riego

Quieren un suelo bien drenado, de riqueza media o pobre. No necesitan tierra fértil ni abonado regular, y en suelo muy rico crecen más blandas y menos compactas.

El riego es escaso o medio. Durante el primer año, tras la plantación, conviene regar con cierta regularidad para que el rizoma se establezca. A partir de ahí, riegos espaciados en verano son suficientes, y algunas especies aguantan periodos secos considerables. En maceta, dejar secar la capa superficial entre riegos.

Un acolchado orgánico o de grava mantiene el suelo fresco y evita hierbas entre las matas mientras la plantación se cierra.

Mantenimiento

Son plantas de mantenimiento muy bajo, y ese es su principal argumento. El trabajo del año se reduce a limpiar las hojas viejas y secas de la base, tirando de ellas o cortándolas, y a retirar los tallos florales una vez pasadas las bayas.

Cuando una mata se ve deslucida tras un invierno duro o un verano seco, admite un recorte fuerte a unos diez o quince centímetros del suelo a la salida del invierno; rebrota desde el rizoma y en pocas semanas está de nuevo completa. Es preferible ese rejuvenecimiento puntual a un recorte anual sistemático, que no necesitan.

No hace falta abonar salvo en macetas, donde un aporte ligero en primavera basta.

Multiplicación

Lo habitual y lo más práctico es la división de mata, a finales de invierno o en primavera. Se levanta la planta, se separa el rizoma en porciones con raíces y varios abanicos de hojas, y se replantan directamente. Es rápido y da plantas idénticas, cosa importante si se trata de un cultivar variegado.

La siembra de las semillas contenidas en las bayas es posible, limpiando bien la pulpa y sembrando en primavera con calor, pero la germinación puede ser lenta y desigual, y los cultivares no salen fieles.

Problemas frecuentes

Tienen pocos enemigos. Lo que se ve más a menudo es puntas de hoja secas o pardas, casi siempre por sequía prolongada, sol excesivo en verano o exceso de sales en el agua de riego, y manchas foliares de origen fúngico en plantaciones muy densas y húmedas, que se corrigen aclarando y limpiando las hojas viejas.

El encharcamiento pudre el rizoma, sobre todo en invierno, y es el error más grave que se puede cometer con ellas. También pueden aparecer cochinillas entre las bases de las hojas en plantas muy apretadas y poco limpiadas, y caracoles sobre los rebrotes tiernos.

Las bayas: no se comen

Las bayas azules son ornamentales, no un fruto de consumo. La información sobre su comestibilidad es contradictoria, varía según la especie y hay constituyentes tóxicos descritos en el género, así que la única recomendación sensata es no ingerirlas y evitar que lo hagan niños pequeños, que se sienten atraídos por su color.

Los pájaros sí las consumen y son los que dispersan la semilla, lo que explica que aparezcan plántulas espontáneas cerca de una plantación establecida.

Usos en el jardín

Su punto fuerte es la plantación en masa: grandes superficies cubiertas con una sola especie, en jardinería pública, taludes, medianas, aparcamientos y jardines de comunidad, donde interesa hoja todo el año, poco riego y casi ningún mantenimiento.

En jardín particular funcionan como planta estructural en macizos de estilo contemporáneo, como sustituto del césped en zonas de paso escaso, en bordura junto a caminos, bajo árboles de sombra ligera y en maceta grande de terraza. Combinan bien con gramíneas ornamentales, con agapantos, con dietes y con arbustos mediterráneos de hoja gris.

En resumen

Las dianelas son vivaces de hoja perenne acintada, resistentes, de bajo consumo de agua y muy poco mantenimiento, que aportan flor azul estrellada en primavera y verano y bayas de un azul intenso después. Aceptan sol y sombra parcial, suelo pobre y bien drenado, y riego escaso una vez arraigadas.

Su límite es el frío: por debajo de las heladas ligeras hay que protegerlas o cultivarlas en maceta. Se multiplican dividiendo la mata, se rejuvenecen con un recorte a ras cuando se deslucen, y sus bayas, por vistosas que sean, no deben comerse.


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