La carrasquilla azul es una mata rastrera y siempre verde que produce el azul más puro que se puede tener en un jardín, un azul de genciana con reflejos violáceos que se repite en cientos de flores pequeñas desde marzo hasta bien entrado el verano. Su nombre científico actual es Glandora diffusa, aunque durante décadas se ha vendido, y se sigue vendiendo, como Lithodora diffusa.
Es planta ibérica. Crece de forma espontánea en el noroeste peninsular, en brezales y sotobosques de robledales, castañares y hayedos, sobre suelos ácidos y pobres, y esa procedencia explica su exigencia más importante y la razón por la que fracasa en tantos jardines: no soporta la cal.
Glandora, Lithodora y la especie hermana
La revisión del grupo separó de Lithodora a varias especies que hoy forman el género Glandora, dentro de la familia de las boragináceas, la misma de las borrajas y los nomeolvides. Las etiquetas de vivero van con retraso, así que la misma planta aparece con los dos nombres.
Muy cerca está la Glandora prostrata, tan parecida que algunas autoridades las tratan como sinónimos y que solo se separa con seguridad por la posición de estambres y estigma dentro del tubo de la corola. Las dos crecen silvestres en la Península: la diffusa en los montes de León y la cordillera Cantábrica, y la prostrata en matorrales, pinares, alcornocales y taludes rocosos repartidos entre el norte y el sur, además del oeste de Francia y el noroeste de Marruecos. Para el jardinero da igual cuál compre: el cultivo es el mismo.
Cómo reconocerla
Forma una alfombra baja y densa, de veinte a treinta centímetros de alto y bastante más de ancho, con tallos tendidos, algo leñosos en la base, que se enraízan por sí solos allí donde tocan tierra húmeda.
La hoja es pequeña, estrecha, de un verde oscuro mate, con el margen revuelto hacia abajo y cubierta de pelos ásperos que le dan tacto rasposo, un rasgo muy propio de las boragináceas. El follaje es perenne, así que la mata cubre el suelo también en invierno.
La flor es un embudo estrellado de un centímetro escaso, de un azul intenso que a veces vira a violeta o a un tono más claro al abrirse. Se agrupan en los extremos de los tallos y se suceden desde marzo hasta septiembre, con el grueso de la floración en primavera. El fruto son núculas, esos frutitos secos y duros que la familia produce de cuatro en cuatro y en los que va la semilla.
El suelo: aquí se gana o se pierde
Es una planta calcífuga. Necesita un suelo ácido, humífero, fresco y con buen drenaje, del tipo que se encuentra bajo un brezal o un castañar. En un suelo calizo, que es lo normal en buena parte del centro, el este y el sur de España, el hierro queda bloqueado y la planta entra en clorosis: la hoja amarillea entre los nervios, deja de crecer y termina muriendo. No es una cuestión de riego ni de abono, y regarla más solo acelera el final.
Las opciones reales son tres:
- Plantar en suelo ácido de verdad, si el jardín lo tiene, mezclando materia orgánica bien descompuesta y arena para asegurar el drenaje.
- Cultivarla en maceta con sustrato para plantas acidófilas, el mismo que se usa para camelias, azaleas y rododendros. Es la salida práctica en la mayoría de los jardines españoles.
- Regar con agua de lluvia o descalcificada. El agua del grifo de buena parte del país es dura y, a base de riegos, va alcalinizando el sustrato aunque este fuera ácido al principio.
Un acolchado de corteza de pino o de acículas ayuda a mantener el pH bajo, conserva humedad y le da a la mata el ambiente fresco de raíz que busca.
Luz, frío y exposición
Quiere mucha luz pero fuera del sol directo de las horas fuertes. La sombra ligera de un árbol de copa abierta, o la exposición a levante donde reciba sol de mañana, es lo ideal. A pleno sol del verano mediterráneo se quema la hoja y la planta se agota; en sombra densa florece poco.
El frío no es su problema. Corresponde a las zonas 7 a 10, con resistencia a heladas fuertes, del orden de los quince grados bajo cero según la fuente de esta ficha, lo que encaja con su hábitat de montaña en el noroeste peninsular. Lo que sí acusa es la combinación de calor y sequedad: es planta de clima atlántico, y cuanto más al sur y más seco el verano, más cuidado hay que poner en la exposición y en el riego.
Riego
Riego moderado y regular, con el objetivo de mantener el sustrato fresco sin llegar a encharcarlo. Ni sequía prolongada, que le seca las puntas y le quema la hoja, ni pie de agua, que le pudre el cuello.
En maceta conviene comprobar la humedad con el dedo antes de cada riego y vaciar el plato. Y siempre que se pueda, agua de lluvia: es el detalle que más se nota a medio plazo en esta planta.
Poda y multiplicación
Un recorte ligero al terminar la floración principal, en verano, mantiene la mata compacta y evita que se quede desnuda por el centro. No conviene cortar sobre madera vieja y sin hojas, porque rebrota mal desde ahí.
Para multiplicarla, el esqueje semileñoso tomado en verano es el método habitual: trozos de ocho a diez centímetros, sin flor, en mezcla ácida y arenosa, a la sombra y con ambiente húmedo. Enraízan despacio, así que hay que tener paciencia.
El acodo es todavía más fácil y aprovecha su tendencia natural: se sujeta un tallo contra el sustrato y, pasadas unas semanas, se separa ya enraizado. La semilla germina de forma irregular y es la vía menos práctica.
Problemas frecuentes
Casi todo lo que le pasa a esta planta viene del suelo y del agua, no de los insectos. Los tres cuadros que se repiten son:
- Hoja amarilla con los nervios verdes: clorosis por exceso de cal en el suelo o en el agua de riego. Se corrige cambiando el sustrato o el agua, y de forma paliativa con quelato de hierro.
- Mata que se seca de golpe en verano: casi siempre sol directo excesivo unido a falta de agua, o pudrición de raíz por el motivo contrario.
- Centro pelado y flores escasas: falta de recorte tras la floración, o demasiados años sin renovar la planta.
Puede recibir la visita de pulgón en primavera y de caracoles y babosas sobre los brotes nuevos, pero rara vez pasa de ahí.
Usos en el jardín y variedades
Su sitio natural en el jardín es la rocalla, el borde de un talud, la coronación de un muro bajo o el pie de arbustos acidófilos, donde comparte suelo y riego con camelias, azaleas, rododendros, brezos y hortensias. Cae bien sobre la piedra y cubre el suelo sin llegar a ser invasora.
En maceta y jardinera funciona muy bien, con la ventaja de que ahí se controla el sustrato. Es también una buena planta para jardines de montaña y del norte húmedo, donde encuentra sin esfuerzo las condiciones que en el sur hay que fabricar.
Entre los cultivares, los más extendidos se han seleccionado por el color de la flor, desde el azul cielo hasta el azul intenso casi eléctrico, y algunos por su porte más compacto o por el follaje variegado. Todos comparten la misma exigencia de suelo ácido, así que ninguno resuelve el problema de la cal.
En resumen
La carrasquilla azul, Glandora diffusa para la botánica actual y Lithodora diffusa en casi todas las etiquetas, es una tapizante perenne ibérica que da uno de los azules más intensos del jardín entre marzo y septiembre. Quiere mucha luz sin sol directo abrasador, frescor en la raíz, riego moderado y un recorte anual después de florecer, y aguanta el frío sin dificultad.
Todo lo demás es secundario frente a una condición: el suelo tiene que ser ácido, y el agua de riego, blanda. Donde el terreno es calizo, la única forma sensata de tenerla es en maceta con sustrato de acidófilas y agua de lluvia. Con eso resuelto, es una planta longeva, sencilla y con pocos problemas.