Campanilla azul es el nombre con el que se venden en España varias plantas del género Convolvulus, todas ellas de flor en embudo, abierta como una copa poco profunda, que dura un solo día y se sustituye por otra a la mañana siguiente. La que responde a la ficha de esta página, de follaje perenne y floración larga entre la primavera y octubre, es la Convolvulus sabatius, también catalogada como Convolvulus mauritanicus, una vivaz rastrera de flores azul lavanda originaria del Mediterráneo, del noroeste de Italia y el norte de África.
Lo que la distingue es la combinación de tres cosas poco frecuentes juntas: florece durante media docena de meses seguidos, se conforma con suelo pobre y seco, y cae en cascada sobre un muro o el borde de una jardinera sin necesidad de sujeción ni de poda constante. En el jardín mediterráneo cumple el papel de tapizante florida donde otras plantas de flor no aguantarían el verano.
Cuidado con el nombre
Conviene saber a qué planta se está comprando, porque "campanilla" designa cosas muy distintas. Dentro del género Convolvulus conviven una tapizante de jardín, una anual de semillero, un arbusto plateado y una mala hierba tenaz, y fuera de él el mismo nombre se aplica a trepadoras del género Ipomoea, que no tienen nada que ver en cultivo ni en comportamiento.
El criterio útil en el vivero es el porte: si la planta es una mata rastrera de tallos finos que cuelgan del tiesto, con flor azul lavanda y hoja pequeña y perenne, es una Convolvulus sabatius o un cultivar suyo, y todo lo que sigue le aplica.
Cómo reconocerla
Es una vivaz de base algo leñosa y tallos delgados, tendidos, que se extienden en horizontal formando una alfombra de veinte a treinta centímetros de alto y bastante más de ancho. No trepa ni se enrosca, cosa que la separa de inmediato de las campanillas volubles.
La hoja es pequeña, ovalada o casi redondeada, de un verde grisáceo apagado, con pelos cortos que le dan tacto suave. Se mantiene perenne en clima suave, aunque en inviernos fríos puede quedar deslucida o perder parte del follaje.
La flor es lo que la vende: embudos de tres a cuatro centímetros, de un azul lavanda limpio con la garganta más pálida, repartidos por toda la mata desde abril o mayo hasta octubre. Abren con el sol y se cierran al caer la tarde y en los días nublados, que es la costumbre de toda la familia de las convolvuláceas. El fruto es una cápsula pequeña con las semillas dentro, sin interés ornamental.
Dónde plantarla
Necesita pleno sol. En sombra florece poco, se alarga y pierde el aspecto compacto que la hace útil. Es planta de la franja templada del país: prospera sin problema en todo el litoral mediterráneo, el sur peninsular, Baleares y Canarias, y también en el interior con inviernos moderados.
La ficha la sitúa en las zonas 8 a 11, con tolerancia a heladas de hasta doce grados bajo cero. Ese dato hay que entenderlo como frío puntual y en suelo seco, no como resistencia a semanas de helada continuada o a un invierno húmedo y frío a la vez. En la meseta y en zonas de montaña la solución práctica es cultivarla en maceta, arrimada a un muro protegido, o darla por planta de temporada larga y renovarla.
Aguanta muy bien el ambiente marino, el viento y la reverberación de un muro caliente, y le sienta bien el suelo calizo, algo que en la mitad este del país resuelve muchos problemas.
Suelo y riego
Le vale cualquier suelo, incluso arenoso y pobre, mientras drene bien. Esa es la condición que no negocia. En terrenos compactos y húmedos en invierno se pudre por el cuello, y no hay abono ni tratamiento que lo compense.
El riego es moderado y, una vez asentada, escaso. En jardín, riegos espaciados en verano bastan para mantener la floración; dejar que se seque un poco entre riegos favorece la flor y evita que la mata se ponga blanda. En maceta hay que ser algo más constante, porque el sustrato de un tiesto colgante se seca en horas con calor fuerte, pero sin llegar nunca a mantener el cepellón empapado.
El abonado sobra casi siempre. Un aporte ligero al empezar la primavera es suficiente en tiesto; en suelo de jardín, con un poco de compost cada año se cubren sus necesidades. Cuanto más nitrógeno, más hoja y menos flor.
Poda y mantenimiento
Es planta de mantenimiento bajo, pero con los años los tallos se alargan y se quedan pelados por la base. Un recorte a finales de invierno o a principios de primavera, rebajando la mata y quitando lo seco, la obliga a rebrotar desde abajo y devuelve la densidad.
Durante la temporada, un tijeretazo ligero después del primer golpe de floración provoca una segunda tanda de flores más abundante. No hace falta quitar flor por flor: la mata se limpia sola.
La duración de una planta ronda los pocos años. En vez de intentar recuperar un ejemplar viejo y desnudo por dentro, sale mejor sustituirlo por otro sacado de esqueje.
Multiplicación
Por esqueje es lo más sencillo. Se toman en primavera o a finales de verano trozos de tallo de unos ocho o diez centímetros, sin flores, y se plantan en sustrato arenoso, a la sombra y con humedad moderada. Enraízan bien.
También se puede acodar sin esfuerzo: basta con sujetar contra la tierra un tallo tendido y esperar a que emita raíces en un nudo, cosa que a veces hace ella sola. Después se separa y se trasplanta.
La siembra es posible con las semillas de las cápsulas, en primavera y con el suelo ya templado, aunque los cultivares seleccionados no se reproducen fieles por semilla.
Plagas y problemas frecuentes
El fallo más habitual es de cultivo, no de plaga: exceso de agua o suelo que no drena. Se manifiesta con tallos que se ennegrecen en la base y una mata que se marchita entera sin recuperarse. La única prevención es plantar en terreno suelto o levantar el nivel con arena y grava.
Entre los animales, el pulgón acude a los brotes tiernos de primavera, la araña roja aparece en veranos secos y calurosos, sobre todo en balcones cerrados, y la mosca blanca puede instalarse en plantas de terraza. En cultivo al aire libre y con planta bien regada rara vez pasan de ser una molestia pasajera.
Los caracoles y babosas se ceban con los rebrotes tiernos después de la poda de invierno, que es el único momento delicado del año.
Usos en el jardín
Su mejor uso es colgando: en jardinera de balcón, en cesta, sobre el borde de un muro de piedra, en un talud o cubriendo el pie de un macetón grande. También funciona como tapizante en rocalla, entre losas de un camino y en jardín de grava, junto a plantas de la misma cultura como lavandas, santolinas, tomillos y salvias arbustivas.
Al florecer sin interrupción de primavera a otoño resuelve el hueco de color del verano en el jardín seco, cuando la mayoría de las vivaces mediterráneas ya han pasado. Sus flores atraen abejas durante meses.
Las otras campanillas del género
La Convolvulus tricolor es una anual de porte bajo, de la región mediterránea, frecuente de forma espontánea en el sur peninsular y en Baleares, en bordes de cultivo y terrenos removidos. Sus flores tienen tres franjas concéntricas, azul añil por fuera, un anillo blanco y el centro amarillo, y existen cultivares rosados y blancos. Se siembra en primavera, florece en verano y muere al terminar la temporada.
La Convolvulus cneorum es un arbusto compacto de hoja plateada y sedosa y flores blancas con el botón rosado, muy resistente a la sequía y una de las mejores plantas para jardín seco de todo el género.
Y está la Convolvulus arvensis, la corregüela, vivaz de rizomas profundos y flores blancas o rosadas, que en huertos y jardines se comporta como mala hierba difícil de erradicar. No se planta nunca a propósito, y si aparece conviene arrancarla pronto, porque cualquier fragmento de raíz que quede rebrota.
En resumen
La campanilla azul de jardín, Convolvulus sabatius, es una vivaz rastrera de flor azul lavanda que trabaja de abril a octubre sin apenas mantenimiento: sol directo, suelo suelto que drene, riegos moderados y un recorte anual a la salida del invierno. Su punto débil no es el calor ni la sequía, sino el suelo encharcado y el frío prolongado.
Es una elección acertada para jardineras, muros, rocallas y jardines de bajo consumo de agua del litoral y el sur. Y conviene comprobar siempre qué campanilla se lleva uno a casa: dentro del mismo género hay una tapizante, una anual de semilla, un arbusto plateado y una mala hierba, y cada una pide un trato distinto.