El aster de Nueva Inglaterra es la vivaz que salva el jardín en septiembre. Cuando casi todo lo demás ha pasado, levanta matas de más de un metro cubiertas de flores en cabezuela, con lígulas violetas, moradas o rosadas alrededor de un disco central amarillo, y las mantiene hasta que llegan las heladas. Es originario del este de Norteamérica, de praderas húmedas y márgenes de camino, y se cultiva en Europa desde hace más de tres siglos.
Botánicamente ya no es un Aster. La revisión del género dejó a los asteres americanos fuera, y hoy su nombre correcto es Symphyotrichum novae-angliae, aunque en viveros y catálogos siga apareciendo como Aster novae-angliae. Es la misma planta, y conviene conocer los dos nombres para no comprar dos veces lo mismo.
Cómo reconocerlo
Forma matas erguidas y densas, de tallos rígidos, algo ásperos y peludos, que ramifican en la parte alta. La altura habitual está entre uno y metro y medio en la especie tipo, y hay cultivares seleccionados por quedarse claramente más bajos.
La hoja es lanceolada, sin peciolo, y abraza el tallo con dos pequeñas orejuelas en la base. Ese detalle es la manera fiable de distinguirlo de su pariente más vendido, el Symphyotrichum novi-belgii o aster de Nueva York, que tiene la hoja más lisa, glabra, y los tallos menos ásperos. El de Nueva Inglaterra, además, resiste bastante mejor el oídio.
La floración va de finales de agosto a octubre, con la mata cubierta de capítulos de dos a cuatro centímetros. Cada capítulo reúne muchas flores liguladas de color en el exterior y flores tubulares amarillas en el centro, como corresponde a la familia de las compuestas. Después se forman los aquenios, semillas provistas de un vilano de pelos que el viento reparte.
Dónde plantarlo
Quiere sol o semisombra. A pleno sol florece con más densidad y los tallos se sostienen mejor; en sombra ligera aguanta bien, pero se estira y acaba tumbándose. Lo que no tolera es la sombra profunda.
En España da su mejor versión en la mitad norte: cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo, sistema Ibérico y en general cualquier sitio con verano no demasiado tórrido y suelo que no se seque del todo. Es una planta de clima templado y fresco, muy resistente al frío invernal, que pierde la parte aérea en invierno y rebrota de la cepa en primavera.
En el interior seco y en el litoral mediterráneo cálido se puede cultivar, pero hay que asumir que el verano es su peor momento: la hoja baja se seca, la mata se para y necesita riego de apoyo. Ahí conviene plantarlo donde reciba sombra en las horas centrales de julio y agosto, y acolchar el pie para conservar humedad.
Suelo y riego
Pide suelo fértil y bien drenado, más bien fresco, con materia orgánica. No es una planta de secano: viene de praderas que se humedecen y agradece un aporte regular de agua durante la temporada de crecimiento.
El riego medio y constante es la clave del resultado. La sequía en pleno crecimiento se paga con hoja seca por abajo, floración corta y mayor sensibilidad al oídio. El encharcamiento invernal, en cambio, pudre la cepa, así que el drenaje sigue importando aunque la planta quiera humedad.
Un acolchado de compost o de corteza en primavera resuelve las dos cosas a la vez: mantiene la humedad y modera la temperatura del suelo. Un aporte de compost al arrancar la temporada suele bastar como abonado; el exceso de nitrógeno produce tallos blandos que se doblan con la primera tormenta de septiembre.
Mantener la mata en pie
El defecto clásico de esta planta es que se abre por el centro y se tumba justo cuando va a florecer. Hay tres formas de evitarlo, y todas funcionan mejor que atarla a destiempo.
- Despuntar en mayo o principios de junio. Cortar entre un tercio y la mitad de la altura retrasa un poco la floración, reduce el porte y multiplica el número de ramas floridas. Es la técnica que en el mundo anglosajón se conoce como el corte de Chelsea, y en esta planta da un resultado excelente.
- Dividir cada dos o tres años. La mata envejece por el centro, que se queda leñoso y desnudo mientras los brotes vigorosos salen del borde. Dividir en primavera devuelve densidad y vigor.
- Tutorar con ramas o aros colocados en primavera, cuando la planta todavía es baja, para que crezca a través del soporte y lo tape.
En otoño, después de las heladas, se cortan los tallos secos a ras. Quien quiera dejar las cabezuelas en pie durante parte del invierno lo puede hacer: aportan estructura al jardín en frío y las semillas atraen pájaros.
Multiplicación
La división de mata es el método natural y el más recomendable. Se hace a la salida del invierno o a principios de primavera, se descarta la parte central envejecida y se replantan las porciones exteriores, cada una con raíces y varios brotes.
También enraíza con facilidad por esqueje de brote tierno en primavera, tomando los tallos jóvenes de unos diez centímetros cuando salen de la cepa.
La semilla germina, pero da descendencia variable en color y altura, así que solo tiene sentido si se quiere una población diversa o se parte de la especie tipo. Los cultivares no se reproducen fieles por semilla.
Plagas y problemas frecuentes
El oídio es el problema más común de los asteres de otoño. Aparece como un polvillo blanco en las hojas, sobre todo en plantas apretadas, secas de raíz y con poca circulación de aire. Este aster lo resiste mejor que el de Nueva York, pero no es inmune. Se previene plantando con espacio, regando al pie y no sobre la hoja, dividiendo con regularidad y evitando que la planta pase sed en verano.
La otra queja habitual es la hoja baja seca en pleno verano, que casi siempre es cuestión de agua y de calor, no de enfermedad. Se disimula plantando delante alguna vivaz de porte medio que cubra la base.
Pueden aparecer pulgón en los brotes de primavera, babosas y caracoles sobre los rebrotes tiernos, y araña roja en veranos muy secos y en ambiente cerrado. Nada de esto suele comprometer la planta.
Usos en el jardín
Su papel es claro: alargar la temporada de floración hasta el final del otoño. Encaja de maravilla en la bordura de vivaces de estilo naturalista, mezclado con gramíneas ornamentales, que a esa altura del año están en su mejor momento y sostienen visualmente los tallos del aster.
Combina bien con Rudbeckia, Echinacea, Helenium, Sedum de otoño y anémonas japonesas, todas ellas de necesidades parecidas. Los cultivares altos van al fondo del arriate; los compactos, a media distancia o incluso en maceta grande, siempre que no falte agua.
Es además una planta muy visitada por abejas y mariposas en una época en la que hay poco néctar disponible, lo que la convierte en una buena elección para un jardín pensado para polinizadores. Vale también para flor cortada, aunque dura pocos días en jarrón.
Variedades
Hay muchos cultivares seleccionados por color y por altura. Los tonos van del violeta oscuro al malva, el lila y el rosa intenso, y también existen selecciones casi blancas. El criterio práctico al comprar es doble: fijarse en la altura anunciada, porque de ella depende si habrá que tutorar, y elegir en flor si el color exacto importa, ya que las descripciones de catálogo son generosas.
Merece la pena buscar cultivares compactos si el arriate es pequeño o si el jardín está expuesto al viento. Ahorra trabajo de sujeción durante toda la temporada.
En resumen
El Symphyotrichum novae-angliae, que casi todo el mundo sigue llamando Aster novae-angliae, es una vivaz de otoño resistente al frío, de floración abundante entre agosto y octubre, que pide sol o media sombra, suelo fértil y fresco y riego medio. Su límite en España es el calor y la sequía del verano, no el invierno.
Dos gestos concretos marcan la diferencia entre una mata desmadejada y una mata redonda y florida: despuntarla a finales de primavera y dividirla cada dos o tres años. Con eso, y con agua suficiente en julio y agosto, cierra la temporada del jardín con una floración que ninguna planta de verano puede igualar en esas fechas.