Zonas 9-11: soporta fácilmente -9º
Pleno sol
Cualquier sustrato ligero y bien drenado
Riego moderado
Follaje perenne
Floración: primavera y otoño
Frutos secos con semillas

La Anisodontea capensis es un subarbusto de la familia de las malváceas, originario de la provincia del Cabo, en Sudáfrica, que en los viveros españoles se vende como malva del Cabo o malva africana. Se reconoce por dos cosas: una floración larguísima, de flores pequeñas en forma de copa, rosa malva con las venas y el centro más oscuros, y una mata leñosa en la base que se levanta hasta cerca del metro y medio si se la deja.

Lo que la hace interesante en jardinería mediterránea no es una flor espectacular, porque no lo es, sino la constancia. Florece en primavera, se toma un descanso con los calores fuertes y vuelve con ganas en otoño, y en climas suaves del litoral casi no para. Aguanta el sol directo, el viento y el suelo pobre, y pide a cambio muy poco: drenaje y una poda al año.

Cómo reconocerla

Es un arbusto o subarbusto perenne, de porte erguido y ramificación densa, con la base leñosa y las ramas jóvenes finas y algo pelosas. Llega con facilidad al metro de altura y puede pasar del metro y medio en climas suaves y en suelo suelto, aunque en cultivo se mantiene casi siempre más baja por la poda.

La hoja es pequeña, de contorno entre lobulado y trilobulado, con el margen dentado y una textura áspera al tacto. El follaje es perenne, verde medio, y forma un fondo apagado que hace destacar la flor. Esa flor mide unos dos o tres centímetros, tiene cinco pétalos y el aire inconfundible de las malvas: la columna de estambres unida en el centro, típica de la familia, que la emparenta a simple vista con las malvas de campo, las alceas y los hibiscos. El color más común es un rosa malva con la garganta oscura, y hay selecciones más pálidas y otras de rosa intenso.

Tras la flor se forman frutos secos que se abren dejando las semillas, sin ningún valor ornamental. Vale la pena quitarlos, porque la planta invierte en ellos energía que dedicaría a seguir floreciendo.

Dónde plantarla en España

Su sitio es el pleno sol. A media sombra vive, pero se estira, ralea y florece la mitad. Prospera bien en toda la franja mediterránea, del litoral catalán a Andalucía, en las islas Baleares y Canarias, y en el interior cálido siempre que el invierno no traiga heladas prolongadas.

El frío es su límite real. Corresponde a las zonas 9 a 11, con tolerancia a heladas ligeras, del orden de los nueve grados bajo cero según la fuente de esta ficha, pero conviene leer ese dato con prudencia: una helada puntual en suelo seco y con la planta bien asentada es una cosa, y varias semanas de suelo helado o de heladas húmedas son otra muy distinta. En Madrid, en la meseta norte o en zonas de montaña se comporta como planta de maceta que se guarda al abrigo, o se acepta que puede perderse un invierno duro.

Agradece el abrigo de un muro orientado al sur y no le molesta el ambiente costero. Tolera el suelo calizo, muy frecuente en el levante y en el interior peninsular, sin la clorosis que sufren otras plantas de jardín en esos terrenos.

Suelo y riego

Le sirve cualquier sustrato ligero y bien drenado, y esa es la única condición que no perdona. No necesita tierra rica; de hecho, en suelo muy fértil y con riego abundante crece blanda, se despeina y florece peor. En terreno arcilloso y compacto es donde se pierde, casi siempre por asfixia de raíz o por hongos de suelo en invierno.

El riego es moderado. Una vez arraigada, en el jardín se conforma con riegos espaciados en verano, dejando que la capa superficial se seque entre uno y otro. En maceta la cosa cambia: el cepellón se calienta y se seca rápido, y en pleno agosto puede necesitar agua a diario en un tiesto pequeño. Ahí es mejor un contenedor de tamaño generoso, que amortigua las oscilaciones, y un sustrato con arena gruesa o perlita.

Los excesos se notan enseguida: hoja amarilla desde abajo, caída de botones y raíz oscura. Ante esa imagen, lo primero es revisar el drenaje y no añadir abono.

Poda y mantenimiento

La poda es lo que separa una malva del Cabo bonita de un matojo con las ramas peladas por dentro. Tiende a alargar las ramas y a dejar la base desnuda, así que se maneja con dos operaciones.

  • Pinzados en la planta joven: despuntar los brotes durante el primer año fuerza la ramificación y forma una mata compacta desde abajo.
  • Recorte anual, a finales de invierno o al terminar la floración principal, rebajando un tercio del volumen y aclarando las ramas cruzadas. Rebrota bien de madera joven, pero es prudente no cortar sobre madera vieja y desnuda, porque no siempre responde.

Retirar las flores secas durante la temporada alarga la floración. Un abonado ligero en primavera, con un fertilizante equilibrado o de liberación lenta, es suficiente; el exceso de nitrógeno da hoja y quita flor.

Tiene, además, una vida relativamente corta para un arbusto. A partir de los cuatro o cinco años suele perder densidad y merece la pena sustituirla por una planta nueva sacada de esqueje, algo que se hace sin coste ninguno.

Multiplicación

Por esqueje semileñoso es rápido y fiable. Se toman ramas de diez a quince centímetros en verano o a principios de otoño, se les quitan las hojas de la mitad inferior y los botones florales, y se clavan en una mezcla de turba y arena, en sombra y con humedad ambiente alta. Enraízan en pocas semanas.

También se multiplica por semilla, recogida de esos frutos secos cuando se abren, y sembrada en primavera en semillero con sustrato ligero. Las plantas de semilla varían algo en el tono de la flor y en el porte, cosa que puede ser un inconveniente si se busca reproducir una selección concreta.

Plagas y problemas frecuentes

Como buena malvácea, tiene sus visitantes habituales. El pulgón se instala en los brotes tiernos de primavera, y la mosca blanca aparece sobre todo en plantas de maceta en terraza cerrada o en invernadero. En verano seco y con poca ventilación puede llegar la araña roja, que deja la hoja punteada y mate.

En cuanto a hongos, las malváceas son sensibles a la roya, que se manifiesta en pústulas anaranjadas en el envés y en manchas amarillentas por el haz, y al oídio en ambientes húmedos y templados. En ambos casos ayuda más la prevención que el tratamiento: aclarar la mata para que corra el aire, regar al pie y no sobre las hojas, y retirar y no compostar el material afectado.

El problema más común, con diferencia, no es una plaga sino el agua. La planta que se marchita sin motivo aparente en un tiesto pesado y siempre húmedo está ahogada, no sedienta.

Usos en el jardín

Funciona muy bien en jardines de bajo consumo de agua, junto a plantas de la misma cultura: lavandas, romeros, salvias arbustivas, teucrios, cistus. Su floración prolongada cubre los huecos que dejan esas compañeras, que suelen concentrar la flor en pocas semanas.

Se usa también en bordura mixta, como mata de segunda fila, en seto informal bajo y, muy a menudo, en maceta grande de terraza y balcón, donde el porte erguido y la flor continua rinden mucho. En el litoral aguanta bien la exposición marina moderada.

Un detalle que se agradece: sus flores atraen abejas y otros polinizadores durante meses, en una época del año en que en el jardín mediterráneo escasea la floración.

El género y las confusiones habituales

El género Anisodontea reúne una veintena de especies de arbustos y subarbustos sudafricanos, y en el comercio se mezclan bajo los mismos nombres comunes. La Anisodontea scabrosa tiene la hoja más rugosa y aromática y procede de zonas costeras, por lo que resiste mejor el ambiente marino. El híbrido Anisodontea x hypomadarum, muy extendido en cultivo, da flores algo mayores.

Para el jardinero la diferencia práctica es pequeña, porque todas piden lo mismo, pero conviene saberlo al comprar: la etiqueta de "malva del Cabo" no identifica una sola planta.

En resumen

La malva del Cabo es una de esas plantas que trabajan mucho y piden poco. Sol directo, suelo ligero y bien drenado, riegos moderados y un recorte al año bastan para tener flor de primavera a otoño, con un descanso en lo peor del verano. Su punto débil es el frío intenso y el suelo encharcado, así que en el interior peninsular es mejor tenerla en maceta y poder protegerla.

Es planta de vida corta que se renueva sin esfuerzo por esqueje, de modo que conviene tener siempre un par de plantas jóvenes preparadas. Con eso, y con el hábito de quitar la flor seca y pinzar los brotes cuando la mata es joven, se mantiene compacta y florida durante años en el jardín seco, la bordura o el tiesto de la terraza.


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