Temperatura media y alta
Pleno sol
Ligero, bien drenado
Riego regular
Hoja perenne
Flor: verano

Anigozanthos flavidus es la pata de canguro, una vivaz del suroeste de Australia con una de las flores más extrañas que se pueden plantar en un jardín. Sobre una mata de hojas acintadas dispuestas en abanico, como las de un iris, se levantan varas altas y ramificadas rematadas por flores tubulares curvadas, cubiertas por completo de un vello denso y aterciopelado que les da un tacto de fieltro y un aspecto que no se parece a nada más. El nombre común viene de esa forma arqueada con los lóbulos abiertos en el extremo.

De las varias especies del género, esta es la que interesa al jardinero por una razón muy concreta: es la más robusta y la más tolerante. Procede de las zonas más húmedas del suroeste australiano, soporta mejor que sus parientes el riego, el frío y las enfermedades foliares, y por eso es la especie que está detrás de la mayoría de los híbridos comerciales. Sus flores son típicamente de un verde amarillento peculiar; los híbridos derivados de ella han ampliado la gama a rojos, naranjas, amarillos intensos y rosados.

Cómo reconocerla

Forma matas densas de hojas basales largas, planas y acintadas, perennes, de un verde algo grisáceo, que nacen de un rizoma superficial y se disponen en abanico plano, exactamente como en un iris o en una montbretia. Sin flor, el conjunto es una mata de hojas rígidas y erguidas que aporta textura vertical.

En verano emite escapos florales altos y ramificados que superan claramente al follaje, con las flores agrupadas a lo largo de las ramificaciones superiores. Cada flor es un tubo alargado y curvado, abierto en el extremo en seis lóbulos desiguales, y toda su superficie está recubierta de pelos cortos y densos que son los que le dan color y textura. En la especie tipo ese vello es verde amarillento, a veces con la base del tubo más rojiza.

El estilo y los estambres asoman por la abertura de la flor, colocados de manera que dejan el polen sobre la cabeza de los pájaros que la visitan en su hábitat de origen. Aquí atrae sobre todo abejas y otros insectos.

Dónde plantarla en España

A pleno sol, sin discusión. Con menos luz la mata se afloja, las varas salen débiles y la floración es escasa.

El clima mediterráneo le va bien: es una planta acostumbrada a veranos secos y calurosos y a inviernos suaves y lluviosos, un régimen muy parecido al del litoral español. Se cultiva sin problemas en toda la costa mediterránea, en el sur atlántico y en Canarias, y también en el interior de clima suave.

Su limitación es el frío. Aguanta heladas ligeras, pero los fríos intensos y prolongados le queman el follaje y pueden dañar el rizoma, sobre todo si el suelo está húmedo al mismo tiempo. En zonas de invierno duro se cultiva en maceta para poder resguardarla, o se planta en una posición muy protegida y con drenaje impecable.

Suelo y riego

Quiere un sustrato ligero, arenoso y muy bien drenado, y prefiere reacción ácida o neutra. No necesita fertilidad: es una planta adaptada a suelos pobres. En jardines con suelo pesado o arcilloso lo razonable es plantarla en un macizo elevado, en una rocalla o directamente en maceta con un sustrato preparado con arena gruesa o grava fina.

El riego ha de ser regular durante la primavera y el verano, que es cuando crece y florece, y muy reducido en invierno, cuando la planta está parada y el suelo se mantiene húmedo por la lluvia. El error más caro con esta especie es regarla en invierno, porque la combinación de humedad y frío en el rizoma la pudre.

En cuanto al abonado, conviene ser prudente. Como ocurre con muchas plantas australianas adaptadas a suelos extremadamente pobres, es preferible evitar los fertilizantes ricos en fósforo y usar, si acaso, un abono de liberación lenta con formulación baja en ese elemento y en dosis moderadas. Con un suelo drenante y algo de materia orgánica bien descompuesta suele ser suficiente.

Mantenimiento

Dos tareas y ninguna complicada. La primera es cortar las varas florales a ras de la mata cuando terminan la floración, lo que mejora el aspecto y evita que la planta gaste energía en formar semilla.

La segunda, más importante, es la renovación del follaje. Con el tiempo las hojas viejas se van secando por las puntas y por los bordes y la mata pierde limpieza. Cada dos o tres años conviene cortarla entera a pocos centímetros del suelo, al final del invierno o justo tras la floración, para forzar una brotación completamente nueva. La planta rebrota con fuerza y recupera el aspecto en pocas semanas. Esta poda drástica es además la mejor herramienta contra las enfermedades foliares.

Plagas y problemas frecuentes

El problema característico de las patas de canguro es una enfermedad foliar de origen fúngico que produce manchas negras alargadas en las hojas, empezando por las puntas y por los bordes, y que en casos avanzados ennegrece la mata entera. Se ve favorecida por la humedad prolongada sobre el follaje, por las plantaciones apretadas y por la falta de ventilación.

Anigozanthos flavidus es precisamente la especie más resistente a este problema, y esa es una de las razones de su éxito en jardinería y de su uso como parental de híbridos. Aun así conviene prevenirlo: plantar espaciado y a pleno sol, regar siempre al pie y nunca sobre las hojas, retirar el follaje afectado y hacer con regularidad la poda de renovación.

Los caracoles y las babosas mordisquean los brotes tiernos y las varas florales jóvenes. Y la causa más habitual de muerte de la planta sigue siendo la pudrición del rizoma por exceso de agua o mal drenaje, especialmente durante el invierno.

Multiplicación

Por división de mata en primavera, cuando la planta arranca el crecimiento, separando porciones de rizoma con varias hojas y raíces propias. Es el método más práctico y el único que garantiza mantener el color y el porte de un híbrido concreto.

Por semilla también se puede, sembrando en primavera en sustrato arenoso y con calor, aunque las plantas tardan un tiempo en llegar a floración y en el caso de los híbridos la descendencia sale variable.

Usos en el jardín

Es una planta de jardín seco y de bajo consumo de agua, con un papel muy definido: aportar verticalidad y una floración de forma insólita en pleno verano. Funciona bien en grupos de tres o cinco matas, en rocallas amplias, en taludes soleados, en macizos elevados y en jardinería de estilo contemporáneo, donde su forma gráfica encaja mejor que en un parterre tradicional.

Combina de manera natural con gramíneas ornamentales, con plantas de follaje gris, con agaves y otras suculentas de porte arquitectónico, y con la paleta mediterránea de lavandas y salvias. En jardines de costa aguanta bien la exposición.

Es también una flor cortada de primer orden, y esa es una faceta que a menudo se pasa por alto: las varas duran muchísimo en jarrón, mantienen la forma y el color, y se secan bien conservando el aspecto aterciopelado. Buena parte de la producción comercial de esta planta en el mundo se destina precisamente a flor cortada.

En maceta grande de terraza soleada da excelente resultado, con la ventaja de poder controlar el sustrato y el drenaje y de poder resguardarla en invierno en las zonas donde el frío aprieta.

En resumen

La pata de canguro es una vivaz australiana de hojas acintadas en abanico y varas altas rematadas por flores tubulares curvadas y aterciopeladas, de un verde amarillento en la especie tipo y de toda la gama cálida en los híbridos. Es la especie más robusta y tolerante del género, y la base de la mayoría de las variedades de vivero.

Pide sol pleno, sustrato ligero y muy drenado, riego regular en verano y prácticamente ninguno en invierno, y un abonado contenido y bajo en fósforo. Sus dos enemigos son el exceso de agua, que pudre el rizoma, y las manchas foliares negras, que se previenen con espacio, riego al pie y una poda de renovación cada dos o tres años. A cambio, ofrece una floración estival inconfundible y una de las mejores flores cortadas del jardín seco.


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