Zonas 7-10: soporta hasta -15º
Sombra parcial o sol suave
Sustrato rico, bien drenado, húmedo
Riego medio, más abundante en verano
Follaje caduco o semicaduco
Floración: julio a octubre
Aquenios algodonosos

Las anémonas japonesas son vivaces de sombra parcial que florecen desde finales de verano hasta bien entrado el otoño, con flores redondas y sencillas sostenidas sobre tallos altos, finos y ramificados que se balancean con el aire. Bajo ese nombre común se agrupan varias especies y sus híbridos, principalmente Anemone hupehensis y el conjunto de cruces conocido como Anemone × hybrida. Pertenecen a las ranunculáceas.

El nombre engaña. Estas plantas no son japonesas de origen sino chinas: llegaron a Japón hace siglos como plantas de cultivo, se naturalizaron allí, y desde Japón pasaron a Europa en el siglo XIX, de manera que el gentilicio que las acompaña señala su escala intermedia y no su procedencia real. Lo que sí es cierto es que ocupan en el jardín un hueco muy concreto y muy valioso: son de las pocas vivaces que florecen abundantemente en semisombra en septiembre y octubre, cuando la mayoría de las plantas de sombra ya han terminado.

Cómo reconocerlas

Forman una mata basal de hojas largamente pecioladas, divididas en tres foliolos anchos y dentados, de un verde oscuro algo rugoso, que cubren bien el suelo. Desde esa mata se elevan en verano los tallos florales, delgados, ramificados en la parte alta y bastante más altos que el follaje, con lo que las flores parecen flotar por encima de la planta.

Los botones son esféricos y están cubiertos de una pelusilla fina, muy característica. Al abrir dan flores de contorno circular, con cinco o más tépalos (lo que parecen pétalos, en realidad no lo son) rodeando un anillo denso de estambres amarillos alrededor de un centro verdoso. El color va del blanco puro al rosa intenso, y hay formas simples, semidobles y dobles.

Cada tallo ramificado abre sus flores de forma escalonada, lo que prolonga mucho la floración de una misma mata. Después se forman cabezuelas de aquenios algodonosos, que al abrirse liberan las semillas envueltas en pelos blancos y quedan como pequeñas bolas de algodón sobre los tallos.

Entre los cultivares clásicos, 'Honorine Jobert', de flor blanca simple, sigue siendo el más plantado más de siglo y medio después de su aparición.

Dónde plantarlas en España

Prefieren sombra parcial o sol suave. La posición ideal es sol de mañana y sombra en las horas centrales, o luz filtrada bajo árboles de copa alta. A pleno sol en clima cálido las hojas se queman por los bordes y la planta se agota; en sombra profunda florece poco y los tallos se alargan y se doblan.

Son plantas de ambientes frescos y húmedos. En Galicia, la cornisa cantábrica, el Pirineo y las zonas de montaña se comportan de maravilla, hasta el punto de colonizar por su cuenta. En el interior peninsular y en el litoral mediterráneo son cultivables, pero exigen compromiso: sombra, suelo profundo y rico, acolchado permanente y riego regular a lo largo de todo el verano, justo cuando la planta está preparando la floración. Sin ese riego, en un verano seco no florecen o florecen mal.

El frío no les preocupa. Resisten bien las heladas, pierden la parte aérea en invierno y rebrotan en primavera.

Suelo y riego

Quieren un suelo rico, profundo, fresco y bien drenado, con mucha materia orgánica. Toleran los suelos algo pesados si no se encharcan, y no son especialmente exigentes con el pH. Lo que no soportan es el suelo pobre y seco, ni el encharcamiento invernal permanente, que pudre los rizomas.

El riego debe ser medio durante la primavera y claramente más abundante en verano, que es cuando crecen y forman los tallos florales. Un acolchado grueso de compost, corteza o hojarasca al pie es la mejor inversión con esta planta: mantiene la humedad, refresca la raíz y aporta materia orgánica al descomponerse.

Paciencia primero, control después

Hay una particularidad que conviene conocer antes de plantarlas, porque define la relación que se tendrá con ellas. Las anémonas japonesas tardan en instalarse. Es normal que el primer año, y a veces el segundo, apenas hagan nada, con matas pequeñas y flores contadas. No conviene moverlas ni desenterrarlas por impaciencia: no les gusta el trasplante y cada cambio de sitio reinicia el reloj.

Una vez que arrancan, la situación se invierte. Se extienden mediante rizomas y brotes de raíz, y en un suelo que les gusta pueden colonizar bastante espacio y aparecer a varios metros de la mata original. En un jardín amplio de sombra eso es una virtud; en un parterre pequeño y ordenado hay que estar dispuesto a arrancar brotes cada temporada. Y como cualquier fragmento de raíz que quede en el suelo rebrota, erradicarlas del todo lleva su tiempo.

Mantenimiento

Poco trabajo. Se retiran las flores marchitas para prolongar la floración, aunque muchos jardineros prefieren dejar que se formen las cabezuelas algodonosas por su interés decorativo. Al secarse la parte aérea en invierno se corta a ras.

Un aporte de compost en otoño o al final del invierno mejora notablemente la floración del año siguiente. En posiciones muy ventosas o con demasiada sombra, los tallos altos pueden necesitar un tutor discreto, aunque parte de su encanto está precisamente en ese balanceo.

Un aviso sobre la savia

Como el resto de las ranunculáceas, las anémonas contienen compuestos irritantes en la savia. El contacto con el jugo de tallos y hojas cortados puede provocar molestias en la piel de personas sensibles, así que conviene manipularlas con guantes al dividir matas o podar en cantidad. Ninguna parte de la planta debe ingerirse.

Plagas y problemas frecuentes

Los caracoles y las babosas atacan los brotes tiernos en primavera, un problema previsible dado el ambiente húmedo y sombrío en el que se cultivan.

El oídio puede aparecer a finales de verano en matas apretadas y poco ventiladas, o cuando se riega sobre el follaje, y afea las hojas justo en el momento de la floración.

También pueden verse manchas oscuras y angulosas en las hojas, delimitadas por los nervios, un daño asociado a nematodos foliares que se propaga por el agua salpicada sobre el follaje. Se maneja retirando y destruyendo las hojas afectadas, regando siempre al pie y evitando trabajar con el follaje mojado.

El motivo más habitual de decepción, sin embargo, sigue siendo la falta de agua en verano y la impaciencia en los primeros años.

Multiplicación

Por división de mata en primavera, separando porciones con raíz y yemas. Por esqueje de raíz en invierno, cortando trozos de raíz gruesa de varios centímetros y enterrándolos horizontalmente en sustrato arenoso, un método muy eficaz en esta especie precisamente por su facilidad para rebrotar de raíz. Y aprovechando los brotes que la planta emite por su cuenta a cierta distancia, que se arrancan con un poco de raíz y se replantan.

La siembra es posible pero lenta y, en el caso de los híbridos y cultivares, no reproduce fielmente las características de la planta madre.

Usos en el jardín

Su papel es el de flor de otoño en el jardín de sombra, y en eso tienen poca competencia. Se plantan en la segunda o tercera fila del parterre, por la altura de sus tallos, y funcionan mejor en grupos amplios que aisladas, porque el efecto que buscan es el de una nube de flores por encima del follaje.

Combinan de forma natural con hostas, helechos, astilbes, heucheras, hortensias y cimicífugas, que comparten exigencias de suelo y luz y que van tomando el relevo a lo largo de la temporada. También quedan bien al pie de arbustos caducifolios y en el borde de un bosquete, que es el ambiente que reproducen.

Son buena flor cortada, aunque de duración media, y las cabezuelas algodonosas aportan interés a la composición otoñal del jardín cuando ya no hay flores.

En resumen

Las anémonas japonesas son vivaces de origen chino, de sombra parcial, que florecen desde el final del verano hasta el otoño con flores redondas blancas o rosas sobre tallos altos y ramificados. Cubren un hueco difícil del calendario y del jardín, la sombra en septiembre y octubre, y por eso son insustituibles.

Necesitan suelo rico y fresco, acolchado y riego generoso en verano, condiciones fáciles de dar en el norte húmedo y exigentes en clima mediterráneo. Tardan dos o tres años en arrancar y después se extienden por rizoma, así que conviene elegir bien el sitio desde el principio: primero hay que tener paciencia con ellas y luego, seguramente, contenerlas.


Contenidos relacionados