Temperatura media o alta
Pleno sol o semisombra
Cualquier sustrato bien drenado
Riego regular o escaso
Hoja perenne
Flor: septiembre-diciembre
Pequeños aquenios

Ajania pacifica es una vivaz japonesa de la familia de las compuestas, emparentada de cerca con los crisantemos, que se cultiva sobre todo por el follaje. Sus hojas son verde grisáceo, lobuladas, con el envés cubierto de un tomento blanco denso que asoma por el margen y dibuja un perfil plateado nítido alrededor de cada hoja, como si estuvieran ribeteadas a mano. Ese detalle, repetido en toda la mata, es lo que la hace inconfundible y lo que le ha valido nombres comerciales que juegan con la plata y el oro.

El oro llega en otoño. Muy tarde, cuando el jardín se está apagando, la planta se cubre de corimbos apretados de capítulos amarillos pequeños y redondos, sin pétalos visibles, del tipo botón. Es una de las últimas plantas en florecer del año, y esa combinación de follaje plateado durante doce meses y flor amarilla en noviembre es exactamente lo que la hace útil. Aparece en catálogo también como Chrysanthemum pacificum o Dendranthema pacificum, según la clasificación que siga cada vivero.

Cómo reconocerla

Forma una mata baja y extendida, de porte compacto y ramificado, que tiende a crecer más en anchura que en altura y no suele levantarse mucho del suelo, lo que la hace ideal para primeras líneas de parterre. Los tallos son leñosos en la base, y en climas suaves la planta se comporta como un pequeño subarbusto perenne.

Las hojas son alternas, de contorno oval y con el borde recortado en lóbulos redondeados. El haz es verde grisáceo mate y el envés blanco plateado, y como el tomento blanco rebasa el margen, el efecto visual es el de una hoja verde perfilada en plata. Existen formas variegadas con el margen crema más ancho y marcado.

Los capítulos florales son diminutos, de menos de un centímetro, amarillos, agrupados en corimbos densos y planos en el extremo de los tallos. No tienen lígulas, es decir, carecen de los pétalos que uno espera en una margarita, y por eso parecen botones. Se abren entre el final del verano y el invierno, con el máximo en otoño.

Dónde plantarla

Quiere sol pleno, aunque acepta semisombra. Con luz abundante la mata se mantiene compacta, el contraste plateado del follaje se ve mejor y florece más. En sombra se ahíla, se abre por el centro y el efecto se pierde.

Es tolerante al calor y a la sequía, y también a la salinidad y al viento marino, porque procede de zonas costeras. Eso la hace especialmente adecuada para el litoral mediterráneo y atlántico, donde se comporta como una perenne sin problemas, y para jardines secos del interior de clima suave.

Soporta bien el frío moderado y las heladas ligeras. En zonas de inviernos duros puede perder la parte aérea y rebrotar desde la base en primavera, o sufrir daños si además el suelo está húmedo. En esas condiciones conviene un buen drenaje y, si acaso, cultivarla en maceta.

Hay un punto climático que conviene tener presente: al florecer tan tarde, en zonas frías las primeras heladas pueden alcanzar la floración antes de que termine de abrirse. En el litoral y en el sur eso no ocurre y la planta luce completa.

Suelo y riego

Poco exigente. Le sirve cualquier sustrato mientras drene bien: pobre, arenoso, pedregoso, calizo. No necesita tierra rica, y de hecho en suelos muy fértiles crece blanda y desgarbada, con tallos largos que se tumban.

El riego debe ser regular en la fase de crecimiento y claramente escaso en invierno. Una vez instalada resiste bien la sequía estival, y en clima mediterráneo se sostiene con riegos espaciados. El exceso de agua, sobre todo combinado con suelo pesado y frío invernal, es lo único que la mata con facilidad.

No necesita abonados fuertes. Un aporte ligero de compost en primavera es suficiente.

Poda y mantenimiento

El trabajo clave es el pinzado. Despuntando los brotes una o dos veces entre la primavera y comienzos del verano se consigue que la planta ramifique y forme una mata densa y redondeada, con muchos más puntos de floración. Sin pinzar, tiende a producir tallos largos que se abren y dejan la mata hueca por el centro.

El pinzado tiene fecha límite. Como florece en otoño y las yemas florales se forman a partir del final del verano, hay que dejar de despuntar bastante antes, o se estará cortando la floración de la temporada.

Tras la floración, o al final del invierno, se recortan los tallos para renovar la mata. Cada dos o tres años conviene dividirla o reponerla, porque con la edad se aleña por la base y pierde compacidad.

Plagas y problemas frecuentes

Comparte los problemas típicos de los crisantemos, aunque en menor medida. El pulgón se instala en los brotes tiernos y en los botones florales, y en otoño puede afear bastante la floración si no se detecta a tiempo. Los minadores dibujan galerías serpenteantes en el limbo de las hojas, un daño más estético que grave que se resuelve retirando las hojas afectadas.

El oídio aparece en plantaciones apretadas, mal ventiladas o regadas por encima del follaje. Y en suelos pesados, el encharcamiento invernal produce pudrición de cuello y muerte de la mata, que es la causa más frecuente de pérdida.

Como en otras compuestas, el contacto prolongado con el follaje puede provocar irritación en personas sensibles, así que con guantes al podar en cantidad se evita la molestia.

Multiplicación

Muy sencilla. Por división de mata en primavera, separando porciones enraizadas del borde de la planta, que es también la forma de rejuvenecerla. Y por esqueje de brote tierno o semileñoso en primavera y verano, que enraíza con facilidad en sustrato ligero y húmedo. Es el método habitual para producir plantas homogéneas de los cultivares seleccionados.

Usos en el jardín

Su sitio es la primera línea: bordura de parterre, borde de camino, rocalla, coronación de un muro bajo o de un talud, jardinera. El follaje perfilado en plata funciona como contraste continuo frente a follajes verde oscuro y como enlace entre plantas de flor con colores que chocarían entre sí.

Combina de forma natural con la paleta mediterránea seca, lavandas, santolinas, salvias, gramíneas ornamentales y sedums, con los que además comparte exigencias de suelo y riego. En un jardín pensado por estaciones, su papel es el de aportar la floración de noviembre, cuando casi todo lo demás ha terminado, junto a sedums de otoño y gramíneas en espiga.

En maceta y jardinera de terraza soleada da muy buen resultado, y su porte bajo y extendido la hace apropiada para cubrir superficies pequeñas o para tapar el pie desnudo de arbustos.

En resumen

Ajania pacifica es una vivaz baja de follaje verde grisáceo con el margen perfilado en plata, un rasgo poco común que la mantiene decorativa todo el año, coronado en otoño por corimbos de pequeños capítulos amarillos en forma de botón. Florece muy tarde, cuando el jardín ya no ofrece casi nada.

Pide sol, suelo drenado y poca agua, tolera la sequía y la sal marina, y su único enemigo real es el exceso de humedad en invierno. El pinzado de primavera y comienzos de verano es lo que la mantiene compacta y cuajada de flor, siempre que se detenga a tiempo para no cortar los botones de la temporada.


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