Temperatura media
Sol o semisombra
Suelo rico y bien drenado
Riego moderado
Hoja perenne
Flor: junio-septiembre
Semillas en cápsulas blancas

El agapanto es una vivaz sudafricana de hojas acintadas y umbelas esféricas de flores azules o blancas sobre tallos largos y desnudos, una de las plantas más reconocibles del verano en los jardines y paseos marítimos de todo el litoral español. Procede de la región del Cabo, y su nombre viene del griego, de las palabras que significan amor y flor, lo que le ha valido el apodo de flor del amor. También se le llama lirio africano, aunque no es un lirio ni tiene bulbo.

Hay un detalle que conviene aclarar desde el principio, porque afecta a casi todo lo que se lee sobre esta planta. La mayor parte de los agapantos vendidos en vivero como Agapanthus africanus no lo son: pertenecen en realidad a Agapanthus praecox o a híbridos derivados de varias especies. El verdadero A. africanus es una planta rara en cultivo, procedente de suelos ácidos del matorral del Cabo, bastante más difícil de mantener. Esto no es una pega para el jardinero, porque las plantas que efectivamente se venden son robustas y agradecidas, pero explica por qué la etiqueta y la realidad no siempre coinciden.

Cómo reconocerlo

Forma matas densas de hojas basales largas, acintadas, algo arqueadas y de un verde brillante, que nacen de una corona con raíces gruesas y carnosas, casi tuberosas, capaces de almacenar agua y nutrientes. Esa raíz es la clave de su resistencia a la sequía.

En verano emite escapos florales largos, rígidos y sin hojas, que se elevan claramente por encima del follaje y terminan en una umbela globosa formada por decenas de flores tubulares o acampanadas, cada una con seis tépalos. El color habitual va del azul violáceo al azul celeste, y hay formas blancas muy extendidas. La umbela va abriendo escalonadamente, con lo que cada mata se mantiene en flor varias semanas.

Tras la floración se forman cápsulas alargadas que al secarse se abren y liberan semillas negras aladas. Las cabezas secas conservan una silueta escultórica y muchos jardineros las dejan en pie por eso.

Los agapantos de hoja perenne, como el que describe esta ficha, conservan el follaje todo el año y son algo más sensibles al frío. Existen también agapantos de hoja caduca, que pierden las hojas en invierno y resisten mucho mejor las heladas, algo a tener en cuenta al elegir variedad según la zona.

Dónde plantarlo en España

A pleno sol o en semisombra. Al sol florece más y con tallos más rígidos; en semisombra el follaje se conserva mejor en climas cálidos, a costa de algo menos de flor. En sombra profunda crece pero no florece.

Su terreno natural en España es todo el litoral: la costa mediterránea, el sur atlántico, la costa gallega y cantábrica y Canarias, donde se ve por todas partes. Tolera bien el viento salino y la proximidad al mar, lo que lo convierte en una de las vivaces más útiles para jardines de primera línea.

El límite es el frío. Las heladas fuertes y prolongadas dañan el follaje y pueden llegar a la corona. En el interior peninsular y en zonas de invierno duro se cultiva en maceta, para poder resguardarlo, o se elige una variedad de hoja caduca, más rústica, y se protege la base con un buen acolchado durante el invierno.

Suelo y riego

Quiere un suelo fértil, con materia orgánica y bien drenado. El drenaje es más importante que la riqueza: en suelo pesado y encharcado en invierno, las raíces carnosas se pudren, y esa es la principal causa de pérdida de esta planta en climas lluviosos.

El riego debe ser moderado y regular durante la primavera y el verano, que es cuando crece y florece, y claramente reducido en invierno, cuando la planta está parada. Una vez instalado, el agapanto tolera bien la sequía estival gracias a sus reservas radiculares, y en clima mediterráneo se sostiene con riegos espaciados.

Un abonado rico en potasio durante la primavera favorece la floración. Al contrario, los abonos muy nitrogenados producen mucha hoja y pocas flores, un error frecuente cuando se le aplica el mismo fertilizante que al césped vecino.

El truco de la floración

La queja más común sobre esta planta es que da hojas pero no da flor, y casi siempre responde a una de estas causas. Falta de sol. Exceso de nitrógeno. Frío invernal insuficiente en climas muy cálidos, o daño por helada en las yemas florales en climas fríos. O, la más frecuente de todas, haberla dividido o trasplantado recientemente.

El agapanto florece mejor cuando está apretado, con las raíces ocupando todo el espacio disponible. En maceta, esto significa no cambiarlo de tiesto en cuanto parece que va justo: una planta con el cepellón lleno florece mucho más que una recién trasplantada a un contenedor amplio. En tierra, conviene dejar las matas tranquilas durante años y dividirlas solo cuando de verdad se ahuecan y decaen. Tras una división, es normal que se salte una temporada de floración.

Mantenimiento

Se limita a retirar las hojas secas o estropeadas y a cortar los escapos florales a ras cuando se han agotado, salvo que se quieran conservar por su forma o dejar que la planta se resiembre.

En zonas con heladas, un acolchado grueso sobre la corona en otoño protege la planta durante el invierno y se retira en primavera. En maceta, basta con guardarla en un lugar resguardado y luminoso y reducir mucho el riego.

Un aviso sobre la savia

La savia del agapanto es irritante y puede causar molestias en la piel de personas sensibles al manipular hojas o rizomas cortados, así que conviene usar guantes al dividir matas o cortar tallos en cantidad. Tampoco debe ingerirse ninguna parte de la planta. No tiene uso alimentario ni doméstico de ningún tipo.

Plagas y problemas frecuentes

Es una planta sana. Los caracoles y las babosas mordisquean las hojas jóvenes y los escapos tiernos, dejando muescas antiestéticas. La cochinilla algodonosa puede instalarse en la base de las hojas de matas muy densas y poco ventiladas, sobre todo en ejemplares de maceta resguardados en invierno.

El problema serio, con diferencia, es la pudrición de la corona y de las raíces por exceso de humedad invernal en suelos mal drenados. Se manifiesta como hojas que amarillean desde la base y matas que se aflojan y se sueltan al tirar de ellas. La prevención pasa por el drenaje y por no regar en invierno.

Multiplicación

Por división de mata en primavera o al terminar la floración, separando porciones con varias hojas y buena parte de raíz carnosa. Es el método habitual y el único que garantiza mantener el color y las características de la planta madre. Hay que contar con que las divisiones tardarán una o dos temporadas en volver a florecer.

Por semilla es sencillo pero lento: germina bien recién recogida, aunque las plantas tardan varios años en llegar a floración y, al tratarse en su mayoría de híbridos, la descendencia es variable en color y porte.

Usos en el jardín

Es una planta de masa y de repetición. Su mejor efecto se consigue plantándola en grupos amplios o en líneas continuas, a lo largo de un camino, en la base de un muro o como bordura ancha, donde decenas de umbelas esféricas a la misma altura producen una imagen contundente. Aislada en un parterre pequeño rinde mucho menos.

Funciona muy bien en jardines de costa, en jardinería pública de bajo mantenimiento, en rocallas amplias y en taludes soleados. Combina bien con gramíneas ornamentales, con lavandas y con arbustos mediterráneos de follaje gris, que contrastan con su verde brillante.

Y es una de las mejores vivaces para maceta grande de terraza y patio, precisamente porque florece mejor apretada. Un ejemplar en un contenedor de buen tamaño, al sol, con drenaje y riego regular en verano, da flor durante años sin apenas trabajo. Las umbelas cortadas duran bien en jarrón, y las cápsulas secas se usan en composiciones de otoño.

En resumen

El agapanto es una vivaz sudafricana de raíces carnosas, hojas acintadas y umbelas esféricas azules o blancas en verano, resistente a la sequía y al viento salino, y por eso omnipresente en el litoral español. Casi todo lo que se vende como Agapanthus africanus pertenece en realidad a A. praecox o a híbridos.

Pide sol, suelo fértil y sobre todo bien drenado, riego moderado en verano y muy escaso en invierno. Su limitación es el frío, que en el interior obliga a cultivarlo en maceta o a elegir variedades de hoja caduca. Y su regla más contraintuitiva es que florece mejor apretado: cuanto menos se le trasplante y se le divida, más flor dará.


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