Temperatura media y alta
Semisombra
Sustrato medio
Riego abundante en verano
Hoja caduca
Flor: junio-septiembre

Acanthus mollis, el acanto o hierba giganta, es una planta vivaz mediterránea que crece de forma espontánea en buena parte de la península ibérica, sobre todo en el oeste y el sur, en cunetas, taludes umbríos, muros viejos y bordes de camino. Es de esas plantas que mucha gente ha visto mil veces sin saber cómo se llaman, y que sin embargo tienen una de las siluetas más reconocibles de la historia del arte occidental: su hoja es el modelo del capitel corintio, copiada por la arquitectura griega y romana y repetida desde entonces en fachadas, molduras y muebles durante más de dos mil años.

En el jardín su valor es doble. Por un lado la hoja, enorme, lobulada, de un verde oscuro brillante, que forma rosetas basales imponentes y da estructura arquitectónica a un rincón sombrío. Por otro la espiga floral, una vara erguida y rígida que se levanta muy por encima del follaje cargada de flores blancas protegidas por brácteas purpúreas. Y todo ello en una planta que, una vez instalada, no pide nada.

Cómo reconocerlo

Las hojas basales son la marca de la casa: grandes, de contorno oval y profundamente lobuladas y sinuadas, con el margen ondulado, de textura algo carnosa y superficie lustrosa. En un ejemplar bien situado y con humedad alcanzan un tamaño considerable, y una mata adulta ocupa un espacio importante. Nacen directamente del rizoma, sin tallo, formando una roseta abierta.

La inflorescencia es una espiga densa, erecta y cilíndrica que se eleva muy por encima del follaje. Cada flor tiene una bráctea superior de color púrpura o verdoso, dentada y con puntas rígidas, y una corola blanca o crema que forma un solo labio inferior colgante. El conjunto tiene un aspecto casi escultórico y se mantiene decorativo incluso seco, ya en otoño.

Conviene manipular las espigas con cuidado, porque las brácteas terminan en dientes duros que pinchan. El follaje, en cambio, es blando, y de ahí el epíteto mollis que la distingue de Acanthus spinosus, de hojas mucho más recortadas y espinosas.

Un ciclo al revés de lo habitual

El acanto tiene un comportamiento estacional que sorprende a quien lo cultiva por primera vez y que conviene entender para no darlo por muerto. En clima mediterráneo, con verano seco y caluroso, la planta entra en reposo en pleno verano: tras florecer, las hojas amarillean, se secan y la mata desaparece prácticamente del todo. Con las primeras lluvias de otoño rebrota con fuerza, y pasa el invierno y la primavera con el follaje espléndido.

Es decir, su temporada de esplendor es la contraria a la de la mayoría de las plantas de jardín. En zonas de veranos frescos o con riego abundante en verano el reposo es mucho menos marcado y la planta puede conservar hojas casi todo el año. En cualquier caso, la desaparición del follaje en agosto no es un síntoma de problema, sino su estrategia normal de supervivencia.

Dónde plantarlo

Prefiere semisombra, y ahí es donde da las hojas más grandes y de mejor color. Tolera el sol directo en climas frescos y en el norte, pero en el interior y en el sur peninsular el sol de verano quema el follaje y acelera el reposo estival. La posición ideal es la sombra de un muro orientado al norte, el pie de un árbol de copa alta o un rincón que reciba sol de mañana y sombra por la tarde.

Es rústico y resiste bien las heladas moderadas: si el frío quema el follaje, rebrota desde el rizoma en primavera. Prospera en toda la mitad sur y oeste peninsular, en el litoral mediterráneo, en el interior y también en el norte húmedo.

Hay un aspecto que hay que decidir antes de plantarlo, y es el espacio. El acanto se instala mediante un rizoma grueso y profundo, y con los años se extiende. Cualquier fragmento de raíz que quede en el suelo rebrota, de modo que, una vez establecido, arrancarlo por completo es una tarea de años. No es una planta problemática si se la sitúa donde pueda quedarse, pero es mala idea colocarla en un parterre pequeño y delicado del que después haya que sacarla.

Suelo y riego

No es exigente. Cualquier suelo medio de jardín le vale, incluidos los pobres, los pedregosos y los calizos, siempre que tenga algo de profundidad para que el rizoma se instale. Prefiere que drene, y no soporta el encharcamiento permanente.

El riego abundante en verano es lo que mantiene la mata verde y frondosa durante la temporada cálida y retrasa o evita el reposo estival. Si no se riega, la planta no muere, simplemente se seca antes y rebrota en otoño. Es una decisión del jardinero: agua para follaje continuo, o dejar que siga su ritmo natural y aceptar unas semanas de ausencia.

En invierno y primavera, que es cuando más crece en clima mediterráneo, suele bastar con la lluvia. Un acolchado al pie ayuda a conservar la humedad y mejora mucho el desarrollo de las hojas.

Mantenimiento

Poco más que limpieza. Se retiran las hojas viejas y estropeadas cuando amarillean, y la espiga floral se corta a ras cuando ha terminado, salvo que se quiera conservar seca por su valor decorativo o dejar que se resiembre.

Un aporte de compost o materia orgánica en otoño, coincidiendo con la rebrotación, es todo el abonado necesario y se nota en el tamaño de las hojas de la temporada.

Las matas envejecidas y muy densas se pueden dividir para renovarlas, aunque el acanto no lo necesita con la frecuencia de otras vivaces y suele mejorar con los años.

Plagas y problemas frecuentes

Los principales enemigos son los caracoles y las babosas, que en otoño e invierno, justo cuando brotan las hojas nuevas y tiernas en un ambiente húmedo y sombrío, pueden dejarlas acribilladas. Es el daño más habitual y el más visible, porque estropea precisamente lo que se cultiva de esta planta.

En verano puede aparecer oídio sobre el haz de las hojas, favorecido por el calor, la falta de ventilación y el riego por aspersión. Como coincide con el final del ciclo foliar, rara vez tiene consecuencias serias, y se limita retirando las hojas afectadas.

También son frecuentes las galerías de minadores en el limbo y las manchas foliares en primaveras muy húmedas. Nada de ello compromete la vida de la planta, cuyo rizoma es extraordinariamente resistente.

Multiplicación

Es sencilla y hay tres caminos. La división de mata en otoño o al final del invierno, separando porciones de rizoma con yemas. Los esquejes de raíz en invierno, cortando trozos de rizoma de varios centímetros y enterrándolos horizontalmente en un sustrato arenoso, un método muy fiable con esta especie. Y la semilla, que germina sin dificultad y con la que la planta se resiembra sola en el jardín con cierta facilidad si no se cortan las espigas.

Usos en el jardín

Su papel natural es el de planta de hoja arquitectónica en sombra seca, uno de los ambientes más difíciles de resolver: el pie de un árbol grande, la base de un muro al norte, un rincón entre edificios donde llega poca luz y poca agua. Allí donde otras vivaces languidecen, el acanto forma masas espectaculares con muy poco cuidado.

Funciona bien plantado en grupo para cubrir superficies amplias, en taludes umbríos, en jardines históricos y de inspiración clásica (donde su vínculo con la arquitectura le da todo el sentido) y en jardines mediterráneos de bajo mantenimiento. Combina con helechos, aspidistras, hiedras, iris y bulbos de floración invernal, que aprovechan el mismo rincón en el momento en que el acanto está en su plenitud.

Las espigas florales, frescas o secas, se usan en composiciones por su porte rígido y su duración.

En resumen

El acanto es una vivaz mediterránea de hoja grande, lobulada y brillante, la misma que inspiró el capitel corintio, coronada en verano por espigas erectas de flores blancas con brácteas purpúreas. Es una planta de semisombra, poco exigente con el suelo, resistente y muy longeva, que resuelve como pocas los rincones sombríos y secos del jardín.

Su particularidad es el ciclo invertido: en clima mediterráneo se seca en verano y rebrota con las lluvias de otoño, y el riego estival abundante es lo que permite mantenerla verde durante toda la temporada. Antes de plantarla conviene pensárselo bien, porque su rizoma profundo la hace muy difícil de erradicar una vez instalada.


Contenidos relacionados