La agrimonia (Agrimonia eupatoria) es una herbácea vivaz de la familia de las rosáceas, la misma de los rosales y los frutales de hueso, que crece de forma silvestre en casi toda España. Se reconoce por su espiga larga y erguida de flores amarillas pequeñas y por sus frutos ganchudos, que se pegan a la ropa y al pelo de los animales.
En el jardín es una planta de bajo mantenimiento para praderas floridas y borduras naturalistas, rústica, indiferente al suelo calizo y resistente a la sequía una vez establecida. Sobre sus usos tradicionales conviene ser claro desde el principio: este sitio no da consejo médico, y aquí no hay preparaciones ni cantidades.
Cómo reconocerla
Es una planta vivaz que rebrota cada primavera de una cepa leñosa. Los tallos son erguidos, poco ramificados, rojizos y cubiertos de pelos ásperos, y suelen medir entre treinta y ochenta centímetros, aunque en buenos suelos pasan del metro.
La hoja es la mejor pista para identificarla. Es imparipinnada, con cinco a nueve foliolos grandes, ovalados y de borde profundamente dentado, entre los que se intercalan foliolos mucho más pequeños. El envés es blanquecino y velloso, y en la base del pecíolo lleva estípulas anchas y dentadas, a menudo con tonos violáceos.
Las flores son pequeñas, de cinco pétalos amarillos, y se disponen en un racimo terminal muy alargado y estrecho que va abriendo de abajo arriba. Florece de comienzos de verano hasta bien entrado agosto, y a veces se alarga en otoño.
El fruto es lo más característico. El receptáculo endurece formando una especie de peonza surcada, coronada por una fila de ganchos rígidos. Esos ganchos se enganchan al pelo de los animales y a la ropa, que es como la planta se dispersa. Quien haya paseado por un ribazo en agosto y haya llegado a casa con la pernera del pantalón llena de frutitos espinosos, probablemente ha transportado agrimonia.
Dónde crece en España
Es una planta de herbazales y de bordes: linderos de bosque, ribazos, setos, cunetas, márgenes de camino y prados poco pastoreados. Se encuentra en buena parte de la Península, con más presencia en la mitad norte y en las zonas de montaña de la mitad sur, y falta o escasea en los ambientes más áridos del sureste.
Tolera muy bien los suelos calizos, que son los dominantes en el este y el sur peninsular, y prefiere terrenos frescos y con algo de profundidad. No es planta de secano extremo ni de arenal costero.
Existe una especie próxima, Agrimonia procera, de mayor porte y con las hojas más aromáticas al frotarlas, presente sobre todo en el norte húmedo. Y conviene no confundir el nombre: el epíteto eupatoria despista, porque el eupatorio, Eupatorium cannabinum, es una planta muy distinta, de la familia de las compuestas, con flores rosadas en corimbo y propia de riberas.
Cultivo
Es de las plantas más fáciles de llevar, porque no pide prácticamente nada.
Exposición. Sol pleno o media sombra. En la mitad sur agradece algo de sombra en las horas centrales del verano.
Suelo. Cualquiera que drene, con preferencia por los frescos y algo profundos. Le van bien los calizos y no necesita enmiendas ácidas. En terreno muy pobre crece más baja, sin más problema.
Riego. Riegos de apoyo el primer año, mientras se establece. Después aguanta el verano peninsular con muy poco, aunque en sequías largas la parte aérea se seca antes de tiempo. Nada de encharcamiento.
Siembra y multiplicación. Lo más sencillo es sembrar en otoño, directamente en el sitio o en bandeja, dejando la semilla expuesta al frío del invierno, que favorece la germinación. También se multiplica dividiendo la mata en primavera, cuando empieza a brotar.
Mantenimiento. Se corta la parte aérea seca a final de invierno y se acabó. Si no se quiere que se resiembre por todo el jardín, hay que cortar las espigas antes de que el fruto madure, porque los ganchos hacen su trabajo con mucha eficacia.
Dónde queda bien
Encaja en jardinería naturalista: praderas floridas, borduras de aspecto silvestre, taludes y bordes de camino donde se busque altura media y una silueta vertical. Combina bien con otras herbáceas de pradera como milenrama, salvias, escabiosas y gramíneas ornamentales, que comparten su exigencia de sol y poco riego.
Su espiga amarilla es visitada por insectos, y en un jardín pensado para fauna auxiliar suma. Como flor cortada aguanta poco, pero la espiga en fruto se seca bien y sirve para composiciones secas, siempre que se manipule con cuidado por los ganchos.
Plagas y problemas
Prácticamente no tiene. Al ser rosácea puede aparecerle oídio en veranos húmedos y bochornosos, sobre todo en matas apretadas y en sombra cerrada, con el típico polvillo blanco en la hoja. Se resuelve con manejo: aclarar la mata, plantar con espacio, regar al pie y no sobre la hoja, y retirar en otoño los restos secos, que es donde el hongo pasa el invierno.
Los caracoles y las babosas pueden atacar los brotes tiernos en primavera si el bancal está húmedo y con refugios cerca. La respuesta eficaz es física: recogida manual al anochecer y retirada de piedras y restos vegetales del entorno. La sal no se usa nunca, porque estropea el suelo y no resuelve el problema.
Sobre los usos tradicionales
La agrimonia aparece con frecuencia en la literatura de plantas medicinales europea, sobre todo por su contenido en taninos. Eso es un hecho documentado sobre la historia de la fitoterapia, y como tal se cuenta aquí.
Lo que no se hace en esta guía es indicar para qué tomarla, en qué forma ni en qué cantidad. El uso de cualquier planta con fines terapéuticos es asunto de un profesional sanitario, no de una página de jardinería, y el hecho de que algo figure en la tradición no demuestra que sirva ni que sea inocuo.
Hay una tercera cosa que conviene aclarar, porque mucha gente llega buscándola: la agrimonia da nombre a uno de los preparados de las llamadas flores de Bach. Ese sistema no tiene respaldo científico y sus preparados no han mostrado efecto más allá del placebo en los ensayos que se han hecho. Es una creencia con su historia, y merece contarse como tal, pero no como tratamiento.
En resumen
La agrimonia es una vivaz rosácea de espiga amarilla y frutos con ganchos, silvestre en gran parte de España, que se cultiva sin dificultad a sol o media sombra en cualquier suelo que drene, tolera bien la caliza y necesita riego solo el primer año. Se siembra en otoño o se divide en primavera, y su único mantenimiento es cortar la mata seca al final del invierno.
Es una buena candidata para pradera florida y bordura naturalista, con la única precaución de cortar las espigas antes de que fructifiquen si no se quiere que se extienda. Y sobre lo demás, la respuesta honesta: los usos medicinales que se le atribuyen son tradición documentada, no eficacia demostrada, y quien busque un tratamiento tiene que hablar con un médico.