La costumbre de tener determinadas plantas en la puerta de casa para protegerla es antiquísima y está bien documentada en toda la cuenca mediterránea. La ruda junto al portal, el romero en la entrada, el manojo de hierbas recogido la noche de San Juan: son prácticas reales, con siglos de continuidad, que forman parte de la cultura popular española.

Lo que hay que decir claro desde el principio es que ninguna planta protege una casa, ahuyenta la envidia ni atrae dinero. No hay nada que medir ahí. Eso no hace el asunto menos interesante, porque detrás de cada una de esas costumbres hay una historia concreta, y porque varias de estas plantas son excelentes en el jardín por motivos que no tienen nada que ver con lo mágico. Una de ellas, además, produce quemaduras serias en la piel y casi nadie lo advierte.

De dónde viene la costumbre

La idea de que ciertas plantas apartan el mal es lo que los etnógrafos llaman apotropaico, y es transversal a casi todas las culturas. En el Mediterráneo se apoya en dos cosas: las plantas de olor fuerte, que se asociaron a la limpieza y a la salud en una época en que se creía que las enfermedades viajaban en los aires corrompidos, y las plantas que pinchan, a las que se atribuyó la capacidad de detener lo que se acerca.

En España la tradición más viva es la de las hierbas de San Juan, recogidas la noche del 23 al 24 de junio y colgadas en puertas y balcones, con variantes locales en todo el país. La ruda es la planta protectora por excelencia del folclore ibérico y latinoamericano, con el ritual de la ruda macho y la ruda hembra a cada lado de la entrada. Y el romero aparece en refranero, en ramos de boda y en la costumbre de colgar un manojo tras la puerta.

Todo eso merece contarse bien. Lo que no procede es presentarlo como si funcionara.

Ruda: la que hay que advertir

La ruda (Ruta graveolens y Ruta chalepensis) es la planta protectora del imaginario popular, y también la más peligrosa de manipular de esta lista.

Su savia contiene furanocumarinas, sustancias fotosensibilizantes. Si el jugo de la planta toca la piel y esa piel recibe después el sol, se produce una fitofotodermatitis: enrojecimiento, ampollas y quemaduras que pueden ser importantes y que dejan manchas oscuras durante meses. Ocurre sobre todo al podarla o arrancarla en un día soleado de verano, y muchas personas no relacionan la quemadura con la planta porque aparece horas después.

La forma de manejarla es con guantes y manga larga, y mejor a última hora del día. Si hay contacto, lavar la zona y mantenerla fuera del sol; ante una reacción en la piel, hay que ver a un médico.

Además, la ruda es tóxica por ingestión y no debe consumirse en ninguna preparación. Es cierto que aparece en la literatura tradicional como planta medicinal, y por ahí circulan usos que han provocado intoxicaciones graves, incluidas complicaciones en el embarazo. Esa es exactamente la razón por la que aquí no se dan preparaciones ni cantidades.

Como planta de jardín, en cambio, es magnífica: mata de hoja azulada muy característica, perenne, resistente a la sequía, indiferente al suelo calizo y sin plagas. Va a pleno sol, con riego escaso, y se poda ligeramente al final del invierno. Y es planta nutricia de la mariposa macaón, cuyas orugas verdes con anillos negros se ven a menudo sobre ella.

Las demás, y qué son de verdad

Cactus. La creencia dice que las espinas detienen lo que viene de fuera, y por eso se colocan en balcones y ventanas. En la práctica un cactus en la ventana es una planta que necesita mucha luz, poquísima agua y, sobre todo, nada de riego en invierno con sustrato que retenga humedad, que es lo que mata a la mayoría. Merece la pena saber que las cactáceas están todas incluidas en el Apéndice II de CITES, lo que significa que no se recolectan del medio natural ni se compran sin documentación.

Albahaca (Ocimum basilicum). En el folclore es planta de buena suerte y de amor. En la maceta es una anual de verano que quiere sol, riego frecuente y que se pinza por encima de un par de hojas para que ramifique en lugar de espigar. La albahaca del supermercado viene con demasiadas plantas apretadas en poco sustrato y por eso dura dos semanas: dividida y replantada en macetas de mayor volumen, aguanta todo el verano.

Romero (Salvia rosmarinus, reclasificado hace poco desde Rosmarinus officinalis). El clásico del ramo en la puerta. Como planta es de lo mejor que se puede tener en un jardín español: mediterránea, de secano, indiferente al suelo calizo, perenne y con floración invernal que alimenta abejas cuando no hay casi nada más. Quiere sol pleno y drenaje, y muere de exceso de riego mucho antes que de sequía.

Hierbabuena (Mentha spicata). Asociada a la abundancia en la creencia popular. En el jardín es invasora por rizoma: se extiende bajo tierra y coloniza el bancal entero en dos temporadas. La regla es plantarla siempre en maceta, o con la maceta enterrada haciendo de barrera. Quiere sombra parcial y suelo fresco, al contrario que el romero.

Verbena (Verbena officinalis). Fue planta sagrada para celtas y romanos y aparece en fórmulas rituales antiguas. Es una herbácea modesta, de florecillas lilas pequeñas, rústica y de secano. No se le atribuya efecto sobre las cosechas ni sobre nada.

Caléndula (Calendula officinalis). En el huerto tiene una utilidad real y comprobable que la superstición no menciona: es una de las mejores plantas para atraer polinizadores y fauna auxiliar, florece prácticamente todo el año en clima suave, se siembra sola y se resiembra año tras año. Como flor de borde de bancal es difícil de mejorar.

Mirra. Conviene aclarar que la mirra no es una planta de casa. Es la resina de árboles del género Commiphora, propios de zonas áridas del Cuerno de África y de la península arábiga, que se comercializa como resina para quemar. No se cultiva en un jardín español ni se planta en una maceta.

Lo que las plantas de casa sí hacen

Ya que estamos con lo que no es cierto, conviene desmontar otra creencia muy extendida y de aspecto más científico: la de que las plantas de interior purifican el aire de una vivienda. Viene de experimentos hechos en cámaras cerradas y pequeñas, y trasladado a una habitación real, con su ventilación y su volumen de aire, el efecto es despreciable. Para la calidad del aire de una casa lo que funciona es ventilar.

Lo que sí hay: tener plantas y ocuparse de ellas se asocia con bienestar, y eso es motivo suficiente. Y las aromáticas de esta lista dan, además, hoja para la cocina, flor para los polinizadores y estructura verde durante todo el año, que son ventajas medibles y no requieren creer en nada.

En resumen

La ruda, el romero, la albahaca, la hierbabuena, la verbena y la caléndula forman un repertorio de plantas protectoras con siglos de tradición documentada en España, ligada a las hierbas de San Juan y al folclore mediterráneo. Como historia cultural es un tema estupendo; como mecanismo, no protege nada ni atrae nada.

Lo que sí conviene llevarse: la ruda produce quemaduras en la piel por fotosensibilización y no debe ingerirse, la hierbabuena hay que plantarla en maceta si no se quiere que invada el bancal, la mirra no es una planta que se cultive y la purificación del aire por plantas de interior es un mito. El romero y la caléndula, en cambio, son dos de las mejores plantas que se pueden poner en un jardín español, y por motivos que se pueden comprobar.


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