Decir "lavanda" es como decir "pino": el género Lavandula reúne cerca de cuarenta especies con orígenes, resistencias y exigencias muy distintas. Algunas soportan veinte grados bajo cero y otras se mueren con una helada floja; unas exigen suelo calizo y otras solo prosperan en terreno ácido. Comprar "una lavanda" sin más es la razón por la que a mucha gente se le muere en el primer invierno o en el primer verano.
La península ibérica es, además, uno de los centros de diversidad del género: aquí crecen de forma silvestre el cantueso, el espliego, la alhucema y varias especies exclusivas del sur peninsular. Conocerlas ayuda a elegir bien.
Cómo se agrupan las lavandas
A efectos prácticos, para jardinería en España conviene separarlas en tres bloques:
Las de montaña, rústicas al frío y de aceite fino. Lavandula angustifolia, L. latifolia y su híbrido, el lavandín. Son las de floración estival, espiga limpia sobre un tallo largo, y las que se cultivan para destilar.
Las mediterráneas de floración temprana. L. stoechas y L. viridis, con las llamativas brácteas apicales en forma de orejas sobre la espiga. Florecen a partir de marzo y son las que más se ven silvestres en el oeste y centro peninsular.
Las termófilas de hoja dividida. L. dentata, L. multifida y L. lanata. Poco resistentes al frío intenso, muy adaptadas al calor y al litoral, con floraciones larguísimas.
Lavandula angustifolia
La lavanda verdadera, también llamada lavanda inglesa aunque sea originaria de las montañas del Mediterráneo occidental, entre 600 y 1.800 metros de altitud. Mata compacta de 40-70 cm, hojas estrechas grisáceas y espigas cortas y densas de flores azul violáceo sobre pedúnculos largos. Florece de junio a julio.
Es la más resistente al frío del género: soporta sin daño -15 ºC, y por eso es la única que funciona bien en el interior norte, en Castilla y León o en zonas de montaña. Su aceite esencial es el más apreciado en perfumería y aromaterapia porque contiene poco alcanfor. Cultivares habituales: 'Hidcote' (compacta, azul muy oscuro), 'Munstead' (más pequeña, floración temprana), 'Rosea' (flor rosada).
Su punto débil es el calor húmedo: en el litoral mediterráneo cálido y en el sur sufre en verano y tiende a acortar su vida.
Lavandula latifolia
El espliego, planta muy común en los matorrales calizos de media montaña de casi toda España. Se distingue de la anterior por la hoja claramente más ancha y espatulada y por la inflorescencia ramificada, con dos espigas laterales además de la central. Florece más tarde, de julio a septiembre.
Vive a menor altitud que la lavanda verdadera y aguanta mejor el calor, aunque es algo menos resistente al frío. Su aceite es rico en alcanfor y 1,8-cineol: huele más penetrante y medicinal, menos dulce. Es una excelente planta de jardín seco en clima continental, y una de las mejores del género para atraer polinizadores.
Lavandín, el híbrido que domina los cultivos
Merece un apartado propio aunque no salga en muchas listas. El lavandín (Lavandula × intermedia) es el híbrido natural entre L. angustifolia y L. latifolia, que se cruzan donde sus áreas se solapan. Es más grande y vigoroso que ambos padres, con matas que superan el metro, espigas largas y floración abundante de julio a agosto.
Es estéril, así que solo se propaga por esqueje, y es lo que se cultiva industrialmente en la Provenza y, en España, en La Alcarria (Guadalajara y Cuenca) y en zonas de Albacete y Teruel. Los campos morados que se fotografían en Brihuega son mayoritariamente lavandín 'Grosso'. Para el jardín es una elección estupenda: rinde el doble de flor que la lavanda verdadera y es muy rústico.
Lavandula stoechas
El cantueso, la lavanda ibérica por excelencia. Se reconoce al instante por el penacho de brácteas moradas en el ápice de la espiga, como dos orejas de conejo, y por la espiga corta, gruesa y de color púrpura oscuro. Florece muy pronto, de marzo a junio, y a veces repite en otoño.
Tiene una particularidad que decide su éxito o su fracaso: es calcífuga, es decir, crece en suelos silíceos, ácidos o neutros, y en terreno calizo desarrolla clorosis férrica, se amarillea y termina muriendo. Si vives sobre suelo calizo —buena parte del este y del valle del Ebro— y quieres cantueso, tendrás que ponerlo en maceta con sustrato para acidófilas y regar con agua de lluvia o poco mineralizada. Es un fallo habitual: comprar cantueso porque es el más bonito de la floristería y plantarlo en tierra caliza.
Resiste hasta unos -8 o -10 ºC y prefiere climas de inviernos suaves y veranos secos.
Lavandula dentata
La lavanda dentada o rizada, nativa del sur peninsular, Baleares y norte de África. Su hoja es inconfundible: verde grisácea con el margen recortado en dientes redondeados. La espiga lleva un pequeño penacho de brácteas, más discreto que el del cantueso.
Su gran virtud es la floración: en clima suave florece prácticamente de octubre a junio, con parones cortos, lo que la convierte en la lavanda más agradecida para jardines de costa y del sur. A cambio es la más sensible al frío del grupo: por debajo de -4 o -5 ºC sufre daños serios. En Madrid o en Castilla necesita un lugar muy resguardado, o cultivo en maceta y protección invernal.
Es también la lavanda más tolerante con la humedad ambiental y la que mejor acepta la vida en maceta.
Lavandula multifida
Llamada alhucema o rompepiedras, propia del sureste peninsular árido y del norte de África. Sus hojas son muy divididas, casi como frondes de helecho, de un verde grisáceo, y las inflorescencias van sobre pedúnculos largos y a menudo ramificados en tres.
Es una planta más blanda y menos leñosa que el resto, de vida corta —tres o cuatro años— pero con una floración larguísima que puede prolongarse casi todo el año en zonas cálidas. Su aroma es distinto, más áspero y resinoso, y no se usa en perfumería. Es muy sensible al frío y a la humedad del suelo en invierno; en clima continental hay que tratarla casi como planta de temporada.
Lavandula lanata
Un endemismo de las sierras calizas del sur de España, entre Málaga, Granada y Almería, y probablemente la más espectacular del género: sus hojas están cubiertas de un tomento blanco lanudo que hace que la mata parezca de fieltro plateado, y contrasta con espigas de un violeta intenso en verano.
Es planta de alta montaña seca, adaptada al frío nocturno y a la sequía extrema. En el jardín es exigente: no tolera la humedad ambiental ni el exceso de riego, y ese vello que la protege del sol se convierte en un problema donde llueve en verano, porque retiene agua y favorece los hongos. Va bien en clima continental seco, en suelo pedregoso y calizo, y mal en el litoral atlántico o cantábrico. Hibrida con facilidad con L. angustifolia, y de esos cruces salen cultivares plateados más manejables como 'Richard Gray'.
Lavandula viridis
La lavanda verde, del suroeste peninsular y el Algarve portugués. Es la rareza del género: hojas de un verde brillante, sin el gris habitual, y espigas con brácteas apicales de color blanco verdoso en lugar de moradas. El aroma es fuerte, cítrico y alimonado, muy distinto del de la lavanda de perfumería.
Como el cantueso, prefiere suelos ácidos o neutros y no le sienta bien la caliza. Resiste heladas ligeras, hasta unos -5 ºC. Es una buena elección para aportar contraste en un macizo de lavandas, porque su follaje claro rompe la monotonía gris.
Cuidados comunes a todas las lavandas
Sol directo, cuanto más mejor. Un mínimo de seis horas. A media sombra florecen poco, se estiran y pierden aroma, porque los aceites esenciales se producen en respuesta a la radiación.
Drenaje antes que nada. La causa número uno de muerte de una lavanda no es el frío ni la sequía: es la asfixia radicular en un suelo pesado y encharcado, y la podredumbre por Phytophthora que viene detrás. Si tu tierra es arcillosa, planta en caballón o en talud elevado, mezcla arena gruesa y grava, y no le pongas alcorque hondo donde se acumule agua.
Suelo pobre. Es una planta de matorral seco. En tierra rica y abonada crece blanda, se despatarra y florece peor. Nada de abono nitrogenado. Como mucho, un aporte de compost muy maduro al plantar.
Riego escaso y espaciado. El primer año, riegos regulares para que enraíce. A partir del segundo, una lavanda establecida en el interior peninsular pasa el verano con un riego profundo cada dos o tres semanas, y en muchas zonas con nada. Riega al pie, nunca mojando la planta.
pH según especie. Calizo o neutro para angustifolia, latifolia, lavandín, dentata y lanata. Ácido o neutro para stoechas y viridis.
La poda: el cuidado que más se descuida
Una lavanda sin podar dura cuatro o cinco años; podada correctamente, doce o quince. El motivo es que la base se lignifica y la madera vieja de lavanda no rebrota: si se queda desnuda, ya no hay marcha atrás.
La regla es podar todos los años, justo después de la floración —a finales de verano en las de flor estival, en junio en el cantueso—, rebajando la mata en forma de media esfera y eliminando entre un tercio y la mitad del crecimiento del año. Siempre dejando dos o tres dedos de tallo con hojas verdes por encima de la madera. Nunca cortes en la parte gris y desnuda esperando que brote de ahí, porque no lo hará.
Si has heredado un ejemplar viejo y despatarrado con un agujero en el centro, la recuperación es difícil. Se puede intentar rebajar un tercio de las ramas al año, siempre dejando hoja verde, durante tres años. A menudo sale más a cuenta sacar esquejes de las puntas sanas y reponer la planta.
Multiplicación y problemas
Los esquejes semileñosos son el método fiable: en agosto o septiembre, ramitas de 8-10 cm del crecimiento del año, sin flor, deshojadas por la mitad inferior y clavadas en una mezcla de arena y turba, a la sombra y con el sustrato apenas húmedo. Enraízan en cuatro a seis semanas. Es la única vía para los híbridos, que no dan semilla viable, y la única que garantiza que la planta hija sea idéntica a la madre.
Por semilla se puede, pero germina de forma irregular y suele necesitar estratificación en frío; además, la descendencia sale variable.
Las lavandas tienen muy pocas plagas: su aceite esencial las protege. Los problemas serios son la podredumbre de raíz por exceso de agua y, en menor medida, el septoria en veranos húmedos. Conviene saber que en algunas zonas del litoral mediterráneo, especialmente en Baleares y Alicante, Lavandula figura entre las plantas hospedadoras de Xylella fastidiosa, con zonas demarcadas y restricciones al movimiento de plantas; si vives en una de ellas, compra siempre en vivero con pasaporte fitosanitario.
En resumen
Elige la especie por tu clima y tu suelo, no por la foto. En zonas frías y de interior, Lavandula angustifolia o lavandín. En clima continental con suelo calizo, espliego o L. lanata si el sitio es muy seco. En suelo ácido, cantueso o L. viridis. En costa y en el sur, L. dentata, que además florece medio año.
Después, lo demás es sencillo y siempre igual: mucho sol, suelo pobre y drenante, poquísima agua y una poda anual tras la floración que nunca entre en la madera vieja. Con eso una lavanda dura más de una década; sin eso, cuatro años y una mata calva.