Mueren más romeros en agosto por exceso de agua que en enero por frío. Es un dato que choca con la idea que mucha gente tiene de esta mata mediterránea, a la que se le supone una resistencia infinita, y explica por qué tantas plantaciones que arrancaron bien se vienen abajo al segundo verano. Plantar romero en el jardín es sencillo, pero solo si se acierta con tres cosas: el sitio, la profundidad a la que queda el cepellón y lo que se hace con el riego a partir del primer año.

Qué planta estás metiendo en el jardín

El romero de toda la vida se llamaba Rosmarinus officinalis, y así aparece todavía en la mayor parte de las etiquetas de vivero. Desde la revisión taxonómica de 2017 su nombre aceptado es Salvia rosmarinus: los estudios moleculares metieron el género Rosmarinus dentro de Salvia. No cambia nada en el cultivo, pero conviene saberlo para no pensar que te están vendiendo otra cosa.

Es un arbusto leñoso perenne de la cuenca mediterránea, adaptado a suelos pobres, pedregosos y con frecuencia calizos, y a veranos secos y largos. Alcanza entre 1 y 1,5 m de altura en las formas erguidas, y su sistema radicular es superficial y muy sensible a la asfixia. Todo lo que se explica más abajo deriva de esos dos hechos: raíces poco profundas y ninguna tolerancia al suelo encharcado.

Antes de comprar, decide qué porte necesitas, porque las diferencias entre cultivares son grandes:

  • Formas erguidas (tipo 'Tuscan Blue' o 'Miss Jessopp's Upright'): crecen hacia arriba, se prestan a seto bajo y a mata aislada. Son las más rústicas al frío.
  • Formas rastreras o postradas (grupo 'Prostratus'): se derraman por muros y taludes, cubren bien el terreno y quedan por debajo de los 40-50 cm. Aguantan algo menos el frío que las erguidas.
  • Formas intermedias, con hábito abierto y ramas arqueadas, útiles para rellenar en macizos de secano junto a lavandas, santolinas o Teucrium.

En cuanto a resistencia al frío, las variedades erguidas soportan sin daño heladas de hasta unos -10 ºC si el suelo drena bien; por debajo de eso empiezan las quemaduras en las puntas y la pérdida de ramas. El matiz importante es que el romero muere antes por frío húmedo que por frío seco. En la meseta, con heladas fuertes pero suelo seco, aguanta; en un suelo pesado que se queda empapado toda la primavera, se ahoga con temperaturas mucho más suaves.

Mata de romero, Salvia rosmarinus, en flor en un jardín

Dónde plantarlo: la decisión que no tiene arreglo después

La ubicación es lo único que no se corrige con cuidados posteriores. Busca sol directo durante un mínimo de seis horas al día, y preferiblemente el sol de la tarde en zonas frescas del norte. A media sombra el romero sobrevive, pero se ahíla, produce menos aceites esenciales (huele bastante menos) y florece de forma pobre e irregular.

El drenaje es el segundo filtro. Haz esta comprobación antes de cavar nada: excava un hoyo de unos 30 cm de profundidad, llénalo de agua y déjalo vaciar; vuelve a llenarlo y cronometra. Si tarda más de tres o cuatro horas en vaciarse la segunda vez, ese suelo no sirve tal cual para romero. En ese caso hay dos salidas razonables: plantar en un bancal elevado de 25-30 cm o levantar un caballón de tierra mezclada con grava y arena gruesa. Enmendar el fondo del hoyo con arena sin más, en un suelo arcilloso, funciona al revés de lo que se espera: crea una especie de bañera donde el agua se acumula.

El pH le da bastante igual mientras no sea muy ácido. Va bien entre 6 y 8, y prospera en suelos calizos donde otras aromáticas se clorosan. Lo que no tolera es la salinidad excesiva del suelo, aunque sí aguanta muy bien el viento cargado de sal del litoral, lo que lo convierte en una planta de jardín costero de primera línea.

Y un error tan frecuente como invisible: no lo plantes dentro del alcance de los aspersores del césped ni en un macizo con riego por goteo diario. Un romero regado como si fuera un rosal se pudre por el cuello en dos o tres temporadas. Si tienes riego automático en la zona, dale su propio sector o aléjalo.

Cuándo plantar

Con planta de vivero en contenedor, la mejor época en la mayor parte de la Península es el otoño, de octubre a noviembre. El suelo conserva calor, las lluvias hacen el trabajo del riego y la planta dispone de todo el invierno y la primavera para enraizar antes del primer verano, que es la prueba de fuego.

En zonas de interior con heladas fuertes y prolongadas (Soria, Teruel, Burgos, páramos de León), es más seguro esperar a finales de invierno o principios de primavera, de febrero a marzo, para que no reciba el frío severo con las raíces recién movidas.

Lo que conviene descartar es plantar en mayo, junio o julio. La planta no tiene tiempo de explorar el suelo y depende del riego durante meses, justo lo que peor lleva.

Cómo plantarlo paso a paso

1. Prepara el hoyo. Cava un hueco de dos a tres veces el ancho del cepellón, pero solo un poco más profundo que su altura. Lo importante es aflojar en horizontal, que es por donde va a extenderse la raíz, no en vertical.

2. No abones el fondo. Nada de estiércol, compost fresco ni granulado de liberación lenta bajo el cepellón. El romero da su mejor versión en suelo pobre; el exceso de nitrógeno le provoca un crecimiento blando, aguado, propenso a hongos y con menos aroma. Si el suelo es puro barro, mezcla la tierra extraída con un tercio de grava fina o arena de río lavada, y con esa mezcla rellenas.

3. Suelta el cepellón. Si viene con las raíces enrolladas dando vueltas a la maceta, ábrelo con los dedos o haz dos cortes verticales superficiales con un cuchillo limpio. Un cepellón espiralizado que se planta tal cual sigue creciendo en círculo y la planta se estrangula a sí misma años después.

4. Cuida la altura. Este es el paso donde se decide medio resultado. La superficie del cepellón debe quedar a ras del suelo o uno o dos centímetros por encima, nunca enterrada. El cuello, la zona donde el tallo se vuelve leñoso, tiene que quedar al aire y seco. Enterrarlo un par de centímetros de más es la vía directa a la podredumbre.

5. Rellena y asienta. Aprieta la tierra con la mano, sin pisotearla, y riega abundantemente para que no queden bolsas de aire. Ese primer riego debe ser generoso: entre 5 y 10 litros por planta.

6. Acolcha, pero con material mineral. Una capa de 3-4 cm de grava, gravilla volcánica o piedra machacada conserva humedad y mantiene el cuello seco. La corteza de pino y el acolchado orgánico retienen demasiada humedad justo donde no interesa; si los usas, deja al menos 10 cm libres alrededor del tallo.

Distancias. Para mata aislada, de 60 a 80 cm entre plantas en variedades erguidas. Para seto bajo, de 40 a 50 cm, que es lo que permite que las matas cierren en dos o tres temporadas sin agobiarse entre ellas. En taludes con variedades rastreras, entre 50 y 70 cm, contando con que cada mata cubre cerca de un metro de diámetro.

Seto bajo de romero recortado en un jardín

El riego, antes y después del arraigo

Hay que distinguir dos etapas y tratarlas de forma casi opuesta.

Primer año. La planta todavía depende del volumen de tierra que trajo de la maceta. Riega de forma espaciada pero profunda: un buen empapado cada 10-15 días si plantaste en otoño y no llueve, y cada 6-8 días durante el primer verano en clima seco. Riegos cortos y frecuentes producen raíces superficiales; riegos abundantes y espaciados obligan a la raíz a bajar.

A partir del segundo año. En casi toda la Península, un romero establecido en pleno suelo no necesita riego, salvo un par de aportes de socorro en olas de calor prolongadas o en zonas del sureste con menos de 300 mm anuales. Si dudas, no riegues: el romero avisa del exceso de agua con las hojas amarillentas en la base y un tono apagado, y avisa de la sed con las puntas grisáceas y algo mustias, un síntoma mucho más raro.

Poda, floración y mantenimiento

Florece de forma escalonada entre finales de invierno y la primavera, y muchas variedades repiten en otoño. Es una de las primeras fuentes de néctar del año para abejas y abejorros, motivo suficiente para no cortarlo justo cuando está en flor.

La poda se hace después de la floración principal, en abril o mayo, y responde a una regla que no admite excepciones: no cortes nunca sobre madera vieja sin hojas. El romero prácticamente no rebrota de tallos desnudos y lignificados, así que un rebaje severo deja un esqueleto marrón que ya no se recupera. Limítate a recortar un tercio del crecimiento del año, siempre dejando hoja verde por debajo del corte.

Ese detalle es también la razón por la que los setos de romero hay que empezar a recortarlos desde jóvenes, un par de veces al año y poco cada vez. Un seto descuidado durante cinco años ya no se puede reducir de tamaño sin destrozarlo; llegado ese punto, la salida realista es replantar.

Problemas habituales, pocos y previsibles. El crisomélido del romero (Chrysolina americana), un escarabajo metálico verde y rojo, roe hojas en otoño e invierno; con matas adultas el daño es estético y se resuelve retirándolos a mano. Los hongos de raíz, del tipo Phytophthora, no tienen tratamiento práctico en jardín y son consecuencia directa de un drenaje malo. Y en primaveras muy húmedas puede aparecer oídio, sobre todo en plantas apretadas y sin aire, lo que se corrige aclarando el interior de la mata.

Multiplicarlo desde tu propia planta

Una vez tienes una mata que te gusta, ampliar el jardín no cuesta dinero. Los esquejes semileñosos de 8-10 cm tomados a finales de primavera o en verano enraízan con facilidad: se retiran las hojas de la mitad inferior, se clavan en una mezcla de arena y turba o fibra de coco, se mantienen en sombra luminosa y apenas húmedos, y en cuatro o seis semanas tienen raíz. Otra vía aún más cómoda es el acodo: se sujeta al suelo una rama baja con una piedra, se cubre de tierra el punto de contacto y, pasados unos meses, se corta y se trasplanta ya enraizada.

La semilla es la peor opción para el jardinero doméstico: germina mal y de forma irregular, tarda meses en dar una planta manejable y los cultivares no se reproducen fieles.

En resumen

Elige un sitio a pleno sol con drenaje comprobado y fuera del alcance del riego del césped. Planta en otoño, o a finales de invierno si vives en zona de heladas duras, en un hoyo ancho y sin abonar, dejando el cuello del cepellón a ras o ligeramente por encima del suelo, y acolcha con grava en lugar de con corteza. Riega de forma profunda y espaciada el primer año, y prácticamente olvídate del riego a partir del segundo. Poda cada primavera tras la floración sin bajar nunca a madera desnuda, y multiplica por esquejes lo que ya tengas. Si el romero falla, la causa está casi siempre en el agua o en la profundidad de plantación, no en el frío.


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