Si cultivas dentro de casa, la orientación de la ventana es el factor que más determina el resultado, por encima del sustrato, del abono y del riego. Las plantas son organismos fotoautótrofos: convierten la energía de la luz en la energía química con la que construyen todo lo demás. Sin luz suficiente no hay hoja, por bien que riegues.

Aquí tienes cómo saber qué da tu ventana según hacia dónde mire, qué otras cosas te están robando luz sin que lo notes, cómo se reconoce a simple vista que una planta se está quedando corta, qué cultivar en cada situación y, cuando la casa no da más de sí, cómo se elige y se coloca una lámpara de cultivo sin gastar de más.

Qué orientación tienes y qué significa

España está en el hemisferio norte, así que el sol pasa por el sur a mediodía y las orientaciones no son intercambiables:

  • Sur. La mejor para cultivar. Recibe sol directo la mayor parte del día en invierno, cuando el sol va bajo y entra profundo en la habitación. En verano, con el sol muy alto, entra menos y más vertical, lo que en el sur peninsular es una ventaja porque evita quemaduras.
  • Este. Sol directo de mañana, suave y fresco, y luz indirecta el resto del día. Es una orientación excelente para aromáticas y hoja, y la que menos problemas de calor da en verano.
  • Oeste. Sol de tarde, el más caliente. Funciona, pero en julio y agosto una ventana al oeste puede achicharrar plántulas y macetas pequeñas. Conviene un visillo fino en las horas peores.
  • Norte. Nunca recibe sol directo, solo luz reflejada. Es una luz muy estable y agradable para plantas de interior de sombra, pero insuficiente para cultivar hortalizas o aromáticas de sol. Es la orientación donde más gente se estrella intentando tener albahaca.

Para saber cuál es la tuya, la brújula del móvil basta. Sin móvil, sirve mirar por dónde entra el sol al mediodía: ahí está el sur.

Lo que te quita luz sin que lo notes

Tener orientación sur no garantiza nada. Hay cuatro cosas que recortan la luz disponible y casi nunca se tienen en cuenta.

La primera es la sombra de otros edificios, especialmente en calles estrechas y plantas bajas. Un patio interior o un primero frente a un bloque puede tener orientación sur y no ver el sol en todo el invierno, que es justo cuando más falta hace.

La segunda es el acristalamiento. El vidrio sencillo deja pasar la mayor parte de la luz visible, pero los vidrios con capa de control solar o bajo emisivos, habituales en obra nueva y en rehabilitaciones, están diseñados precisamente para reducir la radiación que entra. La ficha del fabricante lo indica como factor de transmisión luminosa, y la diferencia entre uno y otro es apreciable. Lo mismo hacen las láminas adhesivas de control solar y las mosquiteras, que aunque parezcan transparentes recortan bastante.

La tercera es la época del año. En la latitud de Madrid el día pasa de unas nueve horas a finales de diciembre a unas quince a finales de junio, y en invierno el sol además va bajo y atraviesa más atmósfera. Una planta que iba bien en septiembre puede pararse en noviembre sin que hayas cambiado nada.

La cuarta es la suciedad. Un cristal sucio y unas hojas con polvo restan más de lo que parece. Limpiar el vidrio y pasar un paño húmedo por las hojas grandes es de lo más barato que puedes hacer por tus plantas.

La distancia a la ventana lo cambia todo

La luz que entra por una ventana cae muy deprisa según te metes en la habitación. Nuestros ojos no lo perciben porque se adaptan sin que nos demos cuenta, pero una planta pegada al cristal y la misma planta a un metro hacia dentro están viviendo situaciones muy distintas. Un metro puede ser la diferencia entre una mata compacta y una planta ahilada.

De ahí salen tres reglas prácticas. Pega las plantas al cristal todo lo que puedas, salvo en invierno con ventana de un solo vidrio, donde el frío nocturno del alféizar es un problema aparte. Pon una superficie clara detrás (una pared blanca, una cartulina) para devolver luz al lado en sombra. Y gira la maceta un cuarto de vuelta cada vez que riegues, para que no se incline toda hacia la ventana.

Cómo se ve que falta luz

Dos plantas de albahaca en la misma fecha, una compacta con buena luz y otra ahilada con luz insuficiente

Las dos plantas de la imagen tienen la misma edad y la misma semilla. La de la izquierda tuvo luz suficiente y la de la derecha no. La diferencia no es de tamaño, es de forma: la que va escasa alarga el tallo y separa los pares de hojas buscando la luz, en lugar de invertir en hoja. Eso se llama ahilado o etiolación, y no se corrige después: el tramo ya estirado se queda así.

Las señales, por orden de aparición:

  • Tallos largos y finos con mucha distancia entre pares de hojas.
  • Hojas nuevas más pequeñas y más pálidas que las anteriores.
  • La planta entera inclinada hacia la ventana.
  • Pérdida de color en las plantas de hoja variegada o morada, que se vuelven verdes.
  • Hojas de abajo que amarillean y caen, porque la planta sacrifica lo que está sombreado.
  • Crecimiento parado en pleno noviembre, aunque el riego y el abono sean los mismos que en septiembre.

Qué cultivar según lo que tengas

VentanaVa bienMejor no intentarlo
SurAlbahaca, romero, tomillo, tomate cherry en balcón, guindillaHelechos y plantas de sombra, que se queman
EstePerejil, cebollino, menta, lechuga, canónigos, albahacaFrutos grandes que piden muchas horas de sol
OesteAromáticas resistentes, con protección en veranoPlántulas recién nacidas sin visillo
NorteBrotes germinados, plantas de interior de sombraCualquier aromática de sol o cualquier hortaliza, sin lámpara

Cuándo hace falta una lámpara y cómo se elige

La bombilla de la habitación no cuenta. La intensidad de la iluminación doméstica es órdenes de magnitud menor que la de la luz natural, y una planta bajo una lámpara de salón sigue estando a oscuras desde su punto de vista. Una lámpara de cultivo es otra cosa: está diseñada para entregar mucha más intensidad en un área concreta.

Qué mirar al elegir una:

  • Potencia real, no equivalente. La que importa es la que consume el aparato en vatios. Los "equivalentes a" de los envases no dicen nada útil.
  • Superficie que cubre. Una lámpara pequeña ilumina bien un círculo pequeño. Es mejor repartir varias sobre el ancho del cultivo que poner una potente en el centro y dejar los bordes ahilados.
  • Espectro. La clorofila absorbe sobre todo en el azul y en el rojo, pero la planta aprovecha todo el visible, y el verde penetra mejor en el interior de la mata. En casa lo práctico es una luz blanca de espectro completo: funciona igual de bien y te deja ver el color real de las hojas, que es como se detecta una carencia o una plaga. Las luces moradas de rojo y azul cultivan bien pero convierten cualquier diagnóstico visual en un ejercicio de adivinación.
  • Disipación. Un equipo LED que se calienta mucho pierde vida útil. Los que llevan cuerpo de aluminio con aletas duran más.

Dónde se coloca y cuántas horas

La distancia correcta depende del modelo concreto, y varía muchísimo entre equipos de potencias distintas, así que la referencia buena es la que da el fabricante para esa lámpara. Como método general: empieza más lejos de lo que crees, observa una semana y acércala poco a poco. Si las hojas cercanas a la lámpara se decoloran, se curvan hacia abajo o se secan por el borde, está demasiado cerca. Si la planta se estira hacia arriba, está demasiado lejos.

La intensidad cae con el cuadrado de la distancia, así que acercar la lámpara a la mitad de distancia multiplica por cuatro lo que recibe la planta. Es el ajuste que más efecto tiene y el más fácil de hacer, mucho más que cambiar de lámpara.

En horas, la mayoría de aromáticas y hortalizas de hoja van bien con entre doce y dieciséis horas diarias, y necesitan siempre un periodo de oscuridad continuo: la planta también respira y regula su crecimiento de noche, y dejar la luz veinticuatro horas no es mejor. Lo importante es la regularidad, así que un temporizador de enchufe es imprescindible, y cuesta cuatro euros.

Dos apuntes más. La lámpara complementa la ventana, no la sustituye: lo habitual es encenderla al amanecer y al anochecer para alargar el día en invierno. Y si en tu zona hay menos de diez horas de luz al día, ese es el momento del año en el que la lámpara marca la diferencia entre cultivar y mantener plantas vivas a duras penas. Tienes más detalle en iluminación para plantas de interior y en cuánta luz es la correcta.

En resumen

Al norte del ecuador, una ventana al sur es la mejor para cultivar y una al norte no da para hortalizas ni aromáticas de sol. Entre medias, el este es una orientación estupenda y el oeste exige protección en verano. Pero la orientación es solo el punto de partida: la sombra del edificio de enfrente, el tipo de acristalamiento, la mosquitera, la estación y el cristal sucio recortan la luz real, y la distancia a la ventana la recorta muchísimo.

Aprende a leer el ahilado, que es la señal temprana y la más fiable. Cuando aparezca, primero acerca la planta al cristal y limpia el vidrio, que es gratis. Si con eso no basta, una lámpara blanca de espectro completo, colocada a la distancia que indique su fabricante y gobernada por un temporizador de doce a dieciséis horas, resuelve el invierno entero.


Contenidos relacionados