Un huerto de interior falla casi siempre por las mismas cinco cosas, y ninguna de ellas es mala suerte. La plántula nace y se estira sin echar hoja, la mata se dobla y ya no se levanta, aparece un moho blanco en la superficie, el agua se pone verde o las hojas amarillean de abajo arriba. Cada síntoma apunta a una causa concreta y casi todas se corrigen sin tirar nada.
Aquí tienes los problemas más frecuentes ordenados por lo que ves, con lo que suele haber detrás y lo que hay que hacer. La regla general, antes de entrar en detalle: dentro de casa el factor que falla el noventa por ciento de las veces es la luz, y el segundo es el exceso de agua. Antes de cambiar el abono o el sustrato, revisa esos dos.
La semilla germina y luego se para
Es el fallo más desmoralizante: nace todo y a los pocos días la cosa se detiene o se seca. Hay dos causas dominantes.
La primera es el frío. Un alféizar con un solo cristal puede bajar de noche muchos grados respecto al resto de la habitación, y ahí hay además corrientes cuando la ventana no cierra bien. Las hierbas de clima cálido, la albahaca la primera, se paran por debajo de unos 12 grados y se dañan cerca de cero. Una plántula recién nacida no tiene reservas para aguantar ese golpe.
La segunda es la luz insuficiente. Para germinar casi no hace falta luz, porque la plántula vive de la reserva de la semilla, pero en cuanto esa reserva se agota necesita fotosintetizar. Si no llega luz suficiente, se queda parada, palidece y se pierde.
Qué hacer: separa la maceta del cristal unos centímetros y ponla sobre un aislante (un corcho, una tabla) si el alféizar está helado, o retírala de noche al interior de la habitación. Y busca el sitio más luminoso de la casa antes de volver a sembrar.
Los tallos salen largos, finos y sin hojas
A esto se le llama ahilado o etiolación. La planta gasta lo poco que tiene en crecer hacia arriba buscando luz, en vez de en engordar el tallo y sacar hoja. El resultado es un tallo largo, pálido, con los entrenudos muy separados y dos hojitas arriba. No se recupera: ese tramo estirado se queda así para siempre.
La corrección es luz, y hay tres vías. La primera es mover la planta a una ventana mejor orientada. La segunda es acercarla al cristal, porque la luz cae muy deprisa según te metes en la habitación: un metro hacia dentro ya supone una pérdida grande. La tercera, cuando la casa no da más de sí, es una lámpara de cultivo con un temporizador. Tienes más sobre esto en iluminación para plantas de interior.
Con plántulas muy ahiladas de aromáticas, a veces compensa cortar por encima del primer par de hojas y dejar que rebrote ya con luz buena. Con las que no rebrotan bien, como el cilantro o el eneldo, es mejor volver a sembrar.
La mata se dobla y no se levanta sola
El tallo no tiene fuerza para sostener lo que la planta ha crecido. Suele ser consecuencia del ahilado, y también aparece en interiores muy quietos, sin nada de movimiento de aire. Al aire libre el viento hace que el tallo engorde y se refuerce; dentro de casa eso no pasa.
La solución inmediata es un tutor: una caña fina de bambú clavada al lado del tallo y un atado flojo, en forma de ocho, para que no estrangule. La solución de fondo son dos cosas: más luz, y un poco de movimiento de aire (un ventilador a la mínima potencia un rato al día, o abrir la ventana cuando la temperatura acompañe). Además, en las aromáticas, pinzar la punta baja el peso de arriba y engrosa la base.
Moho blanco algodonoso en la superficie
Aparece una pelusa blanca o grisácea sobre el sustrato, muchas veces alrededor de la semilla. En la mayoría de los casos son hongos saprófitos que se alimentan de la materia orgánica del sustrato y no atacan a la planta. Lo que sí indican es que hay demasiada humedad y ninguna ventilación.
Qué hacer: retira la tapa o el plástico del semillero en cuanto haya germinado, raspa la capa mohosa con una cucharilla, deja que la superficie se seque entre riegos y mueve el conjunto a un sitio con algo de aire. No hace falta fungicida.
Distinto es cuando las plántulas se estrangulan y caen de golpe, con el tallo adelgazado justo a ras del sustrato y como remojado. Eso es la caída de plántulas, el llamado mal del vivero, causado por hongos del suelo. Ahí no hay tratamiento útil una vez empezado: se retiran las afectadas y se vuelve a sembrar con sustrato nuevo, sembrando más claro, regando por abajo y sin encharcar. Reutilizar sustrato de una tanda anterior es la forma más rápida de repetirlo.
El agua o el recipiente se pone verde
Si cultivas en un recipiente transparente con agua y nutrientes, tarde o temprano salen algas: tienes los tres ingredientes juntos, luz, agua y sales minerales. Las algas no matan a la planta, pero compiten por esos nutrientes y ensucian el sistema.
La solución es quitar la luz del agua. Sirve un recipiente de vidrio oscuro, una funda de tela, una capa de pintura o simplemente forrarlo. Si ya está verde, se vacía, se friega bien el interior y se rellena con solución nueva. Trabajar siempre con recipientes opacos evita el problema de raíz.
Crece, pero muy despacio
Conviene separar dos cosas. Cada especie tiene su ritmo: la albahaca y los rabanitos van rápidos, la menta o el perejil tardan bastante más en arrancar, y el romero desde semilla es lentísimo. Antes de alarmarte, compara con lo que hace esa especie, no con lo que hace la de al lado.
Dicho eso, cuando una planta ya establecida se queda parada las causas habituales son poca luz, temperatura baja, maceta demasiado pequeña con el cepellón hecho una madeja, o sustrato agotado. En interior, la duración del día también manda: entre noviembre y febrero casi todo se ralentiza, y es normal.
Las hojas amarillean
El amarilleo es un síntoma con varias causas, y se distinguen por dónde empieza.
- Hojas de abajo, amarillas y blandas, sustrato siempre húmedo. Exceso de riego. La raíz sin oxígeno deja de funcionar y la planta parece sedienta cuando le sobra agua. Deja secar, quita el plato con agua y revisa el drenaje.
- Amarilleo general y lento, planta parada, sustrato viejo. Se han agotado los nutrientes. Con un cultivo intensivo en poco volumen esto llega antes de lo que parece. Trasplanta a sustrato nuevo o abona con moderación.
- Hojas de abajo que amarillean y caen mientras la punta sigue creciendo. Muy habitual por falta de luz: la planta sacrifica las hojas viejas, que ya están sombreadas.
- Manchas amarillas punteadas y finas telas en el envés. Araña roja, que prospera con el aire seco de la calefacción. Aumenta la humedad ambiental y revisa el envés a menudo.
Regar sin destrozar la mata
Cuando la planta ha llenado el recipiente de raíces, regar por arriba se vuelve incómodo y acaba en agua por todas partes o en tirones que rompen raíz. Dos maneras cómodas: regar por la base, poniendo la maceta en un recipiente con agua unos minutos y dejándola escurrir después, o usar una botella de tapón deportivo o una jeringa grande de las de cocina para meter el agua por el lateral, despacio.
Regar por abajo tiene además una ventaja: la superficie se mantiene más seca, y eso reduce mohos, mosquitos del sustrato y caída de plántulas. Lo que no se puede hacer nunca es dejar la maceta permanentemente en un plato con agua.
En resumen
Casi todos los fallos de un huerto de interior se leen igual: tallos largos y pálidos con pocas hojas es falta de luz; hojas amarillas y sustrato encharcado es exceso de agua; moho blanco en superficie es humedad sin ventilación; plántulas estranguladas a ras de sustrato es caída de plántulas y obliga a volver a sembrar limpio; y verde en el agua es un recipiente que deja pasar la luz.
Antes de cambiar de abono, de sustrato o de semilla, mueve la planta al sitio más luminoso que tengas, separa la maceta del cristal frío, deja secar la superficie entre riegos y airea un poco la habitación. Con eso se arreglan la mayoría de los casos, y lo que quede se resuelve con un tutor de bambú o con una lámpara de cultivo y un temporizador.