Germinar una judía en un tarro de cristal con algodón húmedo es el experimento de aula más repetido y también uno de los más fáciles de estropear. La clave está en dos cosas: el algodón tiene que estar húmedo, no empapado, y la semilla se coloca pegada al vidrio, para poder ver la raíz sin desmontar nada.

Con ese montaje, una judía de Lima (Phaseolus lunatus) o una judía común (Phaseolus vulgaris) rompe la cubierta en unos días y en dos o tres semanas es una plántula con hojas verdaderas. Aquí va el procedimiento completo, los errores que hacen que la semilla se pudra en vez de germinar y cómo convertirlo en un experimento de verdad, con grupo de control.

Por qué el tarro de cristal gana a la bolsa con papel

La versión clásica mete la semilla entre dos servilletas húmedas dentro de una bolsa de plástico pegada al cristal. Funciona, pero tiene dos pegas: se ve poco (el papel tapa la raíz justo cuando empieza lo interesante) y es facilísimo pasarse de agua, porque el papel retiene mucho líquido y la bolsa no drena.

Un tarro de boca ancha con bolas de algodón resuelve las dos. El vidrio deja ver la raíz creciendo hacia abajo y el tallo hacia arriba, el algodón se humedece de forma más controlable, y si te pasas, el agua sobrante baja al fondo en lugar de rodear la semilla.

Tarro de cristal con bolas de algodon humedo y una judia germinando

Montaje paso a paso

  • Elige la semilla. Judías grandes y de cubierta lisa, sin grietas ni agujeros. Las de tamaño grande se manipulan mejor y su germinación se ve con claridad.
  • Remójalas antes (opcional). De ocho a doce horas en agua a temperatura ambiente ablanda la cubierta y adelanta la germinación un par de días. No las dejes más tiempo: se fermentan.
  • Prepara el algodón. Humedece las bolas y escúrrelas con la mano hasta que no goteen. Ese es el punto: húmedo, no chorreando.
  • Rellena el tarro. Pon una capa de algodón en el fondo, coloca la judía apoyada contra la pared del vidrio y cúbrela con más algodón sin apretar.
  • Sitúalo con luz. Cerca de una ventana, con claridad pero sin sol directo abrasador, que recalienta el vidrio.
  • Mantenlo húmedo. Con un pulverizador, mejor que con un chorro de grifo. Un par de pulverizaciones al día suelen bastar.

La germinación aparece normalmente entre los tres y los diez días, según la temperatura de la habitación y la especie. En frío tarda bastante más.

El error que más semillas mata: el agua

Una judía que se pudre huele mal, se ablanda y coge un tono pardo o gris con moho blanco alrededor. Casi siempre es exceso de agua: la semilla necesita oxígeno para respirar, y si está sumergida no lo tiene.

Señales de que te has pasado: agua acumulada en el fondo que toca la semilla, algodón que gotea al apretarlo, moho visible. Se corrige escurriendo el algodón, aireando el tarro y, si vas a usar bolsas de plástico en vez de tarros, grapando una hilera horizontal a un cuarto de la altura para que la semilla se apoye ahí y el agua sobrante quede por debajo.

Qué se ve y en qué orden

Merece la pena que el observador sepa lo que va a pasar, porque cada fase es un concepto:

  • Imbibición. La semilla absorbe agua, se hincha y la cubierta se arruga y se abre.
  • Radícula. Sale la raíz primaria y crece hacia abajo, siempre, aunque gires el tarro. Ese es un experimento en sí mismo.
  • Raíces secundarias. Aparecen pelillos finos a los lados de la raíz principal.
  • Hipocótilo. El tallo empuja hacia arriba, muchas veces en forma de gancho para no dañar la yema.
  • Cotiledones. Las dos mitades de la semilla actúan de despensa y se van arrugando a medida que la plántula consume su reserva.
  • Hojas verdaderas. Ahí termina la reserva y la planta empieza a alimentarse de la luz. Si sigue en algodón, a partir de este punto se estanca.

Jugar con la luz

La luz es la variable más agradecida para experimentar. Las plantas usan sobre todo las longitudes de onda azules y rojas para la fotosíntesis, y reflejan buena parte del verde, que es la razón por la que las vemos verdes. Envolver los tarros con celofán de colores permite comprobarlo.

Tres botellas de vidrio de colores con plantas de albahaca creciendo en el cuello

Un montaje sencillo: un tarro sin filtro (el control), uno envuelto en celofán rojo, uno en azul, uno en verde y uno completamente a oscuras dentro de una caja. Casi todas las semillas germinarán, porque para eso les basta con su propia reserva, pero las diferencias aparecen después: la que crece a oscuras se estira mucho, queda pálida y débil, un fenómeno que se llama etiolación. Las de filtro verde suelen quedarse por detrás de las de filtro rojo o azul.

Grupo de control y cuaderno

Sin grupo de control no hay experimento, solo una planta en un tarro. Prepara siempre varios tarros idénticos y cambia una sola variable cada vez: la luz, la temperatura, la cantidad de agua o el líquido con el que riegas.

Un cuaderno de observación con fecha, dibujo y medida de la altura convierte la actividad en método científico. Tres columnas bastan: qué esperaba que pasara, qué ha pasado y qué medida he tomado hoy. Comparar la predicción con el resultado es la parte que de verdad enseña.

Del tarro a la maceta

El algodón no alimenta. Cuando la plántula tiene el primer par de hojas verdaderas, hay que trasplantarla o dejará de crecer.

Sácala con cuidado retirando el algodón poco a poco, sin tirar del tallo, y acepta que algunos hilos se queden enganchados en la raíz. Plántala en una maceta de al menos 15 cm con sustrato universal, entierra el tallo hasta poco antes de los cotiledones, riega y colócala en el sitio más luminoso que tengas. Las judías de mata trepadora necesitarán una caña como tutor en pocas semanas. Si quieres continuar el cultivo, tienes cómo plantar judías y cultivo y cuidados de las judías verdes.

Precauciones con las semillas

Dos avisos importantes cuando el experimento lo hacen niños:

  • Las semillas de siembra comerciales pueden ir tratadas con fungicida, y se reconocen porque vienen teñidas de rosa, rojo o azul intenso. Esas no se manipulan sin supervisión y no se llevan nunca a la boca. Para el aula, mejor judía seca de alimentación.
  • Las judías de Lima crudas no se comen. Contienen compuestos cianogénicos y requieren remojo y cocción completa antes de ser aptas para consumo. Lo mismo vale, en general, para las judías secas crudas.

Si quieres comprobar antes de empezar cuántas semillas de un lote van a responder, tienes cómo hacer la prueba de germinación en las semillas.

En resumen

Tarro de cristal de boca ancha, algodón húmedo y escurrido, la semilla apoyada contra el vidrio y un pulverizador. Ese montaje deja ver todas las fases, desde que la cubierta se abre hasta que salen las primeras hojas verdaderas, y evita el exceso de agua que pudre la semilla en la versión de bolsa y servilleta.

Para que sea un experimento y no una demostración, prepara varios tarros iguales, cambia una sola variable y anota lo observado con fecha. Y cuando aparezca el primer par de hojas verdaderas, trasplanta a maceta con sustrato: a partir de ahí, el algodón ya no tiene nada que ofrecer.


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