Llenar la casa de plantas es fácil; que sigan vivas dentro de un año es otra cosa. Y la diferencia entre una cosa y otra casi nunca está en la planta que se elige, sino en dónde se coloca y en cada cuánto se riega. Una Monstera en un rincón sin ventana se apagará por muy resistente que la vendan, y un potos regado dos veces por semana en invierno se pudre igual que cualquier otro.

Así que el orden correcto para empezar es al revés de como se hace normalmente: primero se mira la luz que hay en cada sitio de la casa, después se elige la planta que encaja ahí, y solo al final se compra. Este artículo va de eso, y también de rebajar dos o tres expectativas que circulan mucho y que no se sostienen.

Lo del aire: qué dice la evidencia y qué no

La idea de que unas cuantas macetas purifican el aire de una habitación viene de experimentos hechos en cámaras selladas de laboratorio, con volúmenes muy pequeños y concentraciones de compuestos muy altas. En esas condiciones las plantas y los microorganismos del sustrato retiran una parte medible de esos compuestos.

Extrapolarlo a un salón real no funciona. Una habitación normal intercambia aire con el exterior continuamente, por rendijas, puertas y ventanas, y ese caudal es enormemente mayor que lo que puede procesar un número razonable de plantas. Para que el efecto fuese comparable al de abrir la ventana un rato harían falta cantidades de plantas que no caben en una casa. Dicho de otro modo: ventilar es lo que limpia el aire; las plantas se tienen por otros motivos, que son buenos motivos, pero no ese.

Humedad ambiental: algo sí, pero menos de lo que se dice

Las plantas transpiran agua por las hojas, y un grupo grande y bien regado sube algo la humedad relativa de su entorno inmediato. El efecto es local y modesto: se nota en el metro cúbico que rodea al conjunto, no en toda la estancia, y desaparece si la calefacción está a tope.

Lo que sí puedes aprovechar es el sentido inverso. Muchas plantas de interior son de origen tropical y sufren con el aire seco del invierno, con las puntas de las hojas pardas como síntoma típico. Agruparlas crea un microclima algo más húmedo entre ellas y todas lo agradecen. Sobre esto hay más detalle en cómo aumentar la humedad para plantas de interior.

Primero la luz, luego la planta

Dentro de casa la luz cae muchísimo más rápido de lo que percibimos, porque el ojo se adapta y compensa. A un metro de la ventana ya hay bastante menos luz que junto al cristal, y a tres metros, una fracción muy pequeña. Un truco casero para medirlo: pon la mano a la altura de la planta a mediodía y mira la sombra que proyecta sobre una hoja de papel.

  • Sombra nítida y de bordes marcados. Luz alta. Sitio para plantas de sol, aromáticas y suculentas.
  • Sombra visible pero difusa. Luz media. Es donde vive bien la mayoría de las plantas de interior.
  • Sombra apenas perceptible. Luz baja. Solo unas pocas especies aguantan, y aun esas crecerán despacio.
  • Sin sombra. No es un sitio para una planta viva, por mucho que quede bien.

La orientación de la ventana lo condiciona todo. Al sur entra luz fuerte y directa buena parte del día, y en verano puede quemar hojas finas pegadas al cristal. Al norte la luz es constante y suave, muy cómoda para helechos y plantas de hoja grande. Este y oeste dan directo unas horas, de mañana o de tarde. Y conviene recordar que en invierno todas las orientaciones dan bastante menos.

Qué poner en cada sitio

SituaciónQué funcionaQué evitar
Junto a ventana muy luminosaSuculentas, cactus, romero, aromáticasHelechos y calateas, se queman
A uno o dos metros de la ventanaPotos, monstera, ficus, sansevieria, filodendrosCactus, se ahilan
Habitación con ventana al norteHelechos, aspidistra, calatea, zamioculcaPlantas de flor exigentes en luz
Pasillo o rincón oscuroMuy pocas cosas; rotar plantas cada pocas semanasInstalar nada de forma permanente
Baño con ventanaHelechos, pothos, plantas de humedad altaSuculentas

Si el rincón que quieres decorar es oscuro, la solución honesta es rotar: tener dos ejemplares e ir cambiándolos cada dos o tres semanas, de modo que cada uno pase la mitad del tiempo recuperándose junto a una ventana. Funciona mucho mejor que empeñarse en que una planta sobreviva a base de fe. Hay una selección útil en plantas de interior que necesitan poca luz.

El riego mata más plantas que el olvido

La causa número uno de bajas en interior es el exceso de agua. Dentro de casa hay poca evaporación, poco viento y menos luz, así que el sustrato tarda muchísimo más en secarse que en una terraza. Regar "los domingos" es una costumbre cómoda y una condena a plazo fijo, porque en enero la planta necesita la mitad que en julio.

  • Comprueba antes de regar. Dedo en el sustrato hasta la segunda falange. Si sale húmedo, se espera.
  • Riega hasta que drene. Y vacía el plato a los diez minutos. Nada de macetas con el pie en agua.
  • Baja el ritmo en invierno. Con menos luz, la planta consume menos y crece menos.
  • Maceta con agujero, siempre. Si el tiesto decorativo no tiene, usa una maceta interior de plástico y sácala para regar.

Dónde no ponerlas

Hay sitios que parecen buenos y son trampas. Encima de un radiador, el aire caliente y seco reseca la planta en días. En el paso de una corriente de aire frío, entre una puerta y una ventana, muchas tropicales tiran las hojas de golpe. Pegadas al cristal en verano, se queman; pegadas al cristal en una noche de helada, se congelan. Y encima de un aparato que dé calor, el sustrato se seca por abajo sin que se note por arriba.

Otra costumbre discutible es mover la planta constantemente de sitio. Las plantas ajustan sus hojas a la luz que reciben, y ese ajuste lleva semanas. Cambiarlas de ubicación cada poco las mantiene en adaptación permanente. Elige el sitio, dale un par de meses y solo entonces juzga si funciona.

Una rutina que cabe en diez minutos

No hace falta más que esto, una vez a la semana: comprobar el sustrato de cada maceta y regar solo las que lo pidan, mirar el envés de un par de hojas por si hay ácaros o cochinilla, y girar un cuarto de vuelta las macetas para que no crezcan torcidas hacia la ventana.

Y una vez al mes, en la temporada de crecimiento, quitar hojas secas, limpiar el polvo de las hojas grandes con un paño húmedo (el polvo reduce de verdad la luz que reciben) y abonar de forma suave. En invierno, ni abono ni trasplantes: es un periodo de reposo y la planta no va a aprovecharlo.

Si hay niños o animales en casa

Varias plantas de interior muy comunes son tóxicas por ingestión, en especial las de la familia de las aráceas (potos, difenbaquia, monstera, filodendro), cuya savia contiene cristales de oxalato que irritan la boca y la garganta. No es motivo para renunciar a ellas, pero sí para colocarlas fuera del alcance de un niño pequeño o de un gato que mordisquea todo. Hay una lista concreta en plantas tóxicas para gatos.

En resumen

Vivir con plantas compensa por lo que se ve y por lo que da tenerlas al día, no porque limpien el aire de una casa: eso lo hace ventilar. Lo que sí cambia el resultado es empezar por la luz de cada rincón, elegir la especie que encaja ahí y regar comprobando el sustrato en lugar de por calendario.

Empieza con pocas y bien colocadas. Dos o tres plantas que prosperan enseñan más y animan más que diez que van tirando, y en cuanto le coges el punto al riego de tu casa (que depende de tu luz, tu calefacción y tus macetas, y no del consejo de nadie) ampliar la colección deja de tener misterio.


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